miércoles, 2 de enero de 2013

Bloom Capitulo 80




Cuando llego a casa papá está ahí. Él está allí porque está empacando. Me dice que va a salir de la ciudad esta noche. ―Reunión de emergencia en la mañana, dice. ―Hay algunos urbanizadores lanzando una idea para una comunidad, y escucharon acerca del trabajo que hice en las Granjas Seabrook el año pasado- ¿recuerdas eso?-y entonces voy a entrar a asesorar con ellos. Es una gran oportunidad.
Asiento. ―¿Por cuánto tiempo vas a estar fuera?
―Dos días. Tres máximo.
―¿Necesitas que te recoja en el aeropuerto? ¿Ó que te lleve hasta allí?
Él sacude la cabeza.
―Está bien, digo, y entonces ambos nos quedamos parados allí, en silencio.
―Entonces, yo debería-- digo al mismo tiempo que él dice, ―Sigo pensando que deberíamos hablar.

―¿Acerca de qué? digo, y mientras cambia el peso de un pie al otro me doy cuenta que él no va a decir nada más.
―Estoy bien, papá, le digo. Intento hacer que mi voz suene alegre, pero creo en su mayoría simplemente sale cansada. ―Estoy completamente bien.
―Quiero más de ti que sólo eso. Quiero que seas feliz.
―Trabajaré en ello, le digo, y fuerzo una sonrisa en mi rostro. ―¿Dejaste un número? Asiente. ―Y si necesitas cualquier cosa--- ―Lo sé, llamaré. ¿Quieres que te prepare un sándwich ó algo así? Podrías comerlo de camino al aeropuerto. Dice que sería agradable, así que le preparo un sándwich. Él se olvida de llevarlo con él.

Apago mi celular después que él se va, ignoro el teléfono cuando llama. No quiero hablar con nadie en este momento, ni siquiera con Joe. Pensar en papá y en cómo dijo que quería hablar cuando sabía que se estaba yendo, cuando sabía que no tenía tiempo para mí, me ha dejado sintiéndome triste y enojada y sólo quiero estar sola.
El asunto es, que cuando intento ir a dormir está tan silencioso, demasiado silencioso, y cada respiración que doy suena como un grito. Salgo de la cama y me siento en el suelo, revisando mi caja de las cosas de mamá.
―No te echo de menos en absoluto, le digo a su foto de la preparatoria. Ella me observa radiante, sonriendo. Ella no me llama mentirosa. Ella no contesta.
* * *
La mañana siguiente estoy exhausta, todas mis clases son un borrón. Evito a todo el mundo e incluso me salteo el almuerzo, escondida en la oficina de orientación pretendiendo mirar los folletos de universidades. Gail y yo hablamos un poco durante música, aunque el Sr. Herrity nos mira y entonces nuestra conversación nunca va más allá de yo preguntándole por su vestido para el baile y ella diciéndome que me veo cansada. Más tarde evito a Katie escabulléndome fuera y caminando alrededor hacia el ala de la escuela donde está la clase de Axel, chocándome contra alguien mientras me dirijo dentro.
―Lo siento, murmuro, y levanto la vista para ver a Joe enfrente de mí, con preocupación en su rostro y en sus ojos.
―Te ves como si necesitaras salir de aquí, dice.

Así que lo hacemos. Nos metemos en su coche y nos vamos. Vamos al cine, comemos palomitas de maíz, y vemos a una flaca y hermosa rubia representar el patito feo de la preparatoria, quien es transformada por el amor. Me echo a reír por la total incredibilidad de una chica como esa siendo un patito feo, le pregunto a Joe si las personas que hacen las películas fueron incluso alguna vez a la preparatoria, y luego me duermo, sólo despertándome cuando las luces se vuelven a prender al final.
―Me quedé dormida, digo.
―SIP.

―¿El resto de la película fue tan malo como los primeros diez minutos?
―Peor, dice Joe con una sonrisa. ―Ella dio un discurso al final acerca de seguir tu corazón y luego fue coronada reina del baile de graduación.
―Lo siento.
―No lo hagas, dice, y me saca suavemente el cabellos de la cara hacia atrás con una mano. Sonrío cuando unas hebras se enganchan en sus dedos.
―No tengo cabello de reina del baile.
―Seguro que lo tienes. Y también babeas cuando duermes.
―¡No lo hago!
―Lo haces. Es lindo.
Le hago una cara, y él se inclina y me besa. ―¿Te sientes mejor?
―Si.
―Bien, dice, y se pone de pie, extiende la mano para tomar la mía. ―Vamos.
Nos dirigimos fuera hacia su coche. Sólo hay algunos coches en el
estacionamiento, la mayoría de ellos muy lejos en el otro extremo, y mientras miro hacia fuera por el parabrisas es fácil pretender que somos la única pareja en el mundo, sólo nosotros flotando en un extraño mar de asfalto.

―Así que, gracias por la película, le digo, contenta de haber acordado que no tenemos que irnos justo ahora.
―Y las palomitas de maíz. Sin embargo la próxima vez lo compro yo, ¿está bien?
―Sólo si prometes volver a dormirte y babear encima mío de nuevo.
―¡No babeé encima de tuyo!
Él se señala el hombro. ―Justo aquí. Compruébalo.
―No veo nada.
Él me sonríe ampliamente. ―Mira más de cerca.
―¿Y entonces qué? Me acerco por completo a ti y qué, ¿me siento abrumada y empezamos a besuquearnos?
―Hey, funcionó en la película.
―¿Si? digo, y me acerco un poquito más.
―Si, dice, y sonrío mientras su boca se encuentra con la mía.

Nos besuqueamos en el coche por un largo rato, tan largo que todas las ventanas se empañan. Trazo mi nombre por una de ellas cuando nos hemos separado por un momento, echándome hacia atrás y observando mi dedo deslizarse por el vidrio frío.
―Espero que sepas que eso no ocurrió en la película, dice, besando mi oreja.
―¿En serio? tiemblo un poquito, mi mano cayendo de la ventana y deslizándose por su hombro. ―¿Entonces que pasó?

―Obvio, me sonríe ampliamente. ―Ella y la gran estrella de football se besuquean y después hablan acerca de sus sentimientos.
Me echo a reír. Eso suena casi correcto. En realidad lo triste es que con Cody eso sería completamente lo que… mi voz se va apagando, consciente de que Joe se ha apartado de mí.
―Lo lamento, digo, y me estiro para alcanzarlo.
―Está bien, dice, pero de seguro no suena como si lo creyera porque se mueve incluso más lejos.

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