Un
espectáculo tan digno de ver como la expresión en la cara de Demi cuando, a
medida que se iba acercando a la barra, tomaba conciencia de que el que estaba
allí, de pie, mirándola, era su ex mánager.
Los ojos de Joseph
brillaban, y a Miley le cuadraba: estaba enamorado de Demi, algo tan evidente
que no acababa de entender cómo era que su amiga no se había dado cuenta.
Lo que a Miley
ya no le cuadraba tanto era el brillo de los ojos de Demi. Y la reacción de
apartarlos un instante y mirar a otra parte, como si no pudiera mantener la
mirada, le cuadraba menos aún.
Pero Demi ya
estaba junto a ellos, sonriendo, con aspecto bastante recuperado.
—Hola, Joseph
… ¡Qué sorpresa! —dijo, acercándose a él para darle un beso en la mejilla.
—Hola, nena,
me alegro de verte —él le devolvió el beso.
Aunque algo
tensa, Joseph había iniciado una conversación sobre “lo que no había que
perderse de Nashville”, que Demi seguía con total atención como si estuviera
oyendo un mensaje del Más Allá. Nick añadía sus opiniones y sus comentarios
pícaros de siempre.
Y Miley disfrutaba del gusto de volver a tener reunidos en
un mismo lugar y momento a tres de las seis personas que más quería en el
mundo. E intentaba recordar cuándo había sido la última vez que había ocurrido.
Sin éxito. Hacía mucho, muchísimo tiempo de la última vez. Demasiado.
—¿Estás
contenta?
Miley volvió
a la realidad y miró a Nick. Él sonreía.
—Estoy feliz.
Nick la
abrazó por el cuello y la atrajo hacia él con una sonrisa inmensa.
—Eres
alucinante.
—No lo puedo
evitar —dijo ella acomodándose mejor en el taburete una vez que Nick la hubo
soltado—. Daría cualquier cosa por volver el tiempo atrás y recuperar esos
fines de semana familiares en el río… ¡Qué bien lo pasábamos!
“Mejor que
bien”, pensó Nick. Pero no quería traer esas imágenes a su mente ahora. Tenía a
su hermana y a sus dos mejores amigos allí, y lo que deseaba era disfrutarlos.
—¿Qué te
parece si desaparecemos en la pista de baile un rato y los dejamos que aclaren
sus asuntos?
Miley sonrió
de oreja a oreja, movió la cejas sensualmente.
—Guau… Sí, por favor.
♦ ♦ ♦ ♦ ♦
Los primeros
minutos fueron algo tensos. Demi sabía que era la ocasión de decir lo que
quería decirle, pero aunque secretamente había deseado poder verlo en
Nashville, realmente no había contado con eso. Así que verlo allí era, en
cierto modo, inesperado; no sabía por dónde empezar.
Y además, se
sentía rara. Si había algo que siempre le había resultado fácil era,
precisamente, hablar con Joseph. Pero ahora, por alguna razón, se sentía
nerviosa. Su presencia la ponía nerviosa.
—¿Qué tal te
van las cosas? —preguntó él, rompiendo el hielo con su tono gentil y su mirada
dulce.
—Bien… Hasta
engordé tres kilos… — Demi sonrió con un punto de timidez y bebió un trago de
su tónica—. Lo que los abrazos de los Brady y las tartas de cerezas de mi madre
no consigan…
Joseph rió
al recordar los atracones que se daba de niño en casa de Demi.
—Ya… Las
tartas de tu madre son tremendas; cuando empiezas no puedes parar… ¿Sigue
haciendo esas de queso y... eran moras?
—Sí, señor.
Y me parece que ahora son mucho más ricas que antes… O será mi ataque de mamitis, no sé, me saben a gloria, la
verdad…
—¿Y en lo
profesional?
—He hecho un
alto en el camino —admitió ella, seleccionando cuidadosamente las palabras
mientras jugueteaba con su vaso sin mirarlo—. No me gustaba mi vida… esa vida. Así que decidí tomarme algún
tiempo y pensar cómo quiero encarar el futuro…
Joseph bebió
un trago de su bourbon sin hacer
comentarios.
—Es curioso
como a veces las cosas se tuercen y casi sin darte cuenta, te encuentras metido
hasta el cuello en una especie de…. — Demi respiró hondo—, no sé… de realidad
paralela. Y no tienes ni idea de cómo has llegado hasta allí… Fue volver a
pisar el rancho y darme cuenta de que, en el fondo, nunca quise vivir en otra
parte —lo miró brevemente—.
He puesto en venta mi piso de la ciudad. Sea lo que
sea que haga con mi vida, será en mi casa, con mi familia… Me quitaré los kilos
de más sudando en el gimnasio, pero de mi casa no vuelvo a irme…
Joseph continuó
mirándola. Estaba preciosa, como siempre.
Más que
siempre.
Llevaba casi
tres meses en Nashville, tenía casa nueva, trabajo nuevo, vida nueva, chicas
para cada día de la semana y alguna que jugaba de titular de vez en cuando, y
no podía quitarse a Demi de la cabeza. Se despertaba y cuando abría los ojos,
regresaba aquella sensación de sentirse incompleto que ya no lo dejaba el resto
del día, daba igual lo que hiciera.
No estaba
funcionando. Su plan, no estaba funcionando. La distancia y la falta de noticias
sobre Demi solamente empeoraban las cosas. En vez de olvidarla, cada segundo la
recordaba más. Y la añoraba más.
La voz de Demi
lo devolvió temporalmente al presente.
—Y también
me he dado cuenta de que tienes que haberlo pasado realmente mal viendo cómo me
hundía en la mierda hasta el cuello —confesó mirándolo con ojos brillantes y
expresión avergonzada—, y lo siento. Lo siento muchísimo, Joseph.
Él inspiró
profundamente, y apartó la mirada.
Técnicamente,
no lo había esperado. Demi no era de las que pedían disculpas. Cosas
importantes debían estar sucediendo en su mundo para que estuviera allí,
reconociendo que se había equivocado, asumiendo toda la responsabilidad y sí,
diciendo que lo sentía.
A duras penas se las estaba arreglando para sobrevivir
a lo que sentía por la Demi caprichosa y egocéntrica… Si su Demi, la dulce, volvía, él haría una estupidez. Una de la que se
arrepentiría el resto de su vida.

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