lunes, 17 de junio de 2013

Mi Dulce Bombón Capitulo 43



La sonrisa de Demi se hizo más grande.
Estaba a punto de dar otro concierto espectacular.
Joseph y Demi habían disfrutado de una cena variada en un restaurante, a las afueras de la ciudad, principalmente frecuentado por universitarios, donde las carnes y las verduras las cocinaba cada comensal en una parrilla gigantesca de forma circular. Ahora, tomaban una copa en la barra del Wally's Café.
Acostumbrada a que todos intentaran deslumbrarla, la normalidad de las elecciones de Joseph le parecía un auténtico descubrimiento.
—¿Cómo…? — Demi apoyó la cabeza sobre la palma de la mano, y formuló su pregunta de otra forma—. No entiendo cómo pudiste acabar con alguien como ella. ¿Qué hacía cuando la invitabas a sitios así?
Por “ella” se refería a Tyler Bradford.
—No la invitaba a sitios así.
Estaba claro. Tan claro como que él estaba evitando contestar a la primera parte de su comentario. Bien. Era hora de cambiar de tema.
—¿Voy a participar en el Bayfest el año que viene? —preguntó Mandy sonriendo con su cara de niña feliz.
—En el Bayfest, el Fan Fair y el Country Thunder, sí.
—¡Que bien! —dijo, y tocó con su tónica el vaso de bourbon de Joseph — ¡Chinchín!
Mientras él se quitaba el jersey, Demi aprovechó para echarle un vistazo a su indumentaria. Excepto por la prenda que acababa de quitarse, que era de un blanco refulgente, vestía de negro, camisa supermoderna y pantalones de corte recto. Zapatos de gamuza acordonados, también negros.
Impresionante.
Joseph la sorprendió mirándolo y sonrió; ella le devolvió la sonrisa y apartó la mirada.
—Me ayudó a relacionarme en Nashville —continuó él, retomando el asunto Tyler Bradford. Había sopesado bien cada palabra antes de pronunciarla; lo que podía decir para responder a su pregunta, y lo que no debía decir si quería evitar que ella echara a correr despavorida.
Demi se removió incómoda en su butaca.
—Ya.
—Tú sabes de qué va esto. Otra mujer, no, pero tú sí… —añadió, y la miró travieso—. Estábamos a lo que estábamos. Nada más.
—¿Era ella la del jueves?
Joseph frunció el ceño. ¿Sabía que él había estado en Nashville? A Nick no se le podía haber escapado esa información, así que ¿cómo lo había averiguado?
—¿Eso no es mucho preguntar?
Demi soltó una carcajada. El desparpajo de aquel vikingo le gustaba cada vez más.
—Tienes razón. Besarte me dejó un poco alucinada. No me hagas caso….
Y a él.
Cada vez que el recuerdo de aquel momento ardiente regresaba a su mente, tenía que programarse para frenar la sonrisa de satisfacción que forcejeaba por salir, y dejarlo completamente al descubierto. Y lo peor, era que con el recuerdo volvían las sensaciones, arrasando todo vestigio de racionalidad, llevándoselo todo por delante.
El móvil de Demi empezó a sonar, devolviendo a Joseph a la realidad, pero solo durante un instante. Lo bastante como para enterarse de que quien llamaba era Miley. Luego, volvió a dejar la realidad para sumergirse de lleno en sus sensaciones, mucho más intensas después de aquellos besos compartidos.
Era tan hermosa, con esa belleza inapelable, perfecta, que resultaba imposible no fijarse en ella. Era preciosa sin necesidad de esforzarse en parecerlo.
Cuando Demi aparecía en su campo visual, los ojos de Joseph parecían no obedecer instrucción alguna. La seguían, hechizados, recorriéndola una y otra vez, como si nunca tuvieran bastante. Empezaban por donde empezaban casi siempre, por sus ojos claros, y bajaban por cada curva del camino, regocijándose en la visión...
La mayoría de las veces, a mitad de recorrido él se obligaba a dejar de mirar. Otras, como ahora, lo intentaba sin conseguirlo.
De la cintura baja de los pantalones negros asomaba un tanga color fucsia, igual que su jersey. Concentrada en la conversación que mantenía con Miley, Demi se había inclinado hacia delante para apoyar los codos en la barra, y la posición hacía que una parte pequeña de su espalda, apenas visible, entre el borde del jersey y la cintura de los pantalones, quedara expuesta.
Joseph no conseguía apartar los ojos. Su mente no dejaba de mandar mensajeros químicos que se clavaban en el centro de su cuerpo, justo entre las piernas y allí, explotaban peligrosamente.
Peligrosamente para un sitio tan concurrido, un contacto que no debía suceder en público y un corazón que, pese a todo, continuaba teniendo un miedo espantoso a quedar tan expuesto como aquel tanga rosa del que no podía quitar la vista.
Se esforzó por volver a sus ojos, y de ahí, a su boca. Demi reía.
Con todo lo que su belleza exterior lo dejaba grogui, lo verdaderamente importante era otra cosa. No estaba tan colado por ella por nada que pudiera verse. Eso solamente añadía combustible a un fuego que ardía hacía mucho tiempo.

Lo que a Joseph lo enamoraba de verdad, desde que era un crío, era la dulzura espectacular que fluía de ella y lo envolvía todo. Ni dos años hundida en alcohol y rodeada de malas compañías había conseguido alterarla. Estaba en ella aún cuando jugaba a ser la Demi caprichosa y rebelde. Y ahora, desde que había tomado nuevas decisiones y cambiado el rumbo de su vida, empezaba a verse también en sus actitudes; estar con ella era mucho más fácil que antes.

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