viernes, 21 de junio de 2013

Mi Dulce Bombón Capitulo 44



—¡Ya somos familia numerosa otra vez! —Exclamó Demi con una sonrisa inmensa después de dejar el móvil sobre la barra—. Desde esta mañana somos dos más…
—¿Mark se está estrenando como padre de acogida?
—Sí. Hoy a media mañana lo llamaron de urgencia para pedirle que se hiciera cargo de dos hermanitos. No tienen madre y el padre está en la cárcel. Vivían con la abuela, pero a la pobre mujer le dio un ataque… — Demi suspiró—. Vaya historia… pobres críos…
—Bueno, ahora están con los Brady, así que su historia ha pasado de mala a fenomenal.
Demi sonrió. Lo miró con ternura.
—Me muero de ganas de ir a casa… ¿A qué hora nos vamos mañana? Me gustaría comprarles algo antes de embarcar…
—El vuelo sale antes del mediodía, a las once y pico.
La vio asentir sonriendo y luego titubear.
—¿Y tú? ¿Vienes, o estás de viaje?
—Estoy de viaje, pero voy —replicó él, divertido. No quería ponerse serio. Esos viajes eran necesarios aunque a él se le hicieran eternos.
Demi lo miró interrogante.
—Estaré en Camden un par de días —aclaró él—. El martes salgo de viaje.
Ella asintió.
—¿Hasta cuándo? —añadió al cabo de un rato, sin mirarlo.
Pero entonces, el móvil de Demi volvió a sonar. La vio mirar la pequeña pantalla y esta vez, no hubo sonrisas. Algo hizo que él siguiera atento a cada palabra que ella decía.
—Sí… Tienes razón. Surgió un imprevisto y se me olvidó completamente… — Demi calló de repente.
Obviamente, del otro lado de la línea acababan de tomar la palabra y no la soltaban.
Dios… ¿Era verdad? ¿Habías quedado?
Joseph la miraba con incredulidad. Pero Demi volvió a hablar y él se obligó a concentrarse en lo que ella decía.
—Oye… Lo lamento. He tenido un día durísimo y se me pasó…
Demi volvió a callar, y a escuchar.
Joseph tensó las mandíbulas. De modo que mientras él se moría por diez minutos a solas con ella...
Joder, Demi.
—Lo lamento. ¿Qué quieres, Pete? ¿Qué me flagele con un látigo de siete puntas?
Otra vez la interrumpían.
¿”Pete”? ¿Y quién es Pete?
—Voy a cortar —dijo Demi de muy mal humor—. Cuando pueda te llamo. Cuídate.
La vio volver a dejar el móvil con evidente incomodidad. Luego, ella apuró su tónica.
Él respiró hondo.
Vale Joseph. Tranquilo, tío.
—¿Lo conozco? —preguntó él, seductor.
Demi ocultó detrás de una sonrisa pícara, la sorpresa que le produjo que él hiciera semejante pregunta.
—¿Por qué quieres saberlo? —replicó, y apartó la mirada rápidamente para ponerla en el barman al que acababa de hacer señas para que se acercara—. ¿Quieres otro bourbon?
Joseph negó con la cabeza y continuó estudiándola. Ella hablaba con el barman, le pedía otra tónica y parecía tan normal…
—Me gusta saber con quién compito —respondió Joseph al fin, y disfrutó del panorama.
La vio quedarse cortada un momento, luego erguirse en un gesto muy característico de los Brady y volver la cabeza para mirarlo.
—¿Crees que esto es una competición? —dijo Demi. Él asintió masculino; ella sonrió con ironía—. ¡Venga ya, Joseph, por favor…! No hay competición porque no hay nada que ganar, ¿sabes? No vas a quedarte con la chica. Y él tampoco. La chica solamente se divierte, nada más.
Joseph la miró con ternura.
—¿En serio?
Demi asintió, mantuvo la mirada.
—¿En serio? —repitió, divertido. Ella volvió a asentir. Entonces, Joseph se acercó un poco a ella y le habló bajito—. Piénsalo mejor, Demi.
Al oírlo, la imagen de la muñequita de quirófano regresó a su mente, disparando unos celos insoportables. Los mismos de la noche de la entrega de premios. Se preguntó que pasaría si él y aquella barbi… Y no fue capaz de completar la frase en su mente.
Como si le hubiera leído el pensamiento, Joseph asintió varias veces con la cabeza.
—Ni te interesan ni te apetecen. Hoy por hoy, nos interesa esto. Podemos aceptarlo sin más y vivirlo a tope… O jugar a las escondidas. Pon tú las reglas. Mientras sean equitativas, para mí estarán bien.
Demi bebió un sorbo de su bebida, ganando tiempo para responder.
Joseph aprovechó el momento para volver a la carga con cara de niño que no ha roto un plato.
—Voy a ser buenísimo. Voy a descubrir una carta y dejar que la veas —empezó él, imitándola. Ella le regaló una mirada burlona—. Seguiré aquí, Demi. Pase lo que pase entre nosotros, pase lo que pase con “ellos” y “ellas”… Voy a seguir aquí, contigo.
Debía resultarle amenazador. A la Demi de otras épocas le habría disparado todas las alarmas. A esta, curiosamente, le resultó un alivio. Tuvo la impresión de que, por primera vez en toda su vida, algo, fuera del rancho Brady, era estable, firme. No dependía de las circunstancias ni de los estados de ánimo, ni de los errores que pudiera cometer. Era seguro y permanente como el afecto de sus padres, de sus hermanos, deMiley.
—No era hoy —dijo ella al cabo de unos instantes.
—¿Qué no era hoy?
—La cita — Demi respiró hondo, y lo miró—. Era ayer.
El corazón de Joseph latía tan fuerte que, instintivamente, se apartó un poco. Tenía la sensación de que de otro modo, ella lo oiría retumbar.
—¿Mentiste? —preguntó él, empezando a sonreír.
Demi se puso roja y miró a otra parte.
Mentiste —repitió Joseph con una sonrisa que no le entraba en la cara.
Demi esbozó una sonrisa incómoda. Las mejillas le ardían.
—Estuvo a punto de colar… ¿O no?
Joseph negó con la cabeza. Ya no había sonrisas y si las miradas pudieran derretir, los dos serían historia.
—Quiero más —dijo él en un murmullo.
Pensó que ella acortaría distancias, a pesar de que era una muy mala idea. O que, como mínimo, intentaría tocarlo. Una caricia discreta y corta en la mano, así como quien no quiere la cosa, al tiempo que soltaba alguna puya y reía con aquellas carcajadas contagiosas que tenía.
Pero no ocurrió nada de eso.
La vio respirar hondo tras el primer momento de sorpresa y volver la cara, con las mejillas rojas y los ojos brillantes, como si algo hubiera atraído su atención justo al otro lado del local.
Joseph tragó saliva y aguantó el tirón.
Recordaba aquellos signos físicos... Esa forma de apartar la vista para no sentirse descubierta.

Aunque hacía más de diez años desde la última vez, los recordaba muy bien.

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