lunes, 21 de enero de 2013

Soy Otra Mujer Capitulo 26




Demi salió en silencio de la piscina, su orgullo no se dejó intimidar por la furia de Joe. Podía ver que él estaba más enfadado consigo mismo que con ella. Enfadado, porque a pesar de todo lo que había dicho, la quería.
—No me puedes mandar así —dijo Demi poniéndose delante de él—. No te lo voy a permitir.
— ¿Que no me lo vas a permitir?
—No —contestó Demi —. No te voy a permitir que me hables de esa manera.
—Dime, Demi, ¿cómo me lo vas a impedir?
—Ya pensaré cómo —a Demi se le revolvió el estómago por la fiereza con que la miraba Joe, que se rió. —Tienes un comportamiento terrible —continuó diciendo Demi —. Supongo que es por tener tanto dinero.
Debes creer que puedes hacer que la gente haga lo que tú quieres si les extiendes un cheque o se lo exiges. —Bueno, bueno, bueno —dijo Joe —. Pobrecita, mira cómo me regaña.
— ¿Sabes cuál es tu problema, Joe? —Dijo Demi, indignada por la actitud de Joe —. No te gustas a ti mismo. Me echas la culpa de la muerte de tu hermano, pero tengo la impresión de que en realidad te culpas a ti mismo.
Demi se dio cuenta de que lo que había dicho había golpeado fuertemente a Joe, que estuvo callado durante un largo rato.
—Dime una cosa, Demi — Joe le levantó la barbilla con un dedo—. Dime por qué te enamoraste de mi hermano.
A Demi le entró el pánico y el corazón se le desbocó.
—Tú lo amabas, ¿no es así? —preguntó Joe al ver que ella no contestaba.
Demi bajó la mirada, no podía volver a mentirle.
—No —dijo suavemente Demi —. No lo amaba.
—Eres una puta cruel — Joe frunció el ceño cuando Demi volvió a mirarlo—. Eres una mujerzuela hambrienta de dinero.
Demi cerró los ojos para no ver la furia de Joe.
— ¡Mírame! —dijo Joe agarrándola por los brazos y agitándola levemente—. ¡Destruiste su vida! Lo perseguiste y lo destruiste. ¿Para qué? ¿Para qué? —repitió Joe amargamente.
— Joe, te tengo que decir... —comenzó a decir Demi.
—No quiero escuchar nada de lo que tengas que decir —la interrumpió bruscamente Joe.
—Por favor, Joe —empezó a suplicar Demi —. Tú no entiendes...
—Entiendo todo muy bien. Entiendo que a ti no te gustó que André te abandonara sin dinero. Por eso fue por lo que amenazaste con dar a Georgia en adopción.  
¿No es verdad? —Joe miró a Demi con asco—. Nunca tuviste ninguna intención de darla en adopción, sólo era un juego para sacar todo el dinero que pudieras.
—Yo nunca he querido dinero de...
— ¡No me mientas! —Gritó Joe —. Te voy a decir una cosa, Demi. Puedes tomar tu dinero. Todo el dinero. Mañana te voy a dar el doble.
—Pero... — Demi parpadeó confundida.
—He cambiado de idea acerca de nuestro matrimonio —dijo Joe —. He decidido que no vamos a respetar las reglas que establecí.
— ¡No puedes hablar en serio!
— ¿Por qué estás tan preocupada, cara? Te acostaste con mi hermano sin amarlo. Estoy seguro de que serás capaz de acostarte conmigo —Marc le sonrió fríamente.
— ¡No quiero acostarme contigo! —dijo Demi soltándose de las manos de Joe.
—Podríamos decir que me ha salido caro el privilegio —señaló sin misericordia Joe.
—Yo no estoy en venta —dijo Demi —. No me importa cuánto dinero me tires a los pies. No me comprarás.
—Ya has sido comprada, Demi —dijo Joe —. Ya te has guardado en el bolsillo una mensualidad.
— Joe, yo no quiero tu dinero —insistió Demi —. Nunca lo he querido.
Demi podía adivinar, por la expresión de cinismo de Joe, que no la creía.
—Si no lo querías, ¿por qué ya no está en tu cuenta bancaria? —preguntó Marc.
— ¿Lo has comprobado? —preguntó Demi enfadada.
Joe asintió con la cabeza, con una expresión implacable.
— ¡No tenías derecho a hacer eso! — Demi estaba aterrorizada. Si Joe seguía controlándola tanto, no tardaría en enterarse de la verdad.
—Sigues diciendo que no quieres dinero, ¿pero qué es lo que quieres, Demi? —preguntó Joe. 1313
Demi no podía responder. ¿Cómo iba a decirle lo que realmente quería? Lo quería a él. Quería que la hiciera sentir que estaba viva, que era atractiva, irresistible. Quería que sintiera una incontrolable pasión por la mujer que realmente era ella... Demi.
— ¿Es esto lo que realmente quieres, Demi? —preguntó Joe arrastrándola hacia él—. ¿Es esto lo que ansías más que el dinero? ¿Es lo mismo que yo también ansío, hasta el punto de que estoy como tonto de tanto que te necesito?
Volvieron a besarse apasionadamente y esta vez Demi atrajo a Joe hacia ella con sus manos, sus lenguas se acariciaban acaloradamente. Joe gimió, lo que hizo a Demi sentirse increíblemente femenina, vulnerable, y al mismo tiempo poderosa.
Aunque hubiese querido resistirse no hubiese podido. Aquella química abrasadora había estado entre ellos desde el primer día que se conocieron y parecía que, a pesar de los esfuerzos de Joe por resistirse a Demi, estaba claro que no podía seguir haciéndolo por más tiempo. Joe la deseaba de una manera increíble.
Mientras seguían besándose, se echaron en el suelo, se quitaron los bañadores y Joe penetró a Demi con una desesperación que ella misma pudo sentir en su interior. Demi soltó un leve grito debido al dolor que aquello le causó. Joe siguió moviéndose y miró a Demi, que tenía lágrimas en los ojos.
—Cristo —refunfuñó Joe, apartándose de ella rápidamente—. Demi... yo...
—Por favor, no digas nada —dijo Demi mientras se ponía de pie y tomaba su toalla.
—Por tu reacción, supongo que tuviste un parto difícil —dijo Joe con indiferencia.
Demi, sin mirarlo, se tapó con la toalla.
— ¿ Demi?
—No quiero hablar de ello.
—Tenemos que hablar, tanto si te gusta como si no. Necesito saber.
— ¿Qué es lo que necesitas saber? — Demi se dio la vuelta hacia Joe—. ¿Quieres oír cómo Georgia nació después de quince horas de parto sin que su padre estuviese presente? ¿Quieres oír que su padre no quiso ni enterarse de que existía? ¿Es eso lo que quieres saber?
Joe se quedó mirando a Demi, todas sus acusaciones se disiparon.
—No tienes derecho a juzgarme —continuó Demi —. ¿Tienes alguna idea de lo que es estar embarazada y estar sola?
—No, no la tengo. Tienes razón, no tengo derecho a juzgarte.
—Georgia necesitaba un padre y mi... quiero decir yo necesitaba a alguien que me ayudara a traerla al mundo, pero a tu hermano no le interesaba.
—Él no había planeado tener un hijo contigo.
— ¿Y qué? —Preguntó Demi —. Cualquiera que sea el motivo, cuando un niño es concebido, deben ser los dos padres los que se preocupen por su bienestar. Aparte de que pueden ocurrir accidentes —miró a Joe fijamente—. Justo ahora no te he visto ponerte ningún preservativo.
—No me lo he puesto... ya sabes... — Joe se puso rojo.
—Seguro que sabes que los fluidos que salen antes de la eyaculación contienen miles de espermatozoides. Puede que te encuentres en la misma situación que tu hermano —le sugirió Demi.
—Si es así, asumiré mis responsabilidades.
— ¿Incluso con el odio que me tienes, que casi no te permite ni mirarme?
—Apartaría mis sentimientos personales si tengo que hacerlo —dijo Marc.
Demi sabía que lo que decía era verdad; él no era como su hermano.
—No me preocupa. No tengo intención de quedarme embarazada.
—Si ocurriera... —dijo Joe pasándose una mano por el pelo—. ¿Me lo dirías?
—Por lo menos, tendrías derecho a saberlo —la mirada de Demi se encontró por unos segundos con la de Joe.
—Voy a ir a ver cómo está Georgia. Deberías irte a la cama; pareces... agotada.
—Gracias —dijo ella suavemente y se dirigió hacia la puerta.
— ¿Demi?
— ¿Sí? —preguntó Demi, dándose la vuelta para mirar a Joe.
—Lo siento —dijo Marc, sin mirarla abiertamente.
— ¿El qué sientes? —preguntó Demi, soltando el picaporte de la puerta.
—Desearía haber sabido la verdad sobre el nacimiento de Georgia —dijo haciendo un esfuerzo para mirar a Demi.
—A mí me hubiese gustado que lo hubieras sabido también. No te puedes imaginar cuánto —dijo Demi, tomando de nuevo el picaporte de la puerta para marcharse.
Marc quiso llamarla para que volviese, pero la puerta se cerró tras de ella, dejándolo allí, encerrado con su sentimiento de culpa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario