miércoles, 2 de enero de 2013

Bloom Capitulo 82





No es que todo sea perfecto. El sillón es medio angosto y ambas piernas de Joe se siguen deslizando fuera de él. Parece que no puedo desabotonar su camisa tampoco-qué importa que haya sido perfectamente capaz de trabajar los botones en todo otro momento de mi vida-y me encuentro deseando haberme puesto cualquier otro brasier aparte de mi simple y aburrido blanco. Pero a pesar de todo esto, ó tal vez por ello, todo se siente mucho más real. Soy consciente de todo, de las manos de Joe sobre mi piel, de su boca, de la manera en que me mira y cómo me hace sentir eso y ahora--Ahora oigo algo. Joe y yo nos miramos el uno al otro, y hay un sonido muy definido de alguien afuera, de una llave girando. Ambos nos separamos de un brinco, y yo me empujo hacia arriba, empiezo a arreglarme el brasier, y luego me acomodo para cerrar mi camisa. Cruzo los brazos por mi pecho en lo que espero sea un tipo de manera juro-que-no-he-estado-revolcándome-en-el-sillón.

La puerta se abre y Mary entra, dejando caer una cartera en el suelo y dirigiéndose directamente a la cocina. Ella se ve exactamente como la recuerdo y aún así nada igual al mismo tiempo. Su rostro es el mismo, pero hay arrugas alrededor de sus ojos y boca. Ella debe haber sido tan joven cuando estuvo con papá. Nunca me dí cuenta. Su cabello también es diferente, más largo y jaspeado con un rojo oscuro, pro su sonrisa aun es la misma, y me doy cuenta con un sacudón que es como la de Joe, que ellos comparten la misma radiante sonrisa amplia.

―Dios, qué casa de locos, llama ella, todavía sonriendo y dirigiéndose hacia la cocina. ―Sé que estás escondido en tu cuarto pretendiendo hacer la tarea, pero tienes que oír esto. Cuatro enfermeras ya han llamado reportándose enfermas para mañana, así que ¿calcula quien tiene que quedarse a trabajar para suplirlas?
Sólo estoy aquí para agarrar un cambio de ropa y… deja de hablar, se frena hacia el sillón.
―¿Demi? dice, su voz anonadada.
―Hola, Mar—Sra.—hola, digo.
―Bueno, no esperaba—Mírate, dice. Su sonrisa regresa pero no tan amplia, ni tampoco tan real. ― ¿Cómo estás?
―Estoy bien. ¿Cómo—está usted?
―Todo bien, dice con una pequeña casi-sonrisa. ―Ocupada. Wow, es tan sorpresivo verte. Ha pasado realmente mucho tiempo, ¿no? Ella definitivamente no está sonriendo ahora, y yo sé en quien está pensando.
―Si, digo tentativamente. Ella sacude la cabeza, y la sonrisa no muy real de antes está de vuelta en su cara.
―Me gustaría quedarme y ponernos al día, pero debo regresar al trabajo. Sin embargo, si descubres a quien está viendo Joe, debes dejármelo saber, ¿está bien? Él no me dice nada de ella.

Joe se tensa, y veo que Mary se da cuenta de su arrugada camisa. Mi arrugada camisa.
―Oh, dice categóricamente. ―Ya veo. Pero…La Sra. Hall, una de nuestras voluntarias, ella siempre está hablando de ti, la grandiosa novia de su hijo Cody.
Ella incluso te mencionó cuando me la encontré ayer. ¿Imagino que aun no sabe que ustedes dos han dejado de salir? Bajo la mirada al piso.

Hay silencio por un momento, y entonces Mary suspira. ―Igual que tu padre, dice en voz baja, y la forma en que lo dice, sin ninguna sorpresa en absoluto, me destruye.
―Mamá, dice Joe, pero yo ya me estoy empujando fuera del sillón y dirigiéndome a la puerta, mi cara quemando, sus palabras sonando en mis oídos.

Afuera toqueteo mi camisa, abotonándola mientras corro escaleras abajo. Igual que tu padre. Ella tiene razón. Dios, tiene tanta razón. Yo nunca—estaba tan preocupada acerca de ser como mamá que nunca me di cuenta que soy igual que papá también. Él siempre había tenido otra novia en fila, siempre había seguido hacia alguien nuevo antes que la persona que supuestamente él amaba supiera que ya no la amaba más. Todo lo que es horrible en mis padres-lo tengo todo. Cada último pedazo podrido.

Muerdo mi labio fuerte, deseando que mis ojos paren de arder, y me dirijo rápidamente a través del estacionamiento, cruzo la calle. La escuela está a mucha distancia, pero puedo caminar hasta allí. Tengo que hacerlo. No puedo regresar al apartamento, no ahora, ni nunca de nuevo. Un coche toca bocina mientras me pasa zumbando y me muevo más lejos a un lado del camino, el suelo es un borró-enfrente de mí. Nunca lloro, jamás, pero mis ojos lagrimean y estos extraños sonidos están destrozando mi garganta y saliendo de mi, y no puedo detenerlo.

Me quedo de pie allí, con mi cuerpo temblando por completo, y lloro por primera vez en años.
―¡Demi!
Oh, Dios, es Joe. Miro por encima de mi hombro para verlo venir hacia mí.
Vuelvo la mirada al suelo y apretujo mis ojos cerrados, intentando detener las lágrimas. No funciona.
Lo escucho detenerse a unos pasos de mí, y cuando habla, su voz es débil sobre los sonidos de los coches que pasan. ―Lo lamento.
Mis ojos se abren, y me doy la vuelta, mirándolo. ―¿Qué?
―Lo lamento, dice nuevamente, y se acerca, estirando la mano como si me fuera a tocar.

―No, digo, y doy un paso hacia atrás. ―Tú-tú no deberías decir eso. No necesitas hacerlo. Yo si. Lo lamento. Tengo-He tenido tanto miedo de ser como mi madre, de que vaya a hacer las mismas cosas que ella, que no me di cuenta que soy igual que mi padre. Soy igual a ambos y soy-- Estoy llorando aun más fuerte ahora, parada allí sintiéndome en carne viva y rota e incapaz de evitar decir que lo que temo es verdad. ―Soy abominable.
―No eres abominable.
―Lo soy. Estoy llorando tan fuerte ahora que apenas puedo respirar.
―No lo eres.
Niego con la cabeza y me vuelvo, no queriendo que él me mire. No soy digna de ser mirada.
―Hey, dice, y estira la mano, me gira para que lo enfrente. ―Mírame. Nosotros no somos ellos, Demi. No eres tu madre ó padre más de lo que yo soy mi madre. Tú eres tú y yo soy yo y yo te amo.
Dejo de llorar. Acaba de—― ¿Qué dijiste?

―Te amo.
―Joe, digo, ―Joe, y entonces él me está besando y yo lo estoy besando, y nos estamos dirigiendo de regreso al apartamento, donde seremos sólo nosotros dos, y si es imprudente ó incorrecto ó ambos, no me importa. Estoy con él y es exactamente donde quiero estar.

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