—Pero por
espantoso y duro que te haya parecido —continuó ella suavemente—, pudo haber
sido muchísimo peor y si no lo fue, es gracias a ti. Ojalá alguna vez pueda
compensarte por esto, porque estas cosas no se resuelven dando las gracias… Son
demasiado importantes…
Joseph tragó
saliva. Dios, por favor no sigas…
—Está bien, Demi...
Seguro que tú habrías hecho lo mismo por mí —se pasó la mano por el cabello y
echó un vistazo a su reloj—. Tengo que irme… Me gustó volver a verte. Despídeme
de Nick y Miley, ¿quieres?
Ella sonrió
nerviosa. Que él se fuera tan pronto, la tomó por sorpresa. Era evidente que lo
esperaban. Y quedaba claro que era importante. Más importante que ella.
—Claro, nos
vemos en los premios ¿no? —se atrevió a preguntar.
Joseph
asintió, le guiñó un ojo y se marchó. Demi se quedó mirándolo hasta que
desapareció entre la gente. Luego, bajó la cabeza y tomó conciencia de cómo se
sentía.
Estaba
helada.
Y el
corazón, que latía a doscientas pulsaciones por minuto, parecía a punto de
saltarle fuera del pecho.
♦ ♦ ♦ ♦ ♦
Haberlo
visto en Nashville no había resultado bien. Demi se había disculpado con Joseph.
Había esperado que eso la aliviara de alguna manera, que las palabras mágicas
'lo siento' que había dicho tan pocas veces en su vida, actuaran como un
bálsamo, y se llevaran aquel desasosiego que había entrado en su vida
exactamente en el momento que comprendió que Joseph salía de ella.
Pero no
había sido así.
Ahora,
además, había una nueva sensación que añadir a la lista; ansiedad.
Porque
pasaran los seis días que faltaban para el nueve de noviembre, el día de la
entrega de los CMA, supiera si su carrera se había hundido definitivamente o
si, al contrario, algún angelito del cielo le hacía un regalo y ganaba la
categoría Mejor Vocalista del Año.
Y por volver
a ver a Joseph. Necesitaba verlo, charlar con él, sentir, aunque fuera por un
par de horas, que todo seguía siendo igual que siempre entre los dos, que su
estúpida vanidad no se había cargado lo que tenían. Necesitaba que la viera
bien, lejos del precipicio que había sido su vida durante los últimos dos años,
que volvía a ser Demi, “bombón” como él solía llamarla siempre.
Siempre, antes.
Antes de que
se convirtiera en una estúpida insoportable rodeada de zánganos.
Ella exhaló
un largo suspiro. Aquella Demi ansiosa, confundida y apática tampoco era
“bombón”. No tenía la menor idea de quién era, pero debía vivir con ella.
—Es Demi
—murmuró Eileen y volvió a sentarse junto a su marido, en la cocina.
Oyeron que
la puerta principal se cerraba y que unos pasos se acercaban por el corredor.
—¿ Demi? —la
llamó John en voz alta, guiñándole un ojo a su mujer.
A ella no le
apetecía conversar, pero intuía que sus padres estarían preocupados.
—La misma
—respondió. Asomó la cabeza por la puerta, forzando una sonrisa en su cara—.
¿Qué tal?
—Esperando
que la tarta de queso y moras que hay en el alféizar se enfríe para poder
hincarle el diente —replicó John—. ¿Te apuntas?
—Pensaba
echarme un rato... Estoy muerta. Me parece que esto de descansar tanto ha
reflotado el cansancio de años... —les tiró un beso con la mano—. ¿Me guardáis
un trocito para luego?
Eileen le
regaló una sonrisa tierna.
—Claro,
cariño, aquí estará, esperándote con un buen café caliente...
—Por cierto
—se apresuró a decir John. Demi volvió a asomarse a la cocina—, Raymond ha
estado aquí, traía correo para ti. Lo puse junto al escritorio, en tu cuarto.
Demi lo miró
con el ceño fruncido. Que el sexagenario cartero hiciera un alto en el camino
para tomarse un café con los Brady le resultaba una imagen familiar, pero...
—¿Junto al escritorio?
—Es una
saca... —aclaró John—. De más de 20 kilos... —ella abrió desmesuradamente los
ojos. Su padre asintió sonriendo—. Si necesitas ayuda, grita, ¿de acuerdo?
Eileen se
quedó mirando el lugar donde hacía unos instantes se hallaba Demi.
—No está
bien, John. Hay tanto vacío en esos ojos preciosos... Se siente perdida.
—Necesita
tiempo. Nada más.
Eileen negó
con la cabeza.
—Necesita
ilusión, algo que vuelva a encender la mecha… —apartó la mirada—. Los tres son
como tú, apasionados, intensos...
Lo eran. Demi,
la que más. Pero también era fuerte. Y luchadora, como su madre.

No hay comentarios:
Publicar un comentario