lunes, 3 de junio de 2013

Mi Dulce Bombón Capitulo 31




Las cosas todavía continuaban algo tensas entre los dos cuando llegaron al Beer & Wine con Miley, Nick y Mark, pero después de un par de partidas de billar y algunas risas con Nick, de a poco, Demi se relajaba.
Joseph la conocía bien y sabía que lo peor ya había pasado: volvían a estar juntos, y aunque quedaba mucho por delante, para él era motivo suficiente para la sonrisa encantada que tenía desde hacía horas, que no se le quitaba con nada.
—Ya me he enterado de que has hecho un negocio redondo —empezó Mark, pinchándolo—. Aunque la verdad, pensé que habías vuelto por ella, no por la pasta.
Joseph le echó una mirada irónica.
—¿Qué crees que pensaría si acepto trabajar como un cabrón por el mismo dinero?
Mark sonrió divertido.
—Me gusta tu técnica, tío. A ver si funciona...
Joseph volvió a mirarlo. Esta vez no contestó. Y no hizo falta. El mensaje era claro.
Funcionaría.
♦ ♦ ♦ ♦ ♦
Aquel hombre llevaba diez minutos dándole conversación. Estaba con Demi antes de que Joseph fuera al lavabo y cuando regresó, aún continuaba allí. Así que en una reacción nada habitual, Joseph descubrió que sus pies habían decidido, sin consultarle, dirigirse a la barra. Y allí estaba, plantado delante de Demi y aquel individuo, a segundos de tener que abrir la boca para decir algo, y sin tener la menor idea de qué.
—No te conozco. ¿Quién eres?
Su mente tampoco le había consultado aquello antes de ordenar a su boca que lo dijera. Pero ya estaba dicho. Demi sintió una súbita necesidad de apartar la mirada y bajar la cabeza.
—Yo… le pedía un autógrafo —atinó a decir el larguirucho rubio que estaba junto a ella.
Por toda respuesta, Joseph se estiró para coger una servilleta de la barra, sacó una estilográfica de su bolsillo y le dio ambas cosas a Demi.
—¿A quién la dedico? —preguntó ella intentando aguantar la risa mientras se preparaba para estampar su firma sobre la servilleta.
—Peter —contestó el interesado.
Demi garabateó un autógrafo dedicado que Joseph se encargó de entregar.
—Autógrafo. ¿Algo más?
Peter se despidió rápidamente y tan pronto se alejó, Demi soltó la risa mirando a Joseph con incredulidad.
—Era inofensivo —dijo, coqueta.
—Tú no.
—¿Y eso? —preguntó con expresión divertida.
Joseph se colocó junto a ella, contra la barra, y la miró con ternura.
—Y eso ¿qué?
—¿Qué quieres decir con eso de que “no soy inofensiva”?
—Como si no lo supieras…
—Es que no lo sé —insistió ella.
—A la hora de flirtear eres más peligrosa que un mono con una escopeta — Joseph miró de reojo al del autógrafo que había regresado con su grupo de amigos—. Rubio. Alto. Buen lomo. Cinco minutos más, y te lo habrías ligado —volvió a mirarla—. Y esto es Camden. Aquí no puedes ligarte a un tipo en el Beer & Wine y enrollarte con él. Mañana sería noticia de primera página.
Como era habitual en aquel vikingo, y aunque en este caso concreto se equivocara, hablaba con conocimiento de causa. Demi cogió su botellín de cerveza sin alcohol. Él se lo quitó de la mano, sirvió un poco en la copa y se la ofreció después de dejar el envase sobre la barra.
Joseph estaba en lo cierto. En otra época, Demi lo habría hecho. Enrollarse con el hombre del autógrafo. Sin pensárselo dos veces. En esta, solo coqueteaba. En ningún momento se le había cruzado por la cabeza nada más.
—El día que discutimos, me llamaste... — Demi hizo una pausa y lo miró—. Bueno, no lo dijiste, pero casi. ¿De verdad, piensas eso?
Joseph apartó la mirada. Sabía que algún día el tema volvería a salir, pero no esperaba que fuera tan pronto.
—Me mataba verte tan hecha polvo…
Demi esbozó una sonrisa incómoda.
—Pero no fue eso lo que dijiste.
—Ya.
Había dicho algo completamente distinto. Estaba loco de celos.
—No me gusta esa parte de ti —admitió, finalmente—. Es una idiotez porque es exactamente lo que hacemos los tíos. No debería molestarme. Y si me dices que soy un cabrón hipócrita que te suelta monsergas a ti y luego hace lo mismo, tendré que aguantar... Pero soy un hombre, sé lo que piensan cuando se levantan de tu cama, y sé lo que dicen. Y me molesta un montón que seas tú de quien lo dicen. Me saca de quicio.
Demi se bajó del taburete y recogió las bebidas para llevarlas a la mesa. Se sentía tan incómoda que, por momentos, no parecía ella. ¿Desde cuándo le preocupaba que alguien la censurara? Se irguió y se colgó su mejor sonrisa.
—Eres un cabrón hipócrita —le dijo, desafiante.
Joseph sonrió.
—¿Le has aclarado a tu barbi que como me tope con ella van a tener que reconstruirle los implantes? —continuó mientras empujaba tres cervezas contra el pecho de Joseph, indicándole que las cogiera.
—Qué pena —replicó él, seductor—. Está como un queso.
Ella le echó una mirada llena de ironía y se alejó con el resto de las cervezas sin hacer el menor comentario.
Sobraban las palabras, estaba claro.
Joseph bajó la cabeza para ocultar que sonreía.
¿Como un queso? ¿Y se lo había dicho al bombón de Demi Brady?

Tendría que aprender a contar mentiras más creíbles.


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