Joseph entró
en el camerino detrás de Demi. Como de costumbre, estaba repleto de flores y
tarjetas que sus fans entregaban a la gente del equipo para que se las hicieran
llegar.
—¿Qué tal
estuve? —preguntó ella, mientras aspiraba el aroma de una rosa.
Bestial.
Joseph sonrió
para sus adentros.
—Estuvo bien.
— ¿Bien? —Dijo
quitándose la bata y entrando en el baño—. Gritaban como posesos, Joseph…
—asomó la cabeza por la puerta y lo miró burlona— Era yo la que los hacía
gritar así ¿sabes? Estuve genial, no
“bien”.
Más que
genial, pensó Joseph. Pero no iba a empezar a adular su vanidad tan pronto.
En aquel
momento entró con su infaltable agenda y un bolígrafo detrás de la oreja.
—Tengo a
tres periodistas fuera ¿qué les digo? —preguntó al tiempo que le entregaba a Joseph
las tarjetas de visita. Luego, saludó a Demi con la mano. Ella continuaba
asomando la cabeza por la puerta del baño, mirando la escena con el ceño
fruncido.
—Este que
venga mañana, sobre las doce. Media hora. Sin preguntas personales —dijo él,
devolviéndole una de las tarjetas—. Este que me llame el lunes —garabateó su
móvil en la tarjeta y también se la dio—. Y este que… —pensó unos instantes—.
Que no. Que vuelva dentro de tres vidas y a lo mejor me lo pienso.
Demi salió
del baño y esperó a que Sharon se marchara.
—¿Ahora
decides tú a quién concedo entrevistas y cuándo? —le preguntó en tono
desafiante.
Joseph asintió
sin inmutarse. Demi soltó una carcajada.
—Estás de
broma —replicó, todavía riendo, aunque sonó más a pregunta que a afirmación.
Él negó con
la cabeza.
—Sería mejor
que te cambiaras, Demi. Te estás enfriando…
Ella lo miró
divertida. No estaba de broma. Tal y como le había dicho, se iba a meter en
“todas sus cosas”. Debería pararle los pies, ponerle unos límites bien claros…
Pero la
verdad era que le encantaba lo que estaba sucediendo. Le gustaba que él marcara
las pautas. Le gustaba la forma en que le decía las cosas a la cara, sin
remilgos, con toda su seguridad. La enojaba, pero en el fondo, le gustaba.
El
resto del mundo daba mil vueltas cada vez que tenía que decirle algo a Demi Brady.
Pero Joseph no se cortaba. La miraba a los ojos, le sugería que se cambiara con
palabras, pero en intención la estaba mandando, y se quedaba tan fresco.
Le encantaba
aquel hombre. Cada día más.
Demi sonrió,
y asintió con la cabeza.
Cuando la
vio darse la vuelta y regresar al baño sin rechistar, Joseph miró a otra parte.
Su sonrisa
era tan grande que parecía a punto de tragarle la cara.
♦ ♦ ♦ ♦ ♦
Joseph no
había hecho el menor ademán de dejarla a solas con J.T. Al contrario. Se
dirigió con ella hacia el lounge tan
pronto regresaron al hotel, dando por hecho que le incumbía. Demi lo había
mirado algo sorprendida pero no había hecho ningún comentario.
Y allí
estaban los tres, sentados en los cómodos sillones del lounge del Hilton, bebiendo algo mientras el resto de los chicos
del grupo estrenaban los locales de fiesta de la ciudad.
Aquel
individuo no le gustaba y aunque a Joseph le fastidiara admitirlo, la razón
principal era haberlo encontrado en la suite de Demi. Más concretamente, en su
cama. Ella había dicho que no había sucedido nada entre los dos, pero a Joseph
le daba igual.
Aquel roquero insufrible había sido la gota que había colmado el
vaso, lo que lo había llevado a alejarse de Demi más de tres meses. Y lo que
sentía en su presencia, era igual de agresivo que entonces.
Están
mosqueados porque dicen que ya no tenemos tanta pegada. Que les está costando
vender todas las localidades… —J.T., histriónico como siempre, acompañaba sus
palabras de oportunos gestos con las manos, lo que Demi encontraba divertido y Joseph,
no—. Quieren que lleve a los jodidos Bombers de teloneros —dijo mirando a Demi
con una expresión que era pura ironía—. ¿Te lo puedes creer?
Ella reía.
— ¿Están
locos? ¿Qué pintan esos como teloneros de Psicodelia?
—Totalmente
—continuó J.T. Encendió el cuarto cigarrillo de la última media hora y se
apartó el pelo de la cara. Joseph miró el pabellón de su oreja: estaba llena de
piercing. Menudo esperpento—. Pero
están cargantes con el tema así que les dije que yo decidiría a quién llevamos
de teloneros.
Ya. No lo
digas. ¿Demi Brady?
—Ni hablar
—sentenció Joseph. Notó que Demi lo miraba interrogante y luego volvía a mirar
a J.T.
— ¿Pensabas
en mí? —preguntó ella al fin.
J.T.
asintió, sonriendo seductor. E ignorando completamente a Joseph continuó
vendiendo su idea.
— ¡Imagínate!
¡Sería un bombazo, nena! Primero apareces tú y los dejas colocados. Después
aparecemos nosotros y damos el remate final… Hasta podríamos hacer algún dúo.
Nos hartaríamos a vender.
—¿Qué parte
no has entendido, tío? —interrumpió Joseph, cada vez más serio—. No va a ser tu
telonera. No va a hacer ningún dúo contigo. Y si estos eran los negocios de los
que querías hablar, ya están hablados. Es tarde y mañana tiene sesión de fotos
a las 7.
La expresión de Demi aumentaba nivel de sorpr

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