miércoles, 22 de mayo de 2013

Mi Dulce Bombón Capitulo 19




—Trabaja en el rancho, querido. Tendría que ser una especie de Adonis para que me tentara hasta ese extremo, y un moreno es muy difícil que me resulte un Adonis… Además, entre nosotros —dijo hablando en confidencia—, esos tíos que no pueden hablar con una mujer sin empalagarla, me da que solamente hablan, ya me entiendes.
Ese tiene pinta de querer hacerte más cosas, además de hablar.
—Que “quiere” no tengo duda, que “pueda” es otra cuestión… Seguro que es de los que a los cinco minutos ya se les ha mojado la pólvora. Cosa que, por otro lado, es lo que suele ocurrir con la mayoría de los tíos hoy en día….
¿En serio?
—Sí —respondió ella, asintiendo con la cabeza como si estuviera diciendo la mayor verdad del mundo—. Suele ser un visto y no visto.
Nick soltó una carcajada y Miley, al final, también.
—Dejemos de hablar de sexo, chaval. Tengo un montón de trabajo, poco tiempo y ningún panorama interesante a la vista, ¿te parece?
Pobrecita.
—Ni que lo digas — Miley reanudó su marcha hacia el establo tirando de los caballos, y cambió de tema—. ¿Nos veremos antes de los CMA?
Se refería a la ceremonia de entrega de los Country Music Awards, los premios más importantes de la música country, que se celebraría en noviembre y a los que Demi estaba nominada como Mejor vocalista mujer.
No lo creo. Los partidos que jugamos de visitante son en el fin del mundo… ¿Por qué no vienes tú?
—Claro, y a la facultad va mi doble.
Vente en avión y te quedas el fin de semana...
—¿Tengo cara de millonaria? Y además, ¿qué vas a hacer con tus chicas? —le preguntó divertida—. No quiero acabar con un ojo negro, guapo. Y hay un par de ellas que me tienen unas ganas bárbaras…
Te invito yo —insistió él—. Fin de semana sin chicas, palabra.
Mmm, no sé, no sé… Deja que me lo piense ¿vale?
Los dos próximos fines de semana juego en casa. Vente y nos organizamos un tour por Nashville de los que hacen época... Nos lo vamos a pasar de miedo.
La idea de Nashville le gustaba; verlo a él, más todavía.
—Me lo pienso, ¿vale?
Vaaale.
—Y ahora te dejo. Mis terneros me reclaman. Sé bueno.
¡Qué remedio! Terry acaba de largarse…
Miley volvió con sus terneros después de encerrar a los caballos, pero su mente continuaba festejando la noticia.
Un fin de semana en Nashville con Nick.
Se le reía el corazón solo de pensarlo.
Dios, cuánto lo echaba de menos.
Nick decía que era su local favorito en Nashville. Llevaba funcionando cuatro años y aunque los bares y locales de marcha brotaban como champiñones en la capital mundial del country, el Club Perseus seguía al tope de la lista de preferencias de los nashvilianos: buen ambiente, buena música, limpieza escrupulosa, los mejores cócteles de la ciudad, y varios de ellos “sin una gota de alcohol” puntualizaba Nick, que vivía a dieta sana desde los dieciséis. 
Para Gillian, lo más espectacular eran sus bóvedas acristaladas que dejaban ver parte del cielo nocturno de Nashville. Aunque lo que acababa de entrar por la puerta, estaba a punto de desbancarlas del primer puesto.
Miley se acercó un poco a Nick y le habló al oído.
—¿Esto es casual? —preguntó, divertida.
Nick la miró con picardía y negó con la cabeza.
Ella miró en la dirección de los lavabos. Demi aún no aparecía.
—¿Joseph sabe que Demi está aquí? —añadió con ojitos ilusionados. Él asintió con picardía—. Dios… ¡qué historia!
Joseph  ya estaba allí, con su sonrisa seductora y feliz de volver a ver a Miley.
—¡Hace siglos que no te veía! —Exclamó ella, tomando la cara de Joseph entre sus manos, loca de contenta—. ¿Estás bien?
—No me quejo —respondió él, sonriendo—. ¡Y tú, has crecido!
Nick soltó la risa.
—¿Esta enana?
—No, son los zapatos… —aclaró ella—. Las chicas a esta edad solamente crecemos de ancho…
—¿Qué bebes? —invitó Nick —. ¿Jack Daniels?
Joseph asintió. Miley notó que él disimuladamente echaba una mirada alrededor. Buscaba a Demi, estaba claro.
Y cuando la encontró, su expresión cambió completamente.
Miley codeó a Nick. Era un espectáculo digno de ver. Como si, de pronto, todo lo demás se hubiera borrado y solo existiera aquella mujer escultural de melena rubia ensortijada, que aún en jeans y chaqueta vaquera cortaba el aliento. Y no solo el de Joseph. Miradas golosas llovían sobre ella de todas las direcciones mientras atravesaba el local hacia la barra.

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