—Sólo a una persona realmente insensible no le afectaría la
muerte de alguien conocido —dijo Demi.
— ¿Lo echas de menos?
—Trato de no pensar sobre ello —contestó Demi, pensando que así hubiese respondido Nadia.
—No, claro que no —dijo Joe —.
Si piensas en ello, tendrías que cargar en tu conciencia con parte de la
responsabilidad de lo ocurrido, ¿no es así?
—Yo no tuve nada que ver con la muerte de tu hermano —dijo Demi mirando al suelo.
— ¿Crees que porque lo repitas muchas veces va a cambiar lo
que hiciste? preguntó él.
Demi deseaba poder contarle la verdad, pero cada vez que lo iba a
hacer recordaba a Georgia y reprimía decir una verdad que hubiera significado
perder a la niña.
—Tienes la culpa escrita en todo tu cuerpo —continuó Joe —. Casi no puedo mirarte sin pensar en la
agonía que sufrió mi hermano antes de morir.
Demi se puso enferma. No tenía la fortaleza de su hermana para
soportar aquello.
— ¿Adónde te crees que vas? —instó Joe
cuando Demi se disponía a abandonar la sala.
—Creo que sería prudente dejarte solo para que reflexiones.
— ¿Crees que puedes escabullirte tan fácilmente? No voy a
dejar que te vayas por las buenas. Voy a hacer todo lo que esté en mi mano para
hacerte pagar por la destrucción que has causado en mi familia —gruñó Joe.
—No veo de qué manera el casarte conmigo va a ayudarte a
hacerme pagar. A no ser que me vayas a encerrar en una torre y a tenerme a pan
y agua —dijo Demi con una forzada
indiferencia.
— ¡Maldita seas! —dijo Joe
agarrándola y besándola por segunda vez aquel día.
Demi trató de apartarlo con sus manos pero fue imposible, tenía el
cuerpo de Joe pegado al suyo, imprimiéndole
su masculinidad.
El beso empezó a ser muy íntimo y Demi
sintió cómo una corriente eléctrica le recorría por todo el cuerpo,
sintiendo la indomable fuerza y poder del cuerpo de Joe.
Demi sentía sus pechos contra el cuerpo de Joe, que empezó a besarla incluso más
profundamente, tratando de provocar una respuesta que Demi
no pretendía dar.
De repente, Joe se apartó
de ella bruscamente.
Demi sacó un pañuelo para secarse la
sangre que Joe le había hecho en el labio
inferior, intentando demostrarle que no la afectaba todo aquello.
—Perdóname —dijo Joe con
firmeza—. No quería hacerte daño.
— ¿Hasta dónde querías llegar, lo suficientemente lejos como
para tener que doblar el dinero de mi asignación?
—No tengo intención de darte más dinero de lo que hemos
acordado. Ya te lo he dicho... nuestro matrimonio no se consumará —dijo Joe torciendo el gesto.
—Por mí está bien —dijo bruscamente Demi
—. Pero te sugiero que primero se lo dejes claro a tu cuerpo —dijo mirando la
pelvis de Joe —. Creo que no ha recibido el
mensaje.
— Demi, te advertiría de
que no vayas tan lejos. Quizá no te gusten las consecuencias.
—Vas a tener que intentarlo un poco más si quieres
atemorizarme. No olvides que estoy acostumbrada a tratar con hombres
despiadados — Demi alzó desafiante su
barbilla.
—Te puedo destruir —le recordó Joe
—. Puedo dar una exclusiva que haría que ni en una ciudad tan grande como ésta
tuvieras un lugar donde esconder tu vergüenza.
—No sé en qué te beneficiaría destruir la reputación de la
mujer con la que te acabas de casar —señaló Demi.
—No voy a cumplir mi amenaza, a no ser que te pases de la
raya.
—Que amable de tu parte —se burló Demi —. Pero... ¿y qué pasa con tu comportamiento?
¿Eso también cuenta?
—Te doy mi palabra de que no ocurrirá de nuevo —dijo Joe—. A no ser que tú me lo pidas, desde luego.
— ¡Qué típico! ¡No te puedes controlar y me echas a mí las
culpas!
—Estabas comportándote de una manera muy provocadora.
—Ah, ¿sí? ¡Pues tú te has comportado como un completo
bárbaro! —Le espetó Demi —. No me sorprende que tu hermano tuviese a todas
las mujeres detrás de él. Al contrario que tú, por lo menos tenía un poco de
finura.
Demi trató de marcharse de la sala, pero Joe
se lo impidió cerrando la puerta.
—Deja que me marche, Joe.
Quiero ir a ver cómo está Georgia —dijo Demi, tratando de que él no viera las lágrimas de
rabia que se asomaban a sus ojos.
Joe soltó la puerta y puso su mano en el hombro de Demi.
—No hagas que te odie más de lo que ya te odio —le dijo Demi susurrando.
Éste se quedó mirándola durante un largo rato.
Justo cuando Demi creyó
que ya no podía más, Joe se apartó de ella.
— ¿Joe? —dijo Demi después de unos segundos.
Éste se volvió hacia ella, sacando un papel del bolsillo de
su pantalón y acercándoselo a ella. Era un extracto bancario en el cual se
detallaba que ese día se habían depositado unos cuantos miles de dólares en la
cuenta de Demi.
Su asignación.
Demi se quedó mirando el documento durante un largo rato, sin
darse siquiera cuenta de que Joe se había
marchado de la habitación cerrando la puerta tras de sí.

No hay comentarios:
Publicar un comentario