lunes, 28 de enero de 2013

Soy Otra Mujer Capitulo 31



—Ésta es la primera vez que visitas Sorrento, ¿no? Podemos dejar a Georgia con Lucía mientras yo te enseño los alrededores. Podemos ir a ver la iglesia de San Francisco y a comer en uno de los restaurantes del centro de Sorrento, en la plaza Tasso. Mañana podríamos visitar las ruinas de Pompeya y después ir a Positano para comer.
—Estás seguro de que Georgia estará...
—Estará bien —le aseguró Joe—. Mi padre querrá pasar tiempo con ella, desde luego bajo la supervisión de Lucía. Por lo que ocurrió anoche, mejor que no estemos nosotros.
—Si hay algo que yo pueda hacer... —dijo Demi, bajando la mirada una vez más.
—Sé tú misma, Demi. No puedes hacer más que eso.
Aquellas palabras fueron como un puñal en el corazón para Demi. ¡Si realmente pudiera ser ella misma!
La mañana era soleada y las calles estaban llenas de turistas que querían ver aquella zona de la costa Amalfi. Las vistas desde los jardines que había encima de la típica plaza italiana Tasso eran espectaculares y Demi no pudo evitar pensar que todas sus preocupaciones y miedos desaparecían.
Estar en compañía de Joe era como una potente droga; cuanto más tenía, más quería. Los ojos de Joe ya no denotaban odio y su boca había reemplazado el gesto de desprecio por una sonrisa.
—Según la leyenda, fue aquí, en Sorrento, donde Ulises escuchó las tentadoras canciones de las sirenas; las ninfas que pretendían atraer a los marineros.
Demi trató de concentrarse en lo que le estaba contando Joe, en vez de en la manera en que sus labios se movían al hablar o en cómo sentía cosquillas en el estómago cada vez que la miraba.
—Es tan bonito —dijo Demi —. Debes echar muchísimo de menos todo esto ahora que vives en Sidney.
—Sí, pero después de que mi madre muriera, sentí que tenía que huir de aquí —dijo Joe, dando un pequeño suspiro—. Mi padre decidió que André estableciera la sucursal de Sidney, pero después de un tiempo quedó claro que no estaba haciendo un buen trabajo.
 Demi pensó que le iba a echar las culpas a su hermana, y por lo tanto a ella, de que André no hubiese atendido adecuadamente la sucursal de Sidney, pero ante su sorpresa no lo hizo.
—André era un hombre de fiestas, no un banquero, pero mi padre no quería reconocerlo. Le molestaba el hecho de que yo manejara mejor los negocios_ que su hijo favorito — Joe prosiguió—. Pero yo creo, que si le hubieran dado tiempo, mi mimado hermano hubiese terminado como mi padre está ahora... amargado y roto, con no muchas esperanzas de seguir adelante debido al alcohol que aún sigue bebiendo.
— Joe, sé que no vas a creerlo, pero yo también sé lo que se siente al no ser el hijo favorito. Hace tanto daño darse cuenta que por mucho que lo intentes nunca vas a satisfacer por completo a quién más quieres —dijo Demi, acariciando la mano de Joe.
—Pensé que eras hija única —dijo Joe, frunciendo levemente el ceño.
Demi se quedó helada.
—¿Cómo vas a saber cómo se siente uno al no ser el hijo favorito si tú eres hija única?
El silencio se hizo interminable mientras Demi trataba de encontrar algo que decir.
—Yo... yo quise decir que me puedo imaginar cómo se siente...
Joe tardó uno o dos segundos en responder, pero a Demi le pareció un siglo.
—Deberíamos volver —dijo tomando a Demi por el brazo—. El sol te está empezando a quemar la cara. Debería haberte dicho que te trajeras un gorro.
A Demi le temblaban las piernas mientras caminaban hacia el coche, pensando en lo cerca que había estado, de nuevo, de echarlo todo a perder.
Los siguientes días transcurrieron de la misma manera. Cada mañana, Demi se despertaba con Joe abrazándola. Después del desayuno, la llevaba a dar una vuelta mientras que Lucía cuidaba de Georgia para que Vito pudiese pasar tiempo con la niña.
Demi se quedó fascinada con Pompeya; con su trágica historia.
—Es tan triste —dijo Demi al terminar de visitar la ciudad—. Pensar que no tuvieron tiempo de escapar, ningún sitio hacia donde correr o escapar, ninguna esperanza de proteger a los que querían...
Joe la miró, pensando que en momentos como ése era difícil pensar de ella otra cosa que no fuese que era una joven amable y bondadosa, que se preocupaba por los que sufrían, y se preguntó dónde estaría en aquel momento la mujerzuela egoísta.
Durante las primeras noches, Vito Jonas cenó a solas en su suite. Pero la cuarta noche que estuvieron allí, cuando Demi bajó poco después que Joe, se encontró a ambos sentados esperándola.

No hay comentarios:

Publicar un comentario