—¿Te pagó alguna vez a cambio de sexo? —preguntó
Joe, forzando con su mano que Demi se diera la vuelta.
—¿Tú qué crees? —contestó Demi con tono
desafiante—. Tú crees que me conoces mejor que André. ¿Crees que yo haría algo
así?
Joe se dio la vuelta en la cama sin contestar a
Demi. Quería pensar lo contrario, pero todo lo que le había contado su hermano sobre
ella le hacía creer que sí sería capaz de hacer algo así.
— ¿Joe? —susurró Demi en la oscuridad unos
minutos después. Pero no hubo respuesta, salvo la profunda respiración que
indicaba que se había quedado dormido.
Al día siguiente por la mañana temprano, Demi
sintió unos fuertes brazos abrazándola, haciéndola sentir tan segura como nunca
antes lo había estado.
Trató de volver a dormirse, pero le fue
imposible, ya que sentía la calidez del cuerpo de Joe, su firmeza y cómo crecía
su excitación sexual. El cuerpo de Demi se excitó también. Sintió el deseo en
sus pechos y entre sus piernas.
Cuando Joe comenzó a acariciarle el cuello y a
besarla, no pudo resistirse.
—Mmm —murmuró Joe Jonas mientras le hacía
cosquillas con la boca—. Tienes un sabor maravilloso.
—¿De... de verdad? — Demi se estremeció
levemente cuando Joe introdujo la lengua en su oreja.
—Mmm —la boca de Joe se acercó a los labios de Demi
y los acarició—. Delicioso.
Demi suspiró de placer cuando Joe posó la boca
en la suya y la besó de forma diferente a como lo había hecho antes; despacio,
sin prisa, pero no menos seductoramente.
Empezó a besarla más profundamente y pudo
sentir cómo su cuerpo pedía más. Joe la acercaba más a él, la acercaba a su
erección, que latía con pasión.
—Te deseo tanto —dijo Joe—. Creo que nunca he
deseado a nadie tanto.
Cuando Joe empezó a subir la mano por su muslo,
Demi recordó por qué se encontraba en aquella cama.
—No puedo —dijo apartándole la mano—. El
periodo, ¿te acuerdas?
—No consideraba que fueras tan tímida para
estas cosas —dijo Joe, después de mirar a Demi durante un largo rato—. Es
demasiado antiguo ser tan remilgado ante una cosa perfectamente normal como
ésa.
—Lo sé. Lo siento.
—Últimamente te estás disculpando mucho — Joe le
dirigió una sonrisa irónica—. Ya que estás en ello, ¿hay algo más de lo que te
quieras disculpar?
—¡No! No, claro que no — Demi apartó su mirada
de Joe.
—Sólo estaba preguntando —dijo Joe, apartándole
a Demi un mechón de pelo de la boca—. A veces, Demi, pienso que me estás
ocultando algo. Algo importante.
—¿Qué te podría estar ocultando? —preguntó Demi,
desasosegada.
—No lo sé. He tratado, sin éxito, saber cómo es
la verdadera Demi.
—Me es difícil ser como realmente soy a tu lado
—dijo Demi.
— ¿Por qué? —Preguntó Joe —. ¿Por mi hermano?
No, por mi hermana, quiso decir Demi, aunque no
pudo hacerlo.
—Has estado tan enfadado conmigo todo el tiempo
—dijo en vez de eso—. No estoy acostumbrada a tratar con tanto sentimiento
negativo.
—Tienes razón. La muerte de André sumada a la
de mi madre me ha golpeado por ambos lados. Hace mucho que no soy yo mismo. Á
veces me pregunto si volveré a serlo.
—Sabes que lo entiendo —dijo Demi mirando a Joe
con empatía.
—Sí, supongo que lo entiendes. Tú también lo
perdiste y, aunque dices que no lo amabas, al fin y al cabo era el padre de
Georgia y seguro que eso cuenta.
—Cuenta para muchas cosas —dijo Demi en voz
baja.
—Mejor que durmamos un poco, Demi —dijo Joe,
acomodándose entre las sábanas.
Demi lo miró durante bastante tiempo. Quería
acariciar su nariz, besarlo, hacer el amor con él.
—¿ Joe? — Demi susurró su nombre.
—¿Mmm?
—Quiero que sepas que creo que eres un
sustituto de padre maravilloso para Georgia.
—Gracias —dijo Joe, tomando la mano de Demi —.
La quiero como si fuese mi hija.
—Así como... — Demi no terminó de hablar. Su
corazón le dio un vuelco al darse cuenta de lo que iba a decir: así como yo.
Supuso que Joe se había dado cuenta y le entró
el pánico. Sentía la sangre agolpándose en sus orejas y se le iba a desbocar el
corazón. Pero al escuchar su respiración, se dio cuenta de que se había quedado
dormido.
Su secreto estaba a salvo, pero había estado
cerca, demasiado cerca de ser descubierto.
Cuando Demi se despertó a la mañana siguiente,
se encontró a Joe recostado en la cama mirándola. Sintió cómo se le enrojecían
las mejillas.
Trató de levantarse de la cama, pero Joe se lo
impidió con la mano.
—No, no te vayas corriendo. Lucía está cuidando
a Georgia. Tienes derecho a descansar. ¿Cómo te encuentras?
—Estoy bien. Ya no me duele el Estómago.
—Bien —dijo Joe. Demi le oyó levantarse de la
cama, pero no miró hacia él por miedo a no ser capaz de verlo sin ropa—. Tengo
planes para ti.
—¿Planes? —Demi lo miró un segundo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario