Demi sintió el peso de la mirada de Joe posándose
en ella, con un gesto de incredulidad, impresión e inconfundible enfado.
— ¿Me vas a decir qué demonios está pasando o
se supone que lo tengo que adivinar? —preguntó Joe con un tono de voz muy
agudo.
—Te lo iba a decir... —contestó Demi tragando
saliva.
— ¿No es una pequeña muy traviesa, Joe?
Haciéndose pasar por mí para así poder quedarse con algo de la herencia de
Georgia —dijo Nadia acercándose a él.
— ¡Eso no es verdad! —gritó Demi, agarrando el
brazo de Joe para que éste la mirara.
Joe miró con desprecio la mano que Demi había
puesto en su manga mientras la apartaba de él y le pidió al ama de llaves que
los dejara solos.
—Las dos — Joe indicó hacia la puerta del salón—.
Entrad aquí... inmediatamente.
—Ahora, vamos a empezar desde el principio —dijo
Joe una vez se hubo cerrado la puerta—. ¿Cuál de las dos es la madre de
Georgia?
—Soy yo —Nadia dio un paso al frente—. La dejé
con Demi por un corto periodo de tiempo para encontrarme con que se había hecho
pasar por mí a mis espaldas.
— ¡Yo no hice eso! —Dijo Demi, con los ojos
echando chispas—. ¡Tú la abandonaste!
—No la escuches —dijo Nadia, fingiendo estar a
punto de llorar—. Yo quiero a mi hija; es todo lo que me queda de André. Demi
estaba celosa. Lo que siempre quiso fue casarse y tener un hijo. Te engañó para
que te casaras con ella.
— ¡ Joe! — Demi se volvió para mirarlo—. ¡No
debes escucharla! ¡Se lo está inventando!
—Me gustaría hablar con mí... Demi a solas un
momento. ¿Nos disculpas? —le dijo Joe a Nadia después de mirar un segundo a Demi.
—Te contará más mentiras para tratar de
encubrirse. Lo hizo por dinero. A pesar de lo que ella dice, es detrás de lo
que va —dijo Nadia levantando la barbilla.
Joe agarró a Demipor el brazo y subieron a su
habitación. Demi esperó a que él
hablara.
—Será mejor que puedas explicarme tu
comportamiento o le juro a Dios que desearás no haber nacido —dijo Joe,
mirándola con dureza.
—Te lo iba a decir...
— ¿Cuándo? —La interrumpió Joe —. ¿Cuándo me
ibas a decir que me has engañado de una manera tan despreciable?
—No lo hice a propósito... —empezó a decir Demi.
— ¡No me mientas! —Gritó Joe—. Me has tomado el
pelo desde el principio. No me puedo creer que hayas caído tan bajo. ¿Ha
merecido la pena? ¿Te has reído mucho a mis espaldas por la manera en la que me
has engañado?
— ¡No! Yo...
—Maldita seas, Demi—dijo acercándose a ella—.
Me has tomado el pelo y no te lo voy a perdonar.
— Joe... por favor, déjame que te explique —le
pidió Demi, agitando las manos—.
No pretendía llevar esto tan lejos. Cuando te presentaste en mi piso aquel día,
yo estaba tan preocupada de que me fueras a quitar a Georgia que tenía que
hacer algo. No sabía que iba a conducir a todo esto. Te juro que no lo sabía.
— ¿Por qué no me lo explicaste cuando tuviste
la oportunidad? —Preguntó Joe—. Me has estado contando una serie de mentiras
durante todo el tiempo. Has tenido numerosas oportunidades para decírmelo y aun
así no lo hiciste.
— ¡Lo sé! Lo siento... tenía miedo. Pensé que
no me dejarías ver a Georgia nunca más. Estabas amenazando con llevártela; no
tuve otra salida.
—Debes pensar que soy el más tonto del mundo,
pero no te olvides que sé que en cuanto te ingresé el dinero en tu cuenta te lo
gastaste —dijo Joe, apartándose de ella.
— ¡No me lo gasté! Se lo di a Nadia porque
estaba insistiendo...
—Lo planeasteis las dos juntas, ¿no es así? — Joe
estaba colérico.
— ¿Qué? —Demi lo miró desconcertada.
—Ya veo lo que has estado haciendo. Has jugado
muy bien al juego de hacerte pasar por tu hermana gemela. Cambiabas de
personalidad con sólo guiñar un ojo.
—No estoy orgullosa de lo que he hecho pero...
— ¿Te divertiste, Demi? ¿Fue divertido tomarme el
pelo? ¿Te lo pasaste bien? ¿Disfrutaste con el hecho de ver que, a pesar de mi
intención de no hacerlo, me acosté contigo? —le preguntó Joe ofendido.
—Nunca tuve la intención de acostarme contigo.
Tienes que creerlo.
— ¡No me creo nada de lo que digas! —Espetó Joe—
¿Cómo podría, después de todo lo que has hecho?
—No pretendí hacerte daño.
— ¿Hacerme daño? — Joe la miró con desdén—. Si
quisieras hacerme daño, lo tendrías que intentar mucho más, Demi. Estoy acostumbrado a las
mujeres de tu naturaleza y sé cómo protegerme —se dio la vuelta para abrir la
puerta—. Te doy de plazo hasta mañana al mediodía para que te marches de mi
casa. Te mandaré los papeles del divorcio en cuanto me des una dirección donde
poder mandarlos.
Demi se le quedó mirando. No se podía mover por
la impresión.
— ¿No me has escuchado? —preguntó Joe.
—Quiero ver regularmente a Georgia —dijo Demi,
tratando de no llorar.
—Eso dependerá de su madre.
—A Nadia no le importa Georgia. Sólo le importa
ella misma. Abusó de ella y lo hará otra vez como solía hacer nuestra madre.
—Tu hermana es la madre de Georgia y por lo
tanto su tutora legal. Tú no tienes nada que decir.
—Ni tú tampoco.
—Sin ninguna duda, tu hermana y yo llegaremos a
un acuerdo que nos satisfaga a ambos.
—Mientras que haya mucho dinero por medio,
Nadia estará muy satisfecha dijo Demi con amargura—. Pero debes pensártelo dos
veces antes de dejarla a solas con Georgia. No se puede confiar en ella.
— ¿Y tú crees que —dijo Joe con desdén—. Tú,
que me has mentido cada vez que has tenido la ocasión. ¿Por qué debería creer
una sola palabra de lo que dices?
—Yo quería lo mejor para Georgia. Ése era mi
único objetivo. No me importa si no me crees.
—Preferiría que no tuviese que verte más. Voy a
disponer que un coche te lleve al aeropuerto, pero por lo que a mí respecta, no
quiero tener que verte más.
Demi se dio cuenta de que a Joe le salía el odio
hacia ella por cada poro de su cuerpo. Se marchó a su habitación sin dejar que
él se diera cuenta de lo hundida que estaba. Se echó en la cama llorando. Unos
minutos después, tomó unas pocas cosas y las metió en una mochila que se colgó
del hombro. Fue a la habitación de Georgia y se quedó mirando a la pequeña, con
el corazón en un puño, durante un momento.
—Adiós, cariño. No me olvidaré de ti mientras
viva. Haría lo que fuese para que te quedaras conmigo, pero Joe... —Demi se
mordió el labio—. Joe no me quiere. Te quiere a ti, cielo. Te quiere mucho. Sé
que será un padre maravilloso contigo.
Demi cerró la puerta de la habitación de la
niña con cuidado y, sin apenas hacer ruido, salió de la casa y de la vida de Joe
cómo si nunca hubiese estado en ellas.
Joe volvió al salón, donde encontró a Nadia
sirviéndose un vaso de su mejor vino.
— ¿Has resuelto todo, Joe? ¿Ha confesado? —preguntó
Nadia, con una seductora sonrisa. Joe no contestó y se paso una mano por el
pelo de una manera distraída.
—Ella siempre ha tenido celos de mí —continuó
diciendo Nadia—. Yo siempre he sido la que ha tenido novios. Nadie se fija en
ella porque es muy vergonzosa. Patético, ¿no crees? Todavía es virgen, a no ser
que tú te hayas encargado de eso. ¡Con veinticuatro años! ¿Te lo puedes creer?
Joe se quedó helado.
— ¿Creo que te quieres quedar con Georgia? —preguntó
Nadia.
—Sí.
—Yo no puedo darle lo que tú le puedes dar —dijo
Nadia, mirando a Joe—. Pero si quieres adoptarla... bueno... —Nadia sonrió
avispada—. Yo no me voy a poner en tu camino si el precio está bien, hay que
hablarlo.
—Pon un precio.
Nadia dijo una cifra que, en otras
circunstancias, hubiera dejado impresionado a Joe.
—Tendré los documentos legales preparados por
la mañana —dijo Joe.
— ¿Por qué no me das un adelanto ahora?
Necesito encontrar un sitio donde quedarme... a no ser que tú tengas una cama
que yo pueda usar —dijo Nadia, todavía sonriendo.
— ¿Cuánto? —preguntó Joe, buscando su cartera.
—Ya sabes... —dijo Nadia acercándose a Joe. —Eres
mucho más amable que tu hermano. Él no me dio nada al final.
—Te dio una hija —dijo Joe apartándose de ella.
—Nunca quise a Georgia. Sólo la tuve porque Demi
insistió.
Joe no podía creer cómo dos hermanas, que
además eran gemelas, podían ser tan diferentes. No se había dado cuenta hasta
aquel momento.
—Voy a pedirte un taxi —dijo Joe, acercándose
al teléfono.
— ¿Estás seguro de que no quieres que me quede
y te haga compañía? Nadia le guiñó un ojo.
—No, no quiero —Joe sujetó la puerta para que
Nadia saliera—. Ya nos veremos.
Una vez que Nadia se hubo marchado, Joe subió a
la planta de arriba en busca de Demi, dispuesto a disculparse. Demi no era como
Nadia. Era leal, capaz de casarse con un hombre al que ni siquiera conocía para
proteger a su sobrina. Era desinteresada, vergonzosa y, Joe tragó saliva al
pensarlo, había sido virgen hasta estar con él.
— ¿Demi? —llamó a su puerta pero no hubo
respuesta. Abrió la puerta y se encontró con que Demi no estaba en la
habitación, que estaba revuelta, con signos de que ésta había agarrado unas pocas
cosas para marcharse, sin preocuparse por llevarse todo consigo.
— ¡Demi! —gritó Joe mientras se dirigía a la
habitación de Georgia.
Georgia se despertó por el ruido de la puerta
al abrirse y comenzó a llorar.
—Hola, pequeña —Joe tranquilizó a la niña en
sus brazos y se la llevó consigo a buscar a Demi por toda la villa.
Georgia no paraba de llorar y cada vez lo hacía
de una manera más desesperada.
—No llores —suplicó Joe—. No te preocupes, la
vamos a encontrar. Tenemos que encontrarla.
Después de estar buscándola durante veinte
minutos, supo que no había nada que hacer. Demi se había ido y él estaba allí,
con la pequeña en brazos llorando por la que ella consideraba su madre.

No hay comentarios:
Publicar un comentario