Demi no podía dejar de observar el dolor que Joe tenía reflejado
en los ojos. Volver a su casa le había afectado profundamente, los recuerdos le
habían despertado el sentimiento de culpa por la muerte de su madre. A Demi le ocurría algo similar. Aunque su madre
había sido responsable de su propia muerte, ella sentía que de alguna manera le
había fallado. Podía haber ido a visitarla mucho más de lo que lo hizo y, sobre
todo, podía haber presionado más para que ingresara en una clínica, lo que tal
vez habría ayudado a que las cosas hubieran sido distintas.
—Ven —dijo Joe con su
profunda voz—. Lucía estará esperando para arreglar a Georgia. A mi padre no le
gusta que le hagan esperar.
UNA VEZ que hubo dado de comer y bañado a Georgia, Demi la dejó al cuidado de Lucía y se dirigió a la
habitación que Paloma había preparado para ella.
Una cama enorme dominaba la habitación, lujosamente
amueblada. Había una puerta que daba a un cuarto de baño individual y otra que,
según le había dicho Paloma, daba a la suite de Joe.
Llamaron a la puerta Demi invitó
a entrar. Se le secó la garganta cuando vio a Joe entrar
en la habitación. Estaba elegantemente vestido con un traje para la cena.
—A mi padre le gusta arreglarse para cenar —explicó Joe —. ¿Tienes todo lo que necesitas?
—Sí —contestó Demi,
señalando al vestido que Paloma le había dejado preparado—. Lo siento, no
tardaré mucho. Quería asegurarme de que Georgia se quedaba tranquila.
—Te esperaré en mi suite. Llama a la puerta cuando estés
preparada para bajar. Te llevará un poco de tiempo saber dónde están las cosas
en la villa por lo grande que es.
—Gracias — Demi esperó a que Joe se
marchara para desvestirse y ponerse el traje que había escogido, que era de
Nadia.
Cuando estuvo lista, llamó a la puerta de Joe y aguantó la respiración al oír que éste se
acercaba. — ¿Estás lista? —le preguntó Joe,
mirándola de arriba a abajo con abierta aprobación.
—Sí —contestó Demi, dirigiéndole una leve sonrisa.
El comedor estaba amueblado tan lujosamente como el resto de
la villa. Las paredes estaban adornadas con obras de arte de valor
incalculable. Había varios espejos, con los bordes dorados, que hacían parecer
al comedor incluso más espacioso de lo que ya de por sí era.
Cuando llegaron, Vito Jonas
ya estaba sentado, presidiendo la mesa.
—Llegas tarde, Joe—le
reprobó Vito en italiano—. ¿Todavía no le has enseñado a tu mujer a ser
puntual?
—No ha sido culpa de Demi
el que lleguemos tarde —contestó Marc,
también en italiano—. He tenido que hacer varias llamadas de teléfono. He sido
yo el que ha tenido a Demi esperando.
Demi se sentó y esperó a que Joe se
sentara enfrente de ella para dirigirle una mirada de agradecimiento.
—Tiene una casa muy bonita, signore Jonas —dijo Demi,
tratando de romper el incómodo silencio que se había creado.
—Algún día será de Georgia —contestó Vito en inglés—. A no
ser que Joe tenga un hijo. ¿Qué te parece Joe? —Prosiguió
hablando en italiano y añadió en un tono insultante—Estoy seguro de que a tu
mujer no le importará si le pagas suficiente dinero. Se ha abierto de piernas
para muchos hombres, ¿por qué no lo va a hacer para ti?
—Lo que hay entre Demi y
yo se queda entre nosotros —dijo Joe con
calma—. Preferiría, papá, que no la insultaras en mi presencia. Después de
todo, es la madre de tu única nieta y se merece un poco de respeto.
— ¡Ella es la razón por la que tu hermano está muerto! Debe
pagar por ello —dijo Vito. Sus ojos echaban chispas.
— ¿Cómo? —Preguntó Joe sin
alterarse—. ¿Burlándote de ella cada vez que se te presente la ocasión?
¿Ahondando todo el tiempo en su sentimiento de culpa como haces conmigo?
Vito miró a su hijo con la cólera reflejada en los ojos.
—Es verdad, ¿o no? —Continuó diciendo Joe con la misma calma—. Siempre me has echado la culpa de la
muerte de mi madre porque no quieres afrontar el papel que tú jugaste en ella.
—Tú llegaste tarde —dijo Vito entrecortadamente—. Tú la
mataste al llegar tarde.
—No, papá —insistió Joe —.
Fuiste tú el que llegó tarde. Habías estado bebiendo. Tuve que esperar a que
estuvieras sobrio para que firmaras unos documentos.
Demi observó con angustia cómo el anciano difícilmente podía
controlar sus emociones.
—Es muy fácil echarle las culpas a otro antes de afrontar el
dolor que encierra la verdad —continuó diciendo Joe
con delicadeza—. Tal vez tengamos culpa los dos. Yo no debía de haber
encubierto tus borracheras durante tanto tiempo como lo hice. Viendo el precio
que hemos tenido que pagar por mi silencio, ahora no lo volvería a hacer.
Vito se apartó de la mesa e hizo un gesto al hombre que había
llenado los vasos para que lo sacara del salón, ante lo cual Joe se levantó por respeto a su padre.
—Ciento que hayas tenido que presenciar esto —le dijo Joe a Demi mientras sus miradas se encontraban.
—No pasa nada —contestó Demi bajando la mirada—. Lo entiendo... no sabes hasta
qué punto.
Hubo un largo silencio, durante el cual Demi era consciente de que Joe la miraba, como queriendo poner algunas cosas en claro.
— ¿Desde cuándo hablas mi idioma? —preguntó Joe.
—Lo... lo estudié en el colegio y en la universidad.
— ¿Y no creíste que fuera necesario decírmelo?
—Tenía mis razones.
—Sí —dijo Joe con
resentimiento—. Sin ninguna duda, has podido escuchar lo que se ha dicho de ti
y podrás utilizarlo en mi contra más tarde. ¿Hay algo más que no me hayas dicho
sobre ti que yo deba saber?
—No —contestó Demi bajando la mirada.
— ¿Por qué tengo la impresión de que me estás mintiendo, Demi?
—No... No lo sé —contestó Demi de manera poco convincente.
—Eres una mujer intrigante, cara —dijo suavemente Joe—. Me pregunto qué otros secretos me esconden
tus ojos grises.
—N... no hay secretos —dijo Demi —. No tengo ningún secreto.

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