martes, 25 de junio de 2013

Mi Dulce Bombón Capitulo 51



Para empezar le aclaraban una duda: su familia sabía lo que había entre Joseph y ella, porque si Mark afirmaba que “estaban enrollados”, era porque todos los Brady lo tenían tan claro como su hermano. Lo que de por sí, era toda una afirmación. 
Que ella estuviera “enrollada” con alguien, lo era. Ni hablar de que ese alguien fuera Joseph. Sobre la cuestión de que el vikingo lograra llevarse el gato al agua, bueno, eso eran palabras mayores. El gato era ella, Demi Brady. 
Y si Mark, tan famoso por su claridad mental como por su sinceridad escandalosa, había dicho que la mano la ganaba Joseph, era que la ganaba.
Demi no sabía qué era exactamente aquello que sentía ni cuánto duraría, pero eso, lo que fuera, resultaba evidente para todos ellos. Por primera vez en su vida, lo que sentía, la ponía a merced de un hombre, de aquel hombre. Era así. Y no podía evitarlo.
Pero no tenía por qué darse por aludida.
—Decir que estamos enrollados es muchísimo decir, ¿no crees? Yo no “me enrollo”, solo “me divierto”. Y lo de llevarse el gato al agua... — Demi sonrió divertida—. Antes te enlazan a ti que a mí, guapo.
Mark rió de buena gana.
—¿A mí? Mira, no te ofendas, pero es mucho más fácil que un tío te enamore, que aparezca una mujer capaz de pasar mi prueba del algodón... ¿Cuántas treintañeras conoces que sean inteligentes, femeninas y que lo que les interese en la vida sea ejercer de esposa y madre?
—Ninguna —concedió Demi, riendo—. Eso no es de este siglo, chaval.
Mark asintió varias veces con la cabeza.
—Lo que yo digo. La diferencia entre tú y yo, pimpollo, es que yo no voy a firmar por menos de lo que quiero. Y no hay amor que valga.
—¿Apuestas algo? — Demi lo miró desafiante.
Mark frunció el ceño.
—¿Lo dices en serio?
—Claro. Pon tú la cifra, yo la doblo.
Él meneó la cabeza divertido.
—Vas a perder, Demi, pero si tú quieres... Cien pavos a que te enlazan antes... —hizo una pausa—. No, mejor vamos a dejarlo bien claro. Por enlazar quiero decir casar — Demi soltó la risa. ¿Boda? Estaba loco—. Nada de andarnos por las ramas... 
Cien pavos a que tú te casas primero, ricura... Bueno, primero y último, porque si cuando estaba solo ya era difícil, ahora que traigo a dos morenitos de acogida bajo el brazo... En fin, ya me entiendes.
Demi siguió riendo un buen rato bajo la mirada divertida de Mark. Se había tentado de la risa. Pensar en cualquiera de los tres hermanos Brady casados le parecía un chiste. 
Mark porque era demasiado exigente y ninguna mujer parecía dar la talla. Nick porque aunque llevaba loco por la misma mujer desde antes de que le saliera el bigote, era demasiado vanidoso para admitirse vulnerable y la mujer por la que estaba loco, demasiado importante para la familia como para que él se animara a considerar siquiera la posibilidad. 
Y ella, Demi... Nunca se había enamorado. Nunca había tenido un novio, un noviete de instituto, nada... Llevaba la friolera de cinco días saliendo con Joseph, y todavía no se sentía capaz de admitirlo ante sí misma.
Pero de los tres hermanos, del único para el que casarse formaba parte del plan, era Mark. Era su visión de la vida; casarse con “una mujer de las de verdad”, formar una familia, tener hijos y seguir los pasos de su padre. Si había algún Brady para quien casarse fuera una posibilidad, sin duda, era Mark.
—Doscientos pavos a que te casan a ti primero.
Mark asintió sonriendo y chocó los cinco con ella.
—Hecho, preciosa. Vas a perder. Ya lo sabes, ¿no?
—¿Yo? —Rió Demi —. vas a perder doscientos pavos…
Mark negó con la cabeza.
—Sí —insistió ella—. Los vas a perder. Y yo me voy a reír en tus narices.
Mark le guiñó un ojo y volvió a saltar la alambrada en dirección al predio donde los dos niños estaban acabando con los nervios de ambos, caballo e instructora.
Estaba encantado. Tenía dos niños fenomenales en su vida y doscientos pavos fáciles en camino. Porque dijera lo que dijera su hermana, el vikingo se estaba llevando el gato al agua con un arte digno de quitarse el sombrero.
Debería triplicar la apuesta, pensó.
No podía perderla

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