— ¿Y qué pasa con el vestido? —preguntó Demi, tratando de no pensar en las razones que
tenía Joe Jonas para casarse con ella.
—Me da igual lo que se ponga —contestó Joe—. No obstante, creo que sería muy inapropiado
que fuera de blanco —dijo y miró al cochecito. ¿No le parece?
—Me gusta ir de blanco, me favorece ——dije Demi.
Joe estaba seguro de que estaría deslumbrante aunque se pusiera
un hábito de monja.
—Póngase lo que quiera. De todas maneras, la ceremonia durará
sólo unos minutos. Voy a citarme con mi abogado para redactar los documentos
necesarios. Le recuerdo que si no cumple el trato no me quedara otra salida que
quitarle la custodia de Georgia. Y no piense que no puedo hacerlo, porque le
aseguro que puedo y que lo haré si es necesario.
—Voy a cumplir el trato —dijo Demi,
deseando que no se diera cuenta de su miedo a ser descubierta.
—Sí, supongo que sí —dijo Joe,
sosteniendo la mirada de Demi con prudencia—.
Desde luego, le daré una asignación durante el tiempo que dure nuestro
matrimonio. ¿Qué hará con tanto dinero?
—Seguramente comprar, comprar y comprar —contestó Demi, encogiéndose de hombros como hacía su
hermana.
—Es usted una sibarita. ¿Ha trabajado decentemente algún día
de su vida?
— ¿Trabajar? —Preguntó Demi
con repugnancia—. ¿Por qué hay que trabajar cuando en vez de eso puede uno
divertirse?
—Me pone enfermo. Me cuesta entender cómo mi hermano se
sintió atraído por usted. Daniela tuvo que posponer la boda por su culpa. Si
usted no hubiera aparecido, André...
—Qué fácil echarle la culpa a la otra —le espetó Demi en defensa de su hermana—. Él no tenía por
qué haberse ido conmigo, si lo hizo fue porque quiso.
—Usted lo persiguió durante meses —contestó Joe—. Me contó lo persistente que era usted y cómo
le fue imposible mantenerla alejada.
—Creo que no me equivoco si digo que se lo pasó bien mientras
duró nuestra relación. Y le apuesto a que usted también lo pasaría bien.
—Siento decepcionarla, pero eso no ocurrirá. Conoce los
términos del acuerdo y, si trata de hacer algo distinto, usaré todas las armas
que estén a mi disposición. — ¿Irá a la ceremonia algún pariente
suyo? —preguntó Demi tratando de ocultar su
inquietud.
—No, mi padre no puede viajar y mi madre está... —dudó antes
de continuar—. Ella murió hace un par de años.
Demi no pudo evitar sentir lástima por el padre de Joe, por el dolor que tendría por haber perdido a
su mujer y a su hijo en tan corto espacio de tiempo. Se imaginaba que Joe también sentiría mucho dolor, lo que hizo que
su enfado disminuyera.
—Debe ser un momento muy duro para todos ustedes —dijo Demi con tacto.
— ¿Cómo se atreve a compadecerse de nosotros? Si no hubiese
sido por usted, mi hermano estaría vivo —preguntó Joe
mirándola con asco.
Joe no sabía a lo que se refería y lo miró impactada.
—Eso es una acusación muy dura —logró decir — ¿Qué pruebas
tiene para confirmarlo?
—Usted fue la última persona que estuvo con André antes de
que fuera a buscar a Daniela al aeropuerto.
Demi no conocía ese pequeño detalle y se preguntó por qué su
hermana no se lo había contado.
— ¿Y? —dijo tratando de aparentar indiferencia, aunque se le
estaba revolviendo el estómago por la consternación.
—Daniela estaba disgustada, lo cual es comprensible, por lo
que había pasado mientras ella estuvo en Milán —explicó Joe—.
Amenazó con suspender la boda, pero André afirmó que su
relación con usted había terminado. Daniela supo lo del bebe y eso causó muchos
problemas entre ellos. Vivió lo suficiente después del accidente para contarme
que André estaba muy alterado cuando fue a buscarla al aeropuerto, porque usted
lo había ido a visitar la noche anterior haciéndole sus vergonzosas exigencias.
No durmió bien y no tuvo la suficiente concentración mientras conducía para
evitar el accidente cuando un camión se saltó un semáforo en rojo.
— ¿Y cree que es mi culpa? —Preguntó Demi
con dureza—. ¡Yo no conducía el camión!
—Por lo que a mí respecta, como si hubiese sido usted misma
la que lo conducía. André se avergonzaba de haber tenido una relación con
usted. Llegó casi a destruir su relación con Daniela.
—Debió pensar en las consecuencias antes de empezar una
relación conmigo.
— ¿No cree que es al revés? —Preguntó Joe—. No era André el que, aquella primera noche, estaba
desnudo en la cama del hotel... era usted.
Demi trató de esconder la impresión que le causaron aquellas
palabras. En realidad, Nadia le había contado muy poco sobre todo aquello.
— ¿Y qué? —Dijo Demi—.
Pudo haber dicho que no.
—Hay muy pocos hombres que podrían decir que no con una
tentación como ésa delante de ellos.
— ¿Así que admite que se siente un poco tentado usted mismo? —preguntó
Demi, inclinando provocativamente su cabeza
hacia él.
Joe se acercó a ella, con tal expresión de odio que hizo que Demi retrocediera.
—Quizá tenga usted el cuerpo de una diosa y la cara de un
ángel, pero yo no le tocaría ni siquiera si lo necesitara para seguir viviendo.
El orgullo femenino hizo que Demi
levantara su barbilla y lo mirara desafiante.
— ¿Quiere apostar algo a que se sentirá tentado por mí?
Nina supo, por la expresión de la boca de Joe, que había llevado las cosas demasiado lejos. Pero era muy
tarde para echarse atrás.
—Vale —dijo Joe finalmente—.
Haré una apuesta. Si le toco en un modo distinto al normal durante nuestro
matrimonio, gana la apuesta. Le doblaré la asignación.
Demi se dio cuenta de que Nadia ya habría preguntado cuánto dinero
le iba a dar.
—Um... ¿Cuánto planea pagarme?
—Le aseguro que mucho más de lo que usted merece la pena.
Aquellas palabras llenaron de odio los ojos de Demi y sintió el enfado expandirse por todo su
cuerpo.
—Eso habrá que verlo —dijo imitando el coqueto tono de voz de
Nadia. Aunque sonreía seductoramente, Demi
se carcomía por dentro.
—Adelante, señora Lovato,
adelante y consiga que pague.
Antes de que pudiera contestar, Joe
se marchó dando un portazo.
Si le decía a Joe quién
era realmente, éste tendría aún más razones para reclamar a Georgia.
El corazón de Demi volvió
a dar un brinco al pensar en aquella boda, en estar atada formalmente a aquel
hombre y tener que estar ocultando su verdadera identidad. Pero a no ser que
Nadia volviera y reclamara a su hija, Demi
sabía que tendría que continuar con aquella farsa durante el tiempo que fuese
necesario. No podía hacer otra cosa, Georgia la necesitaba y no podía fallarle.
Cuando el teléfono sonó, lo levantó con su todavía temblorosa
mano.
— ¿Demi? —Dijo Nadia como
si no pasara nada—. Pensé en llamarte durante el viaje. Voy a estar en Singapur
durante unas horas.
— ¿Tienes idea de lo que has hecho? —le preguntó Demi.
—Sé que no estás de acuerdo con que deje a Georgia —dijo
Nadia—. Pero para serte sincera, no me importa. Yo quiero...
—Cállate y escúchame —le espetó Demi—.
¿Cómo le puedes hacer eso a tu propia hija? ¡No sólo la abandonas si no que
también le haces daño!
—Mira —el tono de voz de Nadia se endureció—. Estuvo llorando
durante horas mientras que estuviste fuera. Me volvía loca.
—Es una niña indefensa, como lo fuiste tú una vez. ¿No
recuerdas cómo se siente uno al ser tan vulnerable?
—No me acuerdo de nada, así que no sigas con eso, ¿vale?
Demi suspiró con frustración. Su gemela era experta en taladrarle
la cabeza cuando las cosas se ponían tensas.
— ¿Alguna noticia sobre los parientes de André? —preguntó
Nadia, de la misma manera en que lo haría si estuviese preguntando por el
tiempo.
—Él ha venido aquí —masculló Demi.
— ¿Quién?
— ¡Sabes perfectamente quién! —contestó Demi, con ganas de gritar—. Joe Jonas.
—Pensé que iría.
— ¿Cómo puedes tomarte esto tan a la ligera? —Gritó Demi—. Por el amor de Dios ¡se cree que yo soy tú!
— ¿De verdad? Qué gracioso —dijo Nadia a carcajadas.
—Bueno, adivina... yo no me río —espetó Demi—. Y mejor que vuelvas en cuanto puedas y
resuelvas esto.
—No voy a volver —dijo decididamente Nadia—. Bryce me espera
en Los Ángeles mañana. ¿Por qué simplemente no le dices quién eres?
—Porque se quiere quedar con Georgia —contestó Demi.
— ¿Ahora la quiere? —El dulce tono de voz que empleaba Nadie
estaba crispando los nervios de Demi—. Así
que la fotografía surtió efecto.
— ¿Qué quieres decir?
—Desde luego que él tendrá que pagar, pero de todas maneras
es con ellos con quien tiene que estar. Piensa en lo rica que será cuando sea
mayor de edad.
—No me puedo creer que seas tan insensible —le reprochó Demi—. ¿Sabes lo que pretende hacer?
— ¿Qué? —por su tono de voz, Nadie parecía aburrida.
—Me está obligando, a ti en realidad, a casarme con él. Pero
en realidad es a mí a quien obliga, porque tú te has marchado. He dicho mil
mentiras y no sé si voy a ser capaz de manejar esta situación, no sé tratar a
hombres como Joe Jonas, tengo
responsabilidades y..
— ¡Guau! —La interrumpió Nadia—. Más despacio, no me he
enterado de nada desde lo de que te pidió matrimonio. ¿Qué quieres decir con
eso de que se quiere casar contigo?
—Conmigo no... ¡Contigo! —Chilló Demi—.
Él cree que te está obligando a casarte con él.
— ¿Casarme con él?
—Quiere adoptar a Georgia y está dispuesto a casarse conmigo,
quiero decir contigo, para hacerlo.
— ¿Has aceptado? —Nadia parecía sorprendida.

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