—Suficiente para decir que estoy familiarizado con el tipo de
persona que eres —contestó Joe.
— ¿Así que piensas que todas somos iguales?
—He estado el suficiente tiempo a tu lado para reconocer el
peligro — Joe sonrió cínicamente.
—Peligro ¿eh? —Dijo Demi con
una sonrisita—. ¿Crees que soy peligrosa? ¿Qué es exactamente lo que te da
miedo? ¿Lo sexy que soy?
—Sin duda tu ego ha sido cultivado a lo largo de los años,
pero yo me niego a unirme a la banda de tus fervientes admiradores —dijo Joe —. Si quieres escuchar halagos, me temo que
vas a tener que irte a otro lado.
—Pero me encuentras atractiva, ¿no? Vamos, admítelo — Demi lo miró pícaramente.
—No admito nada.
—Estás ciego si no ves lo atractiva que soy —se rió Demi.
—Las mujeres como tú os creéis que sois irresistibles, pero
permíteme decirte que tú no lo eres.
—Desde aquí puedo sentir que estás interesado por mí —dijo Nina con voz baja—. Seguro que si deslizo mi mano
por debajo de esta mesa y toco la evidencia de ese interés vas a tener que
retirar tus palabras.
Joe la miró de tal manera que estremeció a Demi. Pero ésta estaba dispuesta a no echarse
atrás.
—Ya es hora de que nos marchemos —dijo cortantemente Joe, que todavía tenía a Georgia en brazos.
— ¿Crees que merece la pena colocar a Georgia en su bolsita? —preguntó
Demi.
—No —respondió Joe mirando
a la niña—. Yo la llevo. ¿Tenemos que comprar algo más?
A Demi le enterneció que
utilizara la palabra tenemos.
—No —dijo evitando mirarlo a los ojos para que no se diera
cuenta de que los tenía húmedos—. Creo que más o menos tenemos todo lo
necesario.
Mientras andaban por la calle, Demi
se enfrascó en sus pensamientos, planteándose si debía haber tratado de forzar
más a Nadia para que aceptara sus responsabilidades, aunque creía firmemente
que no habría servido de nada.
—Te has quedado muy callada de repente —le dijo Joe.
—Estoy cansada —dijo bostezando—. Georgia me despertó
temprano.
Joe todavía no entendía por qué Demi,
para la que el dinero era su primera prioridad, no le había pedido un montón de
dinero cuando le dijo que quería casarse con ella para así proteger a Georgia.
Y aquello de no querer nada del patrimonio de André parecía indicarle a Joe que quería engañarlo y hacerle creer que había
cambiado. .
Pensó que casarse con Demi
iba a ser fácil, pero que si no se andaba con cuidado, mantener sus manos
alejadas de ella no iba a serlo tanto.
####
UNA VEZ que Demi se hubo
asegurado de que no quedaban marcas de los moratones de Georgia, volvió a
trabajar. —No se preocupe, señora Lovato —la
tranquilizó la persona que trabajaba en la guardería en la que finalmente había
inscrito a Georgia, cuando la dejó allí llorando—. Cuando se marche se
tranquilizará. Todos lo hacen.
Demi no sabía qué hacer. Georgia estaba enrojecida de tanto
llorar y gemía cada vez más.
—Tal vez deba llamar al trabajo y decirles que no puedo ir.
—Pues claro que no debe hacer eso —dijo la mujer de la
guardería—. Ella estará bien. Mientras usted se marcha, la voy a llevar a ver
los juguetes. Aunque estoy segura de que no tiene nada de qué preocuparse,
llame cuando quiera. Vamos Georgia —le dijo a la niña con una sonrisa—. Vamos a
ver los ositos de peluche.
La biblioteca estaba a sólo unas manzanas de distancia. Le
gustaba su trabajo, pero, como era natural, quería más a su sobrina y, si
tuviera que hacerlo, dejaría su trabajo para cuidar ella misma a Georgia y
aceptaría la asignación que le ofrecía Joe.
—Hola, Demi —la saludó
Elizabeth Loughton, otra de las bibliotecarias, cuando llegó al trabajo—. Eh,
¿dónde has estado los últimos días? Sheila dijo que llamaste para decir que
estabas mala. ¿Estás ya bien?
—Estoy bien, sólo un poco cansada. Ha sido una mala semana.
—No me digas que tu hermana te ha estado causando problemas
otra vez —dijo Elizabeth—. No entiendo por qué no le dices que deje de
fastidiarte. ¡Se aprovecha tanto de ti! —Frunció la boca y le acercó a Demi una revista de cotilleos—. Supongo que ya la
habrás visto.
En aquella revista había una fotografía de su hermana, en la
puerta de uno de los hoteles más conocidos de Sidney, abrazando a dos
futbolistas de dudosa reputación. Según insinuaba el titular, el anterior
viernes por la noche, Nadia y sus escoltas habían disfrutado de una ruidosa
noche de borrachera.
—Oh, Dios mío — Demi cerró
la revista—. Ahora mismo esto es lo último que necesito.
— ¿Estás bien? —Elizabeth la miró preocupada.
—Te tengo que contar una cosa, pero me tienes que prometer
que no se lo vas a decir a nadie —dijo Demi,
mirando a los ojos color avellana de su amiga.
—Soy como una tumba —dijo Elizabeth llevándose un dedo a los
labios.
—A partir de ahora, te tienes que referir a mí como madre.
— ¡Oh, Dios mío! ¿Estás embarazada? —preguntó Elizabeth, con
los ojos saliéndosele de las órbitas.
—Pues claro que no. Pero ahora estoy actuando como si fuese
la madre de Georgia.
La cara de Elizabeth expresaba el horror que sintió cuando Demi le contó todo lo que había pasado.
— ¿Estás completamente loca? —Dijo Elizabeth—. ¿En qué estás
pensando? ¡Este tal Joe Jonas te va comer
viva cuando se entere de la verdad! ¡Incluso podrías ir a la cárcel!
— ¿Qué otra cosa puedo hacer? —Preguntó Demi —. Georgia me necesita. Nadia la iba a dar en
adopción, pero de esta manera puedo quedármela y puedo darle el amor que necesita.
Sólo tengo que pagar un pequeño precio.
— ¿Pequeño? —Elizabeth se quedó boquiabierta—. ¿Qué es lo que
sabes de ese tipo?
—Sé que adora a Georgia y que ella lo adora a él —dijo Demi sin poder evitar una pequeña sonrisa.
— ¿Y qué pasa contigo? —Elizabeth la miró, queriendo saber
más—. ¿Qué siente él por ti? ¿También te adora a ti?
—No —contestó Demi bajando
la mirada.
—Creo que estoy empezando a entender qué pasa —dijo Elizabeth—.
Estás enamorada de él, ¿no es así?
— ¿Cómo podría estar enamorada de él? —De nuevo, Demi apartó su mirada—. Casi no lo conozco.
—Debes sentir algo por él, porque conociéndote como te
conozco, nunca accederías a casarte con alguien al que al menos no respetaras y
admiraras.
Por un momento, Demi pensó
en ello. Sí, en realidad respetaba a Joe. De
hecho, si las circunstancias fuesen distintas, él pertenecía a la clase de
hombre que ella podría amar. Tenía cualidades que ella no podía evitar admirar.
Era fiel y protector.
—Vamos Demi —siguió
diciendo Elizabeth—. Lo puedo ver en tus ojos. Ya estás casi totalmente
enamorada.
—Estás imaginando cosas.
—Tal vez, pero yo en tu lugar tendría cuidado —le advirtió
Elizabeth—. No eres una mujerzuela entrometida como tu hermana. Si no tienes
cuidado, te vas a hacer mucho daño.
—Yo sé lo que estoy haciendo —dijo Demi
—. De todas maneras, no tengo otra opción. Quiero a Georgia y haría lo que
fuese para protegerla.
—Parece que tú y ese futuro marido que vas a tener tenéis
mucho en común, ¿no crees? —Reflexionó Elizabeth—. Los dos queréis la misma
cosa y estáis dispuestos a llegar muy lejos para conseguirlo.
Demi no respondió y empezó a pensar que quizá había sido un error
contarle la verdad a su amiga.
Tomó el teléfono y llamó a la guardería para preguntar por su
sobrina, y se quitó un peso de encima al saber que ya se había quedado dormida.
El teléfono sonó en casa de Demi
poco después de que ésta llegara con la niña.
— ¿Demi? —Preguntó su
hermana—. ¿Eres tú?
— ¿Qué otra persona podría ser? —preguntó Demi secamente.
—Bueno, por unos segundos pensé que tu voz se parecía a la
mía —se burló Nadia.
—Eso no tiene ninguna gracia. ¿Te das cuenta de que por tu
estúpido modo de actuar me tengo que casar con el hermano de André en pocos
días?
—Suerte que tienes —dijo Nadia—. Estoy segura de que serás
más que suficientemente compensada.
—No me importa nada su dinero —espetó Demi. —Bien —dijo Nadia—. Entonces no te importará mandármelo a
mí.
— ¿Qué? — Demi se puso
tensa.

No hay comentarios:
Publicar un comentario