viernes, 12 de julio de 2013

Mi Dulce Bombón Capitulo 63




Dios… Eres total, Joseph.
—Sí… ¿Por qué no? —respondió ella, con naturalidad—. No me acuesto con los rulos puestos y como ya has comprobado, sigo estando igual de buena sin maquillaje.
—No todos tenemos tu suerte —apuntó él, y puso un gesto delicado que hizo que Demi soltara una carcajada—. No sé si quiero que me veas sin afeitar y oliendo a tigre, la verdad.
—No soy ninguna remilgada —notó que él continuaba sonriendo y mirando hacia otro lado—. Además, eres bestial, Joseph. Un pedazo de tío como la copa de un pino. Seguro que hasta oliendo a tigre seguirías siendo bestial…
Joseph carraspeó y la miró de reojo. Cuando el vocabulario de Demi se volvía directo, era que sus calderas empezaban a calentar. Y si algo había tenido la ocasión de comprobar, era que cuando Demi calentaba motores, los suyos empezaban a quemar aceite a destajo.
—¿Estás hablando en serio? —le dijo, y esta vez sí que la miró abiertamente—. Porque si es así, creo que vamos a seguir hablando de esto con algo menos de ropa y un poco más cerca….
Demi negó con la cabeza sonriendo pícara.
—Tranquilo. Era broma.
Ambos sonrieron.
No había sido ninguna broma.
Demi lo sabía. Joseph lo intuía. Y sabía, no intuía, que si iba en serio como él creía, ella todavía daría algún rodeo más hasta encontrar la forma de decir lo que quería que sucediera, sin sentir que se exponía. Demi, en realidad, mantenía un pulso con ella misma, no con él. Era su lado arisco que se resistía.
Y así fue.
—Estuve pensando que me vendría bien conocer los sitios donde se supone que voy a actuar, hablar con los organizadores, conocer a la gente, ver cómo viven de día…
Demi hablaba con los ojos fijos en el paisaje, más allá. Joseph, en cambio, la miraba a ella, y en su interior el corazón latía cada vez más fuerte.
—Tengo que pensar en el próximo álbum… Seis meses no es tiempo, especialmente dando cuatro conciertos por semana. Quiero hacer algo diferente, que recoja un poco de cómo es la vida por esos sitios, pero aún no sé qué… — Demi lo miró de reojo brevemente—. Y también me ayudará en lo de la imagen, ya sabes… Comprobarán en vivo y en directo que ahora soy una persona seria y formal.
Él continuaba mirándola atentamente. Sin embargo, ella no acertaba a tener claro qué pensaba acerca de lo que estaba oyendo.
Demi se apartó el cabello y sonrió.
—¿Qué opinas?
—¿Qué propones? —replicó él, directo como siempre que hablaba de trabajo... A pesar de saber, perfectamente, que no estaban hablando de trabajo.
Demi se recostó mejor contra la alambrada.
¿Qué propongo? Dios, algo que no suena nada a mí…
—Acompañarte en tus viajes.
Lo había dicho.
No había ninguna duda. Sentía un calor horrible abrasándole el cuello y cuando llegara a la cara sería evidente, no habría forma de ocultarlo y él se daría cuenta.
Por puro impulso Demi volvió a ponerse en marcha evitando el contacto visual, con la esperanza de que el aire frío neutralizara el fuego que seguía trepando por su cuello. La mano de Joseph en su brazo la detuvo, y la devolvió donde estaba antes.
—Quiero que descanses, que comas bien, duermas bien y estés tranquila. Cuatro fechas por semana es mucha tralla, bombón… Pondrás un pie en el estudio de grabación cuando estés lista, sean seis meses o un año, yo me encargo de la discográfica. Tú no te preocupes, vas a tener el tiempo que necesites…
Demi sonrió nerviosa y asintió. El fuego acababa de instalarse en sus mejillas; le ardían.
OK. No había colado.
Y además él había vuelto a llamarla “bombón”. E igual que uno de verdad, Demi sentía cómo se derretía lentamente.
—Quiero ir igual.
Joseph negó con la cabeza.
—No. Mira, es más importante que estés en forma y hagas tu trabajo sin sobresaltos... Tus últimos dos años están muy frescos todavía en la mente de los que firman… Va a llevar tiempo, y la mejor estrategia es que pasen los meses y vean que tú sigues ahí, dando el callo en el escenario, y manteniéndote apartada de los escándalos en la prensa del corazón… Esa es la manera de hacer las cosas. No te necesito para que ellos firmen. Lo que necesito es que hagas tu trabajo bien hecho. Del resto, me encargo yo.
La vio menear la cabeza, mirar en dirección a la casa, vio aquellas mejillas rojas… y cuando Demi empezó a hablar otra vez, Joseph sentía el corazón latiéndole en las sienes con tanta fuerza que retumbaba como si por dentro estuviera vacío.
—No como bien. Ni duermo bien. Ni estoy tranquila… Cuando no estás, me siento mucho más rara que cuando estás…
Demi tragó saliva. No se animaba a mirarlo y no sabía cómo seguir, pero había empezado y debía continuar.
—Nunca me he sentido de esta manera. No sé qué es. Y me da un miedo horroroso… Pero creo que la vida son dos días y hay que vivirla tal como viene… Quiero estar contigo —le dijo, y se esforzó por mirarlo—. No sé cuánto va a durarme, Joseph… Es posible que en quince días te hartes o sea yo la que me harto, no lo sé… Hoy sé que quiero estar contigo… Mi carrera me importa, pero mi vida siempre me ha importado más.
Joseph ignoró la polca frenética que bailaba su propio corazón, y volvió a intentarlo.
—Nos van a relacionar sentimentalmente. Y no deben relacionarnos, bombón, ahora no.
Demi asintió y permaneció en silencio durante unos instantes. Él tenía razón, si eso sucedía sería muy malo para los dos.
Curiosamente, no le importaba en absoluto.
—Quiero ir —repitió con decisión, y tragó saliva—. Y quiero dormir contigo. Y si vuelves a llamarme “bombón”, me voy a colgar de tu cuello y voy a besarte hasta que te derritas aquí mismo…
Pensó que si él no hacía algo se iba a morir de vergüenza. O de ganas de abrazarlo. Pero Joseph hizo algo: la abrazó completamente, pegándola contra su cuerpo. Sus manos la acariciaron con una pasión desbordante.
—De acuerdo —susurró él al fin—. Pero vamos a mantener las distancias en público, y vamos a seguir registrándonos en habitaciones separadas, ¿de acuerdo?
—No creo que las usemos, pero por mí, vale… Si eso te hace sentir menos presionado —bromeó ella.

Él se coló en su boca, ávido. Iba a decirle que no se sentía presionado, que ella tampoco se sentiría así, que esta vez era de verdad y a ella no se le pasaría en dos semanas...

No hay comentarios:

Publicar un comentario