martes, 1 de enero de 2013

Soy Otra Mujer Capitulo 10





—Si cree que puede casarse conmigo, se ha equivocado —le dijo en un tono irónico.
Demi sabía que su enfado debía ser con Nadia y no con el hombre que tenía delante, pero todo en él la sacaba de quicio.
—Ya se lo he dicho antes, no quiero su dinero. Me sentiría manchada si tomara algo de usted.
—Buen intento, señora Lovato —dijo Joe—. Me doy cuenta de lo que está haciendo. Pretende aparentar no ser la joven avariciosa que sedujo a mi hermano, pero no crea que me puede engañar tan fácilmente: ya lo he decidido y va a hacer lo que yo diga, sin importar si acepta el dinero o no.

Demi trató de disimular el efecto que le causaron aquellas palabras y pensó en la manera de poder salir de la absurda situación en la que se encontraba.
—Necesito un poco de tiempo para pensar sobre esto —dijo un poco nerviosa—. Quiero analizar todas las cosas antes de actuar.
—No estoy aquí para negociar, señora Lovato —dijo Joe obstinadamente Estoy aquí para aceptar la responsabilidad de ser el padre de Georgia y quiero hacerlo lo antes posible.
Demi lo miró alarmada. Se notaba por el tono de su voz que solía conseguir lo que quería y que llegaría hasta donde fuese para conseguirlo.
«Dile la verdad», se dijo, «dile quién eres».
Trató de pensar, de aclararse las ideas, pero era difícil con él delante de ella analizando cada expresión de su cara.
Se planteó aceptar lo que él pedía en aquel momento. Había hablado de dos semanas y seguro que para entonces sabría cómo salir de aquel embrollo. Nadia pronto se pondría en contacto y sería capaz de resolver aquello. ¡Ella no se podía casar con un extraño!
—Tendré los documentos necesarios preparados inmediatamente —dijo Joe, que había tomado el continuo silencio de Demi como que consentía casarse con él.
—Pero... —Demi dejó de hablar, su corazón le dio un salto en el pecho cuando pensó en lo que había hecho. Seguro que él no hablaba en serio—. Cu... cuando quiere que me... —le fue difícil terminar la frase, ya que Joe la miraba con un enorme desprecio.
—Tal vez deba aclarar algo en este momento. Yo no la quiero, señora Lovato. Esto no será un matrimonio de verdad, en el estricto sentido de la palabra.
— ¿Quiere decir que no será legal? —preguntó Demi frunciendo el ceño, tratando de entender lo que quería decir Joe.
—Será legal, no haría esto de otra manera. Pero sólo será un matrimonio en los documentos, no en la realidad.
— ¿Un matrimonio sólo en los documentos?
—No consumaremos la relación —estableció Joe implacablemente.  
Demi sabía que debía sentirse aliviada después de escuchar aquello, pero por alguna inexplicable razón estaba enfadada. Sabía que no era tan despampanante como Nadia, pero tenía una buena figura y sus rasgos eran atractivos. No le sentó bien que despreciara su atractivo físico.
— ¿Espera que confíe que usted va a cumplir con eso? —preguntó con un cierto tono de cinismo.
—Que me muera si no lo cumplo —le dijo Joe jurándoselo.
Aquel aire de extrema confianza que tenía Joe tentó a Demi a echarle una de las miradas seductoras que había visto que su hermana lanzaba a los hombres. Se puso una mano en la cadera y con una provocadora sonrisa le dijo:
—Entonces tengo que decir que es usted hombre muerto, señor Jonas.

Demi era exactamente como la había descrito André; pasaba de ser una chica desvalida a transformarse en una bomba sexual. Joe tenía que admitir que era una combinación embriagadora, pero mientras que André no se había podido resistir, él tenía la confianza de que se controlaría. Demi Lovato era todo lo contrario de lo que él buscaba en una pareja.
Se había resistido a muchas mujeres que se ponían preciosas con la esperanza de conseguir un marido rico. Durante la mayor parte de su vida, había estado rodeado de ellas.
—Yo no soy como mi hermano, señora Lovato —la informó fríamente—. Mis gustos son un poco más exquisitos.
—Puedo hacer que se coma esas palabras, los dos lo sabemos. Vi cómo me miró cuando abrí la puerta —le dijo Demi, deseando abofetearle.
—Admito que estaba un poco intrigado por ver lo que había hecho que mi hermano actuara tan imprudentemente —su mirada se posó sobre el pecho de Demi—. Pero le aseguro que no me atraen las mujeres superficiales como usted.
—Supongo que este acuerdo matrimonial que propone le deja libre para tener relaciones sentimentales con quien quiera cuando quiera —dijo Demi.  
—Si la necesidad se presenta, haré todo lo que pueda para ser discreto.
— ¿Y yo qué? —Preguntó Demi—. ¿Puedo hacer lo mismo?
Joe no respondió inmediatamente y estuvo un  rato considerándolo.
—Y entonces... —dijo Demi. —No.

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