—Vamos, Demi. Hablamos de
esto el otro día, ¿te acuerdas? Espero que compartas tu cuantiosa fortuna
conmigo. Además somos hermanas, hermanas gemelas.
—No voy a aceptar su dinero —contestó Demi.
—No seas tonta; él te lo va a dar por casarte con él. Tienes
que aceptarlo.
—No tengo ninguna intención de hacer eso.
—Escucha —el tono de voz de Nadia se endureció—. Si no tomas
el dinero, le voy a decir quién eres en realidad.
—No puedes hacer eso. Me quitará a Georgia —dijo Demi tragando saliva.
— ¿Crees que me importa? —dijo Demi.
— ¿Cómo puedes ser tan insensible? —Gritó Demi —. Por el amor de Dios, ¡eres su madre!
—Si no aceptas el dinero y me lo das a mí, le voy a decir que
le has engañado. Y creo que no se va a tomar muy bien la noticia.
Demi pensó en decirle a Joe la
verdad antes de que lo hiciese Nadia, pero sería lo mismo, le quitaría a
Georgia y no le permitiría ocupar ningún lugar en la vida de la niña.
—Todavía no tengo ningún dinero —dijo Demi —. No nos casamos hasta dentro de unos días. Joe me dijo que no recibiré la asignación hasta
que se formalice el matrimonio.
—Bueno, cuando te lo dé, quiero que me lo mandes a mí. Te voy
a dar mis datos bancarios.
Pocos minutos después, Demi
colgó el teléfono. Los números de la cuenta bancaria de Nadia que tenía
apuntados en un trozo de papel la estaban poniendo enferma.
Su hermana había vendido a su propia hija.
NO HACÍA mucho rato que Demi
había acostado a Georgia, cuando llamaron a la puerta. Intuyó que era Joe por la manera en que se le erizó la piel. Deberías
haber llamado para avisar que venías. Acabo de acostar a Georgia y no quiero
que se despierte —le recriminó a Marc cuando abrió la puerta.
—No he venido a ver a Georgia —dijo él, cerrando la puerta
tras de sí.
— ¿Pa... para qué quieres verme? —preguntó Demi, tratando de sostener la fija mirada de Joe.
— ¿Dónde has estado hoy? —le preguntó Joe.
—Um... ¿por qué me lo preguntas?
—Te llamé muchas veces, pero no contestaste.
—Me está permitido salir, ¿no? —Dijo Demi
mirándolo con dureza—. ¿O ser una prisionera es otra de tus condiciones?
—No, pero preferiría que me mantuvieras informado de dónde
vais a estar Georgia y tú por si acaso tengo que ponerme en contacto contigo.
¿Tienes un teléfono móvil?
—Sí, pero como despierta a Georgia, no lo llevo mucho conmigo
—contestó Demi.
—Hay otra cosa que me gustaría tratar contigo —dijo Joe, sacando del bolsillo de su abrigo la revista
que Elizabeth le había enseñado a Demi aquel
mismo día por la mañana.
—Supongo que ya la habrás visto —dijo Joe. —Sí.
— ¿Y...?
—De eso hace más de una semana. Además de que ya sabes que
esas revistas exageran las cosas.
— ¿Te acostaste con esos hombres?
—No —contestó Demi
firmemente, aunque se le estaba revolviendo el estómago.
—Mentirosa —dijo Joe.
—No estoy mintiendo —dijo tranquilamente Demi.
—Te voy a preguntar de nuevo dónde has estado hoy y espero
que me digas la verdad —dijo Joe, cerrando
los puños.
—Fui a la biblioteca.
— ¿A la biblioteca?
—Sí, es ese lugar tan aburrido lleno de libros, en donde
tienes que estar callado todo el tiempo. Pensé que podía ir a ver cómo era, ya
sabes, para culturizarme un poco —contestó Demi con
una abierta ironía.
— ¿Estuviste allí durante todo el día? — Joe parecía escéptico.
—Durante bastante tiempo —contestó Demi
—. ¿Y tú que has estado haciendo hoy?
—He estado trabajando.
—Oh, ¿de verdad? — Demi lo
miró con el mismo escepticismo—. ¿Puedes demostrarlo?
—Yo no tengo que probar nada ante ti —dijo Joe frunciendo el ceño.
—Ni yo ante ti —le dijo Demi.
— Demi, si me entero de
que me estás mintiendo, vas a sentirlo mucho.
—No tengo que contestarte hasta que no estemos casados —dijo Demi —. Y ni siquiera entonces voy a aguantar que
me mandes como si yo no pudiera pensar por mí misma. Si has terminado de decir
todo lo que querías, creo que te debes marchar.
—Me iré cuando lo crea oportuno —dijo Joe, acercándose mucho a ella.
Demi sintió cómo su corazón se
aceleraba, el deseo se apoderó de ella al tenerlo tan cerca. Él se acercaba más
y más y Demi tuvo que apoyar su espalda en
la pared.
—Por... por favor, vete —dijo Demi
entrecortadamente, mirándolo a los labios.
Su corazón dio un vuelco al pensar que aquellos sensuales
labios podían besarla. Sintió el cuerpo de Joe
presionado el suyo y la fuerte potencia de lo que había justo debajo de su
cintura.
Los pechos de Demi presionaban
el pecho de Joe, mientras su corazón se
aceleraba de nuevo. Joe le miró la boca y le
empezó a acariciar el labio inferior.
Justo cuando Demi pensó
que no podía resistirse más, Joe se apartó
de ella.
—Nos vemos mañana. ¿A qué hora estará bien que me pase?
—Um... sobre esta hora está bien. Estaré fuera todo el día —dijo
Demi, una vez se hubo repuesto de aquello.
— ¿Vas a la biblioteca otra vez? —preguntó Joe, poniéndole mala cara mientras se dirigía a la
puerta.
—Sí. Pensé que tal vez le lea unos libros a Georgia. Dicen
que es bueno para que desarrollen el lenguaje.
Justo antes de marcharse, Joe le
dirigió a Demi otra de sus inescrutables miradas y ésta pensó que
Elizabeth tenía razón; se estaba enamorando de él.

No hay comentarios:
Publicar un comentario