viernes, 19 de julio de 2013

Mi Dulce Bombón Capitulo final



Pero el sonido de la vieja campana que anunciaba la hora de la comida cuando el rancho era una plantación, hacía más de un siglo, les sacó sonrisas a los dos y ambos se apartaron un poco para mirar en dirección de la casa.
Entonces, las sonrisas se transformaron en carcajadas.
Los Brady hacían el monigote detrás de la ventana de la cocina, celebrando que acababan de cazarlos en una exclusiva.

Y Miley, en pleno porche, bailaba el baile de los egipcios, loca de alegría.

Epílogo

Camden, Arkansas.
Marzo de 2005.
Porche de la casa de la familia Brady.

Demi movió un poco la cabeza para poder verlo mejor, y sonrió. Joseph seguía con la suya apoyada en el cojín granate de la hamaca, con los ojos cerrados. Los mechones naturales más claros, casi blancos, que poblaban su melena rubia emitían destellos bajo aquel sol de primavera.
—¿Vas a ir a ver a los tuyos? —preguntó Demi mientras volvía a acomodarse contra el pecho de Joseph, y lo abrazaba.
Él la estrechó más fuerte y habló sin abrir los ojos.
—Hoy no. Hoy pienso quedarme así, aquí, sin hacer nada más que tenerte pegada a mí.
Ella sonrió traviesa.
—Suena bien.
—Suena bestial —apuntó él, pero hizo algo.
Demi sintió que una de sus manos se deslizaba por el costado de su brazo, en una caricia descendente. La yema de los dedos de Joseph pasaron suavemente, de forma casi inadvertida, sobre el perfil del pecho femenino, y siguieron camino hacia el estómago.
Ella suspiró. Se movió un poco hacia atrás, dejando el torso expuesto a las caricias de aquella mano que sabía perfectamente cuándo, cómo y qué, como ninguna otra mano masculina lo había sabido de ella jamás.
—Eres observador... —dijo Demi, con voz perezosa mientras disfrutaba de los movimientos de aquella mano que ahora, lentamente, describía círculos amplios sobre su vientre.
—Gracias.
—Y paciente... —añadió ella, envuelta en otro suspiro.
—Gracias. —repitió él, seductor.
Sus ojos se desplazaron del rostro de Demi al vientre que acariciaba sobre la camiseta blanca. Tiró de ella con suavidad para sacarla de dentro de los vaqueros y siguió acariciándola sobre la piel. Instintivamente, Demi se volvió completamente de frente y apoyó su mano sobre la de él, acompañándo sus caricias.
Detrás de la ventana, Nick y Mark se cubrieron la boca en un esfuerzo por aguantar las carcajadas y no delatar su presencia. Con un dedo, Mark tiró lentamente del borde de una de las alas de la ventana para abrirla más.
Demi se echó el cabello hacia atrás, y dejó su mano debajo de la cabeza, a modo de almohada. Joseph sonrió. Esa faceta de mujer mimosa era nueva. Nueva incluso para ella misma, alguien que había compartido intimidad con muchos hombres, y afectividad con ninguno. Y como todo en ella, lo disfrutaba sin reparos.
—Eres alucinante... —volvió a suspirar, y continuó hablando con los ojos cerrados y una expresión placentera en la cara—. La mayoría de los tíos no tienen ni idea...
Joseph quitó la vista del vientre liso que acariciaba y se fijó en el rostro de Demi. Dejó que las yemas de sus dedos se encargaran de las caricias. Ella se estremeció.
—Alucinante se queda corto —corrigió él. Las caricias se deslizaron dentro de la cintura del pantalón de Demi, apenas un poco, haciendo que ella volviera a estremecerse—, pero gracias...
—Está claro —volvió a suspirar—. Si no fuera así, no habrías podido durarme tres meses y seguir invicto.
Los espectadores silenciosos se miraron justo cuando se les unía una tercera persona; Miley. Nick se llevó un dedo a la boca y le indicó que no hiciera ruido.
—¿Qué? —susurró Miley, asomando los ojos por el borde de la ventana. Apenas veía la parte posterior de la cabeza de Joseph —. ¿Ya se lo ha dicho o no?
Nick rió en silencio.
—No. Todavía le está dorando la píldora —respondió en voz baja.
Mark se acercó a Miley y le habló al oído.
—Joder con el tío... Es una fiera.
Miley asintió, divertida. A ella no le cabía ninguna duda. Para despertar semejante interés en Demi, y conservarlo, tenía que serlo.
Joseph sintió que su corazón empezaba a latir con mucha más fuerza.
—Tres meses y veintiún días —volvió a puntualizar él, con su tono suave.
Ella abrió los ojos. Lo miró con una especie de sonrisa traviesa.
—¿Llevas la cuenta?
Joseph se inclinó hacia ella, la besó en los labios suavemente.
—Claro. Llevo todas tus cuentas, no solamente las profesionales.
Demi movió la cabeza hacia afuera de la hamaca, buscando poner suficiente distancia entre los dos para poder verlo bien. Sonrió entre interrogante y traviesa.
—¿Lo dices en serio?
Él volvió a besarla. Esta vez el beso fue más largo. Y correspondido.
—Claro —repitió él mientras se apartaba, y volvía a su posición original.
—¿Todas-todas-todas? —preguntó ella con picardía. Él volvió a asentir. Entonces, la expresión pícara de Demi se transformó en sorpresa—. Vaya, ¿hay algo que no sepas de mí?
Tras la ventana de la cocina, Nick se volvió de espaldas muerto de risa. No podía creer lo que acababa de oír.
Mark se acercó a Miley.
—¿Quiso decir...? —le preguntó con ojos alucinados.
Miley se encogió de hombros, roja como un tomate y a la vez, muerta de risa.
—Eso parece...
“Jo-der”, fue la única, pero sumamente gráfica palabra que pronunció Mark.
En el porche, Joseph miraba a su chica con aire divertido. ¿Había hecho que Demi Brady se sintiera violenta?
—Estás dándole vueltas a algo... —respondió él, entrelazando sus dedos con los de Demi —. ¿Por qué no lo sueltas de una vez?
Demi respiró hondo y apartó la mirada. Joseph la estrechó fuerte, acunándola en sus brazos.
—Sé muchas cosas de ti, pero algunas necesito oírtelas decir aunque las sepa... Dímelo, bombón, por favor —susurró él, hablándole al oído.
Ella le pasó ambos brazos alrededor del cuello y se abrazó fuerte a él.
“Bombón”, otra vez. Cada vez que escuchaba aquella palabrita….
—Quédate conmigo esta semana —pidió Demi, tan bajito que casi ni ella misma se oyó.
—Dilo más alto, Demi.
Ella lo repitió apenas un poco más fuerte, y lo miró con las mejillas arreboladas.
—¿Aquí? ¿Toda la semana? —preguntó él, comiéndosela con los ojos.
Demi asintió roja como un tomate.
—Solo si tú quieres... —añadió casi en un murmullo inaudible.
—Quiero —respondió él, colándose en su boca apasionadamente—. Claro que quiero.
¿Qué estáis...
Eileen calló tan pronto vio las señas que le hacían los tres espectadores silenciosos.
Pero ya era tarde.
Demi se había incorporado y con una ceja alzada miraba a Miley, que tentada de la risa, se asomaba a la ventana para oír mejor justo cuando Eileen entraba en la cocina y los descubría.
—¿Querías algo? —le preguntó Demi, burlona.
Miley negó varias veces con la cabeza.
—Seguid a lo vuestro. Pasaba por aquí, y...
En aquel momento, el cojín granate de la hamaca se estampó en su cara, impidiéndole acabar la frase.

♦ ♦ ♦ ♦ ♦

Un buen rato después, todavía duraban las risas en el salón.
Y Joseph y Demi continuaban abrazados en la hamaca.
Tres meses y veintiún días con aquel hombre alucinante... A Demi le parecía más, como si siempre hubiera sido así. Casi no recordaba como eran sus días antes de tener a Joseph. Se sentía francamente bien con él, a gusto. Daba igual lo que hicieran o dónde estuvieran. Nunca se había sentido así.
Ella volvió a mirarlo. Él tenía con la cabeza recostada sobre el cojín granate —que había regresado como un bumerán desde la ventana de la cocina, tan pronto Miley se recuperó del shock—. Tomaba el sol, con una expresión de puro relax en la cara...
—Me gusta como eres… —dijo ella en voz baja. Él sonrió y apretó el abrazo brevemente, solo un poco, luego lo relajó.
Demi continuó atenta a él, que permaneció inmóvil, con los ojos cerrados.
—Quiero decir… tu ternura —añadió en el mismo tono de voz baja, íntima.
Él escondió detrás de una sonrisa pícara y un comentario insinuante la súbita aceleración de los latidos de su corazón.
—¿En la cama también? —susurró él, y matizó sonriendo—. Bueno… de pie, en la bañera o sobre la mesa, quiero decir… Ya me entiendes.
Demi se estiró un poco y le besó el mentón, suavemente.
—Tu ternura me encanta. Siempre. Allí, más.
Su corazón ahora latía frenético. Joseph se preguntó si tenía alguna posibilidad de responder sin que lo que sentía resultara evidente. No lo creía, pero aún así lo intentó.
Abrió un ojo y la miró divertido
—¿En serio? —le preguntó con una sonrisa feliz.
—Muy en serio.
Esta vez la sonrisa de Joseph fue inmensa. Se moría de ganas de comérsela a besos, pero no lo hizo.
—¡Qué bien! —respondió él con suavidad. Luego, la acomodó mejor entre sus brazos y volvió a disfrutar del sol más feliz que unas pascuas.
Cuanto Demi más lo miraba, más ideal lo encontraba.
—Estamos bien juntos, ¿no? —se animó a preguntarle, y permaneció mirándolo atentamente. No quería perderse ni un solo gesto.
Lo vio abrir los ojos perezosamente y supo la respuesta antes de oírla en palabras.
Lo supo cuando sintió la intensidad de sus ojos azules enfocar en ella, y llegarle directamente al corazón.
—Estamos muy bien juntos, bombón —y esta vez, después de las palabras tiernas vino un beso, pequeño, suave, en la punta de la nariz.
Demi sonrió satisfecha, suspiró y volvió a abrazarse a él.
Y continuó disfrutando de la tarde soleada y de todas aquellas sensaciones tan nuevas como intensas.
No esperaba que fueran eternas. En muchos sentidos, ella seguía siendo como el viento.
Pero por primera vez en veintiséis años, Demi tenía la sensación de que si algún día decidía recoger velas y atracar en un puerto, ese puerto sería él.
Sería él, sí; Joseph, el vikingo que la llamaba “bombón”.

Fin 

viernes, 12 de julio de 2013

Mi Dulce Bombón Capitulo 63




Dios… Eres total, Joseph.
—Sí… ¿Por qué no? —respondió ella, con naturalidad—. No me acuesto con los rulos puestos y como ya has comprobado, sigo estando igual de buena sin maquillaje.
—No todos tenemos tu suerte —apuntó él, y puso un gesto delicado que hizo que Demi soltara una carcajada—. No sé si quiero que me veas sin afeitar y oliendo a tigre, la verdad.
—No soy ninguna remilgada —notó que él continuaba sonriendo y mirando hacia otro lado—. Además, eres bestial, Joseph. Un pedazo de tío como la copa de un pino. Seguro que hasta oliendo a tigre seguirías siendo bestial…
Joseph carraspeó y la miró de reojo. Cuando el vocabulario de Demi se volvía directo, era que sus calderas empezaban a calentar. Y si algo había tenido la ocasión de comprobar, era que cuando Demi calentaba motores, los suyos empezaban a quemar aceite a destajo.
—¿Estás hablando en serio? —le dijo, y esta vez sí que la miró abiertamente—. Porque si es así, creo que vamos a seguir hablando de esto con algo menos de ropa y un poco más cerca….
Demi negó con la cabeza sonriendo pícara.
—Tranquilo. Era broma.
Ambos sonrieron.
No había sido ninguna broma.
Demi lo sabía. Joseph lo intuía. Y sabía, no intuía, que si iba en serio como él creía, ella todavía daría algún rodeo más hasta encontrar la forma de decir lo que quería que sucediera, sin sentir que se exponía. Demi, en realidad, mantenía un pulso con ella misma, no con él. Era su lado arisco que se resistía.
Y así fue.
—Estuve pensando que me vendría bien conocer los sitios donde se supone que voy a actuar, hablar con los organizadores, conocer a la gente, ver cómo viven de día…
Demi hablaba con los ojos fijos en el paisaje, más allá. Joseph, en cambio, la miraba a ella, y en su interior el corazón latía cada vez más fuerte.
—Tengo que pensar en el próximo álbum… Seis meses no es tiempo, especialmente dando cuatro conciertos por semana. Quiero hacer algo diferente, que recoja un poco de cómo es la vida por esos sitios, pero aún no sé qué… — Demi lo miró de reojo brevemente—. Y también me ayudará en lo de la imagen, ya sabes… Comprobarán en vivo y en directo que ahora soy una persona seria y formal.
Él continuaba mirándola atentamente. Sin embargo, ella no acertaba a tener claro qué pensaba acerca de lo que estaba oyendo.
Demi se apartó el cabello y sonrió.
—¿Qué opinas?
—¿Qué propones? —replicó él, directo como siempre que hablaba de trabajo... A pesar de saber, perfectamente, que no estaban hablando de trabajo.
Demi se recostó mejor contra la alambrada.
¿Qué propongo? Dios, algo que no suena nada a mí…
—Acompañarte en tus viajes.
Lo había dicho.
No había ninguna duda. Sentía un calor horrible abrasándole el cuello y cuando llegara a la cara sería evidente, no habría forma de ocultarlo y él se daría cuenta.
Por puro impulso Demi volvió a ponerse en marcha evitando el contacto visual, con la esperanza de que el aire frío neutralizara el fuego que seguía trepando por su cuello. La mano de Joseph en su brazo la detuvo, y la devolvió donde estaba antes.
—Quiero que descanses, que comas bien, duermas bien y estés tranquila. Cuatro fechas por semana es mucha tralla, bombón… Pondrás un pie en el estudio de grabación cuando estés lista, sean seis meses o un año, yo me encargo de la discográfica. Tú no te preocupes, vas a tener el tiempo que necesites…
Demi sonrió nerviosa y asintió. El fuego acababa de instalarse en sus mejillas; le ardían.
OK. No había colado.
Y además él había vuelto a llamarla “bombón”. E igual que uno de verdad, Demi sentía cómo se derretía lentamente.
—Quiero ir igual.
Joseph negó con la cabeza.
—No. Mira, es más importante que estés en forma y hagas tu trabajo sin sobresaltos... Tus últimos dos años están muy frescos todavía en la mente de los que firman… Va a llevar tiempo, y la mejor estrategia es que pasen los meses y vean que tú sigues ahí, dando el callo en el escenario, y manteniéndote apartada de los escándalos en la prensa del corazón… Esa es la manera de hacer las cosas. No te necesito para que ellos firmen. Lo que necesito es que hagas tu trabajo bien hecho. Del resto, me encargo yo.
La vio menear la cabeza, mirar en dirección a la casa, vio aquellas mejillas rojas… y cuando Demi empezó a hablar otra vez, Joseph sentía el corazón latiéndole en las sienes con tanta fuerza que retumbaba como si por dentro estuviera vacío.
—No como bien. Ni duermo bien. Ni estoy tranquila… Cuando no estás, me siento mucho más rara que cuando estás…
Demi tragó saliva. No se animaba a mirarlo y no sabía cómo seguir, pero había empezado y debía continuar.
—Nunca me he sentido de esta manera. No sé qué es. Y me da un miedo horroroso… Pero creo que la vida son dos días y hay que vivirla tal como viene… Quiero estar contigo —le dijo, y se esforzó por mirarlo—. No sé cuánto va a durarme, Joseph… Es posible que en quince días te hartes o sea yo la que me harto, no lo sé… Hoy sé que quiero estar contigo… Mi carrera me importa, pero mi vida siempre me ha importado más.
Joseph ignoró la polca frenética que bailaba su propio corazón, y volvió a intentarlo.
—Nos van a relacionar sentimentalmente. Y no deben relacionarnos, bombón, ahora no.
Demi asintió y permaneció en silencio durante unos instantes. Él tenía razón, si eso sucedía sería muy malo para los dos.
Curiosamente, no le importaba en absoluto.
—Quiero ir —repitió con decisión, y tragó saliva—. Y quiero dormir contigo. Y si vuelves a llamarme “bombón”, me voy a colgar de tu cuello y voy a besarte hasta que te derritas aquí mismo…
Pensó que si él no hacía algo se iba a morir de vergüenza. O de ganas de abrazarlo. Pero Joseph hizo algo: la abrazó completamente, pegándola contra su cuerpo. Sus manos la acariciaron con una pasión desbordante.
—De acuerdo —susurró él al fin—. Pero vamos a mantener las distancias en público, y vamos a seguir registrándonos en habitaciones separadas, ¿de acuerdo?
—No creo que las usemos, pero por mí, vale… Si eso te hace sentir menos presionado —bromeó ella.

Él se coló en su boca, ávido. Iba a decirle que no se sentía presionado, que ella tampoco se sentiría así, que esta vez era de verdad y a ella no se le pasaría en dos semanas...

Mi Dulce Bombón Capitulo 62



—¡Qué amable! Gacias, Matt... —dijo Demi.
—¿Si me los aprendo me contratas? —insistió el niño, con picardía.
El que contestó fue Joseph, dejándolos a todos tan sorprendidos como sonrientes, especialmente a Demi.
—No, tío, lo siento. El puesto ya está cubierto, pero gracias por la idea...
Demi se apresuró a quitar su móvil de la vista.
—Ni lo sueñes.
Cuando vieron a Joseph mirarla y enarcar la ceja derecha imitando a Mark, toda la mesa explotó en carcajadas.
♦ ♦ ♦ ♦ ♦
La sobremesa continuó un buen rato hasta que Mark mencionó las palabras “partido de baloncesto por televisión” y la cocina se convirtió en un jolgorio liderado por los más pequeños. Todos se trasladaron al salón, excepto Joseph, que a pedido de John, se quedó a ayudarle a traer leña.
Él sonrió mientras seguía al cincuentón de mirada dulce por el camino de laja que llevaba del porche al jardín. Igual que hacía once años, eran John Brady, él y unos troncos de leña.
Pensó que John iba a hablarle de Demi, o de los dos, pero estaban a punto de volver a entrar en la casa, cargando unos cuantos leños cada uno y él continuaba callado.
Joseph lo dejó pasar y se disponía a cerrar la pequeña puerta del porche cuando John habló:
—Mandy está muy bien. Hace años que no la veía así —dijo suavemente.
—Está muy contenta, sí. Le costó decidir lo que de verdad quería hacer, pero ahora que lo sabe, está tranquila.
John asintió varias veces.
—Sí.
Joseph también asintió. Se hizo una pausa incómoda que el padre de Demi rompió.
—Eres la clase de hombre que quiero para ella, Joseph. Ahora sí.
Su propia reacción sorprendió a Jordan, que apartó la mirada. No pudo evitarlo. Era una niñería. En aquella casa lo querían, y él lo sabía, pero oírselo decir le había anudado la garganta.
Joseph tuvo la sensación de que nunca había estado más cerca de Demi que en aquel instante. Y sintió el corazón hacerse gigante dentro del pecho.
Volvió a mirar a John. Quiso decir algo, mostrar lo mucho que valoraba aquellas palabras, pero solo pudo asentir varias veces con la cabeza.
John le palmeó el hombro con cariño, abrió la puerta de la casa para dejarlo pasar.
Joseph obedeció sin decir nada.
Estaba mudo de la emoción.
♦ ♦ ♦ ♦ ♦
Demi sonrió cuando el pensamiento volvió a su mente.
—¿Qué? —preguntó Jordan divertido justo cuando ella se sopló las manos enguantadas en un intento de esconder la sonrisa.
Pero ya era tarde, él la había descubierto.
—Es la primera vez que amanezco con un hombre en la cama —dijo ella, risueña. Lo miró de reojo. Él andaba a su lado, con las manos en los bolsillos de su parka color habano, y la cabeza baja. También sonreía.
—¿Y… qué tal fue la experiencia?
Demi volvió a mirarlo.
Bestial, Jordan, como tú.
—Estuvo bien —respondió, apartándose el cabello que el viento le echaba a la cara con coquetería.
Lo vio sonreír y asentir con la cabeza varias veces.
—Me alegro —dijo él, sin más, y continuó andando en silencio.
Ella se concentró en el paisaje. El Joseph privado, el que era cuando estaban solos, era alguien que siempre parecía saber cómo manejarse con ella. Demi no tenía idea de si lo suyo era certeza o intuición, pero acertaba nueve veces de diez. Palabra justa, mirada justa, momento justo… Sabía cuándo abrirle un poco de su intimidad, y cuando callar y dejar que fuera ella quién preguntara y decidiera qué quería saber, y cuánto.
Como ahora.
—¿Y para ti, Joseph? ¿Estuvo bien para ti también, o prefieres lo de antes?
Ella se había detenido. Apoyada contra la valla lo miraba abiertamente, conteniéndose para no zambullirse en la dulzura de aquellos ojos hermosos que siempre le habían resultado extremadamente tentadores. Pero ahora Joseph apartaba la mirada y en su rostro había una expresión un poco pícara, un poco sensual...
Y una sonrisa.
Desde donde se encontraban, se veía la casa. Mark echaba sal en las escaleras que llevaban al porche. Miley y los niños entraban en el jardín, en fila india, con leños para la chimenea.
Pero por más que Joseph intentaba concentrarse en lo que veía y dejar de estremecerse, no podía. Antes de tocarla por primera vez, estaba loco por ella. Ahora, veinte días después, la locura se había tornado desesperación; estaba lisa y llanamente desesperado por tenerla.
Cuando ella lo despertó con besos aquella mañana y él fingió estar profundamente dormido, en realidad llevaba horas contemplándola, pensando cómo se las arreglaría para volver a dormir sin sentir el calor de su cuerpo junto al suyo, sin tenerla entre sus brazos...
Y ahora debía responder esa pregunta. Ser lo bastante tierno y a la vez, lo bastante controlado, incluso distante, para que ella no se sintiera vulnerable y echara a correr.
—Prefiero lo que tú prefieras —le dijo, seductor. Añadió un movimiento sensual de las cejas que a Demi la hizo reír y a él le ayudó a salvar el momento.
Eres muy listo, sí. A ver qué tal te las arreglas ahora.
Demi sonrió desafiante y dejó que su mirada bajara de aquellos ojos hermosos a sus labios. Luego, volvió a mirarlo directamente.
—¿Y si prefiero dormir contigo?
Joseph tragó saliva y forzó una expresión sorprendida en su cara.
—¿Te refieres a… dormir-dormir?
Demi se cruzó de brazos y sonrió de oreja a oreja. Asintió varias veces.
Joseph soltó un silbido y rió fingiendo sorpresa.
—Joder, no sé... ¿Te parece? —le dijo, mirándola de reojo haciéndose el pensativo. Demi continuaba sonriendo. 

Mi Dulce Bombón Capitulo 61




Tratándose de una mujer como ella, cada detalle, cada trocito que le ganaba a su rebeldía, era una victoria. Una que lo acercaba a su vida, que le concedía tiempo. 

El tiempo que necesitaba para enamorarla. Para que cuando ella se diera cuenta de lo unida que estaba a él, ya no pudiera echar a correr despavorida.
Por encima de su taza de café, mientras bebía un sorbo y pensaba, Joseph dejó que sus ojos la miraran con disimulo.
Matt le estaba explicando algo sobre un juego que habían descubierto en el móvil de Mark. Ella, seguía las explicaciones mirando la pequeña pantalla y a veces, preguntaba algo.
¿Cuántos trocitos había conseguido ganarle a su rebeldía?
Algunos.
Pocos.
Muchos menos de los que necesitaba para quedarse con su corazón.
Estaban juntos. Ella lo pasaba bien con él. Tenía en cuenta su opinión. Más aún, la buscaba y la pedía. La relación que mantenían, iba bien: en lo personal y en lo profesional.
Y sabía, porque ella se lo había dicho, que cuando no estaban juntos, “se moría por verlo”.
No era mucho. Y tampoco era definitivo; Demi se escurría entre los dedos con la misma facilidad que la arena. Pero era muchísimo más de lo que había tenido en los once años que habían transcurrido desde aquel día en la cabaña del río, cuando John Brady los pillara casi in fraganti, y se cargara su flamante tonteo con ella.
Poco, y nada fiable, y aún así para Joseph significaba tanto...
Quería gritarlo a los cuatro vientos. Escribirlo en el cielo.
“Demi Brady es mía”.
Porque lo era, cada día un poco más. Pero no podía ni gritarlo, ni escribirlo. Llevaba mal viajar tanto, pasar tanto tiempo sin ella, pero callar, mantener las apariencias... Eso lo llevaba peor que mal.
Cada vez que descubría las miradas golosas que llovían sobre ella dondequiera que estuviera... Cada vez que alguna mano masculina abría una puerta para dejarla pasar, o colocaba una silla para que ella se sentara, Joseph mordía por dentro. Tenía que hacer verdaderos esfuerzos por recordar que, de cara a la galería, solamente era su mánager.
Al día siguiente, cuando volvieran a la carretera, sería aún peor. Compartirían bus y horas con el grupo, con los asistentes, con los técnicos... Un mundo de gente, montones de ojos pendientes de los dos. Eso, mientras estuviera con ella, cuatro días a la semana. Los otros tres los pasaría firmando contratos, haciendo kilómetros, durmiendo en hoteles.
Sin ella.
Su propio suspiro, inesperado e imposible de disimular, devolvió a Joseph a la realidad para encontrarse con los ojos de Eileen y una pregunta.
—¿Tarta de moras o de fresas?
Él la vio sonreír. Su mirada le decía cosas distintas que la pregunta que acababa de formular, cosas que no tenían que ver con tartas. Pensó que seguro que acababa de ponerse rojo, ya que sentía un calor insoportable que ascendía por el cuello.
—De moras. Le encanta.
Fue Demi la que respondió. Y no había acabado de hacerlo que ya habían vuelto a empezar las bromas.
—¿Así que le gusta la tarta de moras? —se burló Nick—. ¿Y cómo es que tú controlas tanto lo que a Jordan le gusta y no le gusta?
—¿Y a ti que te importa? —Replicó Mandy Demi con el mismo tono—. ¿Alguien te pregunta a ti por qué controlas tan bien lo que le gusta y lo que no le gusta a Miley?
Joseph se la comió con los ojos. Ella no estaba negando la relación que mantenían, y aunque se suponía que debía, que no lo hiciera, le gustaba.
Miley se echó a reír.
Nick se cruzó de brazos, desafiante, y le echó una mirada igual de desafiante.
—Porque la conozco muy bien —replicó el quarterback—, somos muy buenos amigos desde hace siglos. No es tu caso.
Eileen se dedicó a servir las tartas con una sonrisa pícara, sin hacer el menor comentario; John, a seguir las reacciones de su niña bonita y aquel vikingo al que quería como un hijo, con creciente interés.
—Ya —se limitó a contestar Demi. Miró a Joseph que sonreía y luego a su padre que le ofrecía más café, y sonrió para sus adentros.
—Solo —volvió a decir la única mujer de los hermanos Brady—. Sin leche y sin azúcar.
—Vaya... —intervino Mark sonriendo, recordándole con los ojos la apuesta que tenían.
—¿Qué? ¿Qué sucede? — Demi revolvía su café, acababa de guiñarle un ojo a Jordan y sonreía de lo más natural—. Este guaperas sabe hasta la marca de sales de baño que me gusta y a nadie le parece raro...
—Es que es tu mánager, pimpollo. Le pagas una pasta para que sepa esas cosas... —apuntó Mark, pinchándola.
Joseph la vio removerse incómoda en su silla, echarle una mirada irónica a su hermano, y volver a concentrarse en su taza de café, procesando.
Una voz de niño interrumpió el momento, puso carcajadas y libró a Demi de tener que responder. A Joseph le pareció que había cierto alivio en su expresión cuando ella, sonriendo, volvió la cabeza para mirar a Matt.
¿Sus sales? —dijo el niño, burlón—. Si yo fuera tu mánager, me sabría de memoria hasta los números de teléfono de la agenda de tu móvil... Te los recitaría como un loro para que no tuvieras que molestarte en buscarlos.

Joseph rió de buena gana. Él no pensaba aprendérselos de memoria. Lo que quería era borrarlos de su agenda y de su vida. De hecho, en eso estaba.

Mi Dulce Bombón Capitulo 60




Joseph la miró con atención. Ella seguía a Miley con la mirada, que estaba a punto de entrar en la casa. 

Pensó qué raro le resultaba que alguien tan aparentemente ajeno a cuestiones sentimentales como la rubia imponente que tenía ante sus ojos, hablara con tanta certeza de algo de lo que ni el mismo Nick había hablado jamás. 

Jordan pensaba lo mismo que ella, aunque nunca lo hubiera dicho en voz alta por respeto a Jason, pero le extrañaba en Demi.
—¿Tú crees?

—“No creo”; lo sé —dijo Demi con naturalidad.
Joseph frunció el ceño con expresión divertida.
—¿Cómo que lo sabes? ¿Qué sabes?

—No soy una mujer muy típica, Joseph —empezó Demi, y pensó que aunque últimamente hacía cosas muy raras, seguía sin ser una mujer muy típica, pero no lo dijo—.

 En estos temas creo que podría empezar la carrera en primera línea junto con mis hermanos, y acabaría ganándoles a los dos por unos cuantos cuerpos…
No hace falta que me lo digas, preciosa.

La expresión de Joseph no se hizo eco de sus pensamientos. Cuando Demi lo miró brevemente, notó que él simplemente la atendía como siempre, así que continuó:

—Se acuesta con una distinta cada semana desde hace años, pero ¿sabes a quién lleva en la cartera? — Joseph arqueó las cejas. Demi asintió con picardía—. 

Sí, ese tío bueno que las deja a todas en coma tan pronto lo ven, lleva una foto en la cartera. Solo una en la que salen él y Miley, cuando tenían diecisiete o dieciocho años. ¿Qué te parece?

Joseph se quedó mirándola sorprendido. No tenía la menor idea de que su amigo llevara fotos en la cartera.

 Era cierto que las paredes de su piso parecían un gran álbum de recuerdos en el que las fotos de Miley ganaban por clara mayoría, pero ¿la cartera? Le parecía un lugar demasiado personal, incluso para un amante de los recuerdos de familia como Nick.

—Está tan colado por Miley como muerto de miedo. Seguro. Yo lo estaría —afirmó Demi, y apartó la mirada.
A Joseph se le aceleró el corazón.
¿Lo estaría o lo estaba? Ella, Demi.

—Y si yo lo estaría —sentenció—, es que él lo está.
Joseph respiró hondo con disimulo. De pronto, era como si el aire le faltara.
Demi, más espontánea, también respiró hondo, a pleno pulmón.
A ella también le faltaba el aire. Otra vez.

♦ ♦ ♦ ♦ ♦
Matt y Tdos con Demi y él, pero Joseph continuaba con tres cuartas partes del cerebro más pendientes de su chica, que de las bromas que los tenían como objetivo.

Pendiente de sus miradas tiernas, a veces sensuales, cómplices desde que el alba los había encontrado juntos en la misma cama por primera vez; la cama de una de las habitaciones de invitados en la que dormía Joseph cada vez que pasaba la noche en casa de los Brady, y en la que Demi se había colado en plena noche.

Pendiente de sus propias sonrisas que pugnaban por salir y delatar sus pensamientos, que eran los mismos de siempre pero, desde hacía unas horas, mucho más excitantes que nunca antes.

Estaba seguro de que había sido la primera vez en toda su vida que aquella mujer pasaba una noche completa junto a un hombre. Por muchos que hubiera habido en su cama, nunca habían sido más que citas y para Demi, el protocolo era sagrado.

Y el hombre de la noche completa, era él, Joseph Wyatt. Alguien que llevaba colado por Demi más tiempo del que podía recordar.

Se le reía el alma solo con pensarlo. immy habían regresado muy animados de ver a su abuela en el hospital. A la hora de la comida, el ambiente había vuelto a llenarse de risas infantiles. También de comentarios pícaros relaciona

Mi Dulce Bombón Capitulo 59




Primero había sido ese estremecimiento, luego el corazón latiendo con más fuerza para casi detenerse un segundo después, y ahora aquel suspiro que le había hecho darse cuenta de que estaba respirando con la mitad de los pulmones.
¿Qué había sucedido?
Casi no podía respirar.

Era como si en aquel lugar inmenso, a pleno raso y completamente desierto, de pronto no hubiera aire suficiente para los dos.
Joseph apartó la mirada y se puso de pie.

Demi, todavía confusa, por puro impulso, hizo lo mismo.
Lo siguió pocos pasos detrás, con los ojos clavados en el suelo nevado que pisaba, intentando aclararse.

Ella sonreía y él la miraba en silencio. No había habido palabras, solo aquella mirada. Y ella…
Se había quedado literalmente sin aire.

Joseph la había mirado, y a ella le había dado un vuelco el corazón.

  Mark miró a los niños con ternura. Si ni siquiera montar a caballo conseguía animarlos, la cosa estaba mal de verdad. 

No era de extrañar; eran las primeras fiestas que pasaban sin la abuela y entre desconocidos. Solo hacía una semana que estaban con él, y aunque Matt, el mayor, parecía adaptarse al cambio bastante bien, a Timmy, le estaba costando.

El mayor de los hermanos Brady decidió intentar otra cosa.
—A ver, colegas, ese pobre caballo se va a caer del aburrimiento — Timmy que intentaba montar ayudado por su hermano, volvió a apoyar el pie en el suelo. Matt sonrió con picardía—. 

No es una montaña, así que no lo escaléis... Pie en el estribo, os cogéis de la montura, y arriba...
Matt lo miró divertido. Timmy se encogió de hombros y se dedicó a patear unas piedrecillas del suelo, ausente.
—Tengo una idea... —dijo Mark, y se puso de
 cuclillas frente a los dos niños—. ¿Queréis que vayamos a ver a la abuela?
La sonrisa de Timmy, la primera del día, le confirmó que su idea tenía una acogida fenomenal. Matt, no se quedó atrás.
—Entonces —Mark tomó a cada niño de una mano—, en marcha, colegas.
Desde la alambrada, Miley, Demi y Joseph, miraban la escena.
—Pobrecillos, lo están pasando fatal —comentó Miley mientras Mark se acercaba con los niños.
—Nosotros nos vamos a ver a la abuela ¿te apuntas? —la invitó el mayor de los Brady.
Ella lo miró con dulzura y asintió.
—Por supuesto. Será un placer, chaval. Adelantaos, que ahora voy.
Mark les guiñó un ojo a Demi y Joseph a modo de despedida, ayudó a los niños a pasar del otro lado de la alambrada y se alejó con ellos por el camino, bajo la mirada de Miley.

—¿Sabéis? —dijo ella, con la vista en el hombre que se dirigía a la casa familiar con un niño de cada mano—. Es un auténtico desperdicio que este tío no tenga una docena de hijos. ¿Qué les pasa a las mujeres de Camden? No puedo creer que todavía nadie haya conseguido enlazarlo…
—¿Y tú, qué? —le dijo Joseph, sonriendo con picardía.
—¿Yo? —replicó Miley señalándose el pecho divertida—. ¿Tienes fiebre?
—¿Por qué? —insistió Joseph riendo—. Os lleváis de fábula y a ti también te encantan los niños…

Miley meneó la cabeza divertida. Si había un hombre que nunca se le había cruzado por la mente era precisamente Mark.
—Es un encanto. Pero no, no es mi tipo —dijo burlona.
Joseph movió las cejas sensualmente, lo que provocó que Miley soltara una carcajada.
No es mi tipo —repitió.
—Claro —dijo él, tentativamente—. Se me olvidaba que te gustan musculosos…
Demi asintió con la cabeza varias veces.
—Rubios, altos y musculosos, sí.
—¿No hay alguien así por aquí? —le preguntó Joseph a Demi. Miley había apartado la mirada y reía.
—Pues sí, ahora que lo dices…
Ambos se quedaron mirándola con picardía.
—Me voy con Mark —sentenció Miley todavía riendo—. Os veo luego.
—No irás a decir que tampoco es tu tipo… —apuntó Demi. Le guiñó un ojo a Joseph.
Miley que ya se había alejado, se volvió con una mano en la cintura, fingiendo una pose sensual.
—¿Tengo pinta de animadora cachonda?
Joseph soltó una carcajada al tiempo que negaba con la cabeza.
—Exacto —respondió ella divertida—. La que no soy su tipo, soy yo. Me voy, pimpollos. Sed buenos…
La vieron hacer adiós con la mano y trotar hacia la casa con su melena lacia bailando al viento.
Demi meneó la cabeza y miró a Joseph de reojo.

—¿Qué no es su tipo? ¡Ja! Para Nick, Miley es un diamante en bruto…