jueves, 27 de junio de 2013

Mi Dulce Bombón Capitulo 55




Joseph se llevaba el vaso de bourbon a la boca cuando la puerta de la habitación se abrió. En un segundo, la visión de aquella mujer lo ocupó todo. No había nada más.

Volvió a apoyar el vaso sobre la barra, y se puso de pie. Sus ojos, como si no fueran suyos, hicieron sus propios planes para los próximos segundos. 

Bajaron recto por el cuello de aquella preciosidad de piel blanca, hacia el canal que había entre sus pechos, que el escote de vértigo mostraba en detalle.

Luego, lentamente, bajaron palmo a palmo por las formas voluptuosas que aquel vestido de cuero negro —ceñido, cortísimo—, delineaba a la perfección.

Y continuaron camino por unas piernas...

Impresionantes, como todo en Demi, enfundadas en unas medias oscuras y plantadas sobre unas sandalias con tacón de aguja.
Cuando su mirada volvió a los ojos de Demi, Joseph sentía los latidos del corazón pulsando en la sien.

Y no era lo único que sentía pulsar.
Demi recorrió la distancia que separaba la habitación de la barra con la seguridad de una mujer que se sabe admirada. Joseph Wyatt babeaba por ella como todos los demás hombres del universo, pero tenía algo que los demás no tenían, algo que jamás ninguno había tenido; la tenía a ella. 

Había habido muchos hombres en su cama. En su vida, ninguno. Excepto Joseph, aquel magnífico ejemplar que ahora la miraba exactamente como Demi había planeado que lo hiciera, con lujuria.
Y lo había planeado porque eso era lo que quería de él y aún no tenía.

Tenía su atención Joseph era un hombre gentil, atento por naturaleza y con ella, mucho más.

Tenía su admiración, podía leerla en sus ojos, sentirla en sus caricias.

Tenía su ternura, para todo y en todo momento; Joseph era tierno con palabras o sin ellas, siempre.

Pero lo que no tenía era su locura. Por alguna razón que Demi no entendía, Joseph calentaba motores como todos los otros hombres que había conocido en el plano íntimo, pero llegado un punto, su ternura tomaba el relevo, y evaporaba todo rastro de lujuria.

Era intenso, sí. También apasionado. Y amarse físicamente era excitante, pero para una mujer como ella resultaba claramente insuficiente. Tenía la sensación de que las revoluciones de él iban demasiado bajas. O las de ella demasiado altas. 

En esas circunstancias, la ternura de Joseph la hacía sentir fuera de contexto. Tanto que, invariablemente, Demi acababa desacelerando hasta su nivel, y luego, lamentándolo.

Pero hoy había decidido que no tendría piedad. Podía vivir sin la ternura de Joseph. Sin sentirlo transpirando locura por cada poro de la piel, no.
Ya no.
Voy a por ti, guaperas, así que junta aire.
Como si hubiera oído los pensamientos de Demi, Joseph inspiró profundamente. A continuación, esbozó una especie de sonrisa, mitad tierna, mitad sensual.

—Vaya... Estás... preciosa —dijo masculino.
Pero no pensó en “preciosa”.

Demi sonrió. Descansó los codos sobre la barra, mirándolo divertida.

—¿Preciosa? —preguntó. Apoyó la barbilla sobre una mano y dejó que el peso de su cuerpo descansara sobre la barra-bar de su suite
.
Joseph bajó la mirada; de unos ojos que el maquillaje realzaba volviéndolos casi magnéticos, hasta el panorama espectacular de sus pechos que ella le ofrecía generosamente.

 Visión bastante amplia, aunque obstaculizada por el brazo en el que ella apoyaba su cara, que se alzaba justo delante.

—Impresionante —se corrigió él. Su mirada volvió a los ojos de Demi, algo más brillante, bastante más agitada.

—¿Impresionante? —volvió a preguntar ella. Coqueta, se tomó un mechón de la melena con la mano con la que antes sostenía su cara, y empezó a enredarlo entre sus dedos.

La mirada de Joseph volvió a bajar.

El brazo seguía obstaculizando la visión, pero menos. Podía ver el canal central abriéndose hasta que se cerraba de golpe al entrar en contacto con la barra. Podía ver el costado de uno de sus pechos. Lo bastante para comprobar que no llevaba sostén.
Él volvió a respirar hondo.

—Descomunal —se corrigió Joseph otra vez. Su mirada regresó a Demi, mucho más brillante, mucho más agitada. Y luego bajó, esta vez a su boca rojo carmín.

—¿Descomunal? — Demi tamborileó sus dedos sobre la barra y los ojos de Joseph, como encantados, bajaron de su boca a sus pechos nuevamente. El brazo seguía allí—. Mira mejor, Joseph...

Cuando él volvió a sus ojos, Demi  sonreía sensualmente, y le indicaba con movimientos suaves de la cabeza que mirara algo situado detrás de ella.


Joseph lo hizo, y las pulsaciones de su cuerpo aceleraron ritmo e intensidad.

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