Por suerte, ella fue la gemela que nació antes y por lo
tanto, como era costumbre en la época en que nacieron, sólo aparecía su nombre
en el certificado de nacimiento. Pero en el certificado de nacimiento de
Georgia no aparecía su nombre, sino el de su madre; Nadia.
— ¿Demi? —la profunda voz
de Joe la rescató del pánico.
—Lo siento —dijo, colocando a Georgia un poco más arriba de
su cadera—. Georgia estaba durmiendo.
— ¿La tienes en brazos?
Georgia gorgoteo felizmente como si estuviese contestando a
su tío.
—Sí —dijo Demi sonriendo a
su sobrina—. Estaba a punto de acostarla cuando llamaste.
— ¿Cómo está?
—Está bien.
— ¿Se despierta mucho por la noche?
—Una o dos veces —dijo Demi—.
Pero se vuelve a dormir pronto.
—Dime una cosa, Demi —dijo Joe—.
¿Te gusta ser madre?
—Desde luego que me gusta —respondió Demi
sin dudar. Nada más hacerlo, se arrepintió de haber sido tan honesta, ya
que tal vez Nadia habría respondido de otra manera.
—Tú no me consideras un tipo maternal —dijo Joe con desprecio.
— ¿Cómo te considero yo a ti, Joe?
—le preguntó poniendo su voz más seductora.
—Te pasaré a buscar mañana a las nueve y cuarto —le dijo Joe, ignorando su último comentario.
— ¿Tiene tu coche un asiento para bebés? —preguntó Demi.
—Pondré uno esta tarde —contestó Joe,
que ni siquiera había pensando en esa clase de detalles.
—Puedo ir en autobús —sugirió Demi—.
¿Dónde está tu oficina?
—Insisto en pasarte a buscar.
—No iré contigo si tu coche no está adecuado para llevar
niños. Es peligroso.
—Aunque sea la última cosa que haga, tendré el asiento para
niños instalado. ¿Está bien?
—Bien —dijo Demi—. ¿Puedo
confiar en que lo harás? Joe cerró los ojos
y contó hasta diez, un poco harto.
— ¿Joe?
Este abrió los ojos al escuchar su nombre dicho por ella.
—Sí... —dijo Joe—. Puedes
confiar en mí. —Entonces te veo mañana.
—Sí —Joe se desató la
corbata, que de repente empezaba a apretarle—. Nos vemos mañana.
A la mañana siguiente, a las nueve y cuarto, sonó el timbre
de la puerta. Georgia seguía llorando, como había hecho desde que se había
despertado a las cinco de la madrugada.
Demi estaba desesperada. Estaba muy cansada y podía sentir que
iba a tener un monumental dolor de cabeza.
Mientras contestaba al timbre de la puerta, con los ojos
hundidos por el cansancio, le dio unas palmaditas en la espalda a Georgia.
Cuando, al abrir la puerta, vio la impresionante figura de Joe Jonas, hizo todo lo que pudo para no llorar,
debido a la emoción que la invadió.
— ¿Está mala? —preguntó Joe,
entrando en el piso.
—No sé. Ha estado así desde que se ha despertado.
Joe tomó a la niña y le tocó la frente para ver si tenía fiebre.
—Está caliente, pero no mucho —dijo Joe
mirando a Demi —. ¿Ha comido?
—No ha querido. Lo he intentado tres o cuatro veces pero no
quiere.
—Tal vez necesite que la vea un médico —sugirió Joe —. ¿A cuál la llevas normalmente?
Demi no sabía adónde habría llevado Nadia a Georgia para sus
revisiones mensuales, si era que lo había hecho.
—Yo...
—La has llevado alguna vez al médico, ¿no? — Joe le dirigió una mirada acusadora.
—Ah...
— ¡Es una niña pequeña! —Le recriminó Joe con furia—. Se supone que tiene que ser vacunada y
examinada regularmente para ver si su crecimiento es normal.
—Está muy sana —dijo Demi,
estremeciéndose al oír otro alarido de dolor de Georgia.
— ¿Crees que realmente está sana? —preguntó Joe mientras la pequeña seguía llorando.
—Quizá esté echando los dientes.
— ¿Cuánto tiempo tiene? ¿Cuatro meses? ¿No es un poco pronto
para eso?
— ¡No lo sé! Yo nunca... — Demi se
contuvo para no seguir hablando.
Joe le devolvió la niña a Demi
cuando dejó de llorar.
Demi admiró la maña que tenía Joe
con la niña. Había estado despierta durante horas tratando sin éxito de que la
pequeña se calmara y en unos minutos él lo había logrado.
—Ve y prepárate —le dijo Joe en
un tono de voz bajo para no despertar a la niña, a la que tomó de nuevo en
brazos—. Nunca se sabe cómo va a estar el tráfico a esta hora.
Demi se fue a su habitación y analizó su ropa. Casi toda era o muy
clásica o pasada de moda. Su trabajo en la biblioteca no requería llevar un
atuendo muy moderno. Tenía muchos pantalones vaqueros, casi todos se los había
dado Nadia cuando ya no le servían, así como camisetas que enseñaban más de lo
debido.
Ya que se estaba haciendo pasar por su hermana, eligió entre
las cosas que le había dado, aunque no le gustaba enseñar tanto su cuerpo.
Mientras se vestía, pensó en que todo lo de Joe la alteraba. No era sólo el hecho de que
pensara que ella era Nadia, sino que su forma de actuar la intimidaba. No sabía
cómo comportarse con un hombre tan fuerte y decidido. La realidad era que no
tenía experiencia con los hombres.
Cuando regresó de arreglarse, vio a Joe
esperándola con la niña en sus brazos. Estaba claro que adoraba a la hija de su
hermano y haría cualquier cosa para protegerla, incluso casarse con una mujer
que aborrecía.
— ¿Estás preparada? —preguntó Joe.
Demi asintió con la cabeza, tomó la bolsita de Georgia y salió
del piso detrás de él.
Mientras se dirigían en el coche de Joe
hacia su despacho, Demi se preguntó qué le
habría dicho éste a su abogado sobre su repentino matrimonio. No sabía si debía
comportarse como si todo fuera normal o si Joe le
habría contado la verdad.
Se preguntó qué pasaría si le decía la verdad a Marc. Seguramente él conseguiría la custodia, pero
tal vez le dejara ver a su sobrina regularmente. Se sentía indecisa y culpable.
Cuando llegaron, Demi se
colocó la mochila para llevar a Georgia en el pecho y Joe
le acercó a la pequeña, rozándole, involuntariamente, con su mano un pecho,
ante lo que Demi dio un respingo.
—Te recomendaría que en presencia de mi abogado no muestres
tan abiertamente el desagrado que te causa que te toque —le dijo Joe —. Él cree que esto va a ser una boda normal y
prefiero que siga creyéndolo.
—No es precisamente normal forzar a alguien a que se case
contigo.
—Tus sacrificios te serán más que compensados.
— ¿No va a sospechar tu abogado del hecho de que yo venga
aquí a firmar un acuerdo prematrimonial? —preguntó Demi.
—Es muy corriente hacer acuerdos prematrimoniales hoy en día.
Además de que tengo accionistas e inversores que proteger, por no hablar de mi
padre. No me voy a quedar parado y ver cómo una mujerzuela hambrienta de dinero
como tú se lleva, si el matrimonio termina, la mitad de todo lo que mi padre y
yo hemos conseguido con tanto esfuerzo.
Aunque Demi sabía que todo
aquello que estaba diciendo Joe era
razonable, no pudo evitar sentirse herida. Deseaba que pudiera ver cómo era
realmente ella, una persona que se preocupaba profundamente por su pequeña
sobrina, hasta el punto de casarse con un completo extraño.
Mientras subían en el ascensor, sintió el calor que
desprendía el cuerpo de Joe, que estaba muy
cerca de ella. Estaba echa un lío. Volvió a plantearse las dudas de qué pasaría
si él se enterara de la verdad, cosa que estaba casi segura que acabaría
pasando.
Hasta aquel momento había tenido suerte. Joe no le había pedido el certificado de nacimiento
de Georgia, pero pronto lo haría, sobre todo si iba a adoptarla formalmente.
Al darse cuenta de que él la estaba mirando, camufló su
inquietud con una sonrisa.
— ¿Por qué sonríes? — Joe
la miró de forma burlona—. ¿Por lo pronto que vas a tener tu asignación?
—Eso depende de lo generosa que sea —contestó Demi.
—Todavía no estamos casados, así que te aconsejaría que no
empezaras a contar el dinero todavía —masculló Joe.
Se había dado cuenta de cómo la miraba Joe cuando pensaba que ella no la miraba, como si
no pudiese evitarlo. Se sentía bien pensando que él se sentía atraído por ella,
lo que no dejaba de sorprenderla, ya que se suponía que tenía que odiarlo por
lo que estaba haciendo, pero no era así. Cada vez que la miraba su cuerpo se
encendía y cuando, por error, le había rozado el pecho, sintió cómo su corazón
se aceleraba.
Tenía que controlarse. Era mejor que evitara enamorarse de Joe Jonas.
La recepción del edificio donde se encontraba el imperio
bancario de Joe no dejaba lugar a dudas
sobre el poder que tenía. Hasta un Renoir había allí mismo colgado.
—Señor Jonas —le susurró
la recepcionista a su jefe—. El señor Highgate le está esperando en la sala de
invitados al lado de su despacho.
—Sígueme —le indicó Joe a Demi.

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