Él se ríe, besa mi cuello, y luego
bosteza. ―No sabía que los supermercados abrían tan temprano.‖
―No es tan temprano. Además, la mejor
hora para venir es en la mañana, antes de que se llene y cosas así.‖ Antes de que alguien que vaya a la
escuela con nosotros pueda vernos.
Él se aleja un poco de mí, sus dedos
comienzan a separarse de los míos, y me doy vuelta para mirarlo. Él no está
sonriendo, y sé que se da cuenta de qué es lo que estoy haciendo. Miro hacia
otro lado, miro a las revistas y finjo que sus portadas me fascinan. Una de
ellas tiene un título en letras gigantes, ―Alerta de Novios: ¿Te está
engañando?‖
No, pero yo lo estoy engañando a él.
Estoy engañando a mi novio. No soy
perfecta, pero nunca pensé que haría
algo así ¿Es esto lo quiero ser?
No lo sé.
No lo sé, pero no dejo que sus manos
se alejen. Por el contrario, las miro y acaricio con mis dedos sus nudillos,
observo mientras sus dedos se ponen tensos, y luego se relajan y se enroscan
alrededor de los míos nuevamente.
Luego de que pago por las
provisiones, conducimos de vuelta a mi casa y las ponemos en su lugar. Comemos
helado y hablamos de todo—colegio, películas, música, libros. Puedo hablar con Joe
de lo que sea. De cualquier cosa excepto de una. No hablamos acerca de Cody y
yo. Y me doy cuenta de que quiere hacerlo, y sé que deberíamos, pero es que—no
sé qué hacer. Debería, lo sé, pero no lo sé. Alejo todo eso de mí, y me
concentro sólo en Joe y lo feliz que él me hace, pero esa noche, cuando Joe va
al hospital a ayudar con una colecta de donaciones de sangre que su mamá está
coordinando, es lo único en lo que puedo pensar.
Es lo único en lo que puedo pensar
porque estoy sentada en la casa de Cody, cenando con sus padres y John.
―¿Quieres más zanahoria?‖ pregunta Cody. Niego con la cabeza.
Él me sonríe. Él me está sonriendo, y yo lo estoy engañando. Pienso en todas
las peleas que he visto sobre esto en el colegio y en las fiestas. Recuerdo
cómo todo el mundo disecciona todo esto después. Pienso acerca de las cosas que
he escuchado que la gente dice que pienso acerca de las cosas que he dicho. Si
fuese Cody el que me estuviese haciendo esto a mí…
Cody nunca me haría esto.
Me disculpo y voy al baño. No me miro
al espejo, tan sólo pongo mis manos sobre la encimera y las observo. Puedo
escuchar a Cody y a su familia conversar.
―Sólo le estaba contando a la gente
del voluntariado acerca de ustedes dos,‖
dice su madre. ―Prometí llevar fotos la próxima vez.‖
―Mamá,‖ dice Cody, pero su voz es suave,
burlona. ―La próxima vez vas a estar pidiéndome que vaya y lleve a Demi conmigo
de forma que puedas mostrarnos.‖
―Bueno, estoy orgullosa de ti, y
opino que tienes una novia maravillosa ¿Qué hay de malo en eso?‖ Su voz es burlona también, llena de
amor para él.
―Ella es bastante maravillosa,‖ dice Cody, y oigo a su madre
murmurar que tiene razón, y a su padre hacer lo mismo. John pide las patatas, y
tiro de la cadena y lavo mis manos, haciendo ruido para hacerlo parecer como si
no hubiese estado parada aquí incapaz de mirarme al espejo. Pude verme
brevemente mientras me secaba las manos. No creo que me vea maravillosa, en lo
absoluto.
Pero lo intentaré, me digo a mí
misma, luego de que Cody me ha llevado a mi casa. Sigo pensando en el titular
de la revista, en Joe mirándome y sabiendo por qué habíamos salido tan
temprano, en que él no preguntó qué iba hacer esta noche cuando se fue. Pienso
en Cody sonriéndome. Pienso en él diciéndole a su familia lo maravillosa que
soy. Cepillo mis dientes, miro al espejo los ojos de mi madre, y pienso sobre
lo que ella le hizo a mi padre. Pienso en lo que ella me hizo a mí. Ella sabía
cómo herir a la gente. Ella era buena en eso. No tengo por qué ser así.
Así que lo intento. El domingo voy a
la iglesia con papá en la mañana, y luego paso todo el día con Katie, la invito
a la casa y apago el celular, le digo que es sólo porque estoy dejando que la
máquina contestadora conteste cuando el teléfono suene. No creo poder hablar
con Joe. No todavía. Mañana hablaré con él.
Mañana le voy a decir que—no sé.
―¿Qué es lo que no sabes?‖ Levanto la mirada y Katie me está observando,
confundida.
―¿Qué?‖
―Tú dijiste que no sabías. Así que ¿Qué
es lo que no sabes?‖
―Oh, es sólo que—‖ Apunté hacia mi tarea. ―No tiene
sentido.‖
Ella asiente, y se vuelve hacia sus
propios libros. Pongo mi mirada sobre mi cuaderno, sobre mi lápiz que dibuja
círculos en él. Podría decirle que no me siento bien y llamar a Joe en cuanto ella se vaya. Podría ir al
piso de abajo y hablar con papá, que me gruña cuando le pregunte cómo está, y
después volver acá arriba y decirle que pasó algo y que la llamaré en un par de
horas. Luego, podría llamarla y decirle que las cosas están extrañas, que la
veré mañana. Ella lo entendería.
Podría incluso—podría simplemente decirle
que voy a comprar algo, como McDonald‘s o algo por el estilo, y no volver en un
buen rato, decir que había una larga cola o que olvidé mi dinero y que tuve que
ir a un cajero automático.
Desearía poder irme simplemente y no
tener que preocuparme por ello. Desearía poder irme y no volver. Desearía— Ahora
sé cómo se sintió mi madre, qué es lo que debió haber pensado antes de irse. Desearía
poder irme simplemente. Oh, Dios. No lo haré. Yo no seré así.
―¿Así que qué ha pasado entre tú y Marcus?‖ Pregunto, y escucho cuando Katie habla. La escucho y no me voy. No lo
haré.
En el colegio, el lunes, me limito a lo
que tengo. Estoy feliz y sonriente cuando veo a Cody, paso el almuerzo hablando con él, con Katie y con Marcus. Esto es bueno, me digo a mí misma.
Esto es quien se supone que soy. Acerco mi silla más a la de Cody, lo recuerdo diciendo cuán maravillosa
soy. Miro por la ventana mientras nos vamos yendo, dirigiéndonos de vuelta a
clases, y veo a Gail afuera, caminando frente al
estacionamiento. Ella está sonriendo, y me doy cuenta, sólo por su sonrisa, de
que se ha escapado durante el almuerzo para ver a Jennie.
Aprieto la mano de Cody, me inclino hacia él y lo beso, y le
digo que lo veré más tarde. Miro de vuelta hacia donde está Gail. Ella se ve tan feliz. Me meto en el baño,
con Katie tras de mí, hablando sin parar. Me paro
frente al lavamanos, me miro al espejo y finjo estar arreglando mi cabello.
Estoy sonriendo, pero la sonrisa que está en mi cara no se parece en nada a la
de Gail.
―No te había visto tan feliz hace
siglos,‖ dice Katie, y observo como mi sonrisa se vuelve
más grande. Me siento completamente vacía por dentro.
Pero estoy haciendo lo correcto, finjo
tener retorcijones para saltarme música e historia del mundo, y me escondo en
la oficina de la enfermera hasta que la jornada se acaba. Cuando el último
timbre suena, me encamino para encontrarme con Katie y que me lleve a casa. Quizás incluso
le diga que la acompañaré a recoger a sus hermanos, para mantenerme ocupada
hasta—hasta más tarde.
Pero cuando me encuentro con Katie en su casillero, lo que digo es,
―Olvidé una estúpida cita que hoy tengo con el dentista, debo ir a encontrarme
con papá afuera de la consulta. Tu sabes cómo es él con eso de salirse un rato
del trabajo.‖
Ella me da una sonrisa comprensiva y
dice, ―Bueno, me llamas más tarde.‖ Le
digo que lo haré y me alejo.
Luego, voy a la biblioteca.

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