Los ojos oscuros de Paloma dirigieron su mirada hacia Demi pero en vez de la frialdad con la que Demi esperaba que la recibieran, la mujer le
sonrió afectuosamente.
—Es usted muy bienvenida, signora Jonas.
No hablo muy bien inglés, pero trataré de serle de ayuda.
—Muy amable —respondió Demi
—. Grazie.
Entraron en el palazzo y en la puerta del salón había otro
miembro del personal que les abrió la puerta. Demi
entró detrás de Joe, e inmediatamente miró
la figura que estaba sentada en una silla de ruedas al lado del sofá.
—Papá — Joe se inclinó
sobre su padre y le dio dos besos en las mejillas—. Me alegro de verte. Éstas
son Demi y tu nieta, Georgia.
Demi humedecieron los ojos y le tembló levemente la barbilla
cuando acercó una mano para tocar a Georgia, la cual gorjeó y sonrió,
marcándosele unos hoyuelos en las mejillas.
Demi tuvo que reprimir las lágrimas. Colocó a la niña en el
regazo del anciano y se apartó, dándose cuenta de que Joe
estaba mirándola.
—Se parece tanto a André... y a tu madre —dijo Vito en
italiano, con la voz ronca por la emoción.
—Sí.
—Por una vez has hecho lo correcto, Joe
—continuó diciendo el anciano en italiano—. Sé que no quieres estar atado a una
mujer como ésta, pero pronto terminará. Ya he buscado asesoramiento legal.
Cuando llegue el momento, no vas a tener ningún problema para quitarle la niña.
A Demi le fue difícil
aparentar que no comprendía. El enfado le recorría todo el cuerpo.
— ¿Crees que entiende algo de lo que estamos hablando? —Preguntó
Vito, con una mueca de desdén, ya que Joe parecía
incómodo con la conversación—. Entonces es que eres tonto, Joe. André me dijo que es una mujerzuela inculta
con la cabeza vacía. ¿No me digas que tienes dudas sobre ello? ¿Qué es lo que
te ha hecho? ¿Se ha metido en tu cama?
Cuando Demi, que simulaba
disfrutar de las vistas desde la ventana, se dio la vuelta, vio cómo a Joe se le enrojecían las mejillas.
— ¡No te olvides de lo que ha hecho! —prosiguió Vito
acaloradamente.
—No lo he olvidado —dijo Joe,
tomando a Georgia en brazos—. Es hora de que Georgia se vaya a la cama. Te
dejaremos que descanses antes de la cena — Joe miró
de nuevo a Demi y le dijo en inglés—.
Vamos Demi,
tenemos que acostar a Georgia y cambiarnos para la cena.
—Ha sido un placer conocerlo, signore Jonas —dijo Demi, sonriendo
a Vito educadamente y tendiéndole de nuevo la mano, que de nuevo rechazó el
anciano.
— ¿Papá? — Joe le frunció
el ceño a su padre, forzándole a ser educado.
—Gracias por permitir que mi nieta viniese a visitarme. No me
queda mucho tiempo. Ella es todo lo que nos queda de André —le dijo Vito a Demi, tomando
levemente su mano.
—Sí, siento mucho todo lo que tiene que haber sufrido —dijo Demi.
—Usted no sabe nada de lo que yo he sufrido. Nada —dijo Vito,
apartándose de ella.
Joe agarró a Demi por el brazo y se la llevó.
—Disculpa el comportamiento de mi padre —le dijo a Demi mientras se dirigían hacia la inmensa
escalera que llevaba a los pisos de arriba—. Todavía está llorando la pérdida
de mi hermano —dudó un momento antes de seguir hablando—. Creo que no tengo que
decirte que mi hermano era su favorito.
—Está bien, Joe. Lo
entiendo. Ha sido una época terrible para todos vosotros —dijo Demi, parándose
a mirarlo.
—A veces, me pregunto lo que habría pensado mi madre de ti —dijo Joe con una extraña y triste sonrisa. — ¿Tu
madre?
—Sí, mi madre —dijo Joe, señalando un retrato que había colgado en la
pared.
—Es muy guapa —dijo Demi al
mirar el retrato.
—Sí... era muy guapa —dijo Joe, con un tono de voz que atrajo la mirada de Demi —. Mi
padre nunca me ha perdonado que la empujara hacia la muerte.
Demi trató de decir algo pero no le salieron las palabras.
—Llegué tarde. Habíamos quedado para vernos, pero llegué
tarde. La llamé por teléfono para que hiciera tiempo hasta que yo llegara.
Estaba al otro lado de la calle cuando me vio llegar. Me llamó y saludó con la
mano... una moto la arrastró cuando trató de cruzar la calle.
—Oh, Joe.
—No vio al otro coche que se acercaba. Yo tampoco lo vi hasta
que la levantó por los aires como a una muñeca de trapo — Joe se dio la vuelta para mirar el retrato y
suspiró—. Si hubiera llegado sólo unos segundos antes...
— ¡No! — Demi o agarró por
los brazos—. No. ¡No debes pensar eso!
Joe se soltó de Demi y siguió subiendo las escaleras,
abrazando a su sobrina.
—No puedes cambiar el pasado, Demi. Tú, más que nadie, deberías saberlo. Todos
hacemos cosas de las que luego nos arrepentimos.
Demi pensó que él tenía razón. Ella misma se arrepentía de no
haberle dicho el primer día la verdad de lo que estaba pasando con Georgia.
— ¿Joe?
— Demi, ésta es la última
oportunidad que tiene mi padre de tener paz. Sé que es difícil para ti... — Joe no pudo terminar del hablar por la emoción.
—No. No lo es —dijo Demi, tocándole suavemente el brazo—. Le debo esto a
la memoria de tu hermano. En otra vida o en distintas circunstancias tal vez
hubiese aceptado a Georgia con mucho gusto. Simplemente no era el momento. Tú
has asumido el papel de su padre. Yo soy... su madre. De nosotros depende que
su vida sea como debe ser.
— ¿Y no tienes problemas con toda esta situación? —preguntó Joe.
—No —contestó Demi mirando
a su sobrina—. Por ahora.

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