Dios… Eres
total, Joseph.
—Sí… ¿Por
qué no? —respondió ella, con naturalidad—. No me acuesto con los rulos puestos
y como ya has comprobado, sigo estando igual de buena sin maquillaje.
—No todos
tenemos tu suerte —apuntó él, y puso un gesto delicado que hizo que Demi
soltara una carcajada—. No sé si quiero que me veas sin afeitar y oliendo a
tigre, la verdad.
—No soy
ninguna remilgada —notó que él continuaba sonriendo y mirando hacia otro lado—.
Además, eres bestial, Joseph. Un pedazo de tío como la copa de un pino. Seguro
que hasta oliendo a tigre seguirías siendo bestial…
Joseph
carraspeó y la miró de reojo. Cuando el vocabulario de Demi se volvía directo,
era que sus calderas empezaban a calentar. Y si algo había tenido la ocasión de
comprobar, era que cuando Demi calentaba motores, los suyos empezaban a quemar
aceite a destajo.
—¿Estás
hablando en serio? —le dijo, y esta vez sí que la miró abiertamente—. Porque si
es así, creo que vamos a seguir hablando de esto con algo menos de ropa y un
poco más cerca….
Demi negó
con la cabeza sonriendo pícara.
—Tranquilo.
Era broma.
Ambos
sonrieron.
No había
sido ninguna broma.
Demi lo
sabía. Joseph lo intuía. Y sabía, no
intuía, que si iba en serio como él creía, ella todavía daría algún rodeo
más hasta encontrar la forma de decir lo que quería que sucediera, sin sentir
que se exponía. Demi, en realidad, mantenía un pulso con ella misma, no con él.
Era su lado arisco que se resistía.
Y así fue.
—Estuve
pensando que me vendría bien conocer los sitios donde se supone que voy a
actuar, hablar con los organizadores, conocer a la gente, ver cómo viven de
día…
Demi hablaba
con los ojos fijos en el paisaje, más allá. Joseph, en cambio, la miraba a
ella, y en su interior el corazón latía cada vez más fuerte.
—Tengo que
pensar en el próximo álbum… Seis meses no es tiempo, especialmente dando cuatro
conciertos por semana. Quiero hacer algo diferente, que recoja un poco de cómo
es la vida por esos sitios, pero aún no sé qué… — Demi lo miró de reojo
brevemente—. Y también me ayudará en lo de la imagen, ya sabes… Comprobarán en
vivo y en directo que ahora soy una persona seria y formal.
Él
continuaba mirándola atentamente. Sin embargo, ella no acertaba a tener claro
qué pensaba acerca de lo que estaba oyendo.
Demi se
apartó el cabello y sonrió.
—¿Qué
opinas?
—¿Qué
propones? —replicó él, directo como siempre que hablaba de trabajo... A pesar
de saber, perfectamente, que no
estaban hablando de trabajo.
Demi se
recostó mejor contra la alambrada.
¿Qué
propongo? Dios, algo que no suena nada a mí…
—Acompañarte
en tus viajes.
Lo había
dicho.
No había
ninguna duda. Sentía un calor horrible abrasándole el cuello y cuando llegara a
la cara sería evidente, no habría forma de ocultarlo y él se daría cuenta.
Por puro
impulso Demi volvió a ponerse en marcha evitando el contacto visual, con la
esperanza de que el aire frío neutralizara el fuego que seguía trepando por su
cuello. La mano de Joseph en su brazo la detuvo, y la devolvió donde estaba
antes.
—Quiero que
descanses, que comas bien, duermas bien y estés tranquila. Cuatro fechas por
semana es mucha tralla, bombón…
Pondrás un pie en el estudio de grabación cuando estés lista, sean seis meses o
un año, yo me encargo de la discográfica. Tú no te preocupes, vas a tener el
tiempo que necesites…
Demi sonrió
nerviosa y asintió. El fuego acababa de instalarse en sus mejillas; le ardían.
OK. No había
colado.
Y además él
había vuelto a llamarla “bombón”. E igual que uno de verdad, Demi sentía cómo
se derretía lentamente.
—Quiero ir
igual.
Joseph negó
con la cabeza.
—No. Mira,
es más importante que estés en forma y hagas tu trabajo sin sobresaltos... Tus
últimos dos años están muy frescos todavía en la mente de los que firman… Va a
llevar tiempo, y la mejor estrategia es que pasen los meses y vean que tú
sigues ahí, dando el callo en el escenario, y manteniéndote apartada de los
escándalos en la prensa del corazón… Esa es la manera de hacer las cosas. No te
necesito para que ellos firmen. Lo que necesito es que hagas tu trabajo bien
hecho. Del resto, me encargo yo.
La vio
menear la cabeza, mirar en dirección a la casa, vio aquellas mejillas rojas… y
cuando Demi empezó a hablar otra vez, Joseph sentía el corazón latiéndole en
las sienes con tanta fuerza que retumbaba como si por dentro estuviera vacío.
—No como
bien. Ni duermo bien. Ni estoy tranquila… Cuando no estás, me siento mucho más
rara que cuando estás…
Demi tragó
saliva. No se animaba a mirarlo y no sabía cómo seguir, pero había empezado y debía continuar.
—Nunca me he
sentido de esta manera. No sé qué es. Y me da un miedo horroroso… Pero creo que
la vida son dos días y hay que vivirla tal como viene… Quiero estar contigo —le
dijo, y se esforzó por mirarlo—. No sé cuánto va a durarme, Joseph… Es posible
que en quince días te hartes o sea yo la que me harto, no lo sé… Hoy sé que
quiero estar contigo… Mi carrera me importa, pero mi vida siempre me ha
importado más.
Joseph
ignoró la polca frenética que bailaba su propio corazón, y volvió a intentarlo.
—Nos van a
relacionar sentimentalmente. Y no
deben relacionarnos, bombón, ahora
no.
Demi asintió
y permaneció en silencio durante unos instantes. Él tenía razón, si eso sucedía
sería muy malo para los dos.
Curiosamente,
no le importaba en absoluto.
—Quiero ir
—repitió con decisión, y tragó saliva—. Y quiero dormir contigo. Y si vuelves a
llamarme “bombón”, me voy a colgar de tu cuello y voy a besarte hasta que te
derritas aquí mismo…
Pensó que si
él no hacía algo se iba a morir de vergüenza. O de ganas de abrazarlo. Pero Joseph
hizo algo: la abrazó completamente, pegándola contra su cuerpo. Sus manos la
acariciaron con una pasión desbordante.
—De acuerdo
—susurró él al fin—. Pero vamos a mantener las distancias en público, y vamos a
seguir registrándonos en habitaciones separadas, ¿de acuerdo?
—No creo que
las usemos, pero por mí, vale… Si eso te hace sentir menos presionado —bromeó
ella.
Él se coló
en su boca, ávido. Iba a decirle que no se sentía presionado, que ella tampoco
se sentiría así, que esta vez era de verdad y a ella no se le pasaría en dos
semanas...

No hay comentarios:
Publicar un comentario