sábado, 15 de junio de 2013

Mi Dulce Bombón Capitulo 40



Joseph había hecho mucho más que inspirarla. Le había confirmado que hoy, ahora, lo que necesitaba era precisamente él. Saberlo le había puesto el ánimo por las nubes. También sabía que él, sin embargo, sería cauto. Y eso le gustaba. Aunque no fuera propensa a pararse y pensar, aunque la gente que meditaba mucho las cosas le resultara terriblemente aburrida, Demi tenía claro que hacía falta que alguno de los dos mantuviera la cabeza fría. Y ella, por descontado, no iba a ser.
De camino a los camerinos, firmaba autógrafos a los fans y agradecía felicitaciones como siempre, mientras interiormente no dejaba de preguntarse qué sucedería cuando volvieran a verse las caras.
Joseph iba a querer mantener una conversación seria. Demi estaba segura de ello; él era ese tipo de persona.
Pero cuando abrió la puerta del camerino, él no estaba allí. Tampoco en la limusina que la llevó de regreso al hotel.
Demi sonrió ante sus propios pensamientos.
¿Te he dejado nocaut, guaperas?
♦ ♦ ♦ ♦ ♦
Efectivamente, así había sido. Lo había dejado fuera de combate. Sin embargo, cuando los latidos de su corazón se serenaron y la sangre recuperó temperatura normal, el cerebro de Joseph volvió a hacer lo que estaba programado para hacer.
En un pub cerca del hotel, ante su segundo Chivas Regal servido en un vaso de boca ancha con dos piedras de hielo, Joseph analizó cuidadosamente la situación.
Estaba completamente loco por Demi. Llevaba diez años colado por ella. ¿Qué posibilidades tenían de ser algo más de lo que eran, y que saliera bien? ¿Qué buscaba Demi exactamente con él?
Se sentía como un idiota preguntándose esas cosas, pero si cualquier otra mujer lo hubiera besado, él lo tendría claro. Con Demi, no. Con ella podía significar cualquier cosa. Desde simple coqueteo a “solo sexo”. Y viniendo de aquella mujer le apetecía cualquier opción, pero no todas eran viables. En realidad, solo una lo era; que ella estuviera tan loca por él como él lo estaba por ella. Cualquier otra opción, le haría un daño terrible, uno del que no se recuperaría.
Si se acercaba tanto a ella, si ella al final “cambiaba de marca” como le había visto hacer montones de veces a lo largo de los años… Joseph se había pasado toda la semana desesperado por verla, y evitándola por miedo a perder el control. Y ahora, acababa de caer en la cuenta de que ya no dependía de él. Demi, para variar, había cogido el buey por las astas.
Joseph apuró su whisky y se puso el abrigo.
Había vuelto junto a ella por una razón. Posiblemente, no estuviera preparado para el cambio de tercio que Demi había impuesto al tema, pero su razón, la que lo había hecho regresar junto a ella y aceptar su “nuevo proyecto” continuaba tan viva como el primer día.
♦ ♦ ♦ ♦ ♦
Demi no estaba en su suite, tampoco en la de Sharon así que Joseph se dirigió al lounge del hotel.
Ella, que estaba allí charlando con Harry y Jarvis, el único del grupo que había desistido de hacer un tour de locales por Boston, lo vio antes de que los ojos de Joseph la localizaran, sentada a la barra. Él, para variar, estaba hablando por el móvil y Demi decidió disfrutar de esos segundos de mirar sin ser vista. Él vestía un chaquetón marinero azul, unos elegantes pantalones a juego y calzaba botas cortas negras. El abrigo estaba abierto, lo que permitía ver que debajo llevaba uno de esos jerséis gruesos con motivos alpinos.
La manera en que la atención de los presentes se concentraba en él a medida que avanzaba mostraba claramente que no pasaba desapercibido ni siquiera a los de su mismo sexo. Algo que a Demi no le extrañó en absoluto, ya que en su opinión, Joseph era sencillamente un hombre espectacular.
Fue cuando él se disponía a guardar el móvil tras acabar de hablar, que la vio. No lo pensó dos veces y se dirigió directamente hacia ella al tiempo que desconectaba el aparato; no quería interrupciones.
—¡Joseph! ¿Dónde te habías metido, hombre? —dijo Jarvis, dándole la bienvenida— Trish me tenía asfixiado…
Los ojos de Joseph se detuvieron brevemente en Demi de camino hacia Jarvis.
—¿Por qué te tenía asfixiado? — Joseph palmeó el hombro de Harry ignorando la mirada con mensaje que le devolvió Jarvis a modo de respuesta—. ¿Todo bien?
—Diez puntos —respondió el responsable de seguridad de Demi — ¿Qué bebes?
—Tónica. Gracias —respondió mientras se quitaba el abrigo. Luego, se dirigió a Demi —. Buen concierto. Me gustó.
—¿Buen concierto? —Soltó Jarvis riendo— ¿Pero cómo eres tan tibio, tío? ¡Estuvo descomunal!
—¿A qué sí? —terció Demi, riendo. Miró a Joseph con picardía—. Hoy estaba muy inspirada… No sé, me encanta Boston…
El barman sirvió la tónica y Joseph exhaló un imperceptible suspiro de ansiedad. Había llegado el momento de poner las cartas boca arriba.
—Tenemos que hablar… —dijo echándole una mirada rápida a Demi. Luego, se concentró en coger su tónica y el abrigo, dispuesto a dirigirse hacia alguno de los cómodos sillones que había cerca de los ventanales.
—¿Has pedido hora a mi asistente?
Joseph la miró con un cuarto de sonrisa y no pronunció ni una palabra.
Vale, la cosa no estaba para bromas, pensó Demi, que se apresuró a recoger su copa y despedirse de los demás.
Siguió a Joseph n hasta unos sillones donde ambos tomaron asiento. Demi esperó pacientemente, disfrutando con anticipación de las consecuencias de haberlo puesto en jaque. Disfrutando tanto, que le estaba costando horrores mantener a raya la sonrisa que pugnaba por salir y delatarla.
Joseph se tomó su tiempo antes de empezar, pero cuando lo hizo no se anduvo por las ramas. La miró y disparó a bocajarro:
—¿Movías ficha o solamente liberabas presión?
Demi sonrió. Aquellos preciosos ojos azules la estaban taladrando, como si quisieran escudriñar dentro en busca de la verdad.
—¿Y qué más da?
La mirada de él se volvió mucho más intensa, y su expresión, seria. Demi en cambio, continuó observándolo relajadamente.
—Da más —sentenció él—. Si solamente has quitado el corcho, te diría que nuestro contrato no incluye servicios personales. Pero si has movido ficha... Entonces, voy a querer que me aclares un par de cosas para que yo, a mi vez, pueda aclararte otro para.
Demi se arrellanó en el amplio sillón.
—Soy una mujer y te besé. ¿Necesitas un experto en códigos para entenderlo?
Él continuó mirándola en silencio, expectante. Demi sonrió suavemente, y descodificó el mensaje.
—Me gustas, Joseph. Me pareces un tío espectacular. Y te besé. Esto es lo que hay... ¿Ahora, qué?
Joseph se estremeció. Demi no había quitado el corcho para liberar presión. Había sido un movimiento de ficha en toda regla. Su voz, sin embargo, sonó contenida y segura cuando habló mirándola directamente a los ojos:
—Uno: en público, ni me mires. Dos: esto queda entre tú y yo. Ni una palabra a los chicos del grupo, ni al personal, ni a tu familia ni a la mía. Privado total, ¿está claro?
Demi asintió y bajó la cabeza para esconder la sonrisa tridimensional que lucía en su cara. Se moría de ganas de subir a la mesa y bailar, más feliz que unas pascuas.
Acababa de poner a aquel vikingo exactamente donde quería; a dos besos de su cama.

Demi apuró su tónica sin mirar a Joseph. Tenía que esforzarse para mantener a raya la sonrisa. Después de tantas semanas, le parecía increíble que los dos se encontraran en un tercio diferente. Y además, Joseph no había dicho “ni lo sueñes”. Había puesto sobre la mesa las normas de la casa, lo cual era una forma de darle luz verde. Solo con pensar que él pudiera estar planteándose tener algo más con ella… 

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