sábado, 1 de junio de 2013

Mi Dulce Bombón Capitulo 25


—Estoy loco por ella. Eso es lo que me pasa. La dejé porque estaba a punto de perder los papeles. Me vine aquí para olvidarme de todo, para empezar de nuevo, y cada jodido día es peor. No puedo estar con ella, pero sin ella es peor. No puedo hacer lo que haría cualquier tío... Con ella no soy cualquier tío. Soy uno desesperado por tenerla. No puedo ser cualquier tío... Ojalá pudiera...
—Eres un capullo —aclaró el dueño de casa.
Joseph bebió un trago de su cerveza. Permaneció en silencio un rato.
—Vale —dijo al fin—. ¿Qué hago ahora?
Nick sonrió de mala gana, meneó la cabeza.
—Hablo en serio. ¿Qué hago? —insistió Joseph.
—¿Por qué estas tan acojonado? — Nick lo miró a los ojos intentando entender. Para él, que Joseph quisiera a Demi debía ser doble razón para intentar tener algo con ella.
—Porque si no se enamora de mí me va a hacer polvo, tío. Y no voy a levantar cabeza nunca más.
Está enamorada de ti. ¿Qué necesitas para darte cuenta? ¿Que lo escriba en el cielo con marcador fluorescente?
Joseph contuvo el aliento. ¿Lo sabía, o hablaba por hablar? Nick continuó, vehemente.
—Tío, hace dos semanas vino a Nashville esperando verte. Se disculpó contigo. ¡Se disculpó! ¿Cuándo has oído a mi hermana disculparse con alguien, no hablemos de un hombre? —Con cada palabra de su amigo, el corazón de Joseph latía más fuerte—. Y aquel traje negro que se puso en la gala... Llevaba tu nombre, chaval. Era para ti.
Joseph bajó la cabeza. De pronto, veía a través de un montón de puntos brillantes aquí y allí.
—Se dio media vuelta y se largó para no montar una escena —continuó Nick —. Te habría metido un guantazo allí mismo y a Tyler le habría arrancado la piel a tiras. ¿Sabes cómo se llama eso?
Joseph tragó saliva, miró a Nick de reojo.
“Celos”, lo escuchó decir.
Ahora además de la carrera loca que había emprendido su corazón, Joseph sudaba. A chorros.
— ¿Te lo ha dicho ella? —se animó a preguntar, pero no tuvo suficiente coraje para mirarlo mientras lo hacía.
Nick no respondió inmediatamente. Conocía a Demi muy bien; a Joseph, mucho mejor. Si decía la verdad, él seguiría en Nashville y su hermana en Camden.
—Sí —respondió, buscando la mirada de su amigo.
Joseph respiró hondo y cuando exhaló fue como un suspiro. Como si la emoción, o la impresión, fueran tan intensas que no pudiera respirar.
Eran tantos los pensamientos que le cruzaban la mente... Su cerebro empezaba a atar cabos y con cada uno que ataba, su corazón daba una fiesta cada vez más febril, cada vez más ruidosa.
—De acuerdo —dijo finalmente, y cuando volvió a mirar al quarterback había una expresión completamente nueva en su cara.
Nick le palmeó el hombro encantado.
Joseph mantuvo la mirada, con los ojos brillantes.
Y una sonrisa incómoda en su rostro.
♦ ♦ ♦ ♦ ♦
En Camden, Miley intentaba algo parecido con menos éxito. Aunque había pasado una semana, Demi seguía igual de rabiosa que el día de la ceremonia de entrega de premios. Acababan de ver Pretty Woman en el DVD por tercera vez, bromeaban sobre las atractivas canas de Richard Gere y estaban solas en el salón. Demi parecía relajada y Miley pensó que era una buena ocasión para volver sobre el tema. Joseph había llamado tres veces en lo que iba de día.
—Habla con él, Demi. Sabe que la fastidió e intenta disculparse. ¿Hasta cuándo vas a seguir pasando de él?
La respuesta fue como un pelotazo en plena cara. La vio ponerse de pie, decidida, y hablarle mientras la apuntaba con un dedo.
—No digas ni una palabra más —sentenció—. Ese cabrón es historia. ¿Está claro?
Demi no le dejó tiempo para añadir nada. Se dio media vuelta, igual que había hecho en los CMA y abandonó el salón.
Un portazo le anunció que su amiga se había largado. Miley sacó el móvil de su bolsillo trasero y seleccionó una memoria.
¿Qué tal, pitufa?
Oír a Nick la animó, como siempre. Casi sin darse cuenta, una sonrisa inmensa le iluminó la cara.
—Feliz de oírte. Y preocupada por Demi. Sigue muy enfadada…
Lo escuchó reír.
Normal. Será mi amigo, pero menudo capullo está hecho…
—Si, se ha lucido, desde luego… Pero Demi, no sé… Hoy la llamó tres veces al fijo. Debería ponerse al teléfono. No está bien lo que hace. No es alguien que conoció en una gira, es Joseph.
Nick se estiró en el sofá y cruzó las piernas sobre la mesita pequeña.
Bueno… Me parece que Mahoma irá a la montaña…
Miley sonrió interrogante.
—¿De qué hablas?
— Joseph estuvo aquí. Acaba de irse. Me parece que con un poquito de suerte igual pronto lo ves con tus propios ojos…
—¿Va a venir? —preguntó ella, ilusionada.
Sip.
—¿Y eso?
No te hagas ilusiones, no fue por evolución natural. Pero vi la ocasión y me puse el traje de Cupido…
—¿En serio? —dijo ella riendo.
Sí, mentí como un bellaco, pero si lo de que te crece la nariz es una fábula, puede que nadie se entere… No creo que el colega tenga el valor de preguntarle a Demi, en su propia cara, si está celosa.
Miley soltó la risa.
—¿Le has dicho que está celosa?
Le dije que ella me había dicho que se había ido así porque si se quedaba, a él le soltaba un guantazo y a su acompañante le arrancaba la piel a tiras…
Miley se tapó la boca alucinando.
—Te has pasado…
Jugué fuerte, sí. Pero no creo que él se anime a repetirlo. Solo con oírlo casi le da un infarto —dijo riendo—. Dios, está loquito por Demi… Después de lo que pasó en los CMA, ella no va a aflojarle el lazo. Así que tiene que ser él. Si no le mentía, iba a seguir igual, lamiéndose las heridas, dándome la tabarra y a mil kilómetros de mi hermana…
—Has hecho bien. Tienen que hablar. Así no pueden seguir… Bien hecho, campeón.
¿Y aparte de Demi, qué tal?

Miley se puso más cómoda en el sillón, con un cojín debajo de la cabeza, y se dispuso a disfrutar de su amigo del alma los siguientes minutos.

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