—¡Qué
amable! Gacias, Matt... —dijo Demi.
—¿Si me los
aprendo me contratas? —insistió el niño, con picardía.
El que
contestó fue Joseph, dejándolos a todos tan sorprendidos como sonrientes,
especialmente a Demi.
—No, tío, lo
siento. El puesto ya está cubierto, pero gracias por la idea...
Demi se
apresuró a quitar su móvil de la vista.
—Ni lo
sueñes.
Cuando
vieron a Joseph mirarla y enarcar la ceja derecha imitando a Mark, toda la mesa
explotó en carcajadas.
♦ ♦ ♦ ♦ ♦
La sobremesa
continuó un buen rato hasta que Mark mencionó las palabras “partido de
baloncesto por televisión” y la cocina se convirtió en un jolgorio liderado por
los más pequeños. Todos se trasladaron al salón, excepto Joseph, que a pedido
de John, se quedó a ayudarle a traer leña.
Él sonrió
mientras seguía al cincuentón de mirada dulce por el camino de laja que llevaba
del porche al jardín. Igual que hacía once años, eran John Brady, él y unos
troncos de leña.
Pensó que
John iba a hablarle de Demi, o de los dos, pero estaban a punto de volver a
entrar en la casa, cargando unos cuantos leños cada uno y él continuaba
callado.
Joseph lo
dejó pasar y se disponía a cerrar la pequeña puerta del porche cuando John
habló:
—Mandy está
muy bien. Hace años que no la veía así —dijo suavemente.
—Está muy
contenta, sí. Le costó decidir lo que de verdad quería hacer, pero ahora que lo
sabe, está tranquila.
John asintió
varias veces.
—Sí.
Joseph
también asintió. Se hizo una pausa incómoda que el padre de Demi rompió.
—Eres la
clase de hombre que quiero para ella, Joseph. Ahora sí.
Su propia
reacción sorprendió a Jordan, que apartó la mirada. No pudo evitarlo. Era una
niñería. En aquella casa lo querían, y él lo sabía, pero oírselo decir le había
anudado la garganta.
Joseph tuvo
la sensación de que nunca había estado más cerca de Demi que en aquel instante.
Y sintió el corazón hacerse gigante dentro del pecho.
Volvió a
mirar a John. Quiso decir algo, mostrar lo mucho que valoraba aquellas
palabras, pero solo pudo asentir varias veces con la cabeza.
John le
palmeó el hombro con cariño, abrió la puerta de la casa para dejarlo pasar.
Joseph obedeció
sin decir nada.
Estaba mudo
de la emoción.
♦ ♦ ♦ ♦ ♦
Demi sonrió
cuando el pensamiento volvió a su mente.
—¿Qué?
—preguntó Jordan divertido justo cuando ella se sopló las manos enguantadas en
un intento de esconder la sonrisa.
Pero ya era
tarde, él la había descubierto.
—Es la
primera vez que amanezco con un hombre en la cama —dijo ella, risueña. Lo miró
de reojo. Él andaba a su lado, con las manos en los bolsillos de su parka color
habano, y la cabeza baja. También sonreía.
—¿Y… qué tal
fue la experiencia?
Demi volvió
a mirarlo.
Bestial,
Jordan, como tú.
—Estuvo bien
—respondió, apartándose el cabello que el viento le echaba a la cara con
coquetería.
Lo vio
sonreír y asentir con la cabeza varias veces.
—Me alegro
—dijo él, sin más, y continuó andando en silencio.
Ella se
concentró en el paisaje. El Joseph privado, el que era cuando estaban solos,
era alguien que siempre parecía saber cómo manejarse con ella. Demi no tenía
idea de si lo suyo era certeza o intuición, pero acertaba nueve veces de diez.
Palabra justa, mirada justa, momento justo… Sabía cuándo abrirle un poco de su
intimidad, y cuando callar y dejar que fuera ella quién preguntara y decidiera
qué quería saber, y cuánto.
Como ahora.
—¿Y para ti,
Joseph? ¿Estuvo bien para ti también, o prefieres lo de antes?
Ella se
había detenido. Apoyada contra la valla lo miraba abiertamente, conteniéndose
para no zambullirse en la dulzura de aquellos ojos hermosos que siempre le
habían resultado extremadamente tentadores. Pero ahora Joseph apartaba la
mirada y en su rostro había una expresión un poco pícara, un poco sensual...
Y una
sonrisa.
Desde donde
se encontraban, se veía la casa. Mark echaba sal en las escaleras que llevaban
al porche. Miley y los niños entraban en el jardín, en fila india, con leños
para la chimenea.
Pero por más
que Joseph intentaba concentrarse en lo que veía y dejar de estremecerse, no
podía. Antes de tocarla por primera vez, estaba loco por ella. Ahora, veinte
días después, la locura se había tornado desesperación; estaba lisa y
llanamente desesperado por tenerla.
Cuando ella
lo despertó con besos aquella mañana y él fingió estar profundamente dormido,
en realidad llevaba horas contemplándola, pensando cómo se las arreglaría para
volver a dormir sin sentir el calor de su cuerpo junto al suyo, sin tenerla
entre sus brazos...
Y ahora
debía responder esa pregunta. Ser lo bastante tierno y a la vez, lo bastante
controlado, incluso distante, para que ella no se sintiera vulnerable y echara
a correr.
—Prefiero lo
que tú prefieras —le dijo, seductor. Añadió un movimiento sensual de las cejas
que a Demi la hizo reír y a él le ayudó a salvar el momento.
Eres muy
listo, sí. A ver qué tal te las arreglas ahora.
Demi sonrió
desafiante y dejó que su mirada bajara de aquellos ojos hermosos a sus labios.
Luego, volvió a mirarlo directamente.
—¿Y si
prefiero dormir contigo?
Joseph tragó
saliva y forzó una expresión sorprendida en su cara.
—¿Te
refieres a… dormir-dormir?
Demi se
cruzó de brazos y sonrió de oreja a oreja. Asintió varias veces.
Joseph soltó
un silbido y rió fingiendo sorpresa.
—Joder, no
sé... ¿Te parece? —le dijo, mirándola de reojo haciéndose el pensativo. Demi continuaba
sonriendo.
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