sábado, 1 de junio de 2013

Mi Dulce Bombón Capitulo 26



Estaba preciosa. Y mucho más que enojada.
Demi no solamente había vuelto a quitarse de en medio rápidamente en cuanto vio a Joseph aparcar el coche al otro lado del jardín, además ahora ensillaba su caballo dispuesta a irse, otra vez, como si la cosa no fuera con ella.
—Hablemos Demi … —la voz de Joseph sonó suave. A ella le supo a una caricia y eso la hizo rabiar más aún.
—Me parece que no estoy al nivel de los temas que a ti te interesan últimamente —le soltó una mirada cáustica de reojo y montó el caballo—. La alta sociedad me da urticaria y la cirugía plástica no me hace falta… Así que, si te has tomado la molestia de venir para hablar conmigo, espero que no —puntualizó con ironía—, no pierdas más el tiempo.
Joseph cogió las riendas del caballo y la miró con su ternura habitual.
—Desmonta, Demi. Hablemos, nena, por favor. Hablemos de nosotros.
—No hay ningún “nosotros”, Joseph. Entre otras cosas porque te fuiste. , te fuiste. Y porque ahora pareces más ocupado en otros asuntos. Que, por lo visto, te interesan más. Podíamos haber hablado en los CMA —lo miró con los ojos brillantes— peeero preferiste… —meneó la cabeza molesta—. No sé qué me cabrea más, Joseph, si que me esquivaras, o que prefirieras aparecer en las fotos con una jodida muñequita de quirófano como esa…
—Vivo deseando volver contigo desde que me fui, Demi. No me hallo en Nashville. No me hallo… — Joseph suspiró con resignación— haciendo otras cosas que las tuyas. Pero lo he pasado fatal estos dos últimos años, estoy dolido y no quería ponértelo tan fácil —extendió la mano para ayudarla a desmontar y le habló con tanta firmeza como dulzura—. Desmonta. Por favor.
Demi lo miró de reojo brevemente, y apartó la vista considerando su siguiente paso.
Desde que habían vuelto a verse en el club de Nashville, le costaba hasta sostenerle la mirada.
Aquellos ojos la traspasaban de tal manera que tenía la sensación de que podían mirar dentro de ella, y saber exactamente lo que le pasaba y cuánto la afectaba.
Y además, él estaba allí, a dos metros, con su ternura de siempre. Estaba allí, así que ella le importaba. De alguna manera, aunque fuera por los años que llevaban juntos, le importaba.
Demi ignoró la mano extendida, y desmontó. Volvió a encerrar al caballo y empezó a andar hacia el camino. Joseph la siguió.
Anduvieron en silencio un buen rato, uno junto al otro.
—¿Quieres volver a encargarte de mis asuntos? —preguntó ella, al fin.
Joseph la miró. Con su expresión de diva enfurruñada y su tono fingidamente indiferente, era como una niña. Su niña.
—Tanto como tú, sí.
Demi continuó andando en silencio.
—¿Y tu barbi de apellido ilustre? —dijo al rato.
Joseph sonrió para sus adentros.
—Nuestro acuerdo comercial no incluye que mis amigas tengan que gustarte.
No me digas... Demi paró en seco y le plantó cara.
—Tampoco que pudieras echar a los míos a patadas de mi suite, y ya ves.
Asunto J.T., otra vez.
—Suerte tuvo de que solamente lo echara, guapa. La próxima vez que lo encuentre en tu suite —la miró completamente serio y rectificó—, a ese gilipollas o a cualquier otro, lo van a juntar con cuchara ¿está claro?
—No te metas en mi vida privada —espetó ella.
Era lo que le decía su voz y también su actitud, pero a Joseph le dio igual. Si volvían juntos, él iba a ir a por todas. Y eso incluía su vida privada, especialmente.
—Me voy a meter en todas tus cosas, Demi. En todas. O lo tomas o lo dejas —pero al notar que la mirada femenina se encendía de rabia, Joseph suavizó sus palabras—. No hace falta que te los lleves a los hoteles donde todo el mundo, empezando por la prensa, sabe que te alojas. Aprende a ser discreta.
—No me llames Demetria—dijo ella, a modo de respuesta—. Y no quiero toparme con esa muestra de silicona andante. Fóllatela en Marte. Donde yo esté, no.
Demi permaneció donde estaba, mirándolo a los ojos con actitud desafiante hasta que él, finalmente, asintió. Ella hizo lo mismo y a continuación, reanudó la marcha.
En un segundo empezó a sentirse liviana como una pluma y tomó conciencia de que casi podía oír cómo cada músculo de su cuerpo se relajaba. Y también podía oír su propio corazón: latía al mismo ritmo, pero mucho más fuerte. Retumbaba en su interior.
Y todo eso, solamente por saber que él volvía a estar en su vida… Se preguntó si Joseph sentiría lo mismo, si para él aquellos meses habían sido tan raros como para ella. No tenía la menor idea y tampoco podía preguntárselo, de modo que continuó andando en silencio.
Aunque Joseph sentía muchas más cosas, solo pensaba en una. Un pensamiento —más bien una decisión—, que acabó de tomar forma cuando ella le confirmó, sin decirlo, que sentía celos.
Vas a ser mía.
♦ ♦ ♦ ♦ ♦
Volver a estar entre los Brady era algo que Joseph echaba muchísimo de menos. Lo comprendió al instante de poner un pie en la casa, devuelta del paseo con Demi. Siempre se había sentido cómodo entre aquella gente, como si fuera parte de ellos. Y era mutuo: Mark y Miley habían tardado cinco minutos en aparecer al enterarse que Joseph había vuelto a casa y aunque rápidamente volvieron a sus faenas, dejaron en el aire el plan para después de cenar: partida de billar en el Beer&Wine.

Eileen no dejaba de hacerle carantoñas cada vez que pasaba por su lado y volvía tomar consciencia de Joseph estaba de nuevo sentado a su mesa. John lo miraba con su sonrisa suave, y sus ojos de mirada tierna le recordaban una conversación de “hombre a hombre” que habían mantenido hacía años, cuando Joseph no era más que un chaval. 

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