lunes, 21 de enero de 2013

Soy Otra Mujer Capitulo 27


Los ojos oscuros de Paloma dirigieron su mirada hacia Demi pero en vez de la frialdad con la que Demi esperaba que la recibieran, la mujer le sonrió afectuosamente.
—Es usted muy bienvenida, signora Jonas. No hablo muy bien inglés, pero trataré de serle de ayuda.
—Muy amable —respondió Demi —. Grazie.
Entraron en el palazzo y en la puerta del salón había otro miembro del personal que les abrió la puerta. Demi entró detrás de Joe, e inmediatamente miró la figura que estaba sentada en una silla de ruedas al lado del sofá.
—Papá — Joe se inclinó sobre su padre y le dio dos besos en las mejillas—. Me alegro de verte. Éstas son Demi y tu nieta, Georgia.
Demi humedecieron los ojos y le tembló levemente la barbilla cuando acercó una mano para tocar a Georgia, la cual gorjeó y sonrió, marcándosele unos hoyuelos en las mejillas.
Demi tuvo que reprimir las lágrimas. Colocó a la niña en el regazo del anciano y se apartó, dándose cuenta de que Joe estaba mirándola.
—Se parece tanto a André... y a tu madre —dijo Vito en italiano, con la voz ronca por la emoción.
—Sí.
—Por una vez has hecho lo correcto, Joe —continuó diciendo el anciano en italiano—. Sé que no quieres estar atado a una mujer como ésta, pero pronto terminará. Ya he buscado asesoramiento legal. Cuando llegue el momento, no vas a tener ningún problema para quitarle la niña.
A Demi le fue difícil aparentar que no comprendía. El enfado le recorría todo el cuerpo.
— ¿Crees que entiende algo de lo que estamos hablando? —Preguntó Vito, con una mueca de desdén, ya que Joe parecía incómodo con la conversación—. Entonces es que eres tonto, Joe. André me dijo que es una mujerzuela inculta con la cabeza vacía. ¿No me digas que tienes dudas sobre ello? ¿Qué es lo que te ha hecho? ¿Se ha metido en tu cama?
Cuando Demi, que simulaba disfrutar de las vistas desde la ventana, se dio la vuelta, vio cómo a Joe se le enrojecían las mejillas.
— ¡No te olvides de lo que ha hecho! —prosiguió Vito acaloradamente.
—No lo he olvidado —dijo Joe, tomando a Georgia en brazos—. Es hora de que Georgia se vaya a la cama. Te dejaremos que descanses antes de la cena — Joe miró de nuevo a Demi y le dijo en inglés—. Vamos Demi, tenemos que acostar a Georgia y cambiarnos para la cena.
—Ha sido un placer conocerlo, signore Jonas —dijo Demi, sonriendo a Vito educadamente y tendiéndole de nuevo la mano, que de nuevo rechazó el anciano.
— ¿Papá? — Joe le frunció el ceño a su padre, forzándole a ser educado.
—Gracias por permitir que mi nieta viniese a visitarme. No me queda mucho tiempo. Ella es todo lo que nos queda de André —le dijo Vito a Demi, tomando levemente su mano.
—Sí, siento mucho todo lo que tiene que haber sufrido —dijo Demi.   
—Usted no sabe nada de lo que yo he sufrido. Nada —dijo Vito, apartándose de ella.
Joe agarró a Demi por el brazo y se la llevó.
—Disculpa el comportamiento de mi padre —le dijo a Demi mientras se dirigían hacia la inmensa escalera que llevaba a los pisos de arriba—. Todavía está llorando la pérdida de mi hermano —dudó un momento antes de seguir hablando—. Creo que no tengo que decirte que mi hermano era su favorito.
—Está bien, Joe. Lo entiendo. Ha sido una época terrible para todos vosotros —dijo Demi, parándose a mirarlo.
—A veces, me pregunto lo que habría pensado mi madre de ti —dijo Joe con una extraña y triste sonrisa. — ¿Tu madre?
—Sí, mi madre —dijo Joe, señalando un retrato que había colgado en la pared.
—Es muy guapa —dijo Demi al mirar el retrato.
—Sí... era muy guapa —dijo Joe, con un tono de voz que atrajo la mirada de Demi —. Mi padre nunca me ha perdonado que la empujara hacia la muerte.
Demi trató de decir algo pero no le salieron las palabras.
—Llegué tarde. Habíamos quedado para vernos, pero llegué tarde. La llamé por teléfono para que hiciera tiempo hasta que yo llegara. Estaba al otro lado de la calle cuando me vio llegar. Me llamó y saludó con la mano... una moto la arrastró cuando trató de cruzar la calle.
—Oh, Joe.
—No vio al otro coche que se acercaba. Yo tampoco lo vi hasta que la levantó por los aires como a una muñeca de trapo — Joe se dio la vuelta para mirar el retrato y suspiró—. Si hubiera llegado sólo unos segundos antes...
— ¡No! — Demi o agarró por los brazos—. No. ¡No debes pensar eso!
Joe se soltó de Demi y siguió subiendo las escaleras, abrazando a su sobrina.
—No puedes cambiar el pasado, Demi. Tú, más que nadie, deberías saberlo. Todos hacemos cosas de las que luego nos arrepentimos.
Demi pensó que él tenía razón. Ella misma se arrepentía de no haberle dicho el primer día la verdad de lo que estaba pasando con Georgia.
— ¿Joe?
— Demi, ésta es la última oportunidad que tiene mi padre de tener paz. Sé que es difícil para ti... — Joe no pudo terminar del hablar por la emoción.
—No. No lo es —dijo Demi, tocándole suavemente el brazo—. Le debo esto a la memoria de tu hermano. En otra vida o en distintas circunstancias tal vez hubiese aceptado a Georgia con mucho gusto. Simplemente no era el momento. Tú has asumido el papel de su padre. Yo soy... su madre. De nosotros depende que su vida sea como debe ser.
— ¿Y no tienes problemas con toda esta situación? —preguntó Joe.
—No —contestó Demi mirando a su sobrina—. Por ahora.


Soy Otra Mujer Capitulo 26




A LA MAÑANA siguiente, cuando bajó con Georgia a la cocina, la primera cosa que Demi vio fue un cheque a su nombre en la banqueta, con justo el doble del dinero que el día anterior Joe le había ingresado en su cuenta.
No sabía si sentirse enfadada o dolida. Agarró el cheque y lo estrujó, tirándolo contra la pared. Inmediatamente escuchó a Lucía detrás de ella hablando entre dientes.
— ¿Desea que limpie eso, signora? —preguntó Lucía mirando la bola de papel.
—No mi scusi —contestó Demi, sin darse cuenta de que lo hacía en italiano—. Ya me encargo yo.
Lucía se la quedó mirando, haciendo unas extrañas muecas con la boca.
—Te lo debería de haber dicho antes. Entiendo y hablo italiano —le dijo Demi.
—El signore Jonas no me lo había dicho —dijo Lucía, frunciendo levemente el ceño.
—El signore Jonas no lo sabe.
— ¿No se lo ha dicho? —los oscuros ojos del ama de llaves echaban chispas.
—Hay muchas cosas que no le he dicho —contestó Demi, volviéndose a mirar a Georgia—No le he dicho muchísimas cosas.   
—El signore Jonas me ha dicho que le diga que tiene algunos negocios de los que ocuparse. Llegará a tiempo para que todos nos marchemos al aeropuerto.
—Grazie, Lucía —dijo Demi, dirigiéndole a Lucía una titubeante sonrisa.
—Será un buen marido —dijo Lucía tras unos segundos—. Debe darle tiempo. Todavía está llorando la muerte de sus seres queridos; no está bien —Lucía miró a la pequeña—. Georgia es una niña tan guapa. Ha traído alegría a la vida del signore Jonas.
—Es mi vida, ¿a que sí, Georgia? —dijo Demi, besándole los deditos a su sobrina.
—Es usted una madre maravillosa —dijo Lucía—. Nadie lo podría dudar.
Demi estaba sorprendida por aquel cambio de actitud del ama de llaves, ya que durante días había sido muy hostil con ella.
—La han llamado por teléfono mientras que estaba en la ducha —le dijo Lucía.
— ¿Ah? — Demi se puso nerviosa.
—No quería que su teléfono móvil despertase a Georgia, así que respondí a la llamada —el ama de llaves hizo una breve pausa—. Espero que no la moleste.
—No —dijo Demi tragando saliva—. No, claro que no me molesta — Demi se esforzó para parecer calmada — ¿Quién... quién era?
—Una mujer, pero no me dijo quién era. Por un momento pensé que era usted. Me asombré, de verdad. Su voz sonaba tan similar a la de usted...
— ¿Dejó... algún mensaje?'—preguntó Demi.
—Dijo que volvería a llamar en otro momento.
—Grazie.
Hubo otra pequeña pausa en la conversación.
—El signore Jonas me ha ordenado que la ayude a hacer su equipaje.
—Está bien, Lucía. Me las puedo arreglar sola. De todas maneras, no tengo muchas cosas que llevarme. —Si le puedo ayudar con alguna cosa, signora Jonas, sólo tiene que decirlo. Será un placer, se lo aseguro.
—Grazie, Lucía.
Demi esperó a que el ama de llaves saliese de la cocina para soltar aire y suspirar.
—Estoy hasta el cuello, Georgia, y pronto me voy a ahogar —le dijo a su sobrina.
Más tarde ese mismo día, mientras se preparaban para marcharse al aeropuerto, Joe se dio cuenta de que Demi evitaba mirarlo. Hablaba con Lucía y estaba muy cariñosa con Georgia, pero cada vez que su mirada se cruzaba con la de él, la retiraba rápidamente, poniéndose roja.
Marc no podía dejar de pensar en lo ocurrido la noche anterior. Le resultó imposible resistirse a Demi y no podía dejar de pensar en ella.
Durante años, había evitado establecer lazos emocionales con nadie, no le gustaba sentirse tan vulnerable. No podía creerse que la Nina con la que se había casado fuese la misma persona de la que le habló su hermano. Las personas podían cambiar, pero el cambio que se suponía había experimentado  Demi era increíble.
—Por tu silencio, supongo que no tienes ganas de tomar el avión —dijo Joe.   
Demi buscó en su bolso y le dio a Joe el cheque que había dejado en la cocina esa misma mañana, mirándolo con enfado.
—Me disculpo por lo que pasó anoche. Este viaje va a ser todavía más desagradable si no aceptas mi arrepentimiento —dijo Joe. Demi lo miró resentida.
—No es tu arrepentimiento lo que no acepto —espetó Demi —. Es tu dinero.
—No entiendo por qué estás tan enfadada. Teníamos una apuesta, yo la he perdido y, cómo acordamos, he pagado... Tal vez te arrepientes de haber apostado tan poco dinero — Joe hizo una mueca—. ¿Quieres que lo triplique para que no te enfades?
Demi miró para otro lado. El odioso cinismo de Joe hizo que las lágrimas aparecieran en sus ojos.
—Vamos, Demi —la reprendió suavemente Joe —. No es la primera vez que te pagan por tus encantos. André me contó cómo te gustaba que te regalara joyas. No tiene sentido que te hagas la víctima ofendida; simplemente tú no eres así.
Poco después, estaban sentados en el jet privado de Joe. Demi tuvo suerte de que, en el aeropuerto, no pidieran más documentos de los que tenía, ya que ni siquiera llevaba el certificado de nacimiento de Georgia.
Cuando el jet empezó a despegar, a pesar de lo lujoso que era y de que el personal de Joe trataba que todo fuese lo más confortable posible, a Demi le entró el pánico. Cerró los ojos y sintió cómo Joe le tomaba la mano, ante lo cual los abrió, encontrándose con su profunda mirada. Demi lo miró avergonzada.
—Ya sé que es una tontería, pero no puedo evitarlo.
—No es una tontería —dijo Joe apretándole la mano—. Cierra los ojos y trata de dormirte. Antes de que te des cuenta estaremos allí.
Trató de descansar, pero aunque estaba exhausta, al tener a Joe sentado tan cerca, no pudo dormirse.
Podía oler su fragancia y, cada vez que se movía, sentía su fuerte brazo rozar el suyo.
Se dio cuenta de que la miraba una o dos veces. Se preguntó si sospecharía de ella. Después de lo que había pasado la noche anterior estaba segura de que lo haría.
Cuando finalmente llegaron al aeropuerto de Nápoles, unos cuantos miembros del personal de la familia Jonas los estaban esperando con un coche.
— ¿Cómo está mi padre, Guido? —le preguntó Joe al conductor del coche mientras los llevaba a Sorrento.
—Está debilitándose, signore Jonas. Vive por la ilusión de ver a la hija de André.
—Sí... —dijo Joe.  Demi oyó el profundo suspiro de Joe, su tono de voz era enormemente triste—. Lo sé:
La villa Jonas estaba situada cerca de Sorrento, sobre un acantilado en la bahía de Nápoles, entre laderas llenas de olivos y exuberantes limonares y naranjales.
Demi miró a su alrededor maravillada. Las vistas sobre el mar eran impresionantes.
Se acercaron hacia la entrada de la casa, donde había otro miembro del personal hablando con Lucía, que se había adelantado a ellos.
—Buon giorno, signore Jonas. Su padre le está esperando en el salón.
—Grazie, Paloma.

Soy Otra Mujer Capitulo 26




Demi salió en silencio de la piscina, su orgullo no se dejó intimidar por la furia de Joe. Podía ver que él estaba más enfadado consigo mismo que con ella. Enfadado, porque a pesar de todo lo que había dicho, la quería.
—No me puedes mandar así —dijo Demi poniéndose delante de él—. No te lo voy a permitir.
— ¿Que no me lo vas a permitir?
—No —contestó Demi —. No te voy a permitir que me hables de esa manera.
—Dime, Demi, ¿cómo me lo vas a impedir?
—Ya pensaré cómo —a Demi se le revolvió el estómago por la fiereza con que la miraba Joe, que se rió. —Tienes un comportamiento terrible —continuó diciendo Demi —. Supongo que es por tener tanto dinero.
Debes creer que puedes hacer que la gente haga lo que tú quieres si les extiendes un cheque o se lo exiges. —Bueno, bueno, bueno —dijo Joe —. Pobrecita, mira cómo me regaña.
— ¿Sabes cuál es tu problema, Joe? —Dijo Demi, indignada por la actitud de Joe —. No te gustas a ti mismo. Me echas la culpa de la muerte de tu hermano, pero tengo la impresión de que en realidad te culpas a ti mismo.
Demi se dio cuenta de que lo que había dicho había golpeado fuertemente a Joe, que estuvo callado durante un largo rato.
—Dime una cosa, Demi — Joe le levantó la barbilla con un dedo—. Dime por qué te enamoraste de mi hermano.
A Demi le entró el pánico y el corazón se le desbocó.
—Tú lo amabas, ¿no es así? —preguntó Joe al ver que ella no contestaba.
Demi bajó la mirada, no podía volver a mentirle.
—No —dijo suavemente Demi —. No lo amaba.
—Eres una puta cruel — Joe frunció el ceño cuando Demi volvió a mirarlo—. Eres una mujerzuela hambrienta de dinero.
Demi cerró los ojos para no ver la furia de Joe.
— ¡Mírame! —dijo Joe agarrándola por los brazos y agitándola levemente—. ¡Destruiste su vida! Lo perseguiste y lo destruiste. ¿Para qué? ¿Para qué? —repitió Joe amargamente.
— Joe, te tengo que decir... —comenzó a decir Demi.
—No quiero escuchar nada de lo que tengas que decir —la interrumpió bruscamente Joe.
—Por favor, Joe —empezó a suplicar Demi —. Tú no entiendes...
—Entiendo todo muy bien. Entiendo que a ti no te gustó que André te abandonara sin dinero. Por eso fue por lo que amenazaste con dar a Georgia en adopción.  
¿No es verdad? —Joe miró a Demi con asco—. Nunca tuviste ninguna intención de darla en adopción, sólo era un juego para sacar todo el dinero que pudieras.
—Yo nunca he querido dinero de...
— ¡No me mientas! —Gritó Joe —. Te voy a decir una cosa, Demi. Puedes tomar tu dinero. Todo el dinero. Mañana te voy a dar el doble.
—Pero... — Demi parpadeó confundida.
—He cambiado de idea acerca de nuestro matrimonio —dijo Joe —. He decidido que no vamos a respetar las reglas que establecí.
— ¡No puedes hablar en serio!
— ¿Por qué estás tan preocupada, cara? Te acostaste con mi hermano sin amarlo. Estoy seguro de que serás capaz de acostarte conmigo —Marc le sonrió fríamente.
— ¡No quiero acostarme contigo! —dijo Demi soltándose de las manos de Joe.
—Podríamos decir que me ha salido caro el privilegio —señaló sin misericordia Joe.
—Yo no estoy en venta —dijo Demi —. No me importa cuánto dinero me tires a los pies. No me comprarás.
—Ya has sido comprada, Demi —dijo Joe —. Ya te has guardado en el bolsillo una mensualidad.
— Joe, yo no quiero tu dinero —insistió Demi —. Nunca lo he querido.
Demi podía adivinar, por la expresión de cinismo de Joe, que no la creía.
—Si no lo querías, ¿por qué ya no está en tu cuenta bancaria? —preguntó Marc.
— ¿Lo has comprobado? —preguntó Demi enfadada.
Joe asintió con la cabeza, con una expresión implacable.
— ¡No tenías derecho a hacer eso! — Demi estaba aterrorizada. Si Joe seguía controlándola tanto, no tardaría en enterarse de la verdad.
—Sigues diciendo que no quieres dinero, ¿pero qué es lo que quieres, Demi? —preguntó Joe. 1313
Demi no podía responder. ¿Cómo iba a decirle lo que realmente quería? Lo quería a él. Quería que la hiciera sentir que estaba viva, que era atractiva, irresistible. Quería que sintiera una incontrolable pasión por la mujer que realmente era ella... Demi.
— ¿Es esto lo que realmente quieres, Demi? —preguntó Joe arrastrándola hacia él—. ¿Es esto lo que ansías más que el dinero? ¿Es lo mismo que yo también ansío, hasta el punto de que estoy como tonto de tanto que te necesito?
Volvieron a besarse apasionadamente y esta vez Demi atrajo a Joe hacia ella con sus manos, sus lenguas se acariciaban acaloradamente. Joe gimió, lo que hizo a Demi sentirse increíblemente femenina, vulnerable, y al mismo tiempo poderosa.
Aunque hubiese querido resistirse no hubiese podido. Aquella química abrasadora había estado entre ellos desde el primer día que se conocieron y parecía que, a pesar de los esfuerzos de Joe por resistirse a Demi, estaba claro que no podía seguir haciéndolo por más tiempo. Joe la deseaba de una manera increíble.
Mientras seguían besándose, se echaron en el suelo, se quitaron los bañadores y Joe penetró a Demi con una desesperación que ella misma pudo sentir en su interior. Demi soltó un leve grito debido al dolor que aquello le causó. Joe siguió moviéndose y miró a Demi, que tenía lágrimas en los ojos.
—Cristo —refunfuñó Joe, apartándose de ella rápidamente—. Demi... yo...
—Por favor, no digas nada —dijo Demi mientras se ponía de pie y tomaba su toalla.
—Por tu reacción, supongo que tuviste un parto difícil —dijo Joe con indiferencia.
Demi, sin mirarlo, se tapó con la toalla.
— ¿ Demi?
—No quiero hablar de ello.
—Tenemos que hablar, tanto si te gusta como si no. Necesito saber.
— ¿Qué es lo que necesitas saber? — Demi se dio la vuelta hacia Joe—. ¿Quieres oír cómo Georgia nació después de quince horas de parto sin que su padre estuviese presente? ¿Quieres oír que su padre no quiso ni enterarse de que existía? ¿Es eso lo que quieres saber?
Joe se quedó mirando a Demi, todas sus acusaciones se disiparon.
—No tienes derecho a juzgarme —continuó Demi —. ¿Tienes alguna idea de lo que es estar embarazada y estar sola?
—No, no la tengo. Tienes razón, no tengo derecho a juzgarte.
—Georgia necesitaba un padre y mi... quiero decir yo necesitaba a alguien que me ayudara a traerla al mundo, pero a tu hermano no le interesaba.
—Él no había planeado tener un hijo contigo.
— ¿Y qué? —Preguntó Demi —. Cualquiera que sea el motivo, cuando un niño es concebido, deben ser los dos padres los que se preocupen por su bienestar. Aparte de que pueden ocurrir accidentes —miró a Joe fijamente—. Justo ahora no te he visto ponerte ningún preservativo.
—No me lo he puesto... ya sabes... — Joe se puso rojo.
—Seguro que sabes que los fluidos que salen antes de la eyaculación contienen miles de espermatozoides. Puede que te encuentres en la misma situación que tu hermano —le sugirió Demi.
—Si es así, asumiré mis responsabilidades.
— ¿Incluso con el odio que me tienes, que casi no te permite ni mirarme?
—Apartaría mis sentimientos personales si tengo que hacerlo —dijo Marc.
Demi sabía que lo que decía era verdad; él no era como su hermano.
—No me preocupa. No tengo intención de quedarme embarazada.
—Si ocurriera... —dijo Joe pasándose una mano por el pelo—. ¿Me lo dirías?
—Por lo menos, tendrías derecho a saberlo —la mirada de Demi se encontró por unos segundos con la de Joe.
—Voy a ir a ver cómo está Georgia. Deberías irte a la cama; pareces... agotada.
—Gracias —dijo ella suavemente y se dirigió hacia la puerta.
— ¿Demi?
— ¿Sí? —preguntó Demi, dándose la vuelta para mirar a Joe.
—Lo siento —dijo Marc, sin mirarla abiertamente.
— ¿El qué sientes? —preguntó Demi, soltando el picaporte de la puerta.
—Desearía haber sabido la verdad sobre el nacimiento de Georgia —dijo haciendo un esfuerzo para mirar a Demi.
—A mí me hubiese gustado que lo hubieras sabido también. No te puedes imaginar cuánto —dijo Demi, tomando de nuevo el picaporte de la puerta para marcharse.
Marc quiso llamarla para que volviese, pero la puerta se cerró tras de ella, dejándolo allí, encerrado con su sentimiento de culpa.

sábado, 12 de enero de 2013

Soy Otra Mujer Capitulo 24





POCO después de haber llegado a su habitación, Demi oyó que la llamaban a su teléfono móvil. Vio en la pantalla que era su hermana. Respondió susurrando.
— ¿Eres tú?
—Pues claro que soy yo —se impacientó Nadia—. ¿Cuándo me puedes mandar el dinero? Tengo algunos problemas con las facturas.
— ¿Y qué pasa con tu novio? ¿No ha resultado ser tan generoso como creías?
—Déjate ya de sarcasmos, Demi, teníamos un acuerdo, ¿recuerdas? Si no lo cumples, voy a ir por Georgia y comenzaré el proceso de adopción. No la verás nunca más.
Demi sabía que no tenía salida. Era demasiado tarde para explicarle todo a Joe.
— ¿Cómo ha ido la boda? —Preguntó Nadia, empleando un poco de sorna—. ¿Fue como siempre deseaste?
—Sabes que no fue así —espetó Demi —. Me sentí una farsante durante todo el tiempo.
—Pero no fuiste una farsante al llevar un traje blanco. Eres una de las pocas novias que tienen verdadero derecho a ir de blanco. Qué pena que no le gustes a tu marido.  
—En realidad sí que le gusto —contestó Demi irritada por el tono de voz de su hermana.
—Sólo porque se cree que soy yo. Si actuaras como tú eres en realidad, ni te miraría. Eres demasiado aburrida —dijo Nadia. Su risita burlona sacó de quicio a Demi.
—No creo que sea buena idea que me llames por teléfono. Si alguien contesta a mi teléfono... —dijo Demi, disimulando el mal genio que tenía.
—Voy a seguir llamándote hasta que tenga el dinero en mi cuenta —amenazó Nadia—. Y si no consigo contactar contigo en este teléfono, lo intentaré en el teléfono de la casa.
—Vale, lo haré. Te mandaré el dinero —dijo Demi con resignación.
—Astuta chica —susurró Nadia—. Sabía que al final lo entenderías. ¡Ciao!
Demi esperó a que sus dedos dejaran de temblar antes de teclear los dígitos necesarios para hacer la transferencia a través del ordenador. Una vez la hubo hecho, trató de dormirse, pero no se podía relajar. No era el dinero y lo que acababa de hacer lo que le impedía dormir. No podía dejar de pensar en la forma en que Joe la había besado. Besaba con fiereza, haciendo que le hirviera la sangre.
No podía ignorar su creciente interés por él. Sentía que se le erizaba la piel cada vez que la miraba con sus ojos oscuros. No podía creer lo tonta que estaba. Se había enamorado de un hombre que lo único que sentía por ella era odio.
Necesitaba hacer mucho ejercicio para cansarse lo suficiente y así poder dormir; no lo conseguiría de otra manera. Pero era demasiado tarde para salir a dar una vuelta. Se acordó del gimnasio y la piscina que había en la planta de abajo, pero no sabía si ir por si Joe Jonas la oía.
Antes de pensárselo más veces, rebuscó entre sus cosas para encontrar su bañador. Un baño en la piscina climatizada era lo que necesitaba y, además, seguro que Joe ya estaba profundamente dormido.
Una vez en la piscina, sus músculos se empezaron a relajar a medida que iba nadando. Se detuvo a arreglarse el pelo y cuando se quitó el agua de los ojos vio unas piernas muy masculinas enfrente de ella. Despacio, miró hacia arriba y su mirada se encontró con la de Joe, que estuvo mirándola durante un largo rato.
— ¿Qué pasa, Demi? —Preguntó Joe —. ¿Te cuesta dormirte si estás sola?
—No, ¿y a ti?
Joe dirigió su mirada hacia los pechos de Demi, que se estremeció y sintió cómo sus pezones empezaron a ceñirse al bañador y la piel de sus brazos y piernas se erizaba. Trató de no quedarse mirando al estilizado cuerpo de Joe, pero le fue difícil.
— ¿Qué estás haciendo? —le preguntó Demi al verlo empezar a meterse en el agua.
— ¿Qué crees que estoy haciendo? —le preguntó él.
Demi trató de salirse de la piscina, pero, al intentarlo, resbaló en las escaleras y sintió las manos de Joe sujetándola por su cintura.
A Demi le faltó el aire cuando Joe le dio la vuelta para tenerla cara a cara.
—No creo que esto sea tan buena idea —dijo Demi, deseando que no se notara lo nerviosa que estaba.
— ¿El qué no es tan buena idea? —preguntó Joe, mientras echaba chispas con su mirada.  
—Pien... piensa en lo que te podría costar... —dijo Demi, apartando la mirada cuando sintió cómo Joe apretaba su duro muslo contra ella.
Joe subió sus manos de la cintura de Demi a sus hombros para así poder mantener su mirada.
— ¿Crees que me importa el dinero? —preguntó Joe bajando el tono de voz.
Demi se mojó los labios con la lengua y deseó no haberlo hecho cuando él se quedó mirando su boca.
—Es mu... mucho dinero... y si fuese el doble... — Demi se quedó mirando la boca de Joe, preguntándose si iría a besarla.
Demi empezó a parpadear a medida que él se acercaba más a ella, su cuerpo parecía que buscaba la calidez del de Joe. Cuando éste tocó con sus labios los de Demi, ésta sintió como un estallido de calor dentro de ella. Joe la besó con más ganas, buscando con su lengua la de ella, adentrándose en aquella calidez húmeda de la boca de Demi.
Se dejaron llevar por la pasión, acariciándose mutuamente, besándose desenfrenadamente. En un momento dado, Demi bajó su mano para acariciar la erección de Joe, que empezó a besarla aún más intensamente.
—Esto es exactamente lo que habías planeado, ¿no es así? —dijo Joe cuando paró de besarla y la miró—. Querías que me comiera mis palabras, cada una de ellas.
— ¡No! —Contestó Demi, que apartó su mano del cuerpo de Joe —. No. Pues claro que no.
—Es otra de tus trampas. Te gusta hacerte la inocente de vez en cuando para tratar de que no me dé cuenta de tus verdaderas intenciones —dijo Joe, mirándola con desprecio.
— Joe.. yo...
—Sé lo que quieres —dijo Joe saliendo de la piscina—. No te vas a quedar tranquila hasta que no me tengas suplicándote. Eso es lo que quieres. ¿No es así, Demi? Sería un triunfo para ti, para compensar el rechazo de André, tener a su hermano mayor haciendo lo que fuera por tu cuerpo. Por eso no me pediste que te pagara, para hacerme pensar que no estás detrás del dinero, cuando en realidad, quieres mucho más que dinero.
—Pero yo no estoy detrás de...
—Quítate de mí vista —le gruñó Joe —. ¡Llévate tus mentiras y tus juegos fuera de mi maldita vista!

Soy Otra Mujer Capitulo 23




—Sólo a una persona realmente insensible no le afectaría la muerte de alguien conocido —dijo Demi.
— ¿Lo echas de menos?
—Trato de no pensar sobre ello —contestó Demi, pensando que así hubiese respondido Nadia.
—No, claro que no —dijo Joe —. Si piensas en ello, tendrías que cargar en tu conciencia con parte de la responsabilidad de lo ocurrido, ¿no es así?
—Yo no tuve nada que ver con la muerte de tu hermano —dijo Demi mirando al suelo.
— ¿Crees que porque lo repitas muchas veces va a cambiar lo que hiciste? preguntó él.
Demi deseaba poder contarle la verdad, pero cada vez que lo iba a hacer recordaba a Georgia y reprimía decir una verdad que hubiera significado perder a la niña.
—Tienes la culpa escrita en todo tu cuerpo —continuó Joe —. Casi no puedo mirarte sin pensar en la agonía que sufrió mi hermano antes de morir.
Demi se puso enferma. No tenía la fortaleza de su hermana para soportar aquello.
— ¿Adónde te crees que vas? —instó Joe cuando Demi se disponía a abandonar la sala.
—Creo que sería prudente dejarte solo para que reflexiones.
— ¿Crees que puedes escabullirte tan fácilmente? No voy a dejar que te vayas por las buenas. Voy a hacer todo lo que esté en mi mano para hacerte pagar por la destrucción que has causado en mi familia —gruñó Joe.
—No veo de qué manera el casarte conmigo va a ayudarte a hacerme pagar. A no ser que me vayas a encerrar en una torre y a tenerme a pan y agua —dijo Demi con una forzada indiferencia.
— ¡Maldita seas! —dijo Joe agarrándola y besándola por segunda vez aquel día.
Demi trató de apartarlo con sus manos pero fue imposible, tenía el cuerpo de Joe pegado al suyo, imprimiéndole su masculinidad.
El beso empezó a ser muy íntimo y Demi sintió cómo una corriente eléctrica le recorría por todo el cuerpo, sintiendo la indomable fuerza y poder del cuerpo de Joe.  
Demi sentía sus pechos contra el cuerpo de Joe, que empezó a besarla incluso más profundamente, tratando de provocar una respuesta que Demi no pretendía dar.
De repente, Joe se apartó de ella bruscamente.
Demi sacó un pañuelo para secarse la sangre que Joe le había hecho en el labio inferior, intentando demostrarle que no la afectaba todo aquello.
—Perdóname —dijo Joe con firmeza—. No quería hacerte daño.
— ¿Hasta dónde querías llegar, lo suficientemente lejos como para tener que doblar el dinero de mi asignación?
—No tengo intención de darte más dinero de lo que hemos acordado. Ya te lo he dicho... nuestro matrimonio no se consumará —dijo Joe torciendo el gesto.
—Por mí está bien —dijo bruscamente Demi —. Pero te sugiero que primero se lo dejes claro a tu cuerpo —dijo mirando la pelvis de Joe —. Creo que no ha recibido el mensaje.
— Demi, te advertiría de que no vayas tan lejos. Quizá no te gusten las consecuencias.
—Vas a tener que intentarlo un poco más si quieres atemorizarme. No olvides que estoy acostumbrada a tratar con hombres despiadados — Demi alzó desafiante su barbilla.
—Te puedo destruir —le recordó Joe —. Puedo dar una exclusiva que haría que ni en una ciudad tan grande como ésta tuvieras un lugar donde esconder tu vergüenza.
—No sé en qué te beneficiaría destruir la reputación de la mujer con la que te acabas de casar —señaló Demi.
—No voy a cumplir mi amenaza, a no ser que te pases de la raya.
—Que amable de tu parte —se burló Demi —. Pero... ¿y qué pasa con tu comportamiento? ¿Eso también cuenta?
—Te doy mi palabra de que no ocurrirá de nuevo —dijo Joe—. A no ser que tú me lo pidas, desde luego.
— ¡Qué típico! ¡No te puedes controlar y me echas a mí las culpas!
—Estabas comportándote de una manera muy provocadora.
—Ah, ¿sí? ¡Pues tú te has comportado como un completo bárbaro! —Le espetó Demi —. No me sorprende que tu hermano tuviese a todas las mujeres detrás de él. Al contrario que tú, por lo menos tenía un poco de finura.
Demi trató de marcharse de la sala, pero Joe se lo impidió cerrando la puerta.
—Deja que me marche, Joe. Quiero ir a ver cómo está Georgia —dijo Demi, tratando de que él no viera las lágrimas de rabia que se asomaban a sus ojos.
Joe soltó la puerta y puso su mano en el hombro de Demi.
—No hagas que te odie más de lo que ya te odio —le dijo Demi susurrando.
Éste se quedó mirándola durante un largo rato.
Justo cuando Demi creyó que ya no podía más, Joe se apartó de ella.
— ¿Joe? —dijo Demi después de unos segundos.
Éste se volvió hacia ella, sacando un papel del bolsillo de su pantalón y acercándoselo a ella. Era un extracto bancario en el cual se detallaba que ese día se habían depositado unos cuantos miles de dólares en la cuenta de Demi. Su asignación.
Demi se quedó mirando el documento durante un largo rato, sin darse siquiera cuenta de que Joe se había marchado de la habitación cerrando la puerta tras de sí.

Soy Otra Mujer Capitulo 22




A LA MAÑANA siguiente, Joe observó cómo Demi bajaba las escaleras vestida de novia. Al llegar a los últimos escalones, ésta miró a Joe de manera desafiante.
—Estás muy bonita —le dijo Joe, dirigiéndole una mirada irónica—. ¿Vas a algún sitio especial?
—No, simplemente me sentía con ganas de arreglarme —contestó ella con igual ironía.
Joe pensó que estaba totalmente sensacional, justo como debería ir una novia de verdad, y se preguntó por qué se habría arreglado así.
Media hora después, Demi estaba de pie junto a Joe mientras la ceremonia se celebraba.
—Puede besar a la novia.
Joe se volvió hacía ella, que estaba hecha un manojo de nervios, y le levantó el velo.
—No creo... —el susurro de Demi se cortó cuando Joe acercó su boca a la suya.
Ella hizo todo lo posible para no responder a aquel beso, pero le fue difícil, por no decir imposible, ignorar la calidez de los labios de Joe.
Una vez hubo dejado de besarla, Demi pensó que, para bien o para mal, ya estaba casada con Joe Jonas.
Después de la ceremonia, sólo hubo una pequeña comida con algunos de los colegas de Joe, tras la cual Nina se cambió de ropa, poniéndose uno de los conjuntos de su hermana: un vestido de seda.
Mirándose en el espejo, se pasó la lengua por los labios. No podía dejar de pensar en aquel beso y en cómo sería sentir la lengua de Joe tratando de encontrar la suya.
Cuando terminó de arreglarse se dirigió al coche de Joe, donde ya estaba Georgia.
Él condujo hasta su casa de Mosman, sin pronunciar palabra durante el trayecto.
—Le he dado a Lucía el resto del día libre —dijo él, por fin, cuando llegaron a la casa—. Hay comida preparada.
—Creo que Georgia necesita que le cambie los pañales y que le dé de comer —dijo Demi, inquieta ante la idea de estar con él, en aquella casa, con la única compañía de Georgia.
—Tengo que hacer un par de llamadas —dijo Joe —. Dime si necesitas que te eche una mano en algo. Estaré en mi estudio.
Un rato después, mientras Demi estaba todavía dando de comer a su sobrina, Joe entró en la cocina. Se había cambiado de ropa y estaba irresistible.
— ¿Quieres que continúe yo para que así te puedas cambiar de ropa antes de cenar? —ofreció Joe.
—No, ya casi hemos acabado —dijo Demi —. De todas maneras, no creo que quiera más.
—Parece cansada —observó Joe mientras Georgia se frotaba los ojos.
—Sí —dijo Demi bajando la miraba para evitar la de Joe.
— Demi...
—Si no te importa, creo que no voy a cenar —dijo Demi.
Joe le tomó la mano y no tuvo más remedio que mirarlo.
—Aunque decidas no comer, tengo cosas que hablar contigo —dijo Joe.
¿Q... qué clase de cosas?
—Normas que hay que establecer, esa clase de cosas.
No quiero que haya malentendidos —aclaró Joe.
—No sé qué quieres decir con eso. — ¿No lo sabes?
—No.
—El vivir en la misma casa va a significar que, como es normal, tengamos un cierto grado de intimidad. No querría que te llevaras una impresión equivocada. — ¿Exactamente a quién le estás recordando los términos de nuestro acuerdo, a ti o a mí? —preguntó Demi con sarcasmo.
—Por lo que me dijo mi hermano, parece ser que tú no siempre respetas las reglas del juego. Sería bueno que las recordaras —contestó Joe, tratando de serenarse.
—Pues hablando de romper las reglas, creo que tu beso fue un poco inapropiado para la ceremonia —dijo resueltamente Demi.
—Habrá ocasiones en que tengamos que guardar las apariencias.
— ¿Qué quieres decir? —preguntó Demi.
—A veces, tendremos que actuar, y tú, como mi mujer, tendrás que comportarte de un determinado modo respecto a mí.
— ¿Quieres decir que te tendré que adular? — Demi lo miró indignada.
—Yo no lo diría exactamente así.
— ¿Cómo lo dirías?
—Todo lo que pido es que muestres un poco de madurez cuando estemos con más gente.
—Haré lo que pueda, pero no te prometo nada —dijo Demi.
—Bien, mientras que los dos sepamos a qué atenernos.
Después de decir eso, Joe se marchó y Demi observó a su sobrina, que la miraba con sus brillantes ojos oscuros.
—Hombres —dijo tomando a la niña en sus brazos—. ¿Quién los entiende? Tal vez debería intentarlo —pensó mientras abrazaba a Georgia—. Parece que a ti te funciona. Tú sólo tienes que mirarlo y se derrite.
Una vez que Georgia se hubo dormido, Demi se dio una ducha. Se puso uno de sus cómodos chándales y se arregló el pelo en una coleta.
Cuando se disponía a bajar a la planta baja de la casa, Joe salió del salón y se quedó mirándola desde la puerta.
— ¿Te has vestido para la tarde? —comentó Joe irónicamente.
—Una se cansa de la alta costura —dijo Demi, forzando un bostezo de aburrimiento—. Aparte de que todo ese material tan caro acaba con mi energía.
—Parece que tienes quince años.
— ¿Quieres que me cambie? —preguntó Demi, mirándolo a los ojos.
—No —dijo Joe, apartándose para permitirle el paso al salón, donde Demi decidió entrar—. Estás bien. De hecho muy bien.
—Gracias —dijo ella, tratando de disimular cómo le había afectado aquel halago.
— ¿Quieres algo de beber? —le preguntó Joe.
—Algo ligero —respondió Demi.
— ¿Sin alcohol?
—Yo no bebo bebidas con alcohol.
—Una bebedora rehabilitada —dijo Joe al darle un vaso de agua mineral—. Digno de elogio.
Demi deseaba tener la valentía de tirarle el vaso de agua a la cara, pero sabía que aunque aquellos comentarios eran desagradables, estaban probablemente justificados por la actitud de su hermana durante los últimos meses.
—Hay muchas cosas que he cambiado en mi vida últimamente —dijo Demi.
—Me atrevo a pensar que la muerte de André ha debido tener un gran impacto en ti para que cambies tanto.