sábado, 25 de mayo de 2013

Mi Dulce Bombón Capitulo 20




Un espectáculo tan digno de ver como la expresión en la cara de Demi cuando, a medida que se iba acercando a la barra, tomaba conciencia de que el que estaba allí, de pie, mirándola, era su ex mánager.
Los ojos de Joseph brillaban, y a Miley le cuadraba: estaba enamorado de Demi, algo tan evidente que no acababa de entender cómo era que su amiga no se había dado cuenta.
Lo que a Miley ya no le cuadraba tanto era el brillo de los ojos de Demi. Y la reacción de apartarlos un instante y mirar a otra parte, como si no pudiera mantener la mirada, le cuadraba menos aún.
Pero Demi ya estaba junto a ellos, sonriendo, con aspecto bastante recuperado.
—Hola, Joseph … ¡Qué sorpresa! —dijo, acercándose a él para darle un beso en la mejilla.
—Hola, nena, me alegro de verte —él le devolvió el beso.
Aunque algo tensa, Joseph había iniciado una conversación sobre “lo que no había que perderse de Nashville”, que Demi seguía con total atención como si estuviera oyendo un mensaje del Más Allá. Nick añadía sus opiniones y sus comentarios pícaros de siempre. 
Y Miley disfrutaba del gusto de volver a tener reunidos en un mismo lugar y momento a tres de las seis personas que más quería en el mundo. E intentaba recordar cuándo había sido la última vez que había ocurrido. Sin éxito. Hacía mucho, muchísimo tiempo de la última vez. Demasiado.
—¿Estás contenta?
Miley volvió a la realidad y miró a Nick. Él sonreía.
Estoy feliz.
Nick la abrazó por el cuello y la atrajo hacia él con una sonrisa inmensa.
—Eres alucinante.
—No lo puedo evitar —dijo ella acomodándose mejor en el taburete una vez que Nick la hubo soltado—. Daría cualquier cosa por volver el tiempo atrás y recuperar esos fines de semana familiares en el río… ¡Qué bien lo pasábamos!
“Mejor que bien”, pensó Nick. Pero no quería traer esas imágenes a su mente ahora. Tenía a su hermana y a sus dos mejores amigos allí, y lo que deseaba era disfrutarlos.
—¿Qué te parece si desaparecemos en la pista de baile un rato y los dejamos que aclaren sus asuntos?
Miley sonrió de oreja a oreja, movió la cejas sensualmente.
Guau… Sí, por favor.
♦ ♦ ♦ ♦ ♦
Los primeros minutos fueron algo tensos. Demi sabía que era la ocasión de decir lo que quería decirle, pero aunque secretamente había deseado poder verlo en Nashville, realmente no había contado con eso. Así que verlo allí era, en cierto modo, inesperado; no sabía por dónde empezar.
Y además, se sentía rara. Si había algo que siempre le había resultado fácil era, precisamente, hablar con Joseph. Pero ahora, por alguna razón, se sentía nerviosa. Su presencia la ponía nerviosa.
—¿Qué tal te van las cosas? —preguntó él, rompiendo el hielo con su tono gentil y su mirada dulce.
—Bien… Hasta engordé tres kilos… — Demi sonrió con un punto de timidez y bebió un trago de su tónica—. Lo que los abrazos de los Brady y las tartas de cerezas de mi madre no consigan…
Joseph rió al recordar los atracones que se daba de niño en casa de Demi.
—Ya… Las tartas de tu madre son tremendas; cuando empiezas no puedes parar… ¿Sigue haciendo esas de queso y... eran moras?
—Sí, señor. Y me parece que ahora son mucho más ricas que antes… O será mi ataque de mamitis, no sé, me saben a gloria, la verdad…
—¿Y en lo profesional?
—He hecho un alto en el camino —admitió ella, seleccionando cuidadosamente las palabras mientras jugueteaba con su vaso sin mirarlo—. No me gustaba mi vida… esa vida. Así que decidí tomarme algún tiempo y pensar cómo quiero encarar el futuro…
Joseph bebió un trago de su bourbon sin hacer comentarios.
—Es curioso como a veces las cosas se tuercen y casi sin darte cuenta, te encuentras metido hasta el cuello en una especie de…. — Demi respiró hondo—, no sé… de realidad paralela. Y no tienes ni idea de cómo has llegado hasta allí… Fue volver a pisar el rancho y darme cuenta de que, en el fondo, nunca quise vivir en otra parte —lo miró brevemente—.
 He puesto en venta mi piso de la ciudad. Sea lo que sea que haga con mi vida, será en mi casa, con mi familia… Me quitaré los kilos de más sudando en el gimnasio, pero de mi casa no vuelvo a irme…
Joseph continuó mirándola. Estaba preciosa, como siempre.
Más que siempre.
Llevaba casi tres meses en Nashville, tenía casa nueva, trabajo nuevo, vida nueva, chicas para cada día de la semana y alguna que jugaba de titular de vez en cuando, y no podía quitarse a Demi de la cabeza. Se despertaba y cuando abría los ojos, regresaba aquella sensación de sentirse incompleto que ya no lo dejaba el resto del día, daba igual lo que hiciera.
No estaba funcionando. Su plan, no estaba funcionando. La distancia y la falta de noticias sobre Demi solamente empeoraban las cosas. En vez de olvidarla, cada segundo la recordaba más. Y la añoraba más.
La voz de Demi lo devolvió temporalmente al presente.
—Y también me he dado cuenta de que tienes que haberlo pasado realmente mal viendo cómo me hundía en la mierda hasta el cuello —confesó mirándolo con ojos brillantes y expresión avergonzada—, y lo siento. Lo siento muchísimo, Joseph.
Él inspiró profundamente, y apartó la mirada.

Técnicamente, no lo había esperado. Demi no era de las que pedían disculpas. Cosas importantes debían estar sucediendo en su mundo para que estuviera allí, reconociendo que se había equivocado, asumiendo toda la responsabilidad y sí, diciendo que lo sentía. 
A duras penas se las estaba arreglando para sobrevivir a lo que sentía por la Demi caprichosa y egocéntrica… Si su Demi, la dulce, volvía, él haría una estupidez. Una de la que se arrepentiría el resto de su vida.

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