Demi salió
en silencio de la piscina, su orgullo no se dejó intimidar por la furia de Joe. Podía ver que él estaba más enfadado consigo
mismo que con ella. Enfadado, porque a pesar de todo lo que había dicho, la
quería.
—No me puedes mandar así —dijo Demi
poniéndose delante de él—. No te lo voy a permitir.
— ¿Que no me lo vas a permitir?
—No —contestó Demi —. No
te voy a permitir que me hables de esa manera.
—Dime, Demi, ¿cómo me
lo vas a impedir?
—Ya pensaré cómo —a Demi
se le revolvió el estómago por la fiereza con que la miraba Joe, que se rió. —Tienes un comportamiento
terrible —continuó diciendo Demi —. Supongo
que es por tener tanto dinero.
Debes creer que puedes hacer que la gente haga lo que tú
quieres si les extiendes un cheque o se lo exiges. —Bueno, bueno, bueno —dijo Joe —. Pobrecita, mira cómo me regaña.
— ¿Sabes cuál es tu problema, Joe?
—Dijo Demi, indignada por la actitud
de Joe —. No te gustas a ti mismo. Me echas
la culpa de la muerte de tu hermano, pero tengo la impresión de que en realidad
te culpas a ti mismo.
Demi se dio cuenta de que lo que había dicho había golpeado
fuertemente a Joe, que estuvo callado durante
un largo rato.
—Dime una cosa, Demi — Joe le levantó la barbilla con un dedo—. Dime
por qué te enamoraste de mi hermano.
A Demi le entró el pánico y el corazón se le desbocó.
—Tú lo amabas, ¿no es así? —preguntó Joe
al ver que ella no contestaba.
Demi bajó la mirada, no podía volver a mentirle.
—No —dijo suavemente Demi —.
No lo amaba.
—Eres una puta cruel — Joe frunció
el ceño cuando Demi volvió a mirarlo—. Eres
una mujerzuela hambrienta de dinero.
Demi cerró los ojos para no ver la furia de Joe.
— ¡Mírame! —dijo Joe
agarrándola por los brazos y agitándola levemente—. ¡Destruiste su vida! Lo
perseguiste y lo destruiste. ¿Para qué? ¿Para qué? —repitió Joe amargamente.
— Joe, te tengo que
decir... —comenzó a decir Demi.
—No quiero escuchar nada de lo que tengas que decir —la
interrumpió bruscamente Joe.
—Por favor, Joe —empezó a
suplicar Demi —. Tú no entiendes...
—Entiendo todo muy bien. Entiendo que a ti no te gustó que André
te abandonara sin dinero. Por eso fue por lo que amenazaste con dar a Georgia
en adopción.
¿No es verdad? —Joe miró a Demi con asco—. Nunca tuviste ninguna intención de
darla en adopción, sólo era un juego para sacar todo el dinero que pudieras.
—Yo nunca he querido dinero de...
— ¡No me mientas! —Gritó Joe
—. Te voy a decir una cosa, Demi. Puedes tomar tu dinero. Todo el dinero. Mañana
te voy a dar el doble.
—Pero... — Demi parpadeó
confundida.
—He cambiado de idea acerca de nuestro matrimonio —dijo Joe —. He decidido que no vamos a respetar las
reglas que establecí.
— ¡No puedes hablar en serio!
— ¿Por qué estás tan preocupada, cara? Te acostaste con mi
hermano sin amarlo. Estoy seguro de que serás capaz de acostarte conmigo —Marc le sonrió fríamente.
— ¡No quiero acostarme contigo! —dijo Demi soltándose de las manos
de Joe.
—Podríamos decir que me ha salido caro el privilegio —señaló
sin misericordia Joe.
—Yo no estoy en venta —dijo Demi
—. No me importa cuánto dinero me tires a los pies. No me comprarás.
—Ya has sido comprada, Demi —dijo Joe —. Ya te has guardado en el bolsillo
una mensualidad.
— Joe, yo no quiero tu
dinero —insistió Demi —. Nunca lo he querido.
Demi podía
adivinar, por la expresión de cinismo de Joe,
que no la creía.
—Si no lo querías, ¿por qué ya no está en tu cuenta bancaria?
—preguntó Marc.
— ¿Lo has comprobado? —preguntó Demi enfadada.
Joe asintió con la cabeza, con una expresión implacable.
— ¡No tenías derecho a hacer eso! —
Demi estaba aterrorizada. Si Joe seguía controlándola tanto, no tardaría en
enterarse de la verdad.
—Sigues diciendo que no quieres dinero, ¿pero qué es lo que
quieres, Demi? —preguntó
Joe. 1313
Demi no podía responder. ¿Cómo iba a decirle lo que realmente
quería? Lo quería a él. Quería que la hiciera sentir que estaba viva, que era
atractiva, irresistible. Quería que sintiera una incontrolable pasión por la
mujer que realmente era ella... Demi.
— ¿Es esto lo que realmente quieres, Demi? —preguntó Joe arrastrándola hacia él—. ¿Es esto
lo que ansías más que el dinero? ¿Es lo mismo que yo también ansío, hasta el
punto de que estoy como tonto de tanto que te necesito?
Volvieron a besarse apasionadamente y esta vez Demi atrajo a Joe
hacia ella con sus manos, sus lenguas se acariciaban acaloradamente. Joe gimió, lo que hizo a Demi sentirse increíblemente femenina, vulnerable, y
al mismo tiempo poderosa.
Aunque hubiese querido resistirse no hubiese podido. Aquella
química abrasadora había estado entre ellos desde el primer día que se
conocieron y parecía que, a pesar de los esfuerzos de Joe
por resistirse a Demi, estaba claro
que no podía seguir haciéndolo por más tiempo. Joe
la deseaba de una manera increíble.
Mientras seguían besándose, se echaron en el suelo, se
quitaron los bañadores y Joe penetró a Demi con una desesperación que ella misma pudo
sentir en su interior. Demi soltó un leve
grito debido al dolor que aquello le causó. Joe
siguió moviéndose y miró a Demi, que tenía
lágrimas en los ojos.
—Cristo —refunfuñó Joe,
apartándose de ella rápidamente—. Demi... yo...
—Por favor, no digas nada —dijo Demi mientras se ponía de pie y tomaba su toalla.
—Por tu reacción, supongo que tuviste un parto difícil —dijo Joe con indiferencia.
Demi,
sin mirarlo, se tapó con la toalla.
— ¿ Demi?
—No quiero hablar de ello.
—Tenemos que hablar, tanto si te gusta como si no. Necesito
saber.
— ¿Qué es lo que necesitas saber? —
Demi se dio la vuelta hacia Joe—. ¿Quieres
oír cómo Georgia nació después de quince horas de parto sin que su padre
estuviese presente? ¿Quieres oír que su padre no quiso ni enterarse de que
existía? ¿Es eso lo que quieres saber?
Joe se quedó mirando a Demi, todas sus acusaciones se disiparon.
—No tienes derecho a juzgarme —continuó Demi —. ¿Tienes alguna idea de lo que es estar
embarazada y estar sola?
—No, no la tengo. Tienes razón, no tengo derecho a juzgarte.
—Georgia necesitaba un padre y mi... quiero decir yo
necesitaba a alguien que me ayudara a traerla al mundo, pero a tu hermano no le
interesaba.
—Él no había planeado tener un hijo contigo.
— ¿Y qué? —Preguntó Demi —. Cualquiera que sea el motivo, cuando un
niño es concebido, deben ser los dos padres los que se preocupen por su
bienestar. Aparte de que pueden ocurrir accidentes —miró a Joe fijamente—. Justo ahora no te he visto ponerte
ningún preservativo.
—No me lo he puesto... ya sabes... —
Joe se puso rojo.
—Seguro que sabes que los fluidos que salen antes de la
eyaculación contienen miles de espermatozoides. Puede que te encuentres en la
misma situación que tu hermano —le sugirió Demi.
—Si es así, asumiré mis responsabilidades.
— ¿Incluso con el odio que me tienes, que casi no te permite
ni mirarme?
—Apartaría mis sentimientos personales si tengo que hacerlo —dijo
Marc.
Demi sabía que lo que decía era verdad; él no era como su
hermano.
—No me preocupa. No tengo intención de quedarme embarazada.
—Si ocurriera... —dijo Joe
pasándose una mano por el pelo—. ¿Me lo dirías?
—Por lo menos, tendrías derecho a saberlo —la mirada de Demi se encontró por unos segundos con la de Joe.
—Voy a ir a ver cómo está Georgia. Deberías irte a la cama;
pareces... agotada.
—Gracias —dijo ella suavemente y se dirigió hacia la puerta.
— ¿Demi?
— ¿Sí? —preguntó Demi,
dándose la vuelta para mirar a Joe.
—Lo siento —dijo Marc, sin mirarla abiertamente.
— ¿El qué sientes? —preguntó Demi,
soltando el picaporte de la puerta.
—Desearía haber sabido la verdad sobre el nacimiento de
Georgia —dijo haciendo un esfuerzo para mirar a Demi.
—A mí me hubiese gustado que lo hubieras sabido también. No
te puedes imaginar cuánto —dijo Demi, tomando de nuevo el picaporte de la puerta para
marcharse.
Marc quiso llamarla para que volviese, pero la puerta se cerró
tras de ella, dejándolo allí, encerrado con su sentimiento de culpa.

No hay comentarios:
Publicar un comentario