Su ascensión
meteórica empezó aquella misma noche, cuando una de las caras importantes allí
presentes, le entregó su tarjeta y le dijo “dile a tu mánager que me llame”.
Una semana después tenía un contrato por diez actuaciones y al mejor amigo de Nick, Joseph Jonas, como mánager.
Pero a ella
le había tomado casi seis años comprender que Joseph había sido algo más que su amigo, más
que su mánager; había sido el factor y
de la ecuación.
Ahora él no
estaba, la ecuación hacía aguas por todos los costados.
Y Demi se
hundía.
Se había
rodeado de arribistas y viciosos para quienes no era más que carne de cañón. De
lujo, pero carne nada más. ¿Por qué no había escuchado a Joseph? ¿Por qué
había dejado que su vanidad tomara el timón y descontrolara su vida de aquella
manera?
Había
regresado a casa casi huyendo, esquivando a la prensa, contando mentiras a su
equipo. Había cancelado dos meses de actuaciones con la excusa de una
enfermedad que no había precisado, pero tenía que volver. Más tarde o más
temprano, tendría que volver a las giras, a los hoteles, a las interminables
sesiones promocionales...
Demi inspiró
profundamente.
¿Volver a
aquella vida sin él? No se sentía capaz de hacerlo.
Sin Joseph, no.
♦ ♦ ♦ ♦ ♦
Miley echó
un vistazo al porche de la casa. Demi seguía conversando con su padre, de modo
que aprovechó para hacer una llamada mientras llevaba los caballos al establo.
Miró la
pantalla del móvil y frunció el ceño. Era el número correcto, sin embargo no
había atendido quien debía.
—¿Está Nick?
—preguntó dudosa.
—¿De parte de quién? —contestó después de
una pausa, la voz femenina que había atendido la llamada.
Miley rió en
silencio. ¿Lo había pillado en plena faena?
—Soy Miley.
—Un momento… —escuchó que le decían, y lo
siguiente que oyó fue una voz que sí le resultaba familiar, en un tono que también le resultaba familiar.
"No
cojas mi móvil. Ya te lo he dicho. ¿No entiendes mi idioma o qué?".
La mujer
respondió algo, pero Nick ya estaba al teléfono así que Miley no prestó
atención.
—¡Hola, nena! ¿Cómo estás?
—Yo bien, tú
ocupado ¿no? —apuntó ella, riendo—. Te llamo luego.
—No hace falta, en serio. ¿Qué te cuentas?
—Bueno, como
veo que estás bien —dijo tomándole el pelo—, te cuento la otra razón de mi llamada ¿vale?
Nick rió de
buena gana.
—Estaba mirando el vídeo del partido del
domingo.
—Ya, bueno… —continuó
ella con tono pícaro—. Acabo de venir de dar un paseo a caballo con Demi, y en
el bucólico paisaje del río me dijo que la semana pasada estuvo en casa de Joseph. Y se
enteró de que ya no vivía allí, que ahora vive en Nashville.
—Pues ayer hablé con ella y no me dijo ni
pío… Bueno, más tarde o más temprano se iba a enterar.
—Sí, pero
resulta que lo llamó y el móvil no lo atendió Joseph —sonrió—. Igual que ahora, pero a Demi la
descolocó. Me dijo “Joseph no
despista el móvil nunca. Si esa mujer lo atendió es que entre ellos hay algo.
Está con él, quien sea, está con él”.
Nick
permaneció pensativo un momento.
—¿Y?
—¿Está con
alguien?
El quarterback bebió un buen trago de agua
mientras decidía qué contestar.
—Sí.
—Genial —se
quejó Miley, que se detuvo un momento y volvió a mirar hacia la casa. Su amiga
seguía allí, charlando—. Ahora que Demi empezaba a tomar tierra, el que despega
es Joseph… ¡Dios, qué agobio!
—¿Y qué bicho le ha picado a mi hermana? ¿Por
qué quería hablar con él?
Miley meneó
la cabeza incrédula.
—Se dio
cuenta de que lleva dos años haciendo tonterías, y que Joseph lo ha
pasado fatal... Quería disculparse con él, recuperar lo que había entre ellos…
—A buenas horas, mangas verdes.
— Joseph tampoco se ha lucido mucho, te diré… ¿Cómo puede
estar colado por Demi en septiembre, y en octubre estar con otra? ¿Será que en
la era de Internet todo va así de rápido? —volvió a quejarse Miley.
—Sigue colado por ella, pero no es un monje.
No se dedica a la vida contemplativa.
Cuando la
oyó suspirar, Nick soltó la risa.
—Relájate,
que no pasa nada.
—¿Tú crees?
—Dijo Miley jugueteando con un pie en las piedrecillas del camino—. Ya conoces
a tu hermana… Reconocer que ha cometido un error le cuesta horrores. Si es con
un tío, una eternidad… Igual se deshiela el Ártico antes de que Demi vuelva a
intentar hablar con Joseph…
—Pobres pingüinos —replicó Nick, tentado
de la risa.
—¿En serio
que está con alguien?
—Está con alguien, como cualquier tío, pero
no está en serio… Ya sabes de qué va esto ¿no?
Miley se
disponía a contestar, pero entonces se oyó un ruido seco del otro lado de la
onda.
—¿Qué ha
sido eso?
—Un portazo —respondió Nick, aguantando
la risa—. Terry acaba de largarse… Me
parece que mi comentario no le gustó nada.
—Normal.
—¿Normal? Entiende de este juego más que tú y
yo juntos —dijo él con tono desafiante.
—¿De qué
hablas?
Nick rió de
buena gana.
—Es una animadora de hockey hielo y le van
los tíos grandes. Jueguen al hockey o no. Sabe de qué va esto.
Miley meneó
la cabeza con resignación Para entender la forma de vida de Nick hacían falta
litros de testosterona cosa que ella, naturalmente, no tenía. O ser una
animadora cachonda, cosa que ella naturalmente, tampoco era.
—Esto para
mí es chino mandarín, así que me vuelvo con mis terneros, chaval.
—Pues me ha
dicho Mark que a Jeffrey el chino mandarín se le da bastante bien —apuntó él
con picardía, y se acomodó en el sillón para disfrutar de lo que vendría a
continuación. Le encantaba picarla.
Miley
sonrió.
—Ya. Me voy,
Nick.
—¿Lo sigues manteniendo a raya?
—Eres un
cotilla, ¿sabías?
—Venga, dímelo… ¿Hubo fiesta o no?
Miley volvió
a mirar en dirección al porche. Demi ya no estaba allí.
—¿Con un
empleado del rancho? —respondió, sardónica—. ¿Acaso tienes fiebre? Por supuesto
que no.
—Es un temporero, así que a otro perro con
ese hueso.
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