martes, 1 de enero de 2013

Soy Otra Mujer Capitulo 14





Por suerte, ella fue la gemela que nació antes y por lo tanto, como era costumbre en la época en que nacieron, sólo aparecía su nombre en el certificado de nacimiento. Pero en el certificado de nacimiento de Georgia no aparecía su nombre, sino el de su madre; Nadia.
— ¿Demi? —la profunda voz de Joe la rescató del pánico.
—Lo siento —dijo, colocando a Georgia un poco más arriba de su cadera—. Georgia estaba durmiendo.
— ¿La tienes en brazos?
Georgia gorgoteo felizmente como si estuviese contestando a su tío.
—Sí —dijo Demi sonriendo a su sobrina—. Estaba a punto de acostarla cuando llamaste.
— ¿Cómo está?
—Está bien.
— ¿Se despierta mucho por la noche?
—Una o dos veces —dijo Demi—. Pero se vuelve a dormir pronto.
—Dime una cosa, Demi —dijo Joe—. ¿Te gusta ser madre?
—Desde luego que me gusta —respondió Demi sin dudar. Nada más hacerlo, se arrepintió de haber sido tan honesta, ya que tal vez Nadia habría respondido de otra manera.
—Tú no me consideras un tipo maternal —dijo Joe con desprecio.
— ¿Cómo te considero yo a ti, Joe? —le preguntó poniendo su voz más seductora.
—Te pasaré a buscar mañana a las nueve y cuarto —le dijo Joe, ignorando su último comentario.
— ¿Tiene tu coche un asiento para bebés? —preguntó Demi.
—Pondré uno esta tarde —contestó Joe, que ni siquiera había pensando en esa clase de detalles.
—Puedo ir en autobús —sugirió Demi—. ¿Dónde está tu oficina?
—Insisto en pasarte a buscar.   
—No iré contigo si tu coche no está adecuado para llevar niños. Es peligroso.
—Aunque sea la última cosa que haga, tendré el asiento para niños instalado. ¿Está bien?
—Bien —dijo Demi—. ¿Puedo confiar en que lo harás? Joe cerró los ojos y contó hasta diez, un poco harto.
— ¿Joe?
Este abrió los ojos al escuchar su nombre dicho por ella.
—Sí... —dijo Joe—. Puedes confiar en mí. —Entonces te veo mañana.
—Sí —Joe se desató la corbata, que de repente empezaba a apretarle—. Nos vemos mañana.
A la mañana siguiente, a las nueve y cuarto, sonó el timbre de la puerta. Georgia seguía llorando, como había hecho desde que se había despertado a las cinco de la madrugada.
Demi estaba desesperada. Estaba muy cansada y podía sentir que iba a tener un monumental dolor de cabeza.
Mientras contestaba al timbre de la puerta, con los ojos hundidos por el cansancio, le dio unas palmaditas en la espalda a Georgia.
Cuando, al abrir la puerta, vio la impresionante figura de Joe Jonas, hizo todo lo que pudo para no llorar, debido a la emoción que la invadió.
— ¿Está mala? —preguntó Joe, entrando en el piso.
—No sé. Ha estado así desde que se ha despertado.
Joe tomó a la niña y le tocó la frente para ver si tenía fiebre.
—Está caliente, pero no mucho —dijo Joe mirando a Demi —. ¿Ha comido?
—No ha querido. Lo he intentado tres o cuatro veces pero no quiere.
—Tal vez necesite que la vea un médico —sugirió Joe —. ¿A cuál la llevas normalmente?
Demi no sabía adónde habría llevado Nadia a Georgia para sus revisiones mensuales, si era que lo había hecho.
—Yo...
—La has llevado alguna vez al médico, ¿no? — Joe le dirigió una mirada acusadora.
—Ah...
— ¡Es una niña pequeña! —Le recriminó Joe con furia—. Se supone que tiene que ser vacunada y examinada regularmente para ver si su crecimiento es normal.
—Está muy sana —dijo Demi, estremeciéndose al oír otro alarido de dolor de Georgia.
— ¿Crees que realmente está sana? —preguntó Joe mientras la pequeña seguía llorando.
—Quizá esté echando los dientes.
— ¿Cuánto tiempo tiene? ¿Cuatro meses? ¿No es un poco pronto para eso?
— ¡No lo sé! Yo nunca... — Demi se contuvo para no seguir hablando.
Joe le devolvió la niña a Demi cuando dejó de llorar.
Demi admiró la maña que tenía Joe con la niña. Había estado despierta durante horas tratando sin éxito de que la pequeña se calmara y en unos minutos él lo había logrado.
—Ve y prepárate —le dijo Joe en un tono de voz bajo para no despertar a la niña, a la que tomó de nuevo en brazos—. Nunca se sabe cómo va a estar el tráfico a esta hora.

Demi se fue a su habitación y analizó su ropa. Casi toda era o muy clásica o pasada de moda. Su trabajo en la biblioteca no requería llevar un atuendo muy moderno. Tenía muchos pantalones vaqueros, casi todos se los había dado Nadia cuando ya no le servían, así como camisetas que enseñaban más de lo debido.
Ya que se estaba haciendo pasar por su hermana, eligió entre las cosas que le había dado, aunque no le gustaba enseñar tanto su cuerpo.
Mientras se vestía, pensó en que todo lo de Joe la alteraba. No era sólo el hecho de que pensara que ella era Nadia, sino que su forma de actuar la intimidaba. No sabía cómo comportarse con un hombre tan fuerte y decidido. La realidad era que no tenía experiencia con los hombres.
Cuando regresó de arreglarse, vio a Joe esperándola con la niña en sus brazos. Estaba claro que adoraba a la hija de su hermano y haría cualquier cosa para protegerla, incluso casarse con una mujer que aborrecía.
— ¿Estás preparada? —preguntó Joe.
Demi asintió con la cabeza, tomó la bolsita de Georgia y salió del piso detrás de él.
Mientras se dirigían en el coche de Joe hacia su despacho, Demi se preguntó qué le habría dicho éste a su abogado sobre su repentino matrimonio. No sabía si debía comportarse como si todo fuera normal o si Joe le habría contado la verdad.

Se preguntó qué pasaría si le decía la verdad a Marc. Seguramente él conseguiría la custodia, pero tal vez le dejara ver a su sobrina regularmente. Se sentía indecisa y culpable.
Cuando llegaron, Demi se colocó la mochila para llevar a Georgia en el pecho y Joe le acercó a la pequeña, rozándole, involuntariamente, con su mano un pecho, ante lo que Demi dio un respingo.
—Te recomendaría que en presencia de mi abogado no muestres tan abiertamente el desagrado que te causa que te toque —le dijo Joe —. Él cree que esto va a ser una boda normal y prefiero que siga creyéndolo.
—No es precisamente normal forzar a alguien a que se case contigo.
—Tus sacrificios te serán más que compensados.
— ¿No va a sospechar tu abogado del hecho de que yo venga aquí a firmar un acuerdo prematrimonial? —preguntó Demi.
—Es muy corriente hacer acuerdos prematrimoniales hoy en día. Además de que tengo accionistas e inversores que proteger, por no hablar de mi padre. No me voy a quedar parado y ver cómo una mujerzuela hambrienta de dinero como tú se lleva, si el matrimonio termina, la mitad de todo lo que mi padre y yo hemos conseguido con tanto esfuerzo.
Aunque Demi sabía que todo aquello que estaba diciendo Joe era razonable, no pudo evitar sentirse herida. Deseaba que pudiera ver cómo era realmente ella, una persona que se preocupaba profundamente por su pequeña sobrina, hasta el punto de casarse con un completo extraño.

Mientras subían en el ascensor, sintió el calor que desprendía el cuerpo de Joe, que estaba muy cerca de ella. Estaba echa un lío. Volvió a plantearse las dudas de qué pasaría si él se enterara de la verdad, cosa que estaba casi segura que acabaría pasando.
Hasta aquel momento había tenido suerte. Joe no le había pedido el certificado de nacimiento de Georgia, pero pronto lo haría, sobre todo si iba a adoptarla formalmente.
Al darse cuenta de que él la estaba mirando, camufló su inquietud con una sonrisa.
— ¿Por qué sonríes? — Joe la miró de forma burlona—. ¿Por lo pronto que vas a tener tu asignación?
—Eso depende de lo generosa que sea —contestó Demi.
—Todavía no estamos casados, así que te aconsejaría que no empezaras a contar el dinero todavía —masculló Joe.

Se había dado cuenta de cómo la miraba Joe cuando pensaba que ella no la miraba, como si no pudiese evitarlo. Se sentía bien pensando que él se sentía atraído por ella, lo que no dejaba de sorprenderla, ya que se suponía que tenía que odiarlo por lo que estaba haciendo, pero no era así. Cada vez que la miraba su cuerpo se encendía y cuando, por error, le había rozado el pecho, sintió cómo su corazón se aceleraba.

Tenía que controlarse. Era mejor que evitara enamorarse de Joe Jonas.

La recepción del edificio donde se encontraba el imperio bancario de Joe no dejaba lugar a dudas sobre el poder que tenía. Hasta un Renoir había allí mismo colgado.
—Señor Jonas —le susurró la recepcionista a su jefe—. El señor Highgate le está esperando en la sala de invitados al lado de su despacho.
—Sígueme —le indicó Joe a Demi.

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