A la mañana siguiente, Georgia lo pasó incluso peor que la
mañana anterior cuando Demi se marchó de la guardería.
Mientras se dirigía a la puerta, pensó que iba a ponerse a llorar ella también.
No se dio cuenta de que Joe
estaba apoyado en su coche, en la puerta de la guardería, hasta que no fue
demasiado tarde. El corazón se le iba a salir del pecho.
—J... Joe... ¿Qué haces
aquí?
—Yo te podría preguntar exactamente lo mismo, pero ya sé la
respuesta —dijo mirando la guardería—. ¿Así que aquí es donde te liberas de tus
responsabilidades con Georgia? Sin duda, para poder revolcarte durante todo el
día con tus amantes.
—No... ¡No! No es así para nada.
—Quizá me quieras explicar por qué has decidido que a mi
sobrina la cuiden unos extraños.
—No son exactamente extraños —dijo Demi
—. Son trabajadores de guardería muy competentes.
—Entonces vamos a ver lo competentes que son. ¿Vamos? —dijo Joe, agarrando a Demi
del brazo.
Demi no tuvo más remedio que seguirlo. No le sería difícil
encontrar dónde estaban cuidando a Georgia, ya que su llanto se oía en todo el
edificio.
—Ea, ea, Georgia —le susurraba la mujer de la guardería mientras
la abrazaba—. Mami volverá después... no llores... Oh, hola otra vez, señora Lovato —dijo al verla—. Me temo que su pequeña no
está muy tranquila hoy.
Demi tomó a Georgia de los brazos de la mujer y ésta dejó de
llorar.
—Está bien —dijo Demi —.
No creo que la vaya a dejar hoy.
—Si quiere, lo podemos intentar mañana —sugirió la mujer—.
Como ya le dije, muchos bebés encuentran difícil separarse de su madre al
principio, pero luego se acostumbran.
—La señora Lovato no va a
necesitar sus servicios nunca más —anunció Joe
en un tono cortante—. Hemos acordado otra cosa.
—Éste es mi... novio, Joe Jonas —añadió rápidamente Demi.
—Oh... bueno, entonces... —la mujer sonrió un poco nerviosa.
—Vamos, cara —dijo Joe
tomando a Demi por el brazo, escoltándola
hasta la puerta.
—No tienes ningún derecho a cancelar mis acuerdos de ésta
manera —le dijo Demi una vez hubieron
salido.
—Tus acuerdos estaban poniendo en riesgo a mi sobrina.
Mírala. Obviamente ha estado llorando histéricamente, está cansada y con fiebre
—dijo Joe, tomando a su sobrina en brazos—.
No puedo creer que hayas sido tan insensible como para dejar a un bebé
claramente angustiado con unos completos extraños.
—Oh, ¡por el amor de Dios! — Demi soltó aire frustrada—. Baja al mundo real, Joe Jonas. En todo el mundo hay madres que dejan a
sus hijos en guarderías. Tienen que hacerlo para poder ir a trabajar.
—Pero tú no trabajas, así que no es necesario que lo hagas —dijo
Joe, colocando a Georgia en su asiento del
coche.
— ¿Cómo sabías que yo estaba ahí? —Preguntó Demi —. ¿Me estabas siguiendo?
—Por lo que vi en aquella revista, decidí que era hora de
echarte un ojo.
— Joe...
—dijo Demi, tratando de no dejarse intimidar por la dura expresión de
Joe—. No he sido completamente honesta contigo... yo... yo tengo un trabajo.
— ¿Qué clase de trabajo?
—Uno por el cual me pagan.
—Eso descarta muchas cosas —comentó con ironía
Joe —. ¿Qué clase de trabajo realizas?
—Soy bibliotecaria.
—André no lo mencionó —dijo Joe
sorprendido. —André no lo sabía. Ha sido... una cosa reciente.
Quería mejorar... por Georgia.
— ¿No tienes que tener una carrera universitaria para ser
bibliotecario?
—Em... sí. La hice hace algunos años... antes de... ya
sabes... de desmadrarme un poco.
—¿Es muy importante este trabajo
para ti? —preguntó Joe.
—Sí, pero no tan importante como Georgia —dijo mirando a la
niña.
—Entra, hablaremos sobre esto
después —dijo Joe abriéndole la puerta del
acompañante.
Demi esperaba no haber echado todo a perder ya que, como intuía
que ocurriría, en tal caso no volvería a ver a Georgia.
Cuando quiso reaccionar, se dio
cuenta de que no estaban en su piso, sino adentrándose en una impresionante
mansión en el exclusivo barrio de Mosman. — ¿Ésta es tu casa? —le preguntó Demi mirándolo. Joe
se la quedó mirando sin responder. Tal vez
Nadia había ido a aquella casa y ella debería de haberla
reconocido.
— ¿No te acuerdas de haber estado antes aquí?
—La casa me es ligeramente familiar —contestó nerviosa.
—Parece que tienes una memoria muy selectiva, Demi —dijo Joe, saliendo del coche con una
expresión de furia—. Déjame que te refresque la memoria. Viniste aquí la noche
antes de que André muriera, aporreando la puerta. Dios sabe dónde habrías
dejado a Georgia. A mi hermano no le quedó más remedio que dejarte pasar y una
vez dentro trataste de seducirle, ¿te acuerdas ahora?
Demi no sabía qué responder.
—Si quieres, puedo darte más detalles —añadió Joe —. ¿O estás recordando todo tú sola?
—No necesito que me recuerdes lo terriblemente mal que me he
comportado —dijo Demi, bajando su mirada—. Yo
estaba... disgustada y sola. No sabía qué hacer. Joe
la miró en silencio, preguntándose si no estaría siendo demasiado duro.
Había muchas cosas confusas sobre ella. Incluso se preguntó si su hermano no
habría exagerado con respecto a Demi para
así hacer creer que él no tenía ninguna culpa en todo lo ocurrido.
Tener un hijo sin la presencia del padre era difícil y,
aunque su comportamiento era vergonzoso, una parte de él quería encontrar una
excusa que lo justificara para no tener que odiarla tanto. Hacía sólo cuatro
meses que había dado a luz y tal vez tendría las hormonas alteradas.
La verdad era que era una madre maravillosa.
—No tiene sentido discutir sobre eso ahora —dijo Joe —. Lo que se ha hecho ya no tiene vuelta
atrás.
De la casa salió el ama de llaves, una mujer de ascendencia
italiana, de unos cincuenta y tantos años, que trató a Demi
con indiferencia aunque por la forma en que la miró se veía que no era de su
agrado. Joe, en italiano, le dijo que se iba
a casar y que a Demi y a Georgia debían de
hacerlas sentir tan a gusto como fuera posible.
—Sí Lucía, sé lo que estoy haciendo y por qué lo hago. Vas a
tratar a las dos, a Demi y a Georgia,
siempre con respeto —reprendió Joe al ama de
llaves.
Una vez se hubo marchado Lucía, Joe
miró a Demi, que parecía estar un poco desconcertada por la conversación
que habían mantenido delante de ella.
—Parece que no te has llevado una buena impresión de Lucía.
Pero es porque no entiendes lo que decimos cuando hablamos en mi idioma —le
dijo Joe a Demi.
—Sí, supongo que será por eso.
Cuando entraron en la casa y Demi
trató de no mirar mucho los cuadros de incalculable valor que colgaban
de cada pared, así como los lujosos muebles.
—Dentro de un rato haré que Lucía nos traiga café —informó Joe, abriendo la doble puerta que daba a una sala
de estar—. Pero primero quiero hablarte de los acuerdos que he establecido para
nuestro matrimonio.
Una vez que Demi se hubo
sentado, lo hizo también Joe, que tenía a
Georgia en brazos.
—Me tengo que marchar a Hong Kong por negocios —dijo Joe —. Estaré fuera hasta el día antes de que se
celebre el matrimonio.
—Entiendo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario