domingo, 6 de enero de 2013

Soy Otra Mujer Capitulo 16




Demi se entretuvo cambiando a Georgia tanto tiempo como pudo. Necesitaba pensar. Estaban pasando tantas cosas y tan rápido que no había tenido tiempo de aclarar sus ideas.
Se sentía una tonta por no haber previsto que habría gente, como la recepcionista, que habían conocido a su hermana.
Cuando volvió al despacho de Joe, no pudo evitar que el estómago le diera un vuelco cuando éste se acercó a ella.
—He pensado que Georgia debe necesitar algunas cosas, como ropa nueva y juguetes —dijo Joe, tomando a la niña en brazos—. Ahora tengo tiempo libre y si quieres podemos ir de compras.
Demi se le quedó mirando, sin saber qué contestar. Georgia necesitaba ropa nueva porque estaba creciendo, pero eso de ir de compras con Joe, como si fuesen una pareja normal, no le convencía.
—Ya que tu ropa es de diseño, seguro que tu hija también tiene derecho a lo mismo —dijo Joe duramente.
Demi se había puesto ropa de la que Nadia le había dado, sin darse cuenta de que había escogido ropa de alta costura.  
— ¿Esto tan viejo? —dijo mirando despectivamente lo que llevaba puesto.
—Supongo que te pones las cosas sólo una vez antes de tirarlas al fondo del armario —dijo Joe con una mueca de desprecio.
— ¿Es culpa mía si me aburro de la ropa tan fácilmente? —dijo Demi, sonriéndole con descaro.
— Demi Lovato, ¿sabes una cosa? — Joe le dirigió una cortante mirada. Hasta casi tengo ganas de estar casado contigo para enseñarte a comportarte. Eres la mujer más superficial que he tenido la mala suerte de conocer.
— ¡Oh! Tengo taaanto miedo de ti, señor Jonas.
—Si no estuviese sujetando a Georgia, te enseñaría la primera lección aquí mismo —dijo Joe, mirándola con desprecio.
—Si me pones un dedo encima, te arrepentirás —le dijo Demi, mirándolo con una simulada bravuconería.
—Merecería la pena, te lo aseguro —le espetó Joe.
— ¿Eso crees? —Preguntó Demi, levantando la barbilla—. Desde luego que tu hermano sí que lo creía.
Demi se dio cuenta de lo mucho que lo había enfadado al decir eso de su hermano y pensó que lo único que la salvaba de la cólera de Joe era que tenía a Georgia en sus brazos.
El interfono que había en la mesa interrumpió el tenso silencio que se había creado.
— ¿Señor Jonas? —El alegre tono de voz de Katrina penetró en la habitación como una luz en la oscuridad—. Su padre lo llama por la línea dos.
—Perdóname —dijo Joe pasándole la niña a Demi sin mirarla a los ojos.
Aunque Joe hablaba en italiano con su padre, Demi era capaz de entender lo esencial de la conversación.
—Sí —dijo Joe—. He encontrado una solución. Me voy a casar con ella el día quince de este mes.
No podía escuchar lo que le respondía su padre, pero pudo más o menos enterarse de lo que decía Joe.
—No, dice que no quiere dinero ni nada del patrimonio de André... No estoy seguro, pero creo que me está tratando de embaucar haciéndome creer que ha cambiado... Sí, voy a darle una asignación, pero no tardará mucho en gastársela, estoy seguro... Sí, es como dijo André o peor... lo sé, lo sé, es una mujerzuela sin escrúpulos...
A Demi le costó mucho disimular lo mal que le sentaron aquellas palabras y prometió vengarse.
—Sí... ya lo sé, me cuidaré las espaldas y sí... — Joe soltó una risita de macho— y la delantera también. Ciao.
¿Adónde vamos a ir de compras? —le preguntó Demi, sonriendo cándidamente, una vez que  Joe hubo colgado el teléfono.
Joe gastó una fortuna en ropita, juguetes y demás cosas para su sobrina en las tiendas y boutiques de la zona.
Cuando llegó la hora de darle de comer a Georgia, Joe sugirió que fueran a una cafetería que fuese tranquila, donde Demi pudiese dar de comer a la niña y ellos pudieran tomar un café y comer algo. Demi hubiese querido no tener tanta hambre y así haber podido decir que no, pero no había desayunado y necesitaba comer algo.
Pronto estuvieron sentados en una cafetería. Cuando Demi se disponía a darle el biberón a Georgia, se dio cuenta de que Joe la estaba mirando.
— ¿Te gustaría darle de comer? —le preguntó Demi.
—Claro, ¿por qué no? —respondió Joe después de un momento de silencio.
Cuando le hubo pasado a la niña, Demi se enterneció mirando la escena del tío dándole de comer a su sobrina.
Sabía que para los italianos la familia era muy importante y que los hijos lo eran aún más. Pero aquello de casarse con alguien a quién no se quiere sólo porque es la supuesta madre de una sobrina le parecía demasiado. Pensó que tal vez Joe, en un futuro, anularía el matrimonio e intentaría quedarse con la custodia de Georgia, cosa que fácilmente conseguiría cuando se demostrara su verdadera identidad. No podía dejar de pensar en lo mismo una y otra vez.
Este pensamiento le quitó el hambre y apartó el menú.
— ¿No tienes hambre? —preguntó Joe mientras sus miradas se encontraron.
—Sólo tomaré café solo —dijo Demi, apartando su mirada de él.
La camarera se acercó y tomó nota mientras miraba a Georgia.
— ¿Cuánto tiempo tiene? —preguntó.
—Cuatro meses —respondió Demi.
—Se parece a su papi —dijo la camarera sonriendo, mirando a Joe y a la niña.
Demi estuvo a punto de decir que no era el padre de la pequeña, pero lo pensó mejor.
—Sí —dijo Nina, sorprendida de no haberse dado cuenta antes del parecido.  
Efectivamente, Georgia tenía un aire a Joe, en el tono aceitunado de su piel, los ojos oscuros y aquel sedoso pelo negro. Pero también veía que tenía cosas de Nadia y de ella, como la boca y la nariz.
Demi observó cómo Joe colocaba a Georgia en su hombro y le daba palmaditas en la espalda, con tal destreza que parecía que lo hubiera hecho cientos de veces.
— ¿Has pensado en tener tus propios hijos? —le preguntó Demi.
—No —dijo colocando a Georgia en su otro hombro—. No tengo planes de casarme y crear una familia.
— ¿Fue idea de tu padre que nos casáramos?
— ¿Por qué dices eso? —preguntó Joe.
—Yo... —dijo Demi, tratando de evitar la mirada de Joe —. Supongo que es un presentimiento. He oído que los italianos le dan mucha importancia a los niños.
—Supongo que por eso mandaste aquella carta, para presionar un poco a mi padre —dijo acercándose a Demi —. ¿Te planteaste alguna vez el daño que le estabas haciendo?
—No —dijo Demi, alzando su mirada hacia Joe —. Fue muy insensible por mi parte. Lo siento.
Aquella contestación pareció sorprender a Joe, ya que por lo que tenía entendido, Nadia nunca se disculpaba.
—Algunas veces no es suficiente con decir lo siento —dijo Joe —. Cuando el daño está hecho, no se puede reparar.
—Sí, ya lo sé —dijo Demi —. Supongo que estaba tan confundida por aquel entonces... que ni sabía lo que hacía.
—Intentaste atrapar a mi hermano, ¿no es así? —La reprendió Joe —. Usando el truco más viejo que existe.
Demi sabía que era cierto. La misma Nadia le había comentado que había estropeado toda una caja de condones para así poder quedarse embarazada y atrapar a André.
—Fue una estupidez... —dijo finalmente Demi —. No me imaginaba lo mal que le... me iba a salir.
Aquella respuesta de nuevo sorprendió a Joe y su expresión se suavizó un poco.
—Pocos pasamos por la vida sin hacer alguna cosa de la que arrepentirnos reconoció abiertamente Joe.
—No me digas que el gran Joe Jonas admite que comete errores —dijo Demi.
—Me equivoqué algunas veces en el pasado, pero no voy a dejar que ocurra otra vez.
Demi se preguntó cuáles serían aquellos errores y se quedó pensando en la vida que le esperaba. Aunque el matrimonio no se consumara, vivirían en la misma casa y eso conllevaría alguna intimidad.
— ¿Pasa algo? —preguntó Joe.
—No, claro que no.
—No pareces tú misma —observó Joe.
—Oh, ¿de verdad? —Dijo Demi, mirándolo con una de las feroces miradas de Nadia—. Claro, tú me conoces tan bien después de... ¿cuánto tiempo? —Miró la fecha en su reloj—. ¿Menos de una semana?

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