domingo, 26 de mayo de 2013

Mi Dulce Bombón Capitulo 24



Las felicitaciones se sucedían sin fin. Demi sonreía, estrechaba manos, devolvía besos y tomaba parte en las conversaciones como si tal cosa. Miley, que la conocía muy bien, sabía que algo sucedía aunque no sabía exactamente qué.
Durante la recepción que siguió a la entrega de premios, cuando entre un gentío vio aparecer la atractiva figura de un Joseph Wyatt vestido de Armani azul petróleo, que se acercaba donde estaban los Brady con una señorita del brazo, Miley tuvo el primer pálpito de que lo que le sucedía a Demi tenía que ver con él.
—¿Qué puñetas hace con esa mujer? —preguntó Miley a Nick en voz baja.
Él miró en la dirección de la mirada de Miley, y tuvo ganas de asesinar a un vikingo.
—Me lo voy a cargar... Está loco. ¿Cómo se le ocurre hacer algo así?
No era una señorita cualquiera. Miley frunció el ceño e intentó recordar dónde había visto aquella cara.
Cuando lo recordó, también quiso “cargarse” al vikingo.
—¿No es Tyler Bradford? ¿La hija de ese multimillonario?
Nick no necesitó mirar a la mujer. Miró a Demi de reojo y cuando vio la expresión de su cara, tuvo la respuesta.
Era Tyler Bradford.
Joseph ya estaba allí, a un metro escaso del círculo que formaban los Brady, con su sonrisa gentil y unos ojos brillantes que delataban sus nervios. Se disponía a hablar cuando la reacción de Demi los dejó a todos sorprendidos. A Tyler Bradford, de una pieza, incómoda y ofendida por un tratamiento que, evidentemente, no estaba acostumbrada a recibir de la gente.
—Hola, Joseph. Disculpad —se limitó a decir la cantante antes de dar media vuelta, y abandonar el grupo.
Dicho y hecho.
Demi giró ciento ochenta grados sobre sus tacones, y se encaminó hacia donde charlaban unos colegas de profesión.
Joseph no solo se había presentado en su entrega de premios con otra mujer. Lo había hecho con la mismísima Tyler Bradford, una mosquita muerta que había conseguido convertirse en una barbi a golpe de bisturí e implantes de silicona.
¿Cómo tenía la cara de pavonearse con aquel engendro en sus narices? ¿De posar con aquella “cosa” en las fotos de su entrega de premios?
Que te jodan, Joseph.
♦ ♦ ♦ ♦ ♦

“Hola Joseph. Disculpad”. Aquellas fueron las únicas tres palabras que él le escuchó decir aquel día.
Y fueron las últimas.
Supo en aquel instante que había cometido un gran error, pero secretamente esperó que a Demi la rabieta se le pasara en un par de días.
Una semana después se dio cuenta de que no iba a pasársele. La había llamado varias veces al rancho; ella no se había puesto al teléfono. También la había llamado al móvil; ni contestó ni devolvió ninguna llamada.
Y allí estaba él, esperando que Nick abriera la puerta de su apartamento para averiguar qué estaba sucediendo, a sabiendas de que le iban a leer la cartilla. Nick le había dicho de todo por presentarse en los CMA acompañado y enfadar a Mandy.
—Vaya... —dijo Nick sardónico mientras le abría la puerta—. ¿No has traído a Tyler contigo?
Joseph entró sin hacer comentarios. El dueño de casa cerró la puerta.
—No me lo digas —continuó Nick en el mismo tono—. No consigues hablar con Demi ¿a que no?
Lo vio respirar hondo, apoyarse contra la pared, junto a la puerta de la cocina y negar con la cabeza.
Nick le pasó una cerveza y siguió camino hacia el salón con expresión incrédula.
—Normal.
—¿Y qué querías que hiciera? ¿No ir? ¿Te parece que se habría cabreado menos si pasaba de ir?
—¿De qué planeta eres, Joseph? Cualquier tío habría ido. Solo. Y habría intentado llevársela al huerto. Es lo que hacemos los tíos, chaval. Y lo que ella esperaba que hicieras.
Joseph sintió que su corazón alteraba el ritmo.
— ¿Te lo dijo Demi?

No —respondió el quarterback, burlón—. No necesita que su hermano le diga qué esperar de los hombres. Lo sabe muy bien porque ella hace igual. Joder Joseph…Las palabras le salieron del alma, como si no fuera su cerebro el que daba las órdenes.

Mi Dulce Bombón Capitulo 23



Le parecía increíble que un extraño, en unos pocos párrafos, le pusiera delante de los ojos la realidad de su propia vida. La que necesitaba ver. La que debió haber visto desde el principio.
¿Por qué había subestimado a la prensa? Machacaban a la gente, y ella les había servido el martillo en bandeja siendo tan poco discreta.
¿Por qué solamente daba conciertos en grandes ciudades? ¿Por qué sus fans tenían que recorrer cientos de kilómetros para verla? Era gracias a ellos que había ganado discos de platino y premios.
¿Por qué no recibía la correspondencia de sus fans? La prensa se cebaba en ella, pero su música se vendía igual. Lo que hacía, gustaba a quien tenía que gustar, a la gente que escuchaba country. Ellos no le hablaban de tecnicismos, sino de lo que sentían al oír sus canciones, de la alegría que éstas ponían en sus vidas.
Nunca había pensado en ella misma de esa manera. Nunca había pensado que aquellas pudieran ser más que eso; Era una sensación casi sobrecogedora, tomar conciencia del efecto que aquellas canciones dulzonas que escribía desde que era una niña tenían sobre la vida de otras personas. Aunque solo fuera durante un instante de esas vidas, las marcaba. Ponía alegría. “Hacía salir el sol”.
Aquellos pocos párrafos habían hecho que, por primera vez, tomara conciencia de que ser Demi Brady, tenía un sentido, uno más allá de sí misma.
Cuando Eileen y John la vieron entrar en la cocina con una sonrisa radiante, reclamando su trozo de tarta de queso y moras, intercambiaron miradas de alivio.
Y dieron gracias a Dios y a Sharon por tener la brillante idea de desviar el correo al rancho Brandy.
Durante años, había alimentado las trituradoras de papel de las diferentes asistentes de Demi.
Ahora, alimentaría sus sueños.
El Gran Ole Opry, cede de la 38ª edición de entrega de los Premios CMA, se venía abajo en aplausos mientras Demi abandonaba el escenario, enfundada en un sobrio traje de pantalón negro y unos Manolos con tacón de vértigo. Había ganado el premio a la mejor vocalista femenina del año, pero recibirlo no era lo único que había sucedido durante los escasos minutos que estuvo sobre el escenario.
También había visto a Joseph, por la décima fila.
Acompañado.
Demi se las ingenió para no dejar de sonreír mientras bajaba las escaleras y atravesaba el backstage por un corredor lleno de colegas y conocidos que le daban la enhorabuena y se acercaban. Sonrió, puso expresión de “ahora no puedo” y continuó andando con el premio en una mano y un nudo en el estómago.
Entró en el concurrido baño de señoras con la cabeza baja y una mano en la cara, fingiendo que se le había metido algo en el ojo. Enfiló directo al cubículo que en aquel momento quedó libre, y cerró la puerta.
Se sentía como una idiota.
Había ganado el premio, lo que quería decir que sus fans estaban reflotando su carrera, que no estaba profesionalmente hundida, que aunque la crítica llevara meses cebándose en ella, la gente seguía comprando su música.
Debía sentirse agradecida, estimulada, aliviada...
Y en cambio, se sentía idiota.
Idiota porque volver a ver a Joseph, disfrutar de su compañía un rato, le había resultado mucho más estimulante que la idea de quedarse con el premio.
Porque toda ella, su peinado suelto y vaporoso, el traje, los tacones... Todo lo había elegido cuidadosamente pensando en él. Quería ser la Demi que a él le gustaba.
Porque se había pasado los últimos diez días, desde que habían hablado en aquel club de Nashville, pensando en Joseph. Contando los minutos que quedaban para volver a verlo, ansiosa como una quinceañera. Impaciente por explicarle su nuevo plan profesional, y que a él le pareciera tan genial que no se lo pensara dos veces, y aceptara volver a ser su mánager.
Y desesperada por recuperar su compañía, sus modos amables, lo segura que se sentía a su lado.
Más que idiota. Imbécil.
Joseph no había asistido solo. Se había llevado a una de sus infaltables acompañantes perfectas.
A él le importaba un pimiento su nuevo plan profesional, su traje negro y sus tacones.
Le importaba un pimiento volver a estar con ella, ni como mánager ni de cualquier otra forma.
Demi bajó la cabeza, miró la mano con que sostenía el premio.

Estaba temblando de rabia.

sábado, 25 de mayo de 2013

Mi Dulce Bombón Capitulo 22



— Demi es una fiera, señora mía, como otra mujer que conozco que, justamente, tiene los mismos ojos preciosos —Eileen lo miró de reojo y sonrió de mala gana. Optimismo imbatible, confianza inquebrantable. Ese era John Brady en todo su esplendor—. Sufre, sí. Se siente atrapada, puede que hasta vencida, pero tú y yo sabemos que saldrá adelante. Relájate, amor.
Eileen suspiró. ¿Cómo conseguía ver tan claro? Cuando se trataba de sus hijos, ella sencillamente, solo veía cómo se sentían. Lo recibía con cada célula de su cuerpo. Vibraba con ellos en los momentos álgidos de sus vidas; y en los otros momentos, sentía que se le abrían las carnes y su corazón lloraba desconsolado. Era así. Siempre había sido así.
John sonrió y la miró con picardía.
—Quizás en esa saca hay alguna cerilla que encienda la mecha... ¡Quién sabe!
“Ojalá”, deseó Eileen. “Ojalá encuentre la ilusión que necesita”.
♦ ♦ ♦ ♦ ♦
En la saca había cientos de cerillas.
Durante más de dos horas Demi tuvo la oportunidad de saber lo que ocurría en sus conciertos, del otro lado del escenario, en el espacio lleno de manos que aplaudían y caras que no alcanzaba a ver. Cientos de cerillas le permitieron mirarse a través de otros ojos y sentirse a través de otra piel.
Una encendió la mecha.
"...Mi chica no deja de decirme que es perder el tiempo, que te deben llegar millones de cartas por día y que si te dedicaras a leerlas, no te quedaría tiempo para otra cosa, pero me da igual.
En la prensa no dejan de decir montones de cosas sobre ti. Para mí son mentiras, como todo lo que dicen. 
Que lo dejas, que te metieron en un centro de desintoxicación, que hasta tu mánager se ha largado... ¿Quiénes son para machacar a la gente de esa manera? Me cabrean, de verdad.
Yo le digo a Sam, mi mujer, que estarás en las Bahamas retozando al sol con una buena piña colada en una mano, un macizo dándote cremita, disfrutando de unas merecidas vacaciones.
 Di que sí, chica. Si es así, tres ¡hurra! por ti, por el macizo y por las Bahamas. Llevas tres años de concierto en concierto, alegrándonos la vista además del oído a miles de personas de este país. Ya tocaba descansar.
Porque eso es lo que haces, Demi. Alegrarnos. Ninguno de esos periodistas capullos que escriben basura lo dice. Nunca lo dicen. Pero es así. Tengo todos tus CDs. Te escucho en el coche cuando voy a trabajar. Te escucho en casa, en las barbacoas con mis amigos o mi familia...
Y si no viviera en el fin del mundo, te iría a ver en vivo más seguido. ¡Hasta sonabas en el aire cuando le pedí a mi novia que se casara conmigo! ¡Sí! Me declaré a mi Sam mientras tú cantabas “Elígeme”, ¿qué te parece?
Hace un tiempo leí no sé dónde que vienes de una familia feliz. A lo mejor es un invento más, pero me cuadra. Tus canciones están llenas de buen rollo. Y tú... 
Bueno, seguro que no te digo nada que no hayas oído millones de veces, pero haces que salga el sol. En el buen sentido. Y en el otro también, pero no se lo digas a mi chica, que es muy celosa.
En serio, Demi, disfruta de tus vacaciones dondequiera que estés, recarga las pilas y vuelve a alegrarnos la vida, guapa. Si tú me prometes CD nuevo para cuando nazca mi primer hijo, el próximo verano, yo te prometo ir a verte en vivo más a menudo. ¿Hecho? Cuídate. Y vuelve..."
Demi volvió a plegar el folio y lo guardó en su sobre. Se llamaba James Miller y, efectivamente, vivía en un pueblito perdido de Arizona.

Y acababa de darle un buen par de sopapos y despertarla de un largo sueño. Uno que duraba casi seis años.

Mi Dulce Bombón Capitulo 21



—Pero por espantoso y duro que te haya parecido —continuó ella suavemente—, pudo haber sido muchísimo peor y si no lo fue, es gracias a ti. Ojalá alguna vez pueda compensarte por esto, porque estas cosas no se resuelven dando las gracias… Son demasiado importantes…
Joseph tragó saliva. Dios, por favor no sigas…  
—Está bien, Demi... Seguro que tú habrías hecho lo mismo por mí —se pasó la mano por el cabello y echó un vistazo a su reloj—. Tengo que irme… Me gustó volver a verte. Despídeme de Nick y Miley, ¿quieres?
Ella sonrió nerviosa. Que él se fuera tan pronto, la tomó por sorpresa. Era evidente que lo esperaban. Y quedaba claro que era importante. Más importante que ella.
—Claro, nos vemos en los premios ¿no? —se atrevió a preguntar.
Joseph asintió, le guiñó un ojo y se marchó. Demi se quedó mirándolo hasta que desapareció entre la gente. Luego, bajó la cabeza y tomó conciencia de cómo se sentía.
Estaba helada.
Y el corazón, que latía a doscientas pulsaciones por minuto, parecía a punto de saltarle fuera del pecho.
♦ ♦ ♦ ♦ ♦
Haberlo visto en Nashville no había resultado bien. Demi se había disculpado con Joseph. Había esperado que eso la aliviara de alguna manera, que las palabras mágicas 'lo siento' que había dicho tan pocas veces en su vida, actuaran como un bálsamo, y se llevaran aquel desasosiego que había entrado en su vida exactamente en el momento que comprendió que Joseph salía de ella.
Pero no había sido así.
Ahora, además, había una nueva sensación que añadir a la lista; ansiedad.
Porque pasaran los seis días que faltaban para el nueve de noviembre, el día de la entrega de los CMA, supiera si su carrera se había hundido definitivamente o si, al contrario, algún angelito del cielo le hacía un regalo y ganaba la categoría Mejor Vocalista del Año.
Y por volver a ver a Joseph. Necesitaba verlo, charlar con él, sentir, aunque fuera por un par de horas, que todo seguía siendo igual que siempre entre los dos, que su estúpida vanidad no se había cargado lo que tenían. Necesitaba que la viera bien, lejos del precipicio que había sido su vida durante los últimos dos años, que volvía a ser Demi, “bombón” como él solía llamarla siempre.
Siempre, antes.
Antes de que se convirtiera en una estúpida insoportable rodeada de zánganos.
Ella exhaló un largo suspiro. Aquella Demi ansiosa, confundida y apática tampoco era “bombón”. No tenía la menor idea de quién era, pero debía vivir con ella.
—Es Demi —murmuró Eileen y volvió a sentarse junto a su marido, en la cocina.
Oyeron que la puerta principal se cerraba y que unos pasos se acercaban por el corredor.
—¿ Demi? —la llamó John en voz alta, guiñándole un ojo a su mujer.
A ella no le apetecía conversar, pero intuía que sus padres estarían preocupados.
—La misma —respondió. Asomó la cabeza por la puerta, forzando una sonrisa en su cara—. ¿Qué tal?
—Esperando que la tarta de queso y moras que hay en el alféizar se enfríe para poder hincarle el diente —replicó John—. ¿Te apuntas?
—Pensaba echarme un rato... Estoy muerta. Me parece que esto de descansar tanto ha reflotado el cansancio de años... —les tiró un beso con la mano—. ¿Me guardáis un trocito para luego?
Eileen le regaló una sonrisa tierna.
—Claro, cariño, aquí estará, esperándote con un buen café caliente...
—Por cierto —se apresuró a decir John. Demi volvió a asomarse a la cocina—, Raymond ha estado aquí, traía correo para ti. Lo puse junto al escritorio, en tu cuarto.
Demi lo miró con el ceño fruncido. Que el sexagenario cartero hiciera un alto en el camino para tomarse un café con los Brady le resultaba una imagen familiar, pero...
—¿Junto al escritorio?
—Es una saca... —aclaró John—. De más de 20 kilos... —ella abrió desmesuradamente los ojos. Su padre asintió sonriendo—. Si necesitas ayuda, grita, ¿de acuerdo?
Eileen se quedó mirando el lugar donde hacía unos instantes se hallaba Demi.
—No está bien, John. Hay tanto vacío en esos ojos preciosos... Se siente perdida.
—Necesita tiempo. Nada más.
Eileen negó con la cabeza.
—Necesita ilusión, algo que vuelva a encender la mecha… —apartó la mirada—. Los tres son como tú, apasionados, intensos...

Lo eran. Demi, la que más. Pero también era fuerte. Y luchadora, como su madre.

Mi Dulce Bombón Capitulo 20




Un espectáculo tan digno de ver como la expresión en la cara de Demi cuando, a medida que se iba acercando a la barra, tomaba conciencia de que el que estaba allí, de pie, mirándola, era su ex mánager.
Los ojos de Joseph brillaban, y a Miley le cuadraba: estaba enamorado de Demi, algo tan evidente que no acababa de entender cómo era que su amiga no se había dado cuenta.
Lo que a Miley ya no le cuadraba tanto era el brillo de los ojos de Demi. Y la reacción de apartarlos un instante y mirar a otra parte, como si no pudiera mantener la mirada, le cuadraba menos aún.
Pero Demi ya estaba junto a ellos, sonriendo, con aspecto bastante recuperado.
—Hola, Joseph … ¡Qué sorpresa! —dijo, acercándose a él para darle un beso en la mejilla.
—Hola, nena, me alegro de verte —él le devolvió el beso.
Aunque algo tensa, Joseph había iniciado una conversación sobre “lo que no había que perderse de Nashville”, que Demi seguía con total atención como si estuviera oyendo un mensaje del Más Allá. Nick añadía sus opiniones y sus comentarios pícaros de siempre. 
Y Miley disfrutaba del gusto de volver a tener reunidos en un mismo lugar y momento a tres de las seis personas que más quería en el mundo. E intentaba recordar cuándo había sido la última vez que había ocurrido. Sin éxito. Hacía mucho, muchísimo tiempo de la última vez. Demasiado.
—¿Estás contenta?
Miley volvió a la realidad y miró a Nick. Él sonreía.
Estoy feliz.
Nick la abrazó por el cuello y la atrajo hacia él con una sonrisa inmensa.
—Eres alucinante.
—No lo puedo evitar —dijo ella acomodándose mejor en el taburete una vez que Nick la hubo soltado—. Daría cualquier cosa por volver el tiempo atrás y recuperar esos fines de semana familiares en el río… ¡Qué bien lo pasábamos!
“Mejor que bien”, pensó Nick. Pero no quería traer esas imágenes a su mente ahora. Tenía a su hermana y a sus dos mejores amigos allí, y lo que deseaba era disfrutarlos.
—¿Qué te parece si desaparecemos en la pista de baile un rato y los dejamos que aclaren sus asuntos?
Miley sonrió de oreja a oreja, movió la cejas sensualmente.
Guau… Sí, por favor.
♦ ♦ ♦ ♦ ♦
Los primeros minutos fueron algo tensos. Demi sabía que era la ocasión de decir lo que quería decirle, pero aunque secretamente había deseado poder verlo en Nashville, realmente no había contado con eso. Así que verlo allí era, en cierto modo, inesperado; no sabía por dónde empezar.
Y además, se sentía rara. Si había algo que siempre le había resultado fácil era, precisamente, hablar con Joseph. Pero ahora, por alguna razón, se sentía nerviosa. Su presencia la ponía nerviosa.
—¿Qué tal te van las cosas? —preguntó él, rompiendo el hielo con su tono gentil y su mirada dulce.
—Bien… Hasta engordé tres kilos… — Demi sonrió con un punto de timidez y bebió un trago de su tónica—. Lo que los abrazos de los Brady y las tartas de cerezas de mi madre no consigan…
Joseph rió al recordar los atracones que se daba de niño en casa de Demi.
—Ya… Las tartas de tu madre son tremendas; cuando empiezas no puedes parar… ¿Sigue haciendo esas de queso y... eran moras?
—Sí, señor. Y me parece que ahora son mucho más ricas que antes… O será mi ataque de mamitis, no sé, me saben a gloria, la verdad…
—¿Y en lo profesional?
—He hecho un alto en el camino —admitió ella, seleccionando cuidadosamente las palabras mientras jugueteaba con su vaso sin mirarlo—. No me gustaba mi vida… esa vida. Así que decidí tomarme algún tiempo y pensar cómo quiero encarar el futuro…
Joseph bebió un trago de su bourbon sin hacer comentarios.
—Es curioso como a veces las cosas se tuercen y casi sin darte cuenta, te encuentras metido hasta el cuello en una especie de…. — Demi respiró hondo—, no sé… de realidad paralela. Y no tienes ni idea de cómo has llegado hasta allí… Fue volver a pisar el rancho y darme cuenta de que, en el fondo, nunca quise vivir en otra parte —lo miró brevemente—.
 He puesto en venta mi piso de la ciudad. Sea lo que sea que haga con mi vida, será en mi casa, con mi familia… Me quitaré los kilos de más sudando en el gimnasio, pero de mi casa no vuelvo a irme…
Joseph continuó mirándola. Estaba preciosa, como siempre.
Más que siempre.
Llevaba casi tres meses en Nashville, tenía casa nueva, trabajo nuevo, vida nueva, chicas para cada día de la semana y alguna que jugaba de titular de vez en cuando, y no podía quitarse a Demi de la cabeza. Se despertaba y cuando abría los ojos, regresaba aquella sensación de sentirse incompleto que ya no lo dejaba el resto del día, daba igual lo que hiciera.
No estaba funcionando. Su plan, no estaba funcionando. La distancia y la falta de noticias sobre Demi solamente empeoraban las cosas. En vez de olvidarla, cada segundo la recordaba más. Y la añoraba más.
La voz de Demi lo devolvió temporalmente al presente.
—Y también me he dado cuenta de que tienes que haberlo pasado realmente mal viendo cómo me hundía en la mierda hasta el cuello —confesó mirándolo con ojos brillantes y expresión avergonzada—, y lo siento. Lo siento muchísimo, Joseph.
Él inspiró profundamente, y apartó la mirada.

Técnicamente, no lo había esperado. Demi no era de las que pedían disculpas. Cosas importantes debían estar sucediendo en su mundo para que estuviera allí, reconociendo que se había equivocado, asumiendo toda la responsabilidad y sí, diciendo que lo sentía. 
A duras penas se las estaba arreglando para sobrevivir a lo que sentía por la Demi caprichosa y egocéntrica… Si su Demi, la dulce, volvía, él haría una estupidez. Una de la que se arrepentiría el resto de su vida.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Mi Dulce Bombón Capitulo 19




—Trabaja en el rancho, querido. Tendría que ser una especie de Adonis para que me tentara hasta ese extremo, y un moreno es muy difícil que me resulte un Adonis… Además, entre nosotros —dijo hablando en confidencia—, esos tíos que no pueden hablar con una mujer sin empalagarla, me da que solamente hablan, ya me entiendes.
Ese tiene pinta de querer hacerte más cosas, además de hablar.
—Que “quiere” no tengo duda, que “pueda” es otra cuestión… Seguro que es de los que a los cinco minutos ya se les ha mojado la pólvora. Cosa que, por otro lado, es lo que suele ocurrir con la mayoría de los tíos hoy en día….
¿En serio?
—Sí —respondió ella, asintiendo con la cabeza como si estuviera diciendo la mayor verdad del mundo—. Suele ser un visto y no visto.
Nick soltó una carcajada y Miley, al final, también.
—Dejemos de hablar de sexo, chaval. Tengo un montón de trabajo, poco tiempo y ningún panorama interesante a la vista, ¿te parece?
Pobrecita.
—Ni que lo digas — Miley reanudó su marcha hacia el establo tirando de los caballos, y cambió de tema—. ¿Nos veremos antes de los CMA?
Se refería a la ceremonia de entrega de los Country Music Awards, los premios más importantes de la música country, que se celebraría en noviembre y a los que Demi estaba nominada como Mejor vocalista mujer.
No lo creo. Los partidos que jugamos de visitante son en el fin del mundo… ¿Por qué no vienes tú?
—Claro, y a la facultad va mi doble.
Vente en avión y te quedas el fin de semana...
—¿Tengo cara de millonaria? Y además, ¿qué vas a hacer con tus chicas? —le preguntó divertida—. No quiero acabar con un ojo negro, guapo. Y hay un par de ellas que me tienen unas ganas bárbaras…
Te invito yo —insistió él—. Fin de semana sin chicas, palabra.
Mmm, no sé, no sé… Deja que me lo piense ¿vale?
Los dos próximos fines de semana juego en casa. Vente y nos organizamos un tour por Nashville de los que hacen época... Nos lo vamos a pasar de miedo.
La idea de Nashville le gustaba; verlo a él, más todavía.
—Me lo pienso, ¿vale?
Vaaale.
—Y ahora te dejo. Mis terneros me reclaman. Sé bueno.
¡Qué remedio! Terry acaba de largarse…
Miley volvió con sus terneros después de encerrar a los caballos, pero su mente continuaba festejando la noticia.
Un fin de semana en Nashville con Nick.
Se le reía el corazón solo de pensarlo.
Dios, cuánto lo echaba de menos.
Nick decía que era su local favorito en Nashville. Llevaba funcionando cuatro años y aunque los bares y locales de marcha brotaban como champiñones en la capital mundial del country, el Club Perseus seguía al tope de la lista de preferencias de los nashvilianos: buen ambiente, buena música, limpieza escrupulosa, los mejores cócteles de la ciudad, y varios de ellos “sin una gota de alcohol” puntualizaba Nick, que vivía a dieta sana desde los dieciséis. 
Para Gillian, lo más espectacular eran sus bóvedas acristaladas que dejaban ver parte del cielo nocturno de Nashville. Aunque lo que acababa de entrar por la puerta, estaba a punto de desbancarlas del primer puesto.
Miley se acercó un poco a Nick y le habló al oído.
—¿Esto es casual? —preguntó, divertida.
Nick la miró con picardía y negó con la cabeza.
Ella miró en la dirección de los lavabos. Demi aún no aparecía.
—¿Joseph sabe que Demi está aquí? —añadió con ojitos ilusionados. Él asintió con picardía—. Dios… ¡qué historia!
Joseph  ya estaba allí, con su sonrisa seductora y feliz de volver a ver a Miley.
—¡Hace siglos que no te veía! —Exclamó ella, tomando la cara de Joseph entre sus manos, loca de contenta—. ¿Estás bien?
—No me quejo —respondió él, sonriendo—. ¡Y tú, has crecido!
Nick soltó la risa.
—¿Esta enana?
—No, son los zapatos… —aclaró ella—. Las chicas a esta edad solamente crecemos de ancho…
—¿Qué bebes? —invitó Nick —. ¿Jack Daniels?
Joseph asintió. Miley notó que él disimuladamente echaba una mirada alrededor. Buscaba a Demi, estaba claro.
Y cuando la encontró, su expresión cambió completamente.
Miley codeó a Nick. Era un espectáculo digno de ver. Como si, de pronto, todo lo demás se hubiera borrado y solo existiera aquella mujer escultural de melena rubia ensortijada, que aún en jeans y chaqueta vaquera cortaba el aliento. Y no solo el de Joseph. Miradas golosas llovían sobre ella de todas las direcciones mientras atravesaba el local hacia la barra.

Mi Dulce Bombón Capitulo 18




Su ascensión meteórica empezó aquella misma noche, cuando una de las caras importantes allí presentes, le entregó su tarjeta y le dijo “dile a tu mánager que me llame”. Una semana después tenía un contrato por diez actuaciones y al mejor amigo de Nick, Joseph Jonas, como mánager.
Pero a ella le había tomado casi seis años comprender que Joseph había sido algo más que su amigo, más que su mánager; había sido el factor y de la ecuación.
Ahora él no estaba, la ecuación hacía aguas por todos los costados.
Y Demi se hundía.
Se había rodeado de arribistas y viciosos para quienes no era más que carne de cañón. De lujo, pero carne nada más. ¿Por qué no había escuchado a Joseph? ¿Por qué había dejado que su vanidad tomara el timón y descontrolara su vida de aquella manera?
Había regresado a casa casi huyendo, esquivando a la prensa, contando mentiras a su equipo. Había cancelado dos meses de actuaciones con la excusa de una enfermedad que no había precisado, pero tenía que volver. Más tarde o más temprano, tendría que volver a las giras, a los hoteles, a las interminables sesiones promocionales...
Demi inspiró profundamente.
¿Volver a aquella vida sin él? No se sentía capaz de hacerlo.
Sin Joseph, no.
♦ ♦ ♦ ♦ ♦
Miley echó un vistazo al porche de la casa. Demi seguía conversando con su padre, de modo que aprovechó para hacer una llamada mientras llevaba los caballos al establo.
Miró la pantalla del móvil y frunció el ceño. Era el número correcto, sin embargo no había atendido quien debía.
—¿Está Nick? —preguntó dudosa.
¿De parte de quién? —contestó después de una pausa, la voz femenina que había atendido la llamada.
Miley rió en silencio. ¿Lo había pillado en plena faena?
—Soy Miley.
Un momento… —escuchó que le decían, y lo siguiente que oyó fue una voz que sí le resultaba familiar, en un tono que también le resultaba familiar.
"No cojas mi móvil. Ya te lo he dicho. ¿No entiendes mi idioma o qué?".
La mujer respondió algo, pero Nick ya estaba al teléfono así que Miley no prestó atención.
¡Hola, nena! ¿Cómo estás?
—Yo bien, tú ocupado ¿no? —apuntó ella, riendo—. Te llamo luego.
No hace falta, en serio. ¿Qué te cuentas?
—Bueno, como veo que estás bien —dijo tomándole el pelo—, te cuento la otra razón de mi llamada ¿vale?
Nick rió de buena gana.
Estaba mirando el vídeo del partido del domingo.
—Ya, bueno… —continuó ella con tono pícaro—. Acabo de venir de dar un paseo a caballo con Demi, y en el bucólico paisaje del río me dijo que la semana pasada estuvo en casa de Joseph. Y se enteró de que ya no vivía allí, que ahora vive en Nashville.
Pues ayer hablé con ella y no me dijo ni pío… Bueno, más tarde o más temprano se iba a enterar.
—Sí, pero resulta que lo llamó y el móvil no lo atendió Joseph —sonrió—. Igual que ahora, pero a Demi la descolocó. Me dijo “Joseph no despista el móvil nunca. Si esa mujer lo atendió es que entre ellos hay algo. Está con él, quien sea, está con él”.
Nick permaneció pensativo un momento.
¿Y?
—¿Está con alguien?
El quarterback bebió un buen trago de agua mientras decidía qué contestar.
Sí.
—Genial —se quejó Miley, que se detuvo un momento y volvió a mirar hacia la casa. Su amiga seguía allí, charlando—. Ahora que Demi empezaba a tomar tierra, el que despega es Joseph… ¡Dios, qué agobio!
¿Y qué bicho le ha picado a mi hermana? ¿Por qué quería hablar con él?
Miley meneó la cabeza incrédula.
—Se dio cuenta de que lleva dos años haciendo tonterías, y que Joseph lo ha pasado fatal... Quería disculparse con él, recuperar lo que había entre ellos…
A buenas horas, mangas verdes.
Joseph tampoco se ha lucido mucho, te diré… ¿Cómo puede estar colado por Demi en septiembre, y en octubre estar con otra? ¿Será que en la era de Internet todo va así de rápido? —volvió a quejarse Miley.
Sigue colado por ella, pero no es un monje. No se dedica a la vida contemplativa.
Cuando la oyó suspirar, Nick soltó la risa.
—Relájate, que no pasa nada.
—¿Tú crees? —Dijo Miley jugueteando con un pie en las piedrecillas del camino—. Ya conoces a tu hermana… Reconocer que ha cometido un error le cuesta horrores. Si es con un tío, una eternidad… Igual se deshiela el Ártico antes de que Demi vuelva a intentar hablar con Joseph…
Pobres pingüinos —replicó Nick, tentado de la risa.
—¿En serio que está con alguien?
Está con alguien, como cualquier tío, pero no está en serio… Ya sabes de qué va esto ¿no?
Miley se disponía a contestar, pero entonces se oyó un ruido seco del otro lado de la onda.
—¿Qué ha sido eso?
Un portazo —respondió Nick, aguantando la risa—. Terry acaba de largarse… Me parece que mi comentario no le gustó nada.
—Normal.
¿Normal? Entiende de este juego más que tú y yo juntos —dijo él con tono desafiante.
—¿De qué hablas?
Nick rió de buena gana.
Es una animadora de hockey hielo y le van los tíos grandes. Jueguen al hockey o no. Sabe de qué va esto.
Miley meneó la cabeza con resignación Para entender la forma de vida de Nick hacían falta litros de testosterona cosa que ella, naturalmente, no tenía. O ser una animadora cachonda, cosa que ella naturalmente, tampoco era.
—Esto para mí es chino mandarín, así que me vuelvo con mis terneros, chaval.
—Pues me ha dicho Mark que a Jeffrey el chino mandarín se le da bastante bien —apuntó él con picardía, y se acomodó en el sillón para disfrutar de lo que vendría a continuación. Le encantaba picarla.
Miley sonrió.
—Ya. Me voy, Nick.
¿Lo sigues manteniendo a raya?
—Eres un cotilla, ¿sabías?
Venga, dímelo… ¿Hubo fiesta o no?
Miley volvió a mirar en dirección al porche. Demi ya no estaba allí.
—¿Con un empleado del rancho? —respondió, sardónica—. ¿Acaso tienes fiebre? Por supuesto que no.
Es un temporero, así que a otro perro con ese hueso.

Mi Dulce Bombón Capitulo 17



Había semanas enteras de su vida de las que Demi no podía dar cuenta: ni siquiera recordaba donde había estado. Muchas veces Joseph la había recogido semiinconsciente en algún local. Eso, cuando alguien la reconocía y le avisaba, o ella misma —en un flash de conciencia— marcaba la memoria de su móvil.
 Muchas otras, de las que Joseph no tenía conocimiento, Demi se despertaba en una cama que no era la suya, medio desnuda, en compañía de gente desconocida —a veces hombres, otras mujeres— y volvía al hotel de turno por su propio pie…. Que aún continuara viva y sana, le parecía un milagro. Que no se hubiera quedado embarazada, un montón de suerte.
Solo el pensamiento de lo que debió haber sido para él verla convertida en semejante piltrafa, le resultaba insoportable…
Era necesario que hablara con Joseph. Decirle que lamentaba haberle hecho pasar por eso, intentar recuperar lo que tenían. Llevaban juntos toda la vida, las cosas no podían quedar así.
Demi volvió a tomar a su padre del brazo y reanudaron camino hacia la casa.
—Sí —concedió ella—. Es una buena decisión que pienso celebrar zampándome un buen trozo de tarta de cerezas…. ¡Y a la línea, que le den pomada!
♦ ♦ ♦ ♦ ♦
Demi se echó un último vistazo en el cristal del escaparate, y respiró hondo. Después de cinco semanas de cuidados maternales, los colores habían regresado a sus mejillas, y había ganado un par de kilos. Tenía el mismo aspecto de la Demi normal, la de antes de convertirse en una diva caprichosa.
Aprovechó la salida de un vecino para entrar al elegante edificio donde vivía Joseph deseando que él estuviera en casa
— ¡Señorita Demi! ¿Qué tal está? —la saludó una voz que le resultó familiar cuando se disponía a entrar al ascensor.
Era el encargado del edificio.
—¡Hola! Muy bien…
Sonrió sin saber muy bien qué más decir. La idea de ver a Joseph ya la ponía lo bastante nerviosa como para pensar en hacer relaciones públicas con un hombre al que había visto diez veces en toda su vida.
—¿Qué la trae por aquí? ¡No me diga que le echó el ojo al piso que está en venta! ¿Planea mudarse al edificio?
Demi se tocó el cabello, incómoda, y sonrió. —No, no… Venía a ver a Joseph.
El hombre la miró confuso.
—El señor Jonas no vive aquí desde hace dos meses. Creí que lo sabía —añadió al ver la expresión de Demi.
Ella se quedó cortada. No entendía nada. Si no vivía allí, ¿dónde?
—Cierto… —dijo para salir del paso—. ¡Qué despistada! Algo me comentó hace tiempo… Pero no volvimos a hablar del tema así que imaginé que lo había pospuesto… Vaya, voy a tener que mandarle los papeles por mensajero, tiene que firmarlos hoy…
—Pues va a ser difícil —replicó él—. Vive en Nashville. Nashville de Tennessee, no el de Arkansas.
Una sensación fría, desagradable, recorrió el cuerpo de Demi e no podrá firmarlos hoy… —se encogió de hombros—. Entonces, me voy...
Demi abandonó el edificio a toda prisa y caminó sin rumbo fijo intentando centrarse y entender. ¿Cómo que Joseph se había ido a otro estado? ¿A hacer qué?
“Esto es de locos”, pensó, y se detuvo un momento. Se recostó contra la pared, intentando decidir qué hacer.
Que él se hubiera ido, le resultaba como el punto final, el carpetazo de Joseph a una etapa de su vida. No solamente no había vuelto a intentar hablar con ella desde aquel día, como para que no cupiera ninguna duda de que esta vez “se había acabado” de verdad, había cambiado de vida, de casa, de trabajo. Y de estado.
Demi sacó el móvil de su bolso y buscó el número de Joseph en la agenda.
Con cada ring, la respiración se le aceleraba un poco más.
Sonó tres veces; a la cuarta atendieron. Ella contuvo el aliento.
Si… ¿quién es? —escuchó que le decían.
Demi cortó sin decir una palabra.
Fue puro impulso. Uno que había salido de sus entrañas, y del que no tomó conciencia hasta varios segundos después.
No era Joseph quien había atendido la llamada.
Era una mujer.
♦ ♦ ♦ ♦ ♦

Todo continuaba igual en la cabaña de pesca, junto al río. Igual que la última vez que Demi había estado allí, hacía años ya. Si acaso, más lleno de polvo y telarañas.
Demi se sentó en el viejo sofá de fieltro negro y apoyó la cabeza contra el respaldo.
Su mente retrocedió seis años, cuando ella era simplemente Demi, la menor de los hermanos Brady, la única hija mujer de John y Eileen, la compañera de salidas de Miley...
Y la hermana del mejor amigo de Joseph Jonas.
Habían sido buenos tiempos. A pesar de que Nick jugaba a fútbol profesional desde hacía tres años y ya no vivía en Camden, los cinco seguían reuniéndose cada vez que el quarterback regresaba a casa de vacaciones. Jugaban billar, iban de camping, hacían trekking o simplemente, se reunían en la cabaña, y cantaban.
Una sonrisa se dibujó en la cara de Demi al recordarlo. Lo pasaban genial. Todo estaba claro entonces: ella vivía en un sitio ideal, rodeada de gente que quería y la quería, y aunque todavía seguía dudando acerca de a qué deseaba dedicarse en el futuro, había empezado a hacer sus pinitos como modelo, y le iba bastante bien.
La “onda de una piedra arrojada contra la superficie del remanso de su vida”, como solía decir Miley, siempre tan poética ella, había introducido una variante en su patrón.
Y lo había cambiado todo en un instante.
Era un viernes de verano y como siempre, Demi estaba en El Gato Negro, con su familia. Aquella noche había actuación especial. Se trataba de Shirley Rivas, una americana con ascendencia española que cantaba folk como los ángeles. Sus músicos llegaron a tiempo; la cantante no: 
un pinchazo estampó su coche contra el guardarraíl de la I-40 Oeste, a pocos kilómetros de Little Rock. Salvó su vida, pero jugó de factor x en la ecuación de otra existencia, la de Demi.
Ella cantaba desde siempre y en todas partes: la ducha, la cocina, la cabaña, en la iglesia los domingos... Y aquella noche, también en El Gato Negro, ante una audiencia que la escuchaba atentamente, entre quienes había algunas caras importantes del negocio de la música que se habían desplazado al lugar para escuchar cantar folk como los ángeles, y acabaron escuchando un country diferente, al estilo Demi.