domingo, 6 de enero de 2013

Soy Otra Mujer Capitulo 15





En ese momento, Demi decidió que no lo iba a dejar mandar sobre ella delante del personal a su servicio y menos delante de su preciosa recepcionista, que no había dejado de mirarla.
—Hola —dijo Demi dándole la mano a la recepcionista—. Soy, Demi la novia de Joe. Ésta es Georgia. Es sobrina de Joe; la hija de André.
La recepcionista apartó su mano de la de Demi.
—Yo... yo creía que te llamabas Nadia —finalmente logró decir la recepcionista—. ¿No te acuerdas? —preguntó mirando a Demi de arriba abajo—. Ya nos habíamos conocido.
Demi se puso blanca y no se le ocurrió nada que decir para justificar el no acordarse de aquella chica.
—Fue cuando Joe estuvo en Italia en septiembre —continuó diciendo la recepcionista—André tenía una reunión, pero insistías en verlo.
Pensó que seguramente Nadia había ido a visitar a André durante su embarazo, como un último intento para que siguiese con ella.
—Sí... bueno, yo no estaba muy bien por aquel entonces... las hormonas, ya sabes...
—Se parece mucho a André, ¿verdad? —dijo la secretaria, poniéndose más dulce al mirar a Georgia.
Demi asintió con la cabeza, prefiriendo no hablar.
—Por favor, Katrina, no me pases llamadas —ordenó Joe interrumpiendo la pequeña conversación—. Vamos, cara, tenemos que resolver algunos asuntos.
¿Cara? No sabía si iba a poder aguantar que le dedicara palabras cariñosas en italiano.  
—Aquí es —dijo Joe, sujetando la puerta—. Siéntate. Voy a llamar a Robert Highgate.
Demi se sentó y puso a Georgia en una postura más cómoda. El despacho era enorme, con estanterías llenas de libros, lo que indicaba que Joe leía mucho.
La puerta del despacho se abrió y vio aparecer a un hombre de unos cincuenta y cinco años más o menos, con una carpeta de documentos debajo del brazo. Joe entró detrás de él.
—Cara, éste es Roben Highgate. Roben, ésta es mi novia, Demi Lovato.
Robert le dio la mano y miró con ternura a la pequeña, que estaba dormida.
—Vaya pequeño tesoro. Yo tengo dos hijas. Son mi vida y a la vez mi tortura —dijo Robert sonriéndola.
—No es fácil ser padre —dijo Demi con una sonrisa indecisa.
—No, pero merece la pena, te lo aseguro. Mi hija mayor se casa dentro de pocos meses; parece que fue ayer cuando de niña discutía por tonterías con su madre.
En ese momento, Robert recordó para qué estaban allí.
—Bien —dijo Roben, abriendo la carpeta y mirando a Joe —. He redactado el documento como me dijiste, pero tal vez se lo debería de explicar a Demi.
—Explícaselo —dijo Joe con indiferencia.
Demi estaba avergonzada, ya que no entendía de términos legales.
—Como desees —Robert abrió la carpeta y la puso delante de ella—. No te asustes por toda esta jerga legal, es bastante sencillo. Esto establece que en el caso de que os divorciéis, podrás aspirar a un acuerdo razonable, pero nunca a una división de los ingresos de Joe.
Demi buscó el nombre de Georgia en aquel documento, para comprobar si Joe había introducido alguna cláusula para quedarse con la niña si se divorciaban, pero no encontró nada.
—Aquí se establece que recibirás una asignación durante el tiempo que dure el matrimonio —le señaló Robert Highgate.
—Eso parece un poco... exagerado —dijo Demi cuando leyó la cifra. Alzó su mirada y vio que Joe estaba mirándola de manera extraña. Tendría que tener más cuidado en el futuro con lo que decía, si no, Joe empezaría a sospechar.
—Si firmas aquí... —le indicó Robert—. Y aquí también...
Cuando Demi hubo firmado todo, Robert cerró la carpeta y se dirigió a Joe.
—Mis felicitaciones por vuestro feliz matrimonio —dijo Robert—. Sé que son momentos difíciles, pero pueden llegar otros más felices. Joe, ¿cómo está tu padre?
—Lo está sobrellevando —contestó Joe.
—Un golpe terrible y tan poco tiempo después de lo de tu madre.
—Sí.
Demi se dio cuenta de que aunque Joe no aparentase mucho dolor, sufría profundamente por todo lo ocurrido.
— ¿Qué te parece, Demi? — preguntó Joe dirigiendo su mirada hacia ella.
— ¿Perdona? —preguntó Demi confundida.
—Robert sugirió que hiciéramos un documento aparte sobre Georgia. El patrimonio de André ahora es suyo, pero hasta que no tenga la suficiente edad...
—Ya te he dicho que no estoy interesada en el patrimonio de André —dijo Demi levantándose y sujetando a Georgia contra su pecho.
Joe trató de advertirla con la mirada, pero ya era demasiado tarde. Robert Highgate había escuchado aquella conversación.
—Tengo los documentos necesarios —informó Robert a Joe cuando ya estaba en la puerta—. Que os vaya bien.
—Gracias —contestó Joe —. ¿Demi? —dijo, provocando que ella también contestara.
—Gracias por explicarme todo, señor Highgate —dijo Demi con una tenue sonrisa.
—No pasa nada —dijo Robert, acercándose para darle la mano a Demi —. Si no te importa que lo diga, no eres como creía.
—No... ¿No lo soy? —a Demi se le revolvió el estómago pensando si Nadia también habría conocido a Robert.
—No —dijo Robert—. Pero ya sabes cómo son esos cotillas de las revistas. Se inventan esas cosas para vender más.
—Ahora, esto es todo lo que me importa, he cambiado —dijo Demi mirando a Georgia.
—Te felicito por eso —le dijo Robert Highgate—. Criar a un niño es una experiencia que hace madurar. ¿Tienes familia, padres y hermanos?
—No, no tengo familia. Mi padre murió cuando yo era un bebé y mi madre murió hace tres años —dijo Demi evitando la mirada del abogado.
Escuchando aquella conversación, Joe se dio cuenta de lo poco que sabía de ella.
Georgia empezó a lloriquear cuando el abogado se marchó y cerró la puerta.
—Creo que necesita que le cambie los pañales —dijo Demi.
— ¿Quieres que se los cambie yo? —se ofreció Joe.
Demi lo miró con horror. No podía dejar que cambiara los pañales de Georgia y viera las leves, pero todavía visibles, marcas de los moratones en su pecho.
—No —dijo Demi rotundamente.
Nina se dio cuenta de que lo había ofendido. Él quería ser un padre de verdad para Georgia. Quería cambiarla y darle de comer. Pero hasta que aquellos moratones no desapareciesen por completo, no podía dejar que viese a Georgia sin su ropita.
—Hay un cuarto de baño en este mismo pasillo, dos puertas más para allá —dijo Joe —. ¿Tienes todo lo que necesitas?
—Ya he hecho esto antes —dijo Demi, mirándolo con altanería.
Joe no le contestó, pero sujetó la puerta para que Demi pudiese salir. Desde la puerta, vio cómo los pequeños dedos de Georgia se agarraban al pelo de su tía. Deseó poder hacer lo mismo, comprobar si en realidad era tan sedoso como parecía.
Al volver dentro de su despacho se acercó para mirar por la ventana, pero no podía ver otra cosa que no fueran los ojos grises de Demi.

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