domingo, 26 de mayo de 2013

Mi Dulce Bombón Capitulo 23



Le parecía increíble que un extraño, en unos pocos párrafos, le pusiera delante de los ojos la realidad de su propia vida. La que necesitaba ver. La que debió haber visto desde el principio.
¿Por qué había subestimado a la prensa? Machacaban a la gente, y ella les había servido el martillo en bandeja siendo tan poco discreta.
¿Por qué solamente daba conciertos en grandes ciudades? ¿Por qué sus fans tenían que recorrer cientos de kilómetros para verla? Era gracias a ellos que había ganado discos de platino y premios.
¿Por qué no recibía la correspondencia de sus fans? La prensa se cebaba en ella, pero su música se vendía igual. Lo que hacía, gustaba a quien tenía que gustar, a la gente que escuchaba country. Ellos no le hablaban de tecnicismos, sino de lo que sentían al oír sus canciones, de la alegría que éstas ponían en sus vidas.
Nunca había pensado en ella misma de esa manera. Nunca había pensado que aquellas pudieran ser más que eso; Era una sensación casi sobrecogedora, tomar conciencia del efecto que aquellas canciones dulzonas que escribía desde que era una niña tenían sobre la vida de otras personas. Aunque solo fuera durante un instante de esas vidas, las marcaba. Ponía alegría. “Hacía salir el sol”.
Aquellos pocos párrafos habían hecho que, por primera vez, tomara conciencia de que ser Demi Brady, tenía un sentido, uno más allá de sí misma.
Cuando Eileen y John la vieron entrar en la cocina con una sonrisa radiante, reclamando su trozo de tarta de queso y moras, intercambiaron miradas de alivio.
Y dieron gracias a Dios y a Sharon por tener la brillante idea de desviar el correo al rancho Brandy.
Durante años, había alimentado las trituradoras de papel de las diferentes asistentes de Demi.
Ahora, alimentaría sus sueños.
El Gran Ole Opry, cede de la 38ª edición de entrega de los Premios CMA, se venía abajo en aplausos mientras Demi abandonaba el escenario, enfundada en un sobrio traje de pantalón negro y unos Manolos con tacón de vértigo. Había ganado el premio a la mejor vocalista femenina del año, pero recibirlo no era lo único que había sucedido durante los escasos minutos que estuvo sobre el escenario.
También había visto a Joseph, por la décima fila.
Acompañado.
Demi se las ingenió para no dejar de sonreír mientras bajaba las escaleras y atravesaba el backstage por un corredor lleno de colegas y conocidos que le daban la enhorabuena y se acercaban. Sonrió, puso expresión de “ahora no puedo” y continuó andando con el premio en una mano y un nudo en el estómago.
Entró en el concurrido baño de señoras con la cabeza baja y una mano en la cara, fingiendo que se le había metido algo en el ojo. Enfiló directo al cubículo que en aquel momento quedó libre, y cerró la puerta.
Se sentía como una idiota.
Había ganado el premio, lo que quería decir que sus fans estaban reflotando su carrera, que no estaba profesionalmente hundida, que aunque la crítica llevara meses cebándose en ella, la gente seguía comprando su música.
Debía sentirse agradecida, estimulada, aliviada...
Y en cambio, se sentía idiota.
Idiota porque volver a ver a Joseph, disfrutar de su compañía un rato, le había resultado mucho más estimulante que la idea de quedarse con el premio.
Porque toda ella, su peinado suelto y vaporoso, el traje, los tacones... Todo lo había elegido cuidadosamente pensando en él. Quería ser la Demi que a él le gustaba.
Porque se había pasado los últimos diez días, desde que habían hablado en aquel club de Nashville, pensando en Joseph. Contando los minutos que quedaban para volver a verlo, ansiosa como una quinceañera. Impaciente por explicarle su nuevo plan profesional, y que a él le pareciera tan genial que no se lo pensara dos veces, y aceptara volver a ser su mánager.
Y desesperada por recuperar su compañía, sus modos amables, lo segura que se sentía a su lado.
Más que idiota. Imbécil.
Joseph no había asistido solo. Se había llevado a una de sus infaltables acompañantes perfectas.
A él le importaba un pimiento su nuevo plan profesional, su traje negro y sus tacones.
Le importaba un pimiento volver a estar con ella, ni como mánager ni de cualquier otra forma.
Demi bajó la cabeza, miró la mano con que sostenía el premio.

Estaba temblando de rabia.

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