sábado, 1 de junio de 2013

Mi Dulce Bombón Capitulo 28



—No voy a bajar mi caché. Ofréceles en cláusula privada que donaré el veinte por ciento a causas sociales que estén promoviendo en la región. Yo diré cuáles. Tú me dirás quiénes son y qué harán con mi dinero. Que baje el precio de las entradas a mis conciertos. Promocióname.
 Que se llene. Consígueme patrocinadores que sufraguen el resto. Si apoyar causas que mejoren la vida de las personas me cierra puertas, bien cerradas estarán. Son puertas que no me interesa tener en mi vida, ni abiertas ni cerradas —hizo una pausa y pensó en cómo decir lo que iba a decir—. 
La que actúa soy yo, sí. Y va a ser duro, por eso solamente puedes ser tú, ¿entiendes? Me conoces, Joseph. Sabes los qué, cuándo y cómo de mí, mejor que yo misma. Si tú me prometes que vas a estar conmigo en cada parada del bus, en cada concierto, en cada feria… Yo te prometo que me voy a mantener de una pieza. Esta vez, no voy a fallarte.
Joseph tragó saliva con disimulo, y apartó la mirada. Eran demasiadas emociones para un mismo día. Realmente, no había esperado algo así de ella. Estaba tan impresionado como bloqueado. Ahora todo era distinto. Ella empezaba a ser otra Demi. 
Y él ya no era solo su mánager; quería ser su hombre. Así que necesitaba tiempo para analizar la situación, y jugar bien sus cartas.
Cuando volvió a mirarla apurando los últimos segundos que le dieran la forma de salir del paso y no responder inmediatamente, su móvil sonó.
Habría podido decir que acababa de salvarlo la campana, pero no le dio tiempo ni a completar el pensamiento. En la pequeña pantalla parpadeaba un nombre; “Tyler”.
O como Demi la llamaba, “su muñequita de quirófano”.
Atendió con la vista fija en la mesa e intentó ser breve.
—Ahora no puedo. Te llamo luego.
Demi se concentró en su café. No le hacía falta preguntar para saber quién era. ¿Quién otro podía ser para que Joseph se hubiera vuelto telegráfico y tenso en un segundo?
Cuando lo vio ponerse de pie, con el móvil pegado a la oreja, decir a todos un “disculpad” y dirigirse al porche, ella tuvo claro que no se había equivocado. Era su barbi rellena de silicona.
¿Qué le veía? ¿Cómo podía sentirse atraído por una cosa así? Desde los CMA se devanaba el seso intentando entender qué narices le veía a aquella mujer. Como no fuera el apellido ilustre… Pero Joseph no era de esa clase de hombres, de los que iban por interés.
¿O sí?
♦ ♦ ♦ ♦ ♦
La llamada de Tyler le había dado a Joseph el tiempo que necesitaba para salvar el momento y pensar su siguiente paso, pero ella empezaba a resultar cargante.
Podías haberme dicho que no estarías en la ciudad este finde. Contaba contigo…
Ya. Para alguna de sus fiestas privadas llenas de tipos estirados y señoras tan glamurosas como mortalmente aburridas.
Sonríe, Joseph.
—¿Me perdonas? Fue un imprevisto.
En la cocina, Demi acababa de abrir sigilosamente la ventana. Necesitaba saber y no podía preguntárselo a él, ya que no podía explicarle por qué quería saber algo tan personal. 
Ni siquiera ella misma entendía lo que le pasaba, como para explicarlo... Además, lo último que haría en la vida sería dejarle ver a Joseph que él le importaba. Eso, ni loca.
¿Un imprevisto en Camden? —la voz de Tyler sonó exactamente a lo que estaba pensando—. ¿Qué ha sucedido? ¿La princesa Demi se quebró una uña y su nueva mánager no sabe qué hacer?  
Joseph meneó la cabeza divertido. Se odiaban mutuamente. De Tyler podía entenderlo. Después de todo, era hija de uno de los hombres más influyentes del país; no estaba acostumbrada a que la gente le hiciera el vacío. Y Demi, tan pronto la había visto de su brazo en los CMA, se había dado media vuelta sin mostrar el menor interés por entablar conversación con ella. De Demi, también podía entenderlo.
Si admitía el factor celos.
Y tratándose de Demi, era todo un factor. Especialmente, si el hombre en cuestión era él. Se derretía. Cada vez que pensaba que Demi tenía celos de Tyler, el corazón empezaba a darle brincos en el pecho porque aunque con Demi eso no significara necesariamente amor, era mucho más de lo que jamás había tenido de ella. Y muchísimo más de lo que había esperado tener algún día.
Joseph rió para evitar responder.
—Oye… Me están esperando, tengo que dejarte. Te llamo más tarde, ¿ok?
¿Vas a volver con ella?
Su intento no había funcionado. Joseph respiró hondo y se apoyó contra la barandilla.
—Es posible, no lo sé —admitió, al fin—. Me ha propuesto un proyecto nuevo y tengo que estudiarlo. No sé si es viable. Mira, he de cortar... El lunes voy a buscarte, cenamos por ahí y hablamos, ¿te parece bien?

Los hombres sois muy tontos… —la escuchó decir con su tono de niña de alta sociedad—. Eres bueno en lo tuyo y yo soy Tyler Bradford. No hay ninguna puerta que yo no pueda abrir. ¿Te imaginas todo lo que podrías conseguir?  

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