Las
felicitaciones se sucedían sin fin. Demi sonreía, estrechaba manos, devolvía
besos y tomaba parte en las conversaciones como si tal cosa. Miley, que la
conocía muy bien, sabía que algo sucedía aunque no sabía exactamente qué.
Durante la
recepción que siguió a la entrega de premios, cuando entre un gentío vio
aparecer la atractiva figura de un Joseph Wyatt vestido de Armani azul
petróleo, que se acercaba donde estaban los Brady con una señorita del brazo, Miley
tuvo el primer pálpito de que lo que le sucedía a Demi tenía que ver con él.
—¿Qué puñetas hace con esa mujer? —preguntó Miley
a Nick en voz baja.
Él miró en
la dirección de la mirada de Miley, y tuvo ganas de asesinar a un vikingo.
—Me lo voy a
cargar... Está loco. ¿Cómo se le ocurre hacer algo así?
No era una
señorita cualquiera. Miley frunció el ceño e intentó recordar dónde había visto
aquella cara.
Cuando lo
recordó, también quiso “cargarse” al
vikingo.
—¿No es
Tyler Bradford? ¿La hija de ese multimillonario?
Nick no
necesitó mirar a la mujer. Miró a Demi de reojo y cuando vio la expresión de su
cara, tuvo la respuesta.
Era Tyler
Bradford.
Joseph ya
estaba allí, a un metro escaso del círculo que formaban los Brady, con su
sonrisa gentil y unos ojos brillantes que delataban sus nervios. Se disponía a
hablar cuando la reacción de Demi los dejó a todos sorprendidos. A Tyler
Bradford, de una pieza, incómoda y ofendida por un tratamiento que,
evidentemente, no estaba acostumbrada a recibir de la gente.
—Hola, Joseph.
Disculpad —se limitó a decir la cantante antes de dar media vuelta, y abandonar
el grupo.
Dicho y
hecho.
Demi giró
ciento ochenta grados sobre sus tacones, y se encaminó hacia donde charlaban
unos colegas de profesión.
Joseph no
solo se había presentado en su
entrega de premios con otra mujer. Lo había hecho con la mismísima Tyler
Bradford, una mosquita muerta que había conseguido convertirse en una barbi a golpe de bisturí e implantes de
silicona.
¿Cómo tenía
la cara de pavonearse con aquel engendro en sus narices? ¿De posar con aquella
“cosa” en las fotos de su entrega de
premios?
Que te jodan, Joseph.
♦ ♦ ♦ ♦ ♦
“Hola Joseph.
Disculpad”. Aquellas fueron las únicas tres palabras que él le escuchó decir
aquel día.
Y fueron las
últimas.
Supo en
aquel instante que había cometido un gran error, pero secretamente esperó que a
Demi la rabieta se le pasara en un par de días.
Una semana
después se dio cuenta de que no iba a pasársele. La había llamado varias veces
al rancho; ella no se había puesto al teléfono. También la había llamado al
móvil; ni contestó ni devolvió ninguna llamada.
Y allí
estaba él, esperando que Nick abriera la puerta de su apartamento para
averiguar qué estaba sucediendo, a sabiendas de que le iban a leer la cartilla.
Nick le había dicho de todo por presentarse en los CMA acompañado y enfadar a Mandy.
—Vaya...
—dijo Nick sardónico mientras le abría la puerta—. ¿No has traído a Tyler
contigo?
Joseph entró
sin hacer comentarios. El dueño de casa cerró la puerta.
—No me lo
digas —continuó Nick en el mismo tono—. No consigues hablar con Demi ¿a que no?
Lo vio
respirar hondo, apoyarse contra la pared, junto a la puerta de la cocina y
negar con la cabeza.
Nick le pasó
una cerveza y siguió camino hacia el salón con expresión incrédula.
—Normal.
—¿Y qué
querías que hiciera? ¿No ir? ¿Te parece que se habría cabreado menos si pasaba
de ir?
—¿De qué planeta
eres, Joseph? Cualquier tío habría ido. Solo.
Y habría intentado llevársela al huerto. Es lo que hacemos los tíos, chaval. Y
lo que ella esperaba que hicieras.
Joseph sintió
que su corazón alteraba el ritmo.
— ¿Te lo
dijo Demi?
—No —respondió el quarterback, burlón—. No necesita que su hermano le diga qué
esperar de los hombres. Lo sabe muy bien porque ella hace igual. Joder Joseph…Las
palabras le salieron del alma, como si no fuera su cerebro el que daba las
órdenes.

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