martes, 1 de enero de 2013

Soy Otra Mujer Capitulo 13




—En realidad no me ha dejado otra opción —le contestó Demi resentida—. Amenaza con decir que eres una mala madre y suerte que no ha visto la evidencia de ello en los moretones de Georgia.
— ¿Cuánto te va a pagar? —preguntó Nadia.
Demi no se podía creer la falta de remordimientos de su hermana, que estaba más preocupada por el dinero que por su propia hija.
—Incluso si me tengo que morir de hambre, no voy a aceptar su dinero —le dejó claro Demi—. Cree que puede comprarme, pero de ninguna manera lo va a hacer.
—Dile que has cambiado de opinión —dijo Nadia, interrumpiéndola de nuevo Dile que quieres diez millones.
— ¿Diez millones? —Gritó Demi—. No voy a hacer tal...
—Entonces eres tonta —dijo Nadia—. Demi, él es multimillonario, puedes poner un precio. Lo pagará.
—No, rotundamente no. Ya tengo bastante con el tema del matrimonio —dijo Demi soltando aire por la desesperación—. Además de que me pone enferma pensar en lo que va a hacer cuando descubra que yo no soy tú.
—No se lo digas.
— ¿Qué? —Gritó Demi—. ¿Pretendes que siga adelante con esto?
—Tú quieres quedarte con Georgia, ¿no es así? —Dijo Nadia—. Esta es tu oportunidad de quedarte con ella y con un montón de dinero. En realidad, si juegas bien tus cartas, las dos podríamos sacar un buen provecho de esto.
— ¿Qué quieres decir? —preguntó Demi.  
—Estás a punto de casarte con un multimillonario. Tendrás acceso a dinero en efectivo, muchísimo dinero. He estado averiguando sobre Bryce y no está al mismo nivel que tu Joe. Pero lo podemos arreglar después de que te hayas casado.
—Nadia, ¡yo no me puedo casar con Joe Jonas! ¡No sería legal!
— ¿Quién se va a enterar? —Preguntó Nadia, sin darle importancia al tema—. Que yo recuerde, yo no le dije a André que tenía una hermana gemela. Así que es difícil que su hermano se entere. Las dos saldríamos beneficiadas con esto. Tú te quedarías con Georgia y yo tendría unos ingresos regulares que me suministraría tu rico marido.
—Nadia, por favor, no me hagas esto. ¡No me puedo casar con un hombre que odia hasta el aire que respiro! —dijo Demi con el estómago revuelto por el miedo.
—No te odia a ti, me odia a mí —indicó Nadia—. De todas maneras, incluso podrás gustarle cuando empiece a conocerte, o por lo menos podrías gustarle si te pones un poco de maquillaje y, de vez en cuando, otra cosa que no sea un chándal.
—No puedo permitirme la clase de ropa que tú llevas —dijo Demi agriamente.
—Vamos, Demi, piénsalo. Es una oportunidad única en la vida. Siempre has querido casarte y tener hijos. ¿De qué te quejas?
—Me hubiese gustado elegir al novio por mí misma. ¡De eso es de lo que me quejo! —le contesto con dureza Demi—. Y quería casarme por la iglesia, no en una esquina del registro.
—Eres una romántica empedernida. Vamos, Demi... baja al mundo real. Casarte con un multimillonario te compensará más que suficiente el no poder llevar velo de novia.
—En absoluto —contestó Demi—. Yo quería conseguir otra cosa en la vida. No un marido rico.
—Puedes pasarte la vida entera tratando de encontrar el amor como hizo nuestra madre y, como ella, no encontrarlo nunca —dijo Nadia—. Si yo fuese tú, me aferraría a esta oportunidad y sacaría el mejor partido de ella.
—Pero yo no soy tú —le recordó Demi fríamente.
—No —Nadia parecía despistada otra vez—. Pero Joe Jonas no lo sabe.

AL DÍA siguiente, Demi trató de encontrar una guardería. Como no tenía coche, tuvo que utilizar los centros privados que había alrededor de su piso, que eran muy caros. No tenía más remedio que inscribir a su sobrina en uno de ellos y esperaba que el cambio no la afectase demasiado.
Los dos días siguientes transcurrieron sin ningún contacto por parte de Joe. Pero al tercer día llegó una carta, informándola de que el matrimonio se celebraría el quince de julio.
Estaba atemorizada, parecía que no había escapatoria. Se tendría que casar con Joe para no perder a Georgia. Tendría que seguir mintiéndole, aun a sabiendas de que así la odiaría todavía más.
La idea de hacerse pasar por su hermana durante meses, incluso años, le aterrorizaba, pero no veía otra alternativa.
Como era de esperar, Nadia no volvió a ponerse en contacto con ella. Le había llamado al teléfono móvil pero saltaba el contestador y ni siquiera tenía una dirección donde contactar con ella.
Apartó la carta de Joe para atender a Georgia, que estaba llorando, y trató de no pensar en el hecho de estar casada con un hombre que la odiaba tanto.
Cuando sonó el teléfono, Demi contestó con la niña en brazos.  
—Demi —dijo Joe con su voz profunda—. Soy Joe.
— ¿Qué Joe? —preguntó Demi, adoptando de nuevo la personalidad de Nadia.
—Por la reputación que te has ganado, estoy seguro de que tienes una larga colección de nombres —dijo Joe con insolencia.
—Ya le gustaría saber a usted —le contestó Demi.
— ¿Recibiste mi carta?
—Déjeme ver... —hizo ruido con las facturas que alcanzó de la mesa, sólo para irritarlo—. Ah, sí, aquí está. Es un acuerdo prematrimonial, ¿no es así?
— ¿No creerías que me iba a casar contigo sin proteger mi situación?
—Eso depende de qué clase de protección esté hablando.
—Esto es un negocio, Demi, ni más ni menos.
—Por mí está bien —dijo Demi—. Mientras cumpla su palabra. ¿Cómo sé si puedo confiar en usted?
Hubo un corto pero tenso silencio.
—Tan pronto como el matrimonio se lleve a cabo, recibirás tu asignación, ni un segundo después —aclaró finalmente Joe.
— ¿No confía en mí, señor Jonas? —Dijo usando divertida el tono de voz de su hermana—. ¿Cree que voy a intentar engañarle?
—Me encantaría que lo intentaras —la desafió—. Seguro que no tengo que advertirte de las consecuencias si planeas un doble juego.
Demi sintió un escalofrío al escuchar aquellas palabras.
—Una cosa —dijo Joe—. Ya que en pocos días estaremos casados, sería muy apropiado que me llamarás por mi nombre, que me tutearas.  
—Joe —suspiró su nombre seductoramente—. ¿Es la abreviatura de Joseph?
—No —contestó Joe—. Es francés, como mi madre. — ¿Hablas también francés aparte de italiano? —Sí, y otros idiomas más.
Demi estaba impresionada, pero no se lo iba a dejar saber a Joe.
— ¿Y tú? —le preguntó Joe viendo que ella no decía nada.
— ¿Yo? —Demi resopló rápidamente—. ¿Toda esa basura extranjera? ¡De ninguna manera! El inglés es el idioma universal. No entiendo que la gente se moleste en hablar en otro idioma.
Joe hablaba más o menos bien francés e italiano, pero decidió no decírselo. Había estudiado idiomas, pero era mejor que Joe pensara que era una cabeza hueca que no tenía nada mejor que hacer que acicalarse para pasar el tiempo.
—He quedado con mi abogado en mi despacho para que firmemos el acuerdo prematrimonial. Lleva tu certificado de nacimiento para que yo pueda tramitar la licencia de matrimonio —dijo Joe—. ¿Te viene bien mañana a las diez de la mañana?
Demi  había sido capaz de hacerse pasar por su hermana, pero empezar a firmar documentos en presencia de un abogado le hacía recelar. ¿Qué pasaría con Georgia si se descubría el embrollo y la mandaban a la cárcel por fraude? 

No hay comentarios:

Publicar un comentario