Demi se entretuvo cambiando a Georgia tanto tiempo como pudo.
Necesitaba pensar. Estaban pasando tantas cosas y tan rápido que no había
tenido tiempo de aclarar sus ideas.
Se sentía una tonta por no haber previsto que habría gente,
como la recepcionista, que habían conocido a su hermana.
Cuando volvió al despacho de Joe,
no pudo evitar que el estómago le diera un vuelco cuando éste se acercó a ella.
—He pensado que Georgia debe necesitar algunas cosas, como
ropa nueva y juguetes —dijo Joe, tomando a
la niña en brazos—. Ahora tengo tiempo libre y si quieres podemos ir de
compras.
Demi se le quedó mirando, sin saber qué contestar. Georgia
necesitaba ropa nueva porque estaba creciendo, pero eso de ir de compras con Joe, como si fuesen una pareja normal, no le
convencía.
—Ya que tu ropa es de diseño, seguro que tu hija también
tiene derecho a lo mismo —dijo Joe
duramente.
Demi se había puesto ropa de la que Nadia le había dado, sin darse
cuenta de que había escogido ropa de alta costura.
— ¿Esto tan viejo? —dijo mirando despectivamente lo que
llevaba puesto.
—Supongo que te pones las cosas sólo una vez antes de
tirarlas al fondo del armario —dijo Joe con
una mueca de desprecio.
— ¿Es culpa mía si me aburro de la ropa tan fácilmente? —dijo
Demi, sonriéndole con descaro.
— Demi Lovato, ¿sabes una
cosa? — Joe le dirigió una cortante mirada.
Hasta casi tengo ganas de estar casado contigo para enseñarte a comportarte.
Eres la mujer más superficial que he tenido la mala suerte de conocer.
— ¡Oh! Tengo taaanto miedo de ti, señor Jonas.
—Si no estuviese sujetando a Georgia, te enseñaría la primera
lección aquí mismo —dijo Joe, mirándola con
desprecio.
—Si me pones un dedo encima, te arrepentirás —le dijo Demi, mirándolo con una simulada bravuconería.
—Merecería la pena, te lo aseguro —le espetó Joe.
— ¿Eso crees? —Preguntó Demi,
levantando la barbilla—. Desde luego que tu hermano sí que lo creía.
Demi se dio cuenta de lo mucho que lo había enfadado al decir eso
de su hermano y pensó que lo único que la salvaba de la cólera de Joe era que tenía a Georgia en sus brazos.
El interfono que había en la mesa interrumpió el tenso
silencio que se había creado.
— ¿Señor Jonas? —El alegre
tono de voz de Katrina penetró en la habitación como una luz en la oscuridad—.
Su padre lo llama por la línea dos.
—Perdóname —dijo Joe
pasándole la niña a Demi sin mirarla a los
ojos.
Aunque Joe hablaba en
italiano con su padre, Demi era capaz de
entender lo esencial de la conversación.
—Sí —dijo Joe—. He
encontrado una solución. Me voy a casar con ella el día quince de este mes.
No podía escuchar lo que le respondía su padre, pero pudo más
o menos enterarse de lo que decía Joe.
—No, dice que no quiere dinero ni nada del patrimonio de André...
No estoy seguro, pero creo que me está tratando de embaucar haciéndome creer
que ha cambiado... Sí, voy a darle una asignación, pero no tardará mucho en
gastársela, estoy seguro... Sí, es como dijo André o peor... lo sé, lo sé, es
una mujerzuela sin escrúpulos...
A Demi le costó mucho
disimular lo mal que le sentaron aquellas palabras y prometió vengarse.
—Sí... ya lo sé, me cuidaré las espaldas y sí... — Joe soltó una risita de macho— y la delantera
también. Ciao.
¿Adónde vamos a ir de compras? —le preguntó Demi, sonriendo cándidamente, una vez que Joe hubo
colgado el teléfono.
Joe gastó una fortuna en ropita, juguetes y demás cosas para su
sobrina en las tiendas y boutiques de la zona.
Cuando llegó la hora de darle de comer a Georgia, Joe sugirió que fueran a una cafetería que fuese
tranquila, donde Demi pudiese dar de comer a
la niña y ellos pudieran tomar un café y comer algo. Demi
hubiese querido no tener tanta hambre y así haber podido decir que no, pero no
había desayunado y necesitaba comer algo.
Pronto estuvieron sentados en una cafetería. Cuando Demi se disponía a darle el biberón a Georgia, se
dio cuenta de que Joe la estaba mirando.
— ¿Te gustaría darle de comer? —le preguntó Demi.
—Claro, ¿por qué no? —respondió Joe
después de un momento de silencio.
Cuando le hubo pasado a la niña, Demi
se enterneció mirando la escena del tío dándole de comer a su sobrina.
Sabía que para los italianos la familia era muy importante y
que los hijos lo eran aún más. Pero aquello de casarse con alguien a quién no
se quiere sólo porque es la supuesta madre de una sobrina le parecía demasiado.
Pensó que tal vez Joe, en un futuro,
anularía el matrimonio e intentaría quedarse con la custodia de Georgia, cosa
que fácilmente conseguiría cuando se demostrara su verdadera identidad. No
podía dejar de pensar en lo mismo una y otra vez.
Este pensamiento le quitó el hambre y apartó el menú.
— ¿No tienes hambre? —preguntó Joe
mientras sus miradas se encontraron.
—Sólo tomaré café solo —dijo Demi,
apartando su mirada de él.
La camarera se acercó y tomó nota mientras miraba a Georgia.
— ¿Cuánto tiempo tiene? —preguntó.
—Cuatro meses —respondió Demi.
—Se parece a su papi —dijo la camarera sonriendo, mirando a Joe y a la niña.
Demi estuvo a punto de decir que no era el padre de la pequeña,
pero lo pensó mejor.
—Sí —dijo Nina,
sorprendida de no haberse dado cuenta antes del parecido.
Efectivamente, Georgia tenía un aire a Joe, en el tono aceitunado de su piel, los ojos
oscuros y aquel sedoso pelo negro. Pero también veía que tenía cosas de Nadia y
de ella, como la boca y la nariz.
Demi observó cómo Joe colocaba a Georgia en su hombro y le daba
palmaditas en la espalda, con tal destreza que parecía que lo hubiera hecho
cientos de veces.
— ¿Has pensado en tener tus propios hijos? —le preguntó Demi.
—No —dijo colocando a Georgia en su otro hombro—. No tengo
planes de casarme y crear una familia.
— ¿Fue idea de tu padre que nos casáramos?
— ¿Por qué dices eso? —preguntó Joe.
—Yo... —dijo Demi,
tratando de evitar la mirada de Joe —.
Supongo que es un presentimiento. He oído que los italianos le dan mucha
importancia a los niños.
—Supongo que por eso mandaste aquella carta, para presionar
un poco a mi padre —dijo acercándose a Demi —.
¿Te planteaste alguna vez el daño que le estabas haciendo?
—No —dijo Demi, alzando su
mirada hacia Joe —. Fue muy insensible por
mi parte. Lo siento.
Aquella contestación pareció sorprender a Joe, ya que por lo que tenía entendido, Nadia
nunca se disculpaba.
—Algunas veces no es suficiente con decir lo siento —dijo Joe —. Cuando el daño está hecho, no se puede
reparar.
—Sí, ya lo sé —dijo Demi —.
Supongo que estaba tan confundida por aquel entonces... que ni sabía lo que
hacía.
—Intentaste atrapar a mi hermano, ¿no es así? —La reprendió Joe —. Usando el truco más viejo que existe.
Demi sabía que era cierto. La misma Nadia le había comentado que
había estropeado toda una caja de condones para así poder quedarse embarazada y
atrapar a André.
—Fue una estupidez... —dijo finalmente Demi —. No me imaginaba lo mal que le... me iba a
salir.
Aquella respuesta de nuevo sorprendió a Joe y su expresión se suavizó un poco.
—Pocos pasamos por la vida sin hacer alguna cosa de la que
arrepentirnos reconoció abiertamente Joe.
—No me digas que el gran Joe Jonas
admite que comete errores —dijo Demi.
—Me equivoqué algunas veces en el pasado, pero no voy a dejar
que ocurra otra vez.
Demi se preguntó cuáles serían aquellos errores y se quedó
pensando en la vida que le esperaba. Aunque el matrimonio no se consumara,
vivirían en la misma casa y eso conllevaría alguna intimidad.
— ¿Pasa algo? —preguntó Joe.
—No, claro que no.
—No pareces tú misma —observó Joe.
—Oh, ¿de verdad? —Dijo Demi,
mirándolo con una de las feroces miradas de Nadia—. Claro, tú me conoces tan
bien después de... ¿cuánto tiempo? —Miró la fecha en su reloj—. ¿Menos de una
semana?

No hay comentarios:
Publicar un comentario