—No, claro que no. Pero no puedo evitar pensar
que escondes algo. En cuanto baje la guardia, vas a apartarme de Georgia. Me
has amenazado con ello muchas veces.
—Entiendo tus miedos y me disculpo por haberte
amenazado de tal manera, pero créeme, tenía que asegurarme de que Georgia
estuviera bien. Había oído tantas cosas sobre ti que no confiaba en que la
cuidaras del modo que ella necesita.
—¿Y ahora qué? —preguntó Demi, mirándolo—.
¿Confías ahora en mí?
—Ya no tengo las dudas que tenía antes. De
todas maneras, estaría más contento si fuera oficialmente el padre de Georgia.
—Pensaré en ello —dijo Demi, para ganar tiempo.
—Supongo que me tendré que dar por satisfecho
por el momento, pero te advierto, Demi, que no voy a descansar hasta que no
consiga lo que quiero.
Demi, sabía que lo decía en serio y el problema
era que ella estaba en el camino de que lo consiguiera. Nunca podría llegar a
ser el padre de Georgia, a no ser que se enterara de su engaño.
—Hay algo más que deseo decirte —dijo Joe
después de un corto, pero tenso silencio—. Tengo una cena de negocios esta
noche en Positano. No me puedo escapar... hay gente que desea verme antes de
que vuelva a Sidney. Sé que te aviso con poco tiempo, pero me gustaría que
vinieses conmigo. Lucía cuidará a Georgia; ya lo he hablado con ella.
Demi se quedó pensando.
— ¿Tienes otros planes? —preguntó Joe con un
tono un poco duro.
—No. No, claro que no.
—Salimos a las siete. Vístete con algo que sea
largo; es una cena formal.
Cuando, aquella noche Demi bajó las escaleras
vestida con un vestido de raso negro, Lucía le dirigió una sonrisa de
aprobación.
— ¿Voy bien? —preguntó Demi al ama de llaves.
— Joe no va a ser capaz de resistirse esta
noche, Demi, —dijo Lucía.
—Tú sabes la verdadera razón por la que se casó
conmigo, Lucía.
—Sí, pero las cosas han cambiado, ¿o no es así?
Compartes su cama como una esposa normal. Eso está bien.
—Él no me ama. Él me odia por... por lo que le
hice a su hermano —dijo Demi.
—Pero tú no le hiciste nada a su hermano,
¿verdad, Demi?
— ¿Qué quieres decir?
—Tal vez hayas engañado al signore Jonas, pero
a mí no se me engaña tan fácilmente. Me llevó unos pocos días darme cuenta,
pero tú no eres la madre de Georgia, ¿verdad? —Lucía sonrió con complicidad.
— ¿P... por qué dices eso? — Demi se agarró con
fuerza al pasamanos de la escalera.
—No es posible que seas la mujer que sedujo a André.
— ¿P... por qué no?
—Porque yo conocí a la mujer por la que tú te
estás haciendo pasar.
— ¿Has conocido a Nadia? — Demi se la quedó
mirando perpleja.
—Sí. Fue a la casa para ver a André. Yo me
había quedado despierta más tarde de lo normal aquella noche y me acerqué a
ella. Era como esperaba; superficial y vanidosa. Para ella, yo sólo era una
sirvienta sin nombre. Los primeros días después de que tú llegaras a la casa
estaba confundida. Te comportabas como ella, tenías su apariencia e incluso
hablabas como ella. Tuve mis sospechas cuando recibiste aquella llamada
telefónica; aquella voz era muy parecida a la tuya. Entonces comprendí lo que
pasaba. Yo tengo hijos gemelos y cuando eran pequeños solían hacerse pasar el
uno por el otro.
— ¿Se lo has dicho a Joe? — Demi tragó saliva.
—No. Pensé que eso te lo dejaría a ti.
Demi se mordió el labio.
—Se lo tienes que decir, lo sabes —dijo Lucía.
—Lo sé —dijo mirando con angustia al ama de
llaves—. Pero no sé cómo hacerlo. Ha pasado por tanto últimamente... que no
quería hacerle más daño. Me siento tan culpable.
—La que se tendría que sentir culpable es
Nadia, no tú. Me imagino que te dejó a Georgia, ¿no es así?
—Sí. Créeme, es lo que ha hecho siempre — Demi
suspiró—. Nuestra madre era exactamente igual: inquieta, malhumorada, impulsiva
e irresponsable.
—El lo entenderá —le aseguró Lucía—. Es un buen
hombre, Demi. Será bueno contigo una vez que sepa quién eres realmente.
Demi deseó ser tan optimista como ella. No veía
a Marc tomándose la noticia tan bien.
—Deséame suerte, Lucía —dijo Demi sonriéndole
tímidamente cuando oyó que Marc se aproximaba.
—Simplemente sé cómo tú eres —le recomendó
Lucía—. Eso es todo lo que tienes que hacer.
La cena se celebró en un pequeño, pero elegante
restaurante. A Demi nunca antes le había apetecido menos tratar con gente.
Permaneció al lado de Joe, tomándolo por el brazo y sonriendo a todos los que
le presentaron. Pero estaba pensando en otra cosa y estaba deseando que la cena
terminara.

No hay comentarios:
Publicar un comentario