Las cosas
todavía continuaban algo tensas entre los dos cuando llegaron al Beer &
Wine con Miley, Nick y Mark, pero después de un par de partidas de billar y
algunas risas con Nick, de a poco, Demi se relajaba.
Joseph la
conocía bien y sabía que lo peor ya había pasado: volvían a estar juntos, y
aunque quedaba mucho por delante, para él era motivo suficiente para la sonrisa
encantada que tenía desde hacía horas, que no se le quitaba con nada.
—Ya me he
enterado de que has hecho un negocio redondo —empezó Mark, pinchándolo—. Aunque
la verdad, pensé que habías vuelto por ella, no por la pasta.
Joseph le
echó una mirada irónica.
—¿Qué crees
que pensaría si acepto trabajar como un cabrón por el mismo dinero?
Mark sonrió
divertido.
—Me gusta tu
técnica, tío. A ver si funciona...
Joseph
volvió a mirarlo. Esta vez no contestó. Y no hizo falta. El mensaje era claro.
Funcionaría.
♦ ♦ ♦ ♦ ♦
Aquel hombre
llevaba diez minutos dándole conversación. Estaba con Demi antes de que Joseph
fuera al lavabo y cuando regresó, aún continuaba allí. Así que en una reacción
nada habitual, Joseph descubrió que sus pies habían decidido, sin consultarle,
dirigirse a la barra. Y allí estaba, plantado delante de Demi y aquel
individuo, a segundos de tener que abrir la boca para decir algo, y sin tener
la menor idea de qué.
—No te
conozco. ¿Quién eres?
Su mente
tampoco le había consultado aquello antes de ordenar a su boca que lo dijera.
Pero ya estaba dicho. Demi sintió una súbita necesidad de apartar la mirada y
bajar la cabeza.
—Yo… le
pedía un autógrafo —atinó a decir el larguirucho rubio que estaba junto a ella.
Por toda
respuesta, Joseph se estiró para coger una servilleta de la barra, sacó una
estilográfica de su bolsillo y le dio ambas cosas a Demi.
—¿A quién la
dedico? —preguntó ella intentando aguantar la risa mientras se preparaba para
estampar su firma sobre la servilleta.
—Peter
—contestó el interesado.
Demi
garabateó un autógrafo dedicado que Joseph se encargó de entregar.
—Autógrafo.
¿Algo más?
Peter se
despidió rápidamente y tan pronto se alejó, Demi soltó la risa mirando a Joseph
con incredulidad.
—Era
inofensivo —dijo, coqueta.
—Tú no.
—¿Y eso?
—preguntó con expresión divertida.
Joseph se
colocó junto a ella, contra la barra, y la miró con ternura.
—Y eso ¿qué?
—¿Qué
quieres decir con eso de que “no soy inofensiva”?
—Como si no
lo supieras…
—Es que no
lo sé —insistió ella.
—A la hora
de flirtear eres más peligrosa que un mono con una escopeta — Joseph miró de
reojo al del autógrafo que había regresado con su grupo de amigos—. Rubio.
Alto. Buen lomo. Cinco minutos más, y te lo habrías ligado —volvió a mirarla—.
Y esto es Camden. Aquí no puedes ligarte a un tipo en el Beer & Wine y
enrollarte con él. Mañana sería noticia de primera página.
Como era
habitual en aquel vikingo, y aunque en este caso concreto se equivocara,
hablaba con conocimiento de causa. Demi cogió su botellín de cerveza sin
alcohol. Él se lo quitó de la mano, sirvió un poco en la copa y se la ofreció
después de dejar el envase sobre la barra.
Joseph
estaba en lo cierto. En otra época, Demi lo habría hecho. Enrollarse con el
hombre del autógrafo. Sin pensárselo dos veces. En esta, solo coqueteaba. En
ningún momento se le había cruzado por la cabeza nada más.
—El día que
discutimos, me llamaste... — Demi hizo una pausa y lo miró—. Bueno, no lo
dijiste, pero casi. ¿De verdad, piensas eso?
Joseph
apartó la mirada. Sabía que algún día el tema volvería a salir, pero no
esperaba que fuera tan pronto.
—Me mataba
verte tan hecha polvo…
Demi esbozó
una sonrisa incómoda.
—Pero no fue
eso lo que dijiste.
—Ya.
Había dicho
algo completamente distinto. Estaba loco de celos.
—No me gusta
esa parte de ti —admitió, finalmente—. Es una idiotez porque es exactamente lo
que hacemos los tíos. No debería molestarme. Y si me dices que soy un cabrón
hipócrita que te suelta monsergas a ti y luego hace lo mismo, tendré que
aguantar... Pero soy un hombre, sé lo que piensan cuando se levantan de tu
cama, y sé lo que dicen. Y me molesta un montón que seas tú de quien lo dicen.
Me saca de quicio.
Demi se bajó
del taburete y recogió las bebidas para llevarlas a la mesa. Se sentía tan
incómoda que, por momentos, no parecía ella. ¿Desde cuándo le preocupaba que
alguien la censurara? Se irguió y se colgó su mejor sonrisa.
—Eres un
cabrón hipócrita —le dijo, desafiante.
Joseph
sonrió.
—¿Le has
aclarado a tu barbi que como me tope
con ella van a tener que reconstruirle los implantes? —continuó mientras
empujaba tres cervezas contra el pecho de Joseph, indicándole que las cogiera.
—Qué pena —replicó
él, seductor—. Está como un queso.
Ella le echó
una mirada llena de ironía y se alejó con el resto de las cervezas sin hacer el
menor comentario.
Sobraban las
palabras, estaba claro.
Joseph bajó
la cabeza para ocultar que sonreía.
¿Como un
queso? ¿Y se lo había dicho al bombón de Demi Brady?
Tendría que
aprender a contar mentiras más creíbles.


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