viernes, 12 de julio de 2013

Mi Dulce Bombón Capitulo 62



—¡Qué amable! Gacias, Matt... —dijo Demi.
—¿Si me los aprendo me contratas? —insistió el niño, con picardía.
El que contestó fue Joseph, dejándolos a todos tan sorprendidos como sonrientes, especialmente a Demi.
—No, tío, lo siento. El puesto ya está cubierto, pero gracias por la idea...
Demi se apresuró a quitar su móvil de la vista.
—Ni lo sueñes.
Cuando vieron a Joseph mirarla y enarcar la ceja derecha imitando a Mark, toda la mesa explotó en carcajadas.
♦ ♦ ♦ ♦ ♦
La sobremesa continuó un buen rato hasta que Mark mencionó las palabras “partido de baloncesto por televisión” y la cocina se convirtió en un jolgorio liderado por los más pequeños. Todos se trasladaron al salón, excepto Joseph, que a pedido de John, se quedó a ayudarle a traer leña.
Él sonrió mientras seguía al cincuentón de mirada dulce por el camino de laja que llevaba del porche al jardín. Igual que hacía once años, eran John Brady, él y unos troncos de leña.
Pensó que John iba a hablarle de Demi, o de los dos, pero estaban a punto de volver a entrar en la casa, cargando unos cuantos leños cada uno y él continuaba callado.
Joseph lo dejó pasar y se disponía a cerrar la pequeña puerta del porche cuando John habló:
—Mandy está muy bien. Hace años que no la veía así —dijo suavemente.
—Está muy contenta, sí. Le costó decidir lo que de verdad quería hacer, pero ahora que lo sabe, está tranquila.
John asintió varias veces.
—Sí.
Joseph también asintió. Se hizo una pausa incómoda que el padre de Demi rompió.
—Eres la clase de hombre que quiero para ella, Joseph. Ahora sí.
Su propia reacción sorprendió a Jordan, que apartó la mirada. No pudo evitarlo. Era una niñería. En aquella casa lo querían, y él lo sabía, pero oírselo decir le había anudado la garganta.
Joseph tuvo la sensación de que nunca había estado más cerca de Demi que en aquel instante. Y sintió el corazón hacerse gigante dentro del pecho.
Volvió a mirar a John. Quiso decir algo, mostrar lo mucho que valoraba aquellas palabras, pero solo pudo asentir varias veces con la cabeza.
John le palmeó el hombro con cariño, abrió la puerta de la casa para dejarlo pasar.
Joseph obedeció sin decir nada.
Estaba mudo de la emoción.
♦ ♦ ♦ ♦ ♦
Demi sonrió cuando el pensamiento volvió a su mente.
—¿Qué? —preguntó Jordan divertido justo cuando ella se sopló las manos enguantadas en un intento de esconder la sonrisa.
Pero ya era tarde, él la había descubierto.
—Es la primera vez que amanezco con un hombre en la cama —dijo ella, risueña. Lo miró de reojo. Él andaba a su lado, con las manos en los bolsillos de su parka color habano, y la cabeza baja. También sonreía.
—¿Y… qué tal fue la experiencia?
Demi volvió a mirarlo.
Bestial, Jordan, como tú.
—Estuvo bien —respondió, apartándose el cabello que el viento le echaba a la cara con coquetería.
Lo vio sonreír y asentir con la cabeza varias veces.
—Me alegro —dijo él, sin más, y continuó andando en silencio.
Ella se concentró en el paisaje. El Joseph privado, el que era cuando estaban solos, era alguien que siempre parecía saber cómo manejarse con ella. Demi no tenía idea de si lo suyo era certeza o intuición, pero acertaba nueve veces de diez. Palabra justa, mirada justa, momento justo… Sabía cuándo abrirle un poco de su intimidad, y cuando callar y dejar que fuera ella quién preguntara y decidiera qué quería saber, y cuánto.
Como ahora.
—¿Y para ti, Joseph? ¿Estuvo bien para ti también, o prefieres lo de antes?
Ella se había detenido. Apoyada contra la valla lo miraba abiertamente, conteniéndose para no zambullirse en la dulzura de aquellos ojos hermosos que siempre le habían resultado extremadamente tentadores. Pero ahora Joseph apartaba la mirada y en su rostro había una expresión un poco pícara, un poco sensual...
Y una sonrisa.
Desde donde se encontraban, se veía la casa. Mark echaba sal en las escaleras que llevaban al porche. Miley y los niños entraban en el jardín, en fila india, con leños para la chimenea.
Pero por más que Joseph intentaba concentrarse en lo que veía y dejar de estremecerse, no podía. Antes de tocarla por primera vez, estaba loco por ella. Ahora, veinte días después, la locura se había tornado desesperación; estaba lisa y llanamente desesperado por tenerla.
Cuando ella lo despertó con besos aquella mañana y él fingió estar profundamente dormido, en realidad llevaba horas contemplándola, pensando cómo se las arreglaría para volver a dormir sin sentir el calor de su cuerpo junto al suyo, sin tenerla entre sus brazos...
Y ahora debía responder esa pregunta. Ser lo bastante tierno y a la vez, lo bastante controlado, incluso distante, para que ella no se sintiera vulnerable y echara a correr.
—Prefiero lo que tú prefieras —le dijo, seductor. Añadió un movimiento sensual de las cejas que a Demi la hizo reír y a él le ayudó a salvar el momento.
Eres muy listo, sí. A ver qué tal te las arreglas ahora.
Demi sonrió desafiante y dejó que su mirada bajara de aquellos ojos hermosos a sus labios. Luego, volvió a mirarlo directamente.
—¿Y si prefiero dormir contigo?
Joseph tragó saliva y forzó una expresión sorprendida en su cara.
—¿Te refieres a… dormir-dormir?
Demi se cruzó de brazos y sonrió de oreja a oreja. Asintió varias veces.
Joseph soltó un silbido y rió fingiendo sorpresa.
—Joder, no sé... ¿Te parece? —le dijo, mirándola de reojo haciéndose el pensativo. Demi continuaba sonriendo. 

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