viernes, 21 de junio de 2013

Mi Dulce Bombón Capitulo 46




—¿Puedo? —susurró él, cuando estaba a diez centímetros de sus labios.
Pero no esperó luz verde. Recorrió la distancia que los separaba sin darle tiempo a nada más, y se metió en su boca sin prolegómenos, buscándola.
—¿Te gusta así? —le dijo en un susurro caliente, en medio de un beso aún más caliente. Demi no atinó a nada—. Mejor que me lo digas ahora...
Joseph se apartó apenas un poco, lo suficiente para dejarla respirar. Ella inspiró con los ojos cerrados, y él volvió a la carga.
—Porque exactamente igual me voy a meter entre tus piernas —murmuró, y se adueñó de la boca de Demi en un beso voraz.
Durante unos instantes, ambos se dejaron llevar por aquel huracán de emociones que los arrancó de la realidad para introducirlos en un mundo en el que solo existían ellos dos y la pasión que crecía entre ambos. Pero entonces, en medio de sus propios estremecimientos, Joseph la sintió temblar y comprendió que había llegado la hora de largarse de allí.
 Con un esfuerzo que le resultó casi sobrehumano, él consiguió despegarse de aquellos labios de fuego. Se apoyó contra el marco de la puerta, y respiró a todo pulmón en un intento de recuperar el centro de gravedad.
Demi se recostó contra el reposacabeza y lo miró en silencio. Los latidos del corazón retumbaban en su garganta. No podía pensar. No podía hablar. Solo mirarlo, y sentir cómo las hormonas rugían en su interior.
—Tomaré eso como un sí —añadió él en un suspiro largo. Con evidente esfuerzo, se apartó y cerró la puerta—. ¿Puedes conducir o quieres que te lleve?
Pretendía ser una broma, cortar la intensidad del momento, pero cuando volvió a mirarla no encontró lo que esperaba. Ella no sonreía. Continuaba mirándolo con los ojos brillantes, una expresión que él nunca antes había visto en ella.
Demi tardó siglos en lograr articular una palabra, y cuando lo hizo la expresión que cambió fue la de Joseph.
—Sube —susurró, indicándole con un gesto de los ojos que ocupara el asiento del acompañante—. Vamos a tu casa.
Joseph volvió a respirar hondo, soltó el aire en un suspiro...
Y no se lo pensó dos veces.
Prácticamente no hablaron, y aunque no se desviaron de la ruta, les tomó dos horas hacer un recorrido que normalmente se hacía en poco más de una. Pararon cuatro veces. Para besarse sin riesgo de estrellarse.
Al llegar, entraron en el edificio donde vivía Joseph desde el aparcamiento, esperaron el ascensor y mantuvieron las distancias hasta que él abrió la puerta de su piso.
Entonces, se desató la locura.
—Vamos a la cama —murmuró él, empujándola suavemente con intención de guiarla hasta el dormitorio.
Pero Demi se dio la vuelta sin dejar de besarlo, hizo que él la abrazara y se recostó contra la puerta cerrada del piso.
—Dios... vamos a la cama, Demi —insistió él, besándola apasionadamente mientras manipulaba su ropa para quitársela.
—Me parece que hoy vas a hacer ejercicio —susurró ella al tiempo que le mordisqueaba los labios—. ¿Estás en forma?
Joseph exhaló un suspiro ardiente. Se apartó un poco para bajarle los pantalones.
—Dios... Si seguimos así... —dijo él, y volvió a pegarse a ella.
—¿Qué? ¿Vas a correrte tan pronto?
Cuando él sintió que Demi le bajaba la cremallera y colaba una mano por debajo de la cintura del slip, la retuvo y habló con decisión:
—Sí. Quita el pie del acelerador.
Entonces, vio como ella le regalaba una sonrisa sensual y empezaba a abrir los corchetes de su camisa vaquera uno a uno, sin dejar de mirarlo. A continuación, la vio sacar una bolsita metalizada del bolsillo y ponérsela en el tanga.
Los ojos de Joseph siguieron el recorrido de aquellas manos, como si estuvieran encantados.
—¿Vamos bien? —murmuró ella mientras se abría la camisa de par en par.
A aquella mujer no le hacía falta un WonderBra de encaje negro, pensó Joseph, pero era lo que llevaba.
Espectacular.
Espectacular cómo el calor abrasador que se instaló en su entrepierna y empezó a treparle por la espalda cual serpiente de fuego. Sus ojos ascendieron despacio hasta encontrar la mirada de Demi. Ella sonreía.
—¿Bonito, verdad?
Él no respondió. Volvió a respirar hondo al sentir que la mano femenina se deslizaba sobre su pierna, en una caricia larga, y la abrazó, buscándola apasionado.
—Vamos a la cama...
—No —replicó ella, jugueteando en su oreja mientras con movimientos certeros lo desnudaba prenda a prenda.
Tras liberarlo de la última y dejarla caer con una sonrisa traviesa, Demi le rodeó el cuello con los brazos y sosteniéndose en él, se elevó y le abrazó las caderas con las piernas
—No quiero ir a la cama —añadió.
Demi jugaba, era su estilo y a él le encantaba, pero no hoy. No, entonces.
En aquel momento, Joseph no estaba para juegos.
Él la aprisionó entre su cuerpo y la puerta. Sus besos no tardaron en volverse agónicos. Desabrochó el sostén casi con desesperación, y coló una de sus manos por debajo, mientras con la otra sostenía a Demi.

Ella suspiró cuando sintió la mano masculina apretándole un pecho posesivamente.

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