lunes, 28 de enero de 2013

Soy Otra Mujer Capitulo 32




Al principio, todo fue un poco forzado, pero Demi se dio cuenta de que Vito Joe se esforzaba en intentar arreglar lo mal educado que fue la primera noche que llegaron. También parecía hacer un esfuerzo para no beber demasiado.
—Georgia es una niña preciosa —dijo Vito en un determinado momento—. He disfrutado del tiempo que he pasado con ella cada mañana. Gracias por permitirme el privilegio de conocerla.
—Me alegra que haya disfrutado con ella, signore Jonas —dijo Demi suavemente—. Ella es muy especial.
—Lucía me ha dicho que es usted una buena madre. Y, como mi hijo me ha dicho que habla nuestro idioma, le ruego me disculpe por la forma tan insultante en la que me referí a usted la otra noche —dijo Vito, dirigiendo una prolongada mirada a Demi.
—No pasa nada. Ya me he olvidado de todo aquello.
—También debo disculparme por la carta que le mandé. Algunas de las cosas que dije eran... imperdonables. Todavía me sorprende que accediera a casarse con Joe cuando tenía un arma como ésa contra nosotros —dijo Vito.
Demi sabía que existía aquella carta, pero Nadia no se la había enseñado. Se preguntó si su hermana le habría escondido el modo de haber podido evitar casarse con Joe.
—Todos decimos y hacemos cosas sin pensar —le contestó Demi a Vito.
—Es muy amable —dijo Vito—. No creía que fuera capaz de ser así. Me temo que André no describió muy bien su personalidad.
A Demi le fue difícil mirar a Vito. Mentir a un anciano, que además se estaba muriendo, le parecía demasiado y no sabía cómo iba a ser capaz de aguantar el resto de la cena. Justo en ese momento, alguien del personal llamó a la puerta para informar de que Demi tenía una llamada.
Cuando se levantó de la mesa, sintió el peso de la mirada de Joe sobre ella. Tomó el teléfono más cercano que encontró, en la biblioteca.
—¿Hola?
— Demi soy yo, tu alter ego —dijo Nadia riéndose tontamente.
—¿Cómo has conseguido este número? ¡Te dije que no me llamaras! Es peligroso.
—Digo yo que puedo llamar a mi propia hermana —dijo Nadia malhumorada—. Mi, casada con un multimillonario, hermana —añadió entrecortadamente.
—Tú planeaste todo esto, ¿verdad? No me enseñaste aquella carta a propósito —dijo Demi —. Me dejaste pensar que no tenía otra opción más que hacer lo que Joe y su padre me pedían, sin decirme que había un modo de escapar de todo esto.
—Te lo creíste tan fácilmente. ¿Ahora quién es la gemela más inteligente? Te crees muy lista por tener una licenciatura universitaria y por lo bien que se te dan los idiomas, pero no fuiste capaz de encontrar la manera de escapar del plan de los Joe—Nadia se rió.
—¿Qué es lo que quieres? —Espetó Demi —. Ya te he transferido el dinero a tu cuenta bancaria. No me digas que ya te lo has gastado.
—En realidad, sí que me lo he gastado —contestó Nadia—. Por eso te llamo. Quiero más.
—¿Más? —preguntó Demi con énfasis.
—Ya me has oído, Demi. Quiero que me pagues regularmente, empezando desde mañana.
—Pero yo no tengo...
—Pídele a tu marido que te pague la asignación —la cortó Nadia—. Quiero que me des casi todo el dinero. Es justo, ¿no crees? Tú tienes a mi hija y yo me quedo con tu asignación.
—No me puedo creer lo que estás diciendo. ¿Qué ha asado con Bryce Falkirk y tu gran carrera como actriz?
—Como casi todos los hombres con los que he estado, ha demostrado lo que realmente es y me ha dejado compuesta y sin novio —dijo Nadia—. Por eso es que confío en ti para que le des un giro a mi vida.
—¿No depende eso de ti?
—Una llamada telefónica, Demi —le recordó Nadia con frialdad—. Eso es todo lo que tengo que hacer. O tal vez le haga una visita a tu marido. Eso sería incluso más efectivo, ¿no estás de acuerdo?
—No te atreverías —dijo Demi con rabia.
—Oh, ¿estás segura? —provocó Nadia.
—Me quitaría a Georgia sin pensarlo —dijo Demi —. La destruiría; ella piensa que soy su madre.
— ¿Crees que me importa lo que le pase a esa niña? Demi, esto es una cuestión de dinero. Sólo haz lo que se te dice y tu pequeño secreto estará a salvo. Ciao por ahora.
Demi volvió hundida al comedor. Sabía que no tenía otra opción más que decirle a Joe la verdad primero, antes de que su hermana lo hiciera, pero no sabía cómo.
— ¿Está todo bien, Demi? Parece que te han dado malas noticias —preguntó Joe.

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