—Estoy loco
por ella. Eso es lo que me pasa. La dejé porque estaba a punto de perder los
papeles. Me vine aquí para olvidarme de todo, para empezar de nuevo, y cada
jodido día es peor. No puedo estar con ella, pero sin ella es peor. No puedo
hacer lo que haría cualquier tío... Con ella no soy cualquier tío. Soy uno
desesperado por tenerla. No puedo ser
cualquier tío... Ojalá pudiera...
—Eres un capullo —aclaró el dueño de casa.
Joseph bebió
un trago de su cerveza. Permaneció en silencio un rato.
—Vale —dijo
al fin—. ¿Qué hago ahora?
Nick sonrió
de mala gana, meneó la cabeza.
—Hablo en
serio. ¿Qué hago? —insistió Joseph.
—¿Por qué
estas tan acojonado? — Nick lo miró a los ojos intentando entender. Para él,
que Joseph quisiera a Demi debía ser doble razón para intentar tener algo con
ella.
—Porque si
no se enamora de mí me va a hacer polvo, tío. Y no voy a levantar cabeza nunca
más.
—Está enamorada de ti. ¿Qué necesitas
para darte cuenta? ¿Que lo escriba en el cielo con marcador fluorescente?
Joseph
contuvo el aliento. ¿Lo sabía, o hablaba por hablar? Nick continuó, vehemente.
—Tío, hace
dos semanas vino a Nashville esperando verte. Se disculpó contigo. ¡Se
disculpó! ¿Cuándo has oído a mi hermana disculparse con alguien, no hablemos de
un hombre? —Con cada palabra de su amigo, el corazón de Joseph latía más
fuerte—. Y aquel traje negro que se puso en la gala... Llevaba tu nombre,
chaval. Era para ti.
Joseph bajó
la cabeza. De pronto, veía a través de un montón de puntos brillantes aquí y
allí.
—Se dio
media vuelta y se largó para no montar una escena —continuó Nick —. Te habría
metido un guantazo allí mismo y a Tyler le habría arrancado la piel a tiras.
¿Sabes cómo se llama eso?
Joseph tragó
saliva, miró a Nick de reojo.
“Celos”, lo
escuchó decir.
Ahora además
de la carrera loca que había emprendido su corazón, Joseph sudaba. A chorros.
— ¿Te lo ha
dicho ella? —se animó a preguntar, pero no tuvo suficiente coraje para mirarlo
mientras lo hacía.
Nick no
respondió inmediatamente. Conocía a Demi muy bien; a Joseph, mucho mejor. Si
decía la verdad, él seguiría en Nashville y su hermana en Camden.
—Sí
—respondió, buscando la mirada de su amigo.
Joseph
respiró hondo y cuando exhaló fue como un suspiro. Como si la emoción, o la
impresión, fueran tan intensas que no pudiera respirar.
Eran tantos
los pensamientos que le cruzaban la mente... Su cerebro empezaba a atar cabos y
con cada uno que ataba, su corazón daba una fiesta cada vez más febril, cada
vez más ruidosa.
—De acuerdo
—dijo finalmente, y cuando volvió a mirar al quarterback había una expresión completamente nueva en su cara.
Nick le
palmeó el hombro encantado.
Joseph mantuvo
la mirada, con los ojos brillantes.
Y una
sonrisa incómoda en su rostro.
♦ ♦ ♦ ♦ ♦
En Camden, Miley
intentaba algo parecido con menos éxito. Aunque había pasado una semana, Demi seguía
igual de rabiosa que el día de la ceremonia de entrega de premios. Acababan de
ver Pretty Woman en el DVD por
tercera vez, bromeaban sobre las atractivas canas de Richard Gere y estaban
solas en el salón. Demi parecía relajada y Miley pensó que era una buena
ocasión para volver sobre el tema. Joseph había llamado tres veces en lo que
iba de día.
—Habla con
él, Demi. Sabe que la fastidió e intenta disculparse. ¿Hasta cuándo vas a
seguir pasando de él?
La respuesta
fue como un pelotazo en plena cara. La vio ponerse de pie, decidida, y hablarle
mientras la apuntaba con un dedo.
—No digas ni
una palabra más —sentenció—. Ese
cabrón es historia. ¿Está claro?
Demi no le
dejó tiempo para añadir nada. Se dio media vuelta, igual que había hecho en los
CMA y abandonó el salón.
Un portazo
le anunció que su amiga se había largado. Miley sacó el móvil de su bolsillo
trasero y seleccionó una memoria.
—¿Qué tal, pitufa?
Oír a Nick
la animó, como siempre. Casi sin darse cuenta, una sonrisa inmensa le iluminó
la cara.
—Feliz de
oírte. Y preocupada por Demi. Sigue muy enfadada…
Lo escuchó
reír.
—Normal. Será mi amigo, pero menudo capullo
está hecho…
—Si, se ha
lucido, desde luego… Pero Demi, no sé… Hoy la llamó tres veces al fijo. Debería
ponerse al teléfono. No está bien lo que hace. No es alguien que conoció en una
gira, es Joseph.
Nick se
estiró en el sofá y cruzó las piernas sobre la mesita pequeña.
—Bueno… Me parece que Mahoma irá a la
montaña…
Miley sonrió
interrogante.
—¿De qué
hablas?
— Joseph estuvo aquí. Acaba de irse. Me parece que
con un poquito de suerte igual pronto lo ves con tus propios ojos…
—¿Va a
venir? —preguntó ella, ilusionada.
—Sip.
—¿Y eso?
—No te hagas ilusiones, no fue por evolución
natural. Pero vi la ocasión y me puse el traje de Cupido…
—¿En serio?
—dijo ella riendo.
—Sí, mentí como un bellaco, pero si lo de que
te crece la nariz es una fábula, puede que nadie se entere… No creo que el
colega tenga el valor de preguntarle a Demi, en su propia cara, si está celosa.
Miley soltó
la risa.
—¿Le has
dicho que está celosa?
—Le dije que ella me había dicho que se había
ido así porque si se quedaba, a él le soltaba un guantazo y a su acompañante le
arrancaba la piel a tiras…
Miley se
tapó la boca alucinando.
—Te has
pasado…
—Jugué fuerte, sí. Pero no creo que él se
anime a repetirlo. Solo con oírlo casi le da un infarto —dijo riendo—. Dios, está loquito por Demi… Después de lo que pasó en los CMA, ella no
va a aflojarle el lazo. Así que tiene que ser él. Si no le mentía, iba a seguir
igual, lamiéndose las heridas, dándome la tabarra y a mil kilómetros de mi
hermana…
—Has hecho
bien. Tienen que hablar. Así no pueden seguir… Bien hecho, campeón.
—¿Y aparte de Demi, qué tal?
Miley se
puso más cómoda en el sillón, con un cojín debajo de la cabeza, y se dispuso a
disfrutar de su amigo del alma los siguientes minutos.
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