lunes, 3 de junio de 2013

Mi Dulce Bombón Capitulo 29




Sí que podía. Y recién llegado a Nashville, ella le había parecido un buen as en la manga. Pero si tenía que elegir…
—Y las mujeres muy malpensadas —replicó él. Puso voz seductora para hacerlo. Quería acabar con aquella conversación y volver dentro—. Nos conocemos desde que éramos críos y hemos hecho un montón de cosas juntos. Pero cuando Demi quiere esa clase de compañía, no me viene a buscar y yo a ella tampoco, ¿de acuerdo? Te recojo el lunes y hablamos.
Hubo una pausa. Joseph supo que ella no había tragado, pero era lo que había. Volvería con Demi. Y no quería dar carpetazo al asunto Tyler, pero si tenía que hacerlo, lo haría.
De acuerdo —escuchó que Tyler respondía, y a continuación el sonido de llamada cortada.
Demi volvió a cerrar la ventana y se sirvió un café por hacer algo, lo que fuera. Algo que le hiciera olvidar la sensación de desilusión mezclada con angustia que la invadía.
Estaba con aquella mujer. Y por alguna razón, ella era lo bastante importante para Joseph como para que él intentara contentarla, para que le diera explicaciones. Lo bastante importante para que le dijera que no tenía que preocuparse por Demi Brady, que no eran más que amigos de la infancia.
Y además tenía que estudiarse lo de volver con ella. No sabía si era viable.
Demi respiró hondo, intentando que el aire volviera a entrar en sus pulmones. Pero continuó igual, con la misma opresión en el pecho...
Y la misma desilusión.
Tal vez, después de todo, Joseph sí fuera aquella clase de hombre.

Demi llevaba varios días sin saber de Joseph y se sentía rara. Se habían despedido el lunes por la mañana con un “hablamos ¿sí?”. Él había regresado a Nashville.
Y no habían hablado.
Él no la había llamado.
En otras circunstancias no le habría importado tanto, pero ahora…
Demi se subió a la tranquera y se sentó sobre el listón de madera, con las piernas colgando hacia adentro. El predio de adiestramiento estaba vacío. A lo lejos, se veían luces en el pabellón de los peones. El sol se había ocultado hacía un rato y las faenas del día habían acabado.
Después de darle mil vueltas, el miércoles ella se había decidido y lo había llamado. Nadie había contestado. Tampoco había saltado el buzón de voz. Desde entonces habían pasado tres días, y continuaba sin saber nada de Joseph.
Demi se subió el cuello del abrigo. Se estaba quedando helada. ¿Qué hacía allí con semejante frío? Bajó de un salto y retomó el camino que llevaba a la casa.
Estaba insoportable. No se sentía ella misma. Pasaba el día ociosa, incapaz de concentrarse en nada más de cinco minutos, y con sus pensamientos volviendo una y otra vez sobre el mismo tema; Joseph Wyatt. Él le había dicho que “se moría por volver con ella”, pero ni había aceptado su nuevo proyecto aún, ni estaba con ella.
Estaba en Nashville.
Seguramente disfrutando de la compañía de su barbi de apellido ilustre.
Y no la había llamado.
Ni siquiera le había devuelto la llamada.
Demi meneó la cabeza, disgustada. ¿En qué situación estaban? Necesitaba saberlo de una vez. Ya no soportaba continuar así. Respiró hondo cuando comprendió que estaba a punto de saberlo; el hombre que aparcaba frente al jardín, era él.
Demi se irguió, y avanzó hacia el coche como si no tuviera un nudo en el estómago. Avanzó con una sonrisa despreocupada en los labios, ignorando las sensaciones que últimamente se adueñaban de su cuerpo cada vez que lo veía. Eran intensas y raras. No podía clasificarlas. En realidad, no se animaba a hacerlo. Así que jugaba a ignorarlas. Pero seguían allí, y eran las mismas: boca inesperadamente seca, latidos que retumbaban en sus oídos, y un montón de nervios que no sentía ni cuando estaba en el escenario frente a diez mil personas.
—Si vienes a cenar, es pronto… —dijo ella, apoyándose contra el Corvette, junto a la puerta.
Él sonrió y se dedicó a sacar abrigo y maletín bajo la persistente mirada femenina que le pasaba revista.
Jersey negro de cuello alto. Botas negras cortas. Tejanos de muerte. Imponente como siempre, pero demasiado sport para Joseph.
—¿Es el estilo Nashville? —preguntó Demi, con ironía.
Joseph cerró el maletero.
—Es el estilo mudanza. Lo mejor para ponerse de mierda hasta arriba embalando una casa, son unos tejanos y un jersey negro. También valen para hacer seiscientos kilómetros por carretera…
Así que has vuelto a Camden”, pensó ella, y se obligó a no mover ni un músculo de su cara.
—¿Entramos? —invitó Joseph.
—¿”Entramos”? — Demi y se incorporó, puso las manos en los bolsillos de su abrigo y lo miró con ironía—. ¿Es que vienes a verme a mí?
Joseph sonrió.
—Tenemos un tema pendiente, sí.
—Bueno… Supongo que si ha esperado una semana, es que no es urgente, ¿no?
Demi pasó junto a él y se dirigió a la casa. Entró y dejó la puerta abierta. Joseph la siguió intentando mantenerse serio. No quería enfadarla más de lo que estaba. Entró y cerró la puerta tras de sí.
—Tenía que analizar bien tu propuesta, Demi… No es tan fácil como a ti te parece que es.
Ella estaba al pie de la escalera cuando él habló, y se revolvió.
Menudo imbécil.
—¿Tengo cara de idiota? —Regresó sobre sus pasos y se detuvo frente a Joseph —. Mira, niño... Si me dices que hablamos, me llamas. Y si ves mi llamada perdida, me la devuelves. Quiero que seas tú, Joseph, pero no pienses ni por un segundo que te voy a dejar jugar a este juego conmigo. Vuelve a pasar de mí, y me abro. ¿Está claro?
—No pasé de ti.

Mandy no solo lo interrumpió, dio un paso más y lo enfrentó. 

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