martes, 5 de febrero de 2013

Soy Otra Mujer Capitulo37



Demi decidió no tomar un avión en Nápoles sino un taxi hasta Roma. Compró el primer billete de avión que encontró para volver a Sidney. Cuando llegó, destrozada, se quedó durante una semana con Elizabeth, sin apenas salir de su habitación. Tenía los ojos rojos de tanto llorar y se estaba quedando cada día más delgada.
Cuando ya llevaba siete días en su casa, Elizabeth se sentó en la cama de Demi y frunció el ceño, preocupada.
—Vamos, Nina. No te quedes aquí tumbada. Ve y dile cómo te sientes. En el periódico de ayer decían que ha vuelto a la ciudad.
—No puedo —sollozó Demi.
—Sí que puedes —insistió su amiga—. Le quieres a él y quieres a Georgia. El necesita saberlo.
—Él me odia.
— ¿Cómo lo sabes? Tal vez las cosas hayan cambiado. ¿Quién sabe? Una buena dosis de Nadia quizá le haya abierto los ojos.
—Es mi culpa, por no haberle dicho la verdad desde un principio. Tiene todo el derecho de estar enfadado. Se casó con la mujer que no era.
— ¡Vaya estupidez! —dijo Elizabeth—. Si me pides mi opinión, se casó con la mujer que debía. Tú tienes todo lo que él necesita. Eres leal y fiel y prefieres hacerte daño a ti misma antes que hacérselo a otra persona. ¿Qué más puede desear un hombre?
—Quisiera poder decirle cómo me siento —dijo Demi, con la emoción reflejada en la cara.
—Hazlo —Elizabeth le acercó el teléfono—. Llámale y dile que quieres verle.
Demi se quedó mirando el teléfono durante un largo rato.
—Vamos —insistió Elizabeth—. Dime su teléfono y yo lo marcaré por ti.
—No... no. Le llamo yo —dijo Demi, tomando el teléfono con una mano temblorosa.
— ¡Muy bien! —Elizabeth le dirigió una sonrisa esperanzadora—. Me marcho para que llames tranquila. Buena suerte —dijo desde la puerta.
Demi le dirigió una tímida sonrisa a su amiga y empezó a marcar el número de teléfono.
— ¿Demi? —contestó Lucía—. ¡Dio! ¿Dónde estás? ¡Hemos estado tan preocupados! Georgia no duerme y Joe está...
— ¿La niña está bien? —preguntó entrecortadamente Demi.
—Echa de menos a su madre —dijo Lucía.
— ¿Dónde está Nadia?
—A esa madre no... a ti. Tu hermana agarró el dinero y se marchó —dijo Lucía indignada.
— ¿Qué dinero?
—El dinero que pidió a cambio de Georgia —le informó Lucía.
—Y... ¿Joe? ¿Cómo... cómo está? —preguntó Demi con los ojos cerrados. Está enfadado.
—Ya lo sé —Demi se mordisqueó el labio—. Él no tiene la culpa.
— ¿Dónde estás? —preguntó Lucía—. Él querrá verte. —Me dijo que no quería verme nunca más.
—Eso era entonces. Ahora es distinto. Ven esta noche. Me llevaré a Georgia a mi casa para que vosotros dos podáis arreglar las cosas.
—No sé si se pueden arreglar.
—Simplemente ven, Demi. Es aquí donde debes estar.
Demi estaba sentada en el sofá en la casa de Joe, cuando oyó que su coche llegaba. Había estado una hora con Georgia antes de que Lucía se la llevara con ella a su casa. Cuando oyó que se abría la puerta del salón, se levantó nerviosa.
Joe se quedó paralizado cuando vio a Demi. Se quedó pálido.
— ¿Demi? —dijo acercándose a ella—. ¿Eres tú? —Sí, soy yo.
—No estaba seguro... —Joe se revolvió el pelo Esperaba a tu hermana. Ha llamado hoy, pidiendo más dinero.
— ¿Qué le has dicho?
—No puedo decir mucho hasta que los papeles de la adopción estén en regla —contestó Joe mirándola fugazmente.
— ¿Te está permitiendo adoptar a Georgia? —Sí, por un precio, desde luego. —Desde luego.
— ¿Por qué estás aquí? —preguntó Joe, mirándola de nuevo.
—Quería ver a Georgia.
— ¿Eso es todo? —Joe sostuvo la mirada de Demi durante unos interminables segundos.
—No —Demi respiró profundamente—. Quería verte a ti también.
— ¿Por qué? —preguntó como si creyera que ella también le iba a pedir dinero.
—Quería decirte que siento lo que hice. Pensaba que estaba haciendo lo mejor para Georgia pero... ahora me doy cuenta de lo equivocada que estaba. Pensaba que me la ibas a quitar, pero ahora sé que no eres el hombre duro que aparentas ser. Eres... —tuvo que parar por un sollozo—. Eres el hombre más maravilloso que jamás he conocido.
—Tú eres la madre de Georgia de una manera que tu hermana nunca podrá ser —dijo Joe emocionado—. No debí hablarte de la manera en que lo hice. Estaba tan enfadado por cómo me habías engañado, que no me paré a pensar en lo que has tenido que sacrificar para proteger a Georgia de Nadia.
— ¿Q... qué quieres decir?
—Te entregaste a mí. No tenía ni idea de lo que estabas haciendo en aquel momento. Simplemente pensé que habías tenido un parto difícil, jamás pensé que fueras virgen.
Demi se enrojeció y miró hacia otro lado.
—No —Joe se acercó a ella y la abrazó—. No me escondas más la verdad. Te entregaste a mí y quiero saber por qué.
—Yo... Demi apartó su mirada de la de Joe—. No lo pude evitar. Nunca antes me había sentido así. Creo que me enamoré de ti aquel primer día que fuiste a mi piso.
—He sido injusto contigo de una manera tan detestable. ¿Cómo puedes amarme? —preguntó Joe, apoyando su cabeza en el cuello de Demi.
—Simplemente te amo. No hay ninguna razón. Simplemente te amo.
—No me puedo creer lo que estoy oyendo. ¿Quieres decir que me perdonas lo que te dije? —preguntó Joe atormentado.
—Estabas enfadado.
—No sólo enfadado —admitió arrepentido—. ¡Estaba tan herido! Te imaginaba riéndote a mis espaldas por cómo me habías engañado.
— ¿Creía que dijiste que nunca permitirías que te hicieran daño?
—No eres la única que puede mentir. Claro que me hiciste daño. Me había enamorado de ti a pesar de pensar que eras como tu hermana; a veces te comportabas como ella.
— ¿Y aun así te enamoraste de mí?
— ¿Cómo no me iba a enamorar de ti? Eras siempre tan cariñosa con Georgia y te portabas conmigo maravillosamente. Suspiraba por ti día y noche y, mientras que me odiaba a mí mismo por ser tan débil, no podía evitar tocarte —dijo Joe, atrayéndola hacia sí.
—No me puedo creer que me quieras —suspiró Demi, apoyada en el pecho de Joe. —Pues será mejor que te lo creas. Me he vuelto loco tratando de encontrarte. No he comido ni dormido durante días.
—Yo tampoco. Te he echado tanto de menos —Demi le sonrió.
—He estado tumbado despierto en la cama, angustiándome por el modo en que te insulté. Eres la persona más maravillosa que conozco y he sido un tonto en no darme cuenta desde un principio —dijo Joe muy seriamente.
—No seas tan duro contigo. Yo fui la que me equivoqué. Te debería de haber dicho la verdad desde el principio.
—Yo te incité a actuar de esa forma, cara —dijo Joe con arrepentimiento—. Me doy cuenta ahora. No permití que me demostraras cómo eras.
—Pero eso ya es el pasado —dijo Demi—. Nos tenemos el uno al otro y tenemos a Georgia.
—Pero tú has perdido tantas cosas —dijo Joe, de nuevo muy serio—. Una boda por la iglesia y una luna de miel. No sé cómo voy a ser capaz de empezar a recuperar esas cosas para ti.
—No me importa tanto la boda como la luna de miel. ¿Cuándo nos podemos ir? —Demi sonrió y se acurrucó en Joe.
— ¿Qué te parece si nos vamos ahora mismo? —preguntó Joe sonriendo, levantado a Demi en sus brazos.

Fin

Soy Otra Mujer Capitulo 36




Demi sintió el peso de la mirada de Joe posándose en ella, con un gesto de incredulidad, impresión e inconfundible enfado.
— ¿Me vas a decir qué demonios está pasando o se supone que lo tengo que adivinar? —preguntó Joe con un tono de voz muy agudo.
—Te lo iba a decir... —contestó Demi tragando saliva.
— ¿No es una pequeña muy traviesa, Joe? Haciéndose pasar por mí para así poder quedarse con algo de la herencia de Georgia —dijo Nadia acercándose a él.
— ¡Eso no es verdad! —gritó Demi, agarrando el brazo de Joe para que éste la mirara.
Joe miró con desprecio la mano que Demi había puesto en su manga mientras la apartaba de él y le pidió al ama de llaves que los dejara solos.
—Las dos — Joe indicó hacia la puerta del salón—. Entrad aquí... inmediatamente.
—Ahora, vamos a empezar desde el principio —dijo Joe una vez se hubo cerrado la puerta—. ¿Cuál de las dos es la madre de Georgia?
—Soy yo —Nadia dio un paso al frente—. La dejé con Demi por un corto periodo de tiempo para encontrarme con que se había hecho pasar por mí a mis espaldas.
— ¡Yo no hice eso! —Dijo Demi, con los ojos echando chispas—. ¡Tú la abandonaste!
—No la escuches —dijo Nadia, fingiendo estar a punto de llorar—. Yo quiero a mi hija; es todo lo que me queda de André. Demi estaba celosa. Lo que siempre quiso fue casarse y tener un hijo. Te engañó para que te casaras con ella.
— ¡ Joe! — Demi se volvió para mirarlo—. ¡No debes escucharla! ¡Se lo está inventando!
—Me gustaría hablar con mí... Demi a solas un momento. ¿Nos disculpas? —le dijo Joe a Nadia después de mirar un segundo a Demi.
—Te contará más mentiras para tratar de encubrirse. Lo hizo por dinero. A pesar de lo que ella dice, es detrás de lo que va —dijo Nadia levantando la barbilla.
Joe agarró a Demipor el brazo y subieron a su habitación. Demi esperó a que él hablara.
—Será mejor que puedas explicarme tu comportamiento o le juro a Dios que desearás no haber nacido —dijo Joe, mirándola con dureza.
—Te lo iba a decir...
— ¿Cuándo? —La interrumpió Joe —. ¿Cuándo me ibas a decir que me has engañado de una manera tan despreciable?
—No lo hice a propósito... —empezó a decir Demi.
— ¡No me mientas! —Gritó Joe—. Me has tomado el pelo desde el principio. No me puedo creer que hayas caído tan bajo. ¿Ha merecido la pena? ¿Te has reído mucho a mis espaldas por la manera en la que me has engañado?
— ¡No! Yo...
—Maldita seas, Demi—dijo acercándose a ella—. Me has tomado el pelo y no te lo voy a perdonar.
— Joe... por favor, déjame que te explique —le pidió Demi, agitando las manos—. No pretendía llevar esto tan lejos. Cuando te presentaste en mi piso aquel día, yo estaba tan preocupada de que me fueras a quitar a Georgia que tenía que hacer algo. No sabía que iba a conducir a todo esto. Te juro que no lo sabía.
— ¿Por qué no me lo explicaste cuando tuviste la oportunidad? —Preguntó Joe—. Me has estado contando una serie de mentiras durante todo el tiempo. Has tenido numerosas oportunidades para decírmelo y aun así no lo hiciste.
— ¡Lo sé! Lo siento... tenía miedo. Pensé que no me dejarías ver a Georgia nunca más. Estabas amenazando con llevártela; no tuve otra salida.
—Debes pensar que soy el más tonto del mundo, pero no te olvides que sé que en cuanto te ingresé el dinero en tu cuenta te lo gastaste —dijo Joe, apartándose de ella.
— ¡No me lo gasté! Se lo di a Nadia porque estaba insistiendo...
—Lo planeasteis las dos juntas, ¿no es así? — Joe estaba colérico.
— ¿Qué? —Demi lo miró desconcertada.
—Ya veo lo que has estado haciendo. Has jugado muy bien al juego de hacerte pasar por tu hermana gemela. Cambiabas de personalidad con sólo guiñar un ojo.
—No estoy orgullosa de lo que he hecho pero...
— ¿Te divertiste, Demi? ¿Fue divertido tomarme el pelo? ¿Te lo pasaste bien? ¿Disfrutaste con el hecho de ver que, a pesar de mi intención de no hacerlo, me acosté contigo? —le preguntó Joe ofendido.
—Nunca tuve la intención de acostarme contigo. Tienes que creerlo.
— ¡No me creo nada de lo que digas! —Espetó Joe— ¿Cómo podría, después de todo lo que has hecho?
—No pretendí hacerte daño.
— ¿Hacerme daño? — Joe la miró con desdén—. Si quisieras hacerme daño, lo tendrías que intentar mucho más, Demi. Estoy acostumbrado a las mujeres de tu naturaleza y sé cómo protegerme —se dio la vuelta para abrir la puerta—. Te doy de plazo hasta mañana al mediodía para que te marches de mi casa. Te mandaré los papeles del divorcio en cuanto me des una dirección donde poder mandarlos.   
Demi se le quedó mirando. No se podía mover por la impresión.
— ¿No me has escuchado? —preguntó Joe.
—Quiero ver regularmente a Georgia —dijo Demi, tratando de no llorar.
—Eso dependerá de su madre.
—A Nadia no le importa Georgia. Sólo le importa ella misma. Abusó de ella y lo hará otra vez como solía hacer nuestra madre.
—Tu hermana es la madre de Georgia y por lo tanto su tutora legal. Tú no tienes nada que decir.
—Ni tú tampoco.
—Sin ninguna duda, tu hermana y yo llegaremos a un acuerdo que nos satisfaga a ambos.
—Mientras que haya mucho dinero por medio, Nadia estará muy satisfecha dijo Demi con amargura—. Pero debes pensártelo dos veces antes de dejarla a solas con Georgia. No se puede confiar en ella.
— ¿Y tú crees que —dijo Joe con desdén—. Tú, que me has mentido cada vez que has tenido la ocasión. ¿Por qué debería creer una sola palabra de lo que dices?
—Yo quería lo mejor para Georgia. Ése era mi único objetivo. No me importa si no me crees.
—Preferiría que no tuviese que verte más. Voy a disponer que un coche te lleve al aeropuerto, pero por lo que a mí respecta, no quiero tener que verte más.
Demi se dio cuenta de que a Joe le salía el odio hacia ella por cada poro de su cuerpo. Se marchó a su habitación sin dejar que él se diera cuenta de lo hundida que estaba. Se echó en la cama llorando. Unos minutos después, tomó unas pocas cosas y las metió en una mochila que se colgó del hombro. Fue a la habitación de Georgia y se quedó mirando a la pequeña, con el corazón en un puño, durante un momento.
—Adiós, cariño. No me olvidaré de ti mientras viva. Haría lo que fuese para que te quedaras conmigo, pero Joe... —Demi se mordió el labio—. Joe no me quiere. Te quiere a ti, cielo. Te quiere mucho. Sé que será un padre maravilloso contigo.
Demi cerró la puerta de la habitación de la niña con cuidado y, sin apenas hacer ruido, salió de la casa y de la vida de Joe cómo si nunca hubiese estado en ellas.
Joe volvió al salón, donde encontró a Nadia sirviéndose un vaso de su mejor vino.
— ¿Has resuelto todo, Joe? ¿Ha confesado? —preguntó Nadia, con una seductora sonrisa. Joe no contestó y se paso una mano por el pelo de una manera distraída.
—Ella siempre ha tenido celos de mí —continuó diciendo Nadia—. Yo siempre he sido la que ha tenido novios. Nadie se fija en ella porque es muy vergonzosa. Patético, ¿no crees? Todavía es virgen, a no ser que tú te hayas encargado de eso. ¡Con veinticuatro años! ¿Te lo puedes creer?
Joe se quedó helado.
— ¿Creo que te quieres quedar con Georgia? —preguntó Nadia.
—Sí.
—Yo no puedo darle lo que tú le puedes dar —dijo Nadia, mirando a Joe—. Pero si quieres adoptarla... bueno... —Nadia sonrió avispada—. Yo no me voy a poner en tu camino si el precio está bien, hay que hablarlo.
—Pon un precio.
Nadia dijo una cifra que, en otras circunstancias, hubiera dejado impresionado a Joe.
—Tendré los documentos legales preparados por la mañana —dijo Joe.
— ¿Por qué no me das un adelanto ahora? Necesito encontrar un sitio donde quedarme... a no ser que tú tengas una cama que yo pueda usar —dijo Nadia, todavía sonriendo.
— ¿Cuánto? —preguntó Joe, buscando su cartera.
—Ya sabes... —dijo Nadia acercándose a Joe. —Eres mucho más amable que tu hermano. Él no me dio nada al final.
—Te dio una hija —dijo Joe apartándose de ella.
—Nunca quise a Georgia. Sólo la tuve porque Demi insistió.
Joe no podía creer cómo dos hermanas, que además eran gemelas, podían ser tan diferentes. No se había dado cuenta hasta aquel momento.
—Voy a pedirte un taxi —dijo Joe, acercándose al teléfono.
— ¿Estás seguro de que no quieres que me quede y te haga compañía? Nadia le guiñó un ojo.
—No, no quiero —Joe sujetó la puerta para que Nadia saliera—. Ya nos veremos.
Una vez que Nadia se hubo marchado, Joe subió a la planta de arriba en busca de Demi, dispuesto a disculparse. Demi no era como Nadia. Era leal, capaz de casarse con un hombre al que ni siquiera conocía para proteger a su sobrina. Era desinteresada, vergonzosa y, Joe tragó saliva al pensarlo, había sido virgen hasta estar con él.
— ¿Demi? —llamó a su puerta pero no hubo respuesta. Abrió la puerta y se encontró con que Demi no estaba en la habitación, que estaba revuelta, con signos de que ésta había agarrado unas pocas cosas para marcharse, sin preocuparse por llevarse todo consigo.
— ¡Demi! —gritó Joe mientras se dirigía a la habitación de Georgia.
Georgia se despertó por el ruido de la puerta al abrirse y comenzó a llorar.
—Hola, pequeña —Joe tranquilizó a la niña en sus brazos y se la llevó consigo a buscar a Demi por toda la villa.
Georgia no paraba de llorar y cada vez lo hacía de una manera más desesperada.
—No llores —suplicó Joe—. No te preocupes, la vamos a encontrar. Tenemos que encontrarla.
Después de estar buscándola durante veinte minutos, supo que no había nada que hacer. Demi se había ido y él estaba allí, con la pequeña en brazos llorando por la que ella consideraba su madre.