Y ahora
sentados en el salón señorial, decorado predominantemente en color habano, con
un café delante y la mejor tarta casera de queso y moras del país, John se
dedicaba a ponerlo al día de las últimas novedades: Mark Brady y su nuevo
estatus de padre de acogida.
—Está
ilusionado. Y ansioso. Intenta disimularlo, ya sabes, pero la procesión va por
dentro.
—Lo que
tendría que hacer es buscarse una mujer y formar una familia, la suya propia.
Ella había
hablado, sí, pero lo dicho no sonaba nada a Demi y eso era lo que expresaba la
mirada de todos.
—¿Qué
miráis? No estoy hablando de mí, hablo de Mark. El más formal, tradicional y
conservador de los Brady. Es lo que le va —dijo sonriendo incrédula—, y ya es
mucho pedirle a cualquier mujer que lo aguante tal cual es, si además quien sea
tiene que asumir niños de acogida…
John siguió
a lo que estaba igual que Joseph. Eileen, no.
—No es lo
que “le va”, cariño, es lo que es —la
voz de Eileen sonó tan tierna como la forma en que tomó la mano de Demi y la
sostuvo entre las suyas—. Es su camino en esta vida y él lo acepta sin más. Y
ahora que Joseph está aquí, es hora de pensar en reanudar el tuyo. Detenerse a
descansar, estuvo bien. Tenerte en casa como antes, mejor que bien… —acarició
la barbilla de su hija con cariño—, pero tu camino no está aquí, y tú lo sabes…
Demi asintió
con la cabeza varias veces. Había pensando mucho en eso, en su camino, en cómo
quería las cosas y cómo ya no las quería, pero no se sentía capaz de plantearse
volver a empezar sin Joseph. Desde hacía una hora, él estaba otra vez en su
vida, así que su madre tenía razón.
—Me parece
que vamos a tener que volver a negociar nuestro acuerdo comercial… —dijo Demi.
Volvió la cara para mirar a Joseph que sentado a su lado la miraba atentamente,
y sonrió con picardía—. Vas a trabajar más, pero vas a ganar menos.
—Te quiero,
pero no para tanto —contestó él, sonriendo divertido. Y sonreía para evitar que
se notara que mentía. La quería para tanto y para más; había vuelto para
quedarse, al precio que fuera.
—Igual
consigo seducirte con mi proyecto nuevo…
Demi lo
picaba. Joseph sonreía y la miraba con su mirada dulce de siempre. John volvió
la vista a su café. Sabía desde hacía años, que a su hija no le hacía falta
seducirlo en absoluto.
—¿Qué
propones? —preguntó Joseph, al tiempo que se ponía cómodo contra el respaldo de
su silla y se cruzaba de brazos.
—Festivales
regionales. Ciudades más pequeñas. Actuaciones especiales para mis fans en sus
estados, que no tengan que viajar cientos de kilómetros para verme… Y —respiró
hondo y lo miró con decisión— apoyar causas sociales. Proyectos de mujeres y
sus hijos, proyectos de educación…
John sonrió
de oreja a oreja, igual que Eileen. Joseph se incorporó en su silla e intentó
sopesar esas propuestas que no le sonaban nada a la mujer de los últimos años.
Solamente la idea de que Demi Brady, la estrella, pudiera haberse evaporado en
algún punto de los últimos meses y su Demi, su amor de siempre, hubiera vuelto,
lo ponía como un flan.
—A ver, Demi
—empezó Joseph. Su tono de voz era serio a pesar de que la expresión de su
rostro y su mirada continuaban siendo tiernos—, festivales regionales: unos
cuantos no pueden pagar tu caché. Y si has pensado en bajarlo, olvídalo. Ni
hablar.
Ciudades más pequeñas: ¿podrás vender suficientes entradas como para
que sea rentable? Habrá que verlo, pero a cien pavos la localidad más barata me
parece que no… Y hay otras dos cuestiones: uno, a la discográfica no le
interesan las ciudades más pequeñas, así que suponiendo que todo fuera sobre
ruedas, serían las ciudades más pequeñas y
las grandes.
Dos, a las ciudades más pequeñas se va por carretera. ¿Quieres
volver a montarte a un bus? Actuaciones especiales para fans en sus estados:
hay cincuenta estados en la Unión ¿sabes? Suma y sigue. La que actúas eres tú,
pero me parece una locura de agenda — Joseph suspiró—.
Y lo de las causas
sociales… Te puede abrir muchas puertas y te puede cerrar otras. No sé… Si
quieres saber mi parecer, eres artista. Ese es tu trabajo. Yo dejaría las
causas sociales para los activistas y los políticos.
Demi se
inclinó hacia delante, descansó los codos en la mesa. Cuando volvió a mirarlo, Joseph
supo que estaba a punto de escuchar lo que ella había decidido que sucedería en
los próximos meses. Sonrió, no pudo evitarlo, y se preparó para aguantar el
chaparrón.

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