—¡Ya somos
familia numerosa otra vez! —Exclamó Demi con una sonrisa inmensa después de
dejar el móvil sobre la barra—. Desde esta mañana somos dos más…
—¿Mark se
está estrenando como padre de acogida?
—Sí. Hoy a
media mañana lo llamaron de urgencia para pedirle que se hiciera cargo de dos hermanitos.
No tienen madre y el padre está en la cárcel. Vivían con la abuela, pero a la
pobre mujer le dio un ataque… — Demi suspiró—. Vaya historia… pobres críos…
—Bueno,
ahora están con los Brady, así que su historia ha pasado de mala a fenomenal.
Demi sonrió.
Lo miró con ternura.
—Me muero de
ganas de ir a casa… ¿A qué hora nos vamos mañana? Me gustaría comprarles algo
antes de embarcar…
—El vuelo
sale antes del mediodía, a las once y pico.
La vio
asentir sonriendo y luego titubear.
—¿Y tú?
¿Vienes, o estás de viaje?
—Estoy de
viaje, pero voy —replicó él, divertido. No quería ponerse serio. Esos viajes
eran necesarios aunque a él se le hicieran eternos.
Demi lo miró
interrogante.
—Estaré en
Camden un par de días —aclaró él—. El martes salgo de viaje.
Ella
asintió.
—¿Hasta
cuándo? —añadió al cabo de un rato, sin mirarlo.
Pero
entonces, el móvil de Demi volvió a sonar. La vio mirar la pequeña pantalla y
esta vez, no hubo sonrisas. Algo hizo que él siguiera atento a cada palabra que
ella decía.
—Sí… Tienes
razón. Surgió un imprevisto y se me olvidó completamente… — Demi calló de
repente.
Obviamente,
del otro lado de la línea acababan de tomar la palabra y no la soltaban.
Dios… ¿Era
verdad? ¿Habías quedado?
Joseph la
miraba con incredulidad. Pero Demi volvió a hablar y él se obligó a
concentrarse en lo que ella decía.
—Oye… Lo
lamento. He tenido un día durísimo y se me pasó…
Demi volvió
a callar, y a escuchar.
Joseph tensó
las mandíbulas. De modo que mientras él se moría por diez minutos a solas con
ella...
Joder, Demi.
—Lo lamento.
¿Qué quieres, Pete? ¿Qué me flagele con un látigo de siete puntas?
Otra vez la
interrumpían.
¿”Pete”? ¿Y quién es Pete?
—Voy a
cortar —dijo Demi de muy mal humor—. Cuando pueda te llamo. Cuídate.
La vio
volver a dejar el móvil con evidente incomodidad. Luego, ella apuró su tónica.
Él respiró
hondo.
Vale Joseph.
Tranquilo, tío.
—¿Lo
conozco? —preguntó él, seductor.
Demi ocultó
detrás de una sonrisa pícara, la sorpresa que le produjo que él hiciera
semejante pregunta.
—¿Por qué
quieres saberlo? —replicó, y apartó la mirada rápidamente para ponerla en el
barman al que acababa de hacer señas para que se acercara—. ¿Quieres otro bourbon?
Joseph negó
con la cabeza y continuó estudiándola. Ella hablaba con el barman, le pedía
otra tónica y parecía tan normal…
—Me gusta
saber con quién compito —respondió Joseph al fin, y disfrutó del panorama.
La vio
quedarse cortada un momento, luego erguirse en un gesto muy característico de
los Brady y volver la cabeza para mirarlo.
—¿Crees que
esto es una competición? —dijo Demi. Él asintió masculino; ella sonrió con
ironía—. ¡Venga ya, Joseph, por favor…! No hay competición porque no hay nada
que ganar, ¿sabes? No vas a quedarte con la chica. Y él tampoco. La chica
solamente se divierte, nada más.
Joseph la
miró con ternura.
—¿En serio?
Demi
asintió, mantuvo la mirada.
—¿En serio?
—repitió, divertido. Ella volvió a asentir. Entonces, Joseph se acercó un poco
a ella y le habló bajito—. Piénsalo mejor, Demi.
Al oírlo, la
imagen de la muñequita de quirófano
regresó a su mente, disparando unos celos insoportables. Los mismos de la noche
de la entrega de premios. Se preguntó que pasaría si él y aquella barbi… Y no fue capaz de completar la
frase en su mente.
Como si le
hubiera leído el pensamiento, Joseph asintió varias veces con la cabeza.
—Ni te
interesan ni te apetecen. Hoy por hoy, nos interesa esto. Podemos aceptarlo sin
más y vivirlo a tope… O jugar a las escondidas. Pon tú las reglas. Mientras
sean equitativas, para mí estarán bien.
Demi bebió
un sorbo de su bebida, ganando tiempo para responder.
Joseph aprovechó
el momento para volver a la carga con cara de niño que no ha roto un plato.
—Voy a ser
buenísimo. Voy a descubrir una carta y dejar que la veas —empezó él,
imitándola. Ella le regaló una mirada burlona—. Seguiré aquí, Demi. Pase lo que
pase entre nosotros, pase lo que pase con “ellos” y “ellas”… Voy a seguir aquí,
contigo.
Debía
resultarle amenazador. A la Demi de otras épocas le habría disparado todas las
alarmas. A esta, curiosamente, le resultó un alivio. Tuvo la impresión de que,
por primera vez en toda su vida, algo, fuera del rancho Brady, era estable,
firme. No dependía de las circunstancias ni de los estados de ánimo, ni de los
errores que pudiera cometer. Era seguro y permanente como el afecto de sus
padres, de sus hermanos, deMiley.
—No era hoy
—dijo ella al cabo de unos instantes.
—¿Qué no era
hoy?
—La cita — Demi
respiró hondo, y lo miró—. Era ayer.
El corazón
de Joseph latía tan fuerte que, instintivamente, se apartó un poco. Tenía la
sensación de que de otro modo, ella lo oiría retumbar.
—¿Mentiste?
—preguntó él, empezando a sonreír.
Demi se puso
roja y miró a otra parte.
—Mentiste —repitió Joseph con una sonrisa
que no le entraba en la cara.
Demi esbozó
una sonrisa incómoda. Las mejillas le ardían.
—Estuvo a
punto de colar… ¿O no?
Joseph negó
con la cabeza. Ya no había sonrisas y si las miradas pudieran derretir, los dos
serían historia.
—Quiero más
—dijo él en un murmullo.
Pensó que
ella acortaría distancias, a pesar de que era una muy mala idea. O que, como
mínimo, intentaría tocarlo. Una caricia discreta y corta en la mano, así como
quien no quiere la cosa, al tiempo que soltaba alguna puya y reía con aquellas
carcajadas contagiosas que tenía.
Pero no
ocurrió nada de eso.
La vio
respirar hondo tras el primer momento de sorpresa y volver la cara, con las
mejillas rojas y los ojos brillantes, como si algo hubiera atraído su atención
justo al otro lado del local.
Joseph tragó
saliva y aguantó el tirón.
Recordaba
aquellos signos físicos... Esa forma de apartar la vista para no sentirse
descubierta.
Aunque hacía
más de diez años desde la última vez, los recordaba muy bien.

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