domingo, 6 de enero de 2013

Soy Otra Mujer Capitulo 17




—Suficiente para decir que estoy familiarizado con el tipo de persona que eres —contestó Joe.
— ¿Así que piensas que todas somos iguales?
—He estado el suficiente tiempo a tu lado para reconocer el peligro — Joe sonrió cínicamente.
—Peligro ¿eh? —Dijo Demi con una sonrisita—. ¿Crees que soy peligrosa? ¿Qué es exactamente lo que te da miedo? ¿Lo sexy que soy?  
—Sin duda tu ego ha sido cultivado a lo largo de los años, pero yo me niego a unirme a la banda de tus fervientes admiradores —dijo Joe —. Si quieres escuchar halagos, me temo que vas a tener que irte a otro lado.
—Pero me encuentras atractiva, ¿no? Vamos, admítelo — Demi lo miró pícaramente.
—No admito nada.
—Estás ciego si no ves lo atractiva que soy —se rió Demi.
—Las mujeres como tú os creéis que sois irresistibles, pero permíteme decirte que tú no lo eres.
—Desde aquí puedo sentir que estás interesado por mí —dijo Nina con voz baja—. Seguro que si deslizo mi mano por debajo de esta mesa y toco la evidencia de ese interés vas a tener que retirar tus palabras.
Joe la miró de tal manera que estremeció a Demi. Pero ésta estaba dispuesta a no echarse atrás.
—Ya es hora de que nos marchemos —dijo cortantemente Joe, que todavía tenía a Georgia en brazos.
— ¿Crees que merece la pena colocar a Georgia en su bolsita? —preguntó Demi.
—No —respondió Joe mirando a la niña—. Yo la llevo. ¿Tenemos que comprar algo más?
A Demi le enterneció que utilizara la palabra tenemos.
—No —dijo evitando mirarlo a los ojos para que no se diera cuenta de que los tenía húmedos—. Creo que más o menos tenemos todo lo necesario.
Mientras andaban por la calle, Demi se enfrascó en sus pensamientos, planteándose si debía haber tratado de forzar más a Nadia para que aceptara sus responsabilidades, aunque creía firmemente que no habría servido de nada.
—Te has quedado muy callada de repente —le dijo Joe.
—Estoy cansada —dijo bostezando—. Georgia me despertó temprano.
Joe todavía no entendía por qué Demi, para la que el dinero era su primera prioridad, no le había pedido un montón de dinero cuando le dijo que quería casarse con ella para así proteger a Georgia. Y aquello de no querer nada del patrimonio de André parecía indicarle a Joe que quería engañarlo y hacerle creer que había cambiado. .
Pensó que casarse con Demi iba a ser fácil, pero que si no se andaba con cuidado, mantener sus manos alejadas de ella no iba a serlo tanto.

####

UNA VEZ que Demi se hubo asegurado de que no quedaban marcas de los moratones de Georgia, volvió a trabajar. —No se preocupe, señora Lovato —la tranquilizó la persona que trabajaba en la guardería en la que finalmente había inscrito a Georgia, cuando la dejó allí llorando—. Cuando se marche se tranquilizará. Todos lo hacen.
Demi no sabía qué hacer. Georgia estaba enrojecida de tanto llorar y gemía cada vez más.
—Tal vez deba llamar al trabajo y decirles que no puedo ir.
—Pues claro que no debe hacer eso —dijo la mujer de la guardería—. Ella estará bien. Mientras usted se marcha, la voy a llevar a ver los juguetes. Aunque estoy segura de que no tiene nada de qué preocuparse, llame cuando quiera. Vamos Georgia —le dijo a la niña con una sonrisa—. Vamos a ver los ositos de peluche.
La biblioteca estaba a sólo unas manzanas de distancia. Le gustaba su trabajo, pero, como era natural, quería más a su sobrina y, si tuviera que hacerlo, dejaría su trabajo para cuidar ella misma a Georgia y aceptaría la asignación que le ofrecía Joe.
—Hola, Demi —la saludó Elizabeth Loughton, otra de las bibliotecarias, cuando llegó al trabajo—. Eh, ¿dónde has estado los últimos días? Sheila dijo que llamaste para decir que estabas mala. ¿Estás ya bien?
—Estoy bien, sólo un poco cansada. Ha sido una mala semana.
—No me digas que tu hermana te ha estado causando problemas otra vez —dijo Elizabeth—. No entiendo por qué no le dices que deje de fastidiarte. ¡Se aprovecha tanto de ti! —Frunció la boca y le acercó a Demi una revista de cotilleos—. Supongo que ya la habrás visto.
En aquella revista había una fotografía de su hermana, en la puerta de uno de los hoteles más conocidos de Sidney, abrazando a dos futbolistas de dudosa reputación. Según insinuaba el titular, el anterior viernes por la noche, Nadia y sus escoltas habían disfrutado de una ruidosa noche de borrachera.
—Oh, Dios mío — Demi cerró la revista—. Ahora mismo esto es lo último que necesito.
— ¿Estás bien? —Elizabeth la miró preocupada.
—Te tengo que contar una cosa, pero me tienes que prometer que no se lo vas a decir a nadie —dijo Demi, mirando a los ojos color avellana de su amiga.
—Soy como una tumba —dijo Elizabeth llevándose un dedo a los labios.
—A partir de ahora, te tienes que referir a mí como madre.
— ¡Oh, Dios mío! ¿Estás embarazada? —preguntó Elizabeth, con los ojos saliéndosele de las órbitas.
—Pues claro que no. Pero ahora estoy actuando como si fuese la madre de Georgia.
La cara de Elizabeth expresaba el horror que sintió cuando Demi le contó todo lo que había pasado.
— ¿Estás completamente loca? —Dijo Elizabeth—. ¿En qué estás pensando? ¡Este tal Joe Jonas te va comer viva cuando se entere de la verdad! ¡Incluso podrías ir a la cárcel!
— ¿Qué otra cosa puedo hacer? —Preguntó Demi —. Georgia me necesita. Nadia la iba a dar en adopción, pero de esta manera puedo quedármela y puedo darle el amor que necesita. Sólo tengo que pagar un pequeño precio.
— ¿Pequeño? —Elizabeth se quedó boquiabierta—. ¿Qué es lo que sabes de ese tipo?
—Sé que adora a Georgia y que ella lo adora a él —dijo Demi sin poder evitar una pequeña sonrisa.
— ¿Y qué pasa contigo? —Elizabeth la miró, queriendo saber más—. ¿Qué siente él por ti? ¿También te adora a ti?
—No —contestó Demi bajando la mirada.
—Creo que estoy empezando a entender qué pasa —dijo Elizabeth—. Estás enamorada de él, ¿no es así?
— ¿Cómo podría estar enamorada de él? —De nuevo, Demi apartó su mirada—. Casi no lo conozco.
—Debes sentir algo por él, porque conociéndote como te conozco, nunca accederías a casarte con alguien al que al menos no respetaras y admiraras.
Por un momento, Demi pensó en ello. Sí, en realidad respetaba a Joe. De hecho, si las circunstancias fuesen distintas, él pertenecía a la clase de hombre que ella podría amar. Tenía cualidades que ella no podía evitar admirar. Era fiel y protector.
—Vamos Demi —siguió diciendo Elizabeth—. Lo puedo ver en tus ojos. Ya estás casi totalmente enamorada.
—Estás imaginando cosas.
—Tal vez, pero yo en tu lugar tendría cuidado —le advirtió Elizabeth—. No eres una mujerzuela entrometida como tu hermana. Si no tienes cuidado, te vas a hacer mucho daño.
—Yo sé lo que estoy haciendo —dijo Demi —. De todas maneras, no tengo otra opción. Quiero a Georgia y haría lo que fuese para protegerla.
—Parece que tú y ese futuro marido que vas a tener tenéis mucho en común, ¿no crees? —Reflexionó Elizabeth—. Los dos queréis la misma cosa y estáis dispuestos a llegar muy lejos para conseguirlo.
Demi no respondió y empezó a pensar que quizá había sido un error contarle la verdad a su amiga.
Tomó el teléfono y llamó a la guardería para preguntar por su sobrina, y se quitó un peso de encima al saber que ya se había quedado dormida.
El teléfono sonó en casa de Demi poco después de que ésta llegara con la niña.
— ¿Demi? —Preguntó su hermana—. ¿Eres tú?
— ¿Qué otra persona podría ser? —preguntó Demi secamente.
—Bueno, por unos segundos pensé que tu voz se parecía a la mía —se burló Nadia.
—Eso no tiene ninguna gracia. ¿Te das cuenta de que por tu estúpido modo de actuar me tengo que casar con el hermano de André en pocos días?
—Suerte que tienes —dijo Nadia—. Estoy segura de que serás más que suficientemente compensada.
—No me importa nada su dinero —espetó Demi. —Bien —dijo Nadia—. Entonces no te importará mandármelo a mí.
— ¿Qué? — Demi se puso tensa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario