Le había
llevado nada más que tres horas
decidirse por dos de los cinco proyectos que contenía la carpeta. Ahora solo
quedaba que lo hablara con Joseph y tomar la decisión final. Así las cosas, Demi
decidió que se merecía un premio por haber conseguido dedicar tres horas
completas a pensar en otra cosa distinta que aquel rubio de metro ochenta y
mucho que se había colado en su vida hacía dos décadas y en su cama, hacía
cuatro días.
Tenía
pensado premiarse con un buen paseo a caballo por el río. No nevaba, tampoco
llovía y el frío era soportable, pero cuando iba acercándose a la cuadra, unas
risas llamaron su atención. Venían del predio de adiestramiento. Allí dos
negritos acababan de tirar al suelo a Mark y le hacían cosquillas mientras
decían cosas que a esa distancia Demi no acababa de entender. Desde la
alambrada, Miley festejaba las risas.
—Difícil
decir quién es el adulto, ¿no? —comentó Demi, riendo al ver a su hermano
devolviendo las cosquillas a los pequeños.
—Está feliz
—confirmó Miley—. Hacía años que no lo veía tan contento... Y eso que los críos
no están llevando nada bien lo de la abuela...
Demi miró a
los niños. Tenían nueve y once años. No habían empezado a vivir aún, y ya
habían sufrido pérdidas terribles.
—¿Y el
padre?
Miley se
encogió de hombros.
—Si sabe que
sus hijos están aquí, no se ha dado por aludido... Le quedan seis años de
condena y por lo que comentó la trabajadora social que los trajo, parece que no
es candidato a la condicional. Así que...
—Bueno — Demi
le pasó un brazo por el hombro a Miley—. Mark Brady, el superpapá oso, está a cargo. Esos críos han ganado la lotería... Y
además, tienen a supermamá Miley en
la reserva... ¿Qué más pueden pedir?
—Pues piden
más —Miley se acercó para hablarle al oído—: Matt quiere tener quince años más
para poder pedirte que seas su novia.
Demi se
apartó mirándola, alucinada.
—¡Estás de
guasa!
Miley meneó
la cabeza.
—No.
Arrasas, chica. Aunque me parece que eso le traerá algún que otro problema con
cierto señor rubio y alto que ya tiene los quince años más...
Tema Joseph
Wyatt sobre la mesa por segunda vez en una misma mañana.
Demi le echó
una mirada irónica.
—¿Y tú?
¿Arrasas, o sigues mirando a Jeffrey con cariño?
—Yo estoy
plenamente dedicada a mis exámenes, mis terneros y ahora, mis dos “sobrinos” de
acogida... —dijo risueña y añadió en voz baja—. Y lo de que miraba a Jeffrey
con cariño era broma... Es moreno, Demi, ¿cuándo me has visto a mí con un
moreno?
Demi estaba
riendo cuando Mark pasó al otro lado de la alambrada de un salto y se dirigió
hacia ella.
—¡Pero
bueno, si es Demi...! —Dijo codeando a Miley—. Y no está hablando por móvil...
—¿Ya te has
rajado? —dijo Matt trepando a la alambrada. Miraba a Mark con cara de pillo.
—Me tomo un
descanso. Sois dos contra uno ¿qué pasa?
—¡Venga ya!
Si casi es la hora de comer... Para cuando aprendamos a montar a caballo, vamos
a ser ancianitos…
—Haya paz...
Sigo yo —intervino Miley, pasando al otro de la alambrada—. Venga, por turnos.
Diez minutos cada uno. Primero tú, caballerito —señaló a Matt.
Mark se
apartó los rizos rubios de la cara, empujándolos hacia atrás con las dos manos.
—Son
inagotables —comentó con una sonrisa satisfecha.
—Mira quien habla
—replicó su hermana.
Él recostó
la espaldas contra uno de los postes de la alambrada y se cruzó de brazos.
—Aquí la
única que habla eres tú. Por móvil. Y un montón...
Demi volvió
la cabeza y miró a su hermano con la ceja enarcada.
Él soltó una
carcajada.
—Me imitas
fatal...
—Mientras
entiendas el mensaje... —dijo ella, burlona.
—Eres de la
familia, pero que sepas que voy a apostar por Jordan.
—Sé que voy
a arrepentirme de preguntártelo, pero ¿de qué estás hablando?
Mark meneó
la cabeza.
—Estáis enrollados,
pimpollo —sentenció, y la miró de reojo. Demi se obligó a no mover ni un
músculo de la cara—. Es un tío con un par de pelotas, las ideas clarísimas y toda la habilidad que no
tenía ninguno de los fantasmas que han pasado por tu vida. Si además es un
tigre en la cama, tiene todos los números para llevarse el gato al agua. Y a
juzgar por lo pendiente de ese trasto que te tiene, diría que lo es. Yo apuesto
a ganador, así que voy a apostar por él. Y te voy a decir una cosa; me alegro
de que vayas a perder esta apuesta. Joseph Wyatt es lo mejor que te ha pasado
en la vida, Demi.
Ella
continuó mirándolo con su expresión mitad desafiante, mitad burlona. Imposible
adivinar si algo de lo dicho, había hecho diana en ella o no. Como buena Brady,
cuando se lo proponía, era bastante eficiente a la hora de controlar la
expresión de sus emociones. Especialmente, con sus hermanos.
Pero aunque
no las expresara, las sentía. Y las palabras de Mark, definitivamente, habían
tocado ciertos resortes emocionales.

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