sábado, 12 de enero de 2013

Soy Otra Mujer Capitulo 21




A Demi le agradó el hecho de que Joe estuviera ausente cuando ella y Georgia se mudaron a su casa. Ya tenía suficiente con tratar con la arisca ama de llaves que, sin embargo, trataba a Georgia de manera muy distinta.
Había pedido la baja en el trabajo el día después de que Joe se marchó y se sentía mucho mejor al saber que Georgia no tendría que pasar por el trance de separarse de ella. La niña parecía más contenta. Al haber crecido sin un padre ella misma, sabía que a Georgia le vendría muy bien sentirse bajo la protección de Joe, lo que hacía aquel sacrificio un poco menos desagradable. Su pequeña sobrina nunca sentiría la tristeza de no tener un padre en quien confiar y apoyarse.
El día antes de la ceremonia, en un impulso que ni ella misma entendió, se compró un traje de novia y un velo. Decidió que nadie le iba a impedir ser una novia de verdad, aunque la boda en sí fuese una farsa.
— ¿Qué te parece, Georgia? —Le preguntó a la pequeña mientras se ponía el velo sobre la cabeza, frente al espejo de la tienda—. ¿Parezco una novia de verdad? Espero que un día te cases con un hombre que te quiera muchísimo.
Al mirarse de nuevo en el espejo con el velo y el traje, pensó que iba a estar tan despampanante como nunca, aunque era una pena sentir que nadie iba a apreciarlo.
Todavía estaba preparando a Georgia para dormir cuando oyó que Joe volvía a casa en su coche, ante lo cual se le revolvió el estómago.
En menos de veinticuatro horas iba a ser su esposa. Compartiría su apellido y su vida, pero no su cama..
—Hola —le dijo Joe cuando llegó a la habitación donde Demi estaba acostando a la niña.
—Hola.
Demi se apartó para dejar que Joe se acercara a ver a la pequeña, pero, al hacerlo, sus cuerpos se rozaron y el pulso de Demi se aceleró.
Se quedó mirando a Joe, que parecía cansado. Lo deseaba, deseaba besarlo, deseaba que él se acercara a ella y...
— ¿Pasa algo? —preguntó Joe, sacando a Demi de sus díscolos pensamientos.
—No.
—Pareces... nerviosa.
—No lo estoy.
— ¿Te has instalado ya por completo?
—Sí.
—Me gustaría hablarte sobre nuestro viaje a Italia —le dijo Joe —. Nos vemos en mi estudio en veinte minutos. Antes me gustaría afeitarme y ducharme.
Demi fue a buscar una bandeja que Lucía, que tenía el día libre, había dejado con café y tarta. La llevó al estudio de Joe para esperarlo allí.  
Éste llegó poco después, luciendo unos pantalones vaqueros y una camiseta que hicieron que el pulso de Demi, de nuevo, se disparara.
— ¿Cómo te ha ido el viaje? —le preguntó Demi, tratando de disimular la reacción que le había causado.
—Me imagino que trayéndome el café y preguntándome ese tipo de cosas estás ensayando tu papel de esposa —dijo Joe.
—Puedes pensar lo que quieras. En realidad no me importa cómo te fue en tu estúpido viaje. Sólo estaba siendo educada —contestó Demi.
—No te esfuerces en ser educada conmigo, Demi. No te pega —dijo Joe, que al instante, al encontrarse con la mirada de Demi, se arrepintió de sus palabras. Se acercó hacia ella y tomándole la mano le beso la yema de los dedos.
Demi se quedó paralizada, sosteniendo la cautivadora mirada de Joe.
— ¿Por qué has hecho eso? —preguntó Demi.
—No estoy seguro —respondió seriamente Joe —. Si te digo la verdad, Demi, a veces, cuando hablo contigo, es como si tratara con dos personas diferentes. Me pregunto con cuál me casaré mañana.
Demi se soltó de la mano de Joe y se apartó un poco de él.
—No sé qué quieres decir. Hablas como si yo tuviese un trastorno de personalidad.
—Mi hermano me contó muchas cosas sobre ti, pero yo no veo ninguna de las cosas que lo perturbaban tanto.
—Quizá yo haya cambiado —dijo Demi, evitando su mirada—. La gente cambia. Tener un hijo es un acontecimiento que te cambia la vida.
—Indudablemente, pero no puedo evitar pensar que hay algo más.
— ¿Q... qué quieres decir? —preguntó Demi mirándolo con cautela.
Joe se dio cuenta de la preocupación de Demi. Todo el tiempo que estuvo de viaje había estado pensando en Demi, preguntándose cómo sería dormir con ella, saciar sus cuerpos. Era como si, sabiendo que ella estaba prohibida para él, su cuerpo hubiese decidido desearla incesantemente.
Lo podía sentir en aquel momento; el deseo lo golpeaba y se excitaba con sólo mirarla.
Quería odiarla, para así mantenerla alejada, pero a pesar de sus esfuerzos, su odio estaba siendo sustituido por algo mucho más peligroso; aquel deseo incontrolable que sentía hacia ella.
—A veces, es como si mi hermano hubiese estado hablando de alguien totalmente distinto. Simplemente no encaja.
Demi no sabía qué responder. Pensó en contestar como lo haría Nadia, pero no se sentía preparada en aquel momento.
— Demi, ¿no tienes nada que decir? —le preguntó Joe.
—Dijiste que querías hablar del viaje a Italia, ¿cuándo nos vamos? —dijo Demi, tratando de cambiar de tema, ya que era la única manera que veía de salir de aquel embrollo.
—Nos marcharemos el día después, de la ceremonia. Le diré a Lucía que te haga las maletas. Vendrá con nosotros para ayudar con Georgia. Debo advertirte que mi padre no te estará esperando con los brazos abiertos.
—Entiendo.
—La ceremonia se celebrará mañana a las diez de la mañana —dijo Joe —. Dadas las circunstancias, será una ceremonia muy íntima.
Joe observó que Demi se acercaba a la puerta como si esperara poder librarse de él. Iba a decirle que no se fuera, pero lo pensó mejor; era peligroso si pasaban mucho tiempo junto.
No sabía por cuánto tiempo sería capaz de resistirse a ella.
Cuando la puerta se cerró tras ella, se preguntó si en realidad no se estaría enamorando de ella.

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