La sonrisa
de Demi se hizo más grande.
Estaba a
punto de dar otro concierto
espectacular.
Joseph y Demi
habían disfrutado de una cena variada en un restaurante, a las afueras de la
ciudad, principalmente frecuentado por universitarios, donde las carnes y las
verduras las cocinaba cada comensal en una parrilla gigantesca de forma circular.
Ahora, tomaban una copa en la barra del Wally's Café.
Acostumbrada
a que todos intentaran deslumbrarla, la normalidad de las elecciones de Joseph le
parecía un auténtico descubrimiento.
—¿Cómo…? —
Demi apoyó la cabeza sobre la palma de la mano, y formuló su pregunta de otra
forma—. No entiendo cómo pudiste acabar con alguien como ella. ¿Qué hacía
cuando la invitabas a sitios así?
Por “ella”
se refería a Tyler Bradford.
—No la
invitaba a sitios así.
Estaba
claro. Tan claro como que él estaba evitando contestar a la primera parte de su
comentario. Bien. Era hora de cambiar de tema.
—¿Voy a
participar en el Bayfest el año que
viene? —preguntó Mandy sonriendo con su cara de niña feliz.
—En el Bayfest, el Fan Fair y el Country Thunder,
sí.
—¡Que bien!
—dijo, y tocó con su tónica el vaso de bourbon
de Joseph — ¡Chinchín!
Mientras él
se quitaba el jersey, Demi aprovechó para echarle un vistazo a su indumentaria.
Excepto por la prenda que acababa de quitarse, que era de un blanco refulgente,
vestía de negro, camisa supermoderna
y pantalones de corte recto. Zapatos de gamuza acordonados, también negros.
Impresionante.
Joseph la
sorprendió mirándolo y sonrió; ella le devolvió la sonrisa y apartó la mirada.
—Me ayudó a
relacionarme en Nashville —continuó él, retomando el asunto Tyler Bradford.
Había sopesado bien cada palabra antes de pronunciarla; lo que podía decir para
responder a su pregunta, y lo que no debía decir si quería evitar que ella
echara a correr despavorida.
Demi se
removió incómoda en su butaca.
—Ya.
—Tú sabes de
qué va esto. Otra mujer, no, pero tú sí… —añadió, y la miró travieso—.
Estábamos a lo que estábamos. Nada más.
—¿Era ella
la del jueves?
Joseph
frunció el ceño. ¿Sabía que él había estado en Nashville? A Nick no se le podía
haber escapado esa información, así que ¿cómo lo había averiguado?
—¿Eso no es
mucho preguntar?
Demi soltó
una carcajada. El desparpajo de aquel vikingo le gustaba cada vez más.
—Tienes
razón. Besarte me dejó un poco alucinada. No me hagas caso….
Y a él.
Cada vez que
el recuerdo de aquel momento ardiente regresaba a su mente, tenía que
programarse para frenar la sonrisa de satisfacción que forcejeaba por salir, y
dejarlo completamente al descubierto. Y lo peor, era que con el recuerdo
volvían las sensaciones, arrasando todo vestigio de racionalidad, llevándoselo
todo por delante.
El móvil de Demi
empezó a sonar, devolviendo a Joseph a la realidad, pero solo durante un
instante. Lo bastante como para enterarse de que quien llamaba era Miley.
Luego, volvió a dejar la realidad para sumergirse de lleno en sus sensaciones,
mucho más intensas después de aquellos besos compartidos.
Era tan
hermosa, con esa belleza inapelable, perfecta, que resultaba imposible no
fijarse en ella. Era preciosa sin necesidad de esforzarse en parecerlo.
Cuando Demi
aparecía en su campo visual, los ojos de Joseph parecían no obedecer
instrucción alguna. La seguían, hechizados, recorriéndola una y otra vez, como
si nunca tuvieran bastante. Empezaban por donde empezaban casi siempre, por sus
ojos claros, y bajaban por cada curva del camino, regocijándose en la visión...
La mayoría
de las veces, a mitad de recorrido él se obligaba a dejar de mirar. Otras, como
ahora, lo intentaba sin conseguirlo.
De la
cintura baja de los pantalones negros asomaba un tanga color fucsia, igual que
su jersey. Concentrada en la conversación que mantenía con Miley, Demi se había
inclinado hacia delante para apoyar los codos en la barra, y la posición hacía
que una parte pequeña de su espalda, apenas visible, entre el borde del jersey
y la cintura de los pantalones, quedara expuesta.
Joseph no
conseguía apartar los ojos. Su mente no dejaba de mandar mensajeros químicos
que se clavaban en el centro de su cuerpo, justo entre las piernas y allí,
explotaban peligrosamente.
Peligrosamente
para un sitio tan concurrido, un contacto que no debía suceder en público y un
corazón que, pese a todo, continuaba teniendo un miedo espantoso a quedar tan
expuesto como aquel tanga rosa del que no podía quitar la vista.
Se esforzó
por volver a sus ojos, y de ahí, a su boca. Demi reía.
Con todo lo
que su belleza exterior lo dejaba grogui, lo verdaderamente importante era otra
cosa. No estaba tan colado por ella por nada que pudiera verse. Eso solamente
añadía combustible a un fuego que ardía hacía mucho tiempo.
Lo que a Joseph
lo enamoraba de verdad, desde que era un crío, era la dulzura espectacular que
fluía de ella y lo envolvía todo. Ni dos años hundida en alcohol y rodeada de
malas compañías había conseguido alterarla. Estaba en ella aún cuando jugaba a
ser la Demi caprichosa y rebelde. Y ahora, desde que había tomado nuevas
decisiones y cambiado el rumbo de su vida, empezaba a verse también en sus
actitudes; estar con ella era mucho más fácil que antes.
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