lunes, 3 de junio de 2013

Mi Dulce Bombón Capitulo 30




—¿Está claro, o no?
Él la miró con ternura. Finalmente, asintió.
—Bien —replicó ella—. No voy a hablar de negocios hoy, así que si has venido a eso, puedes irte.
Joseph la vio dar media vuelta y subir la escalera hacia la primera planta. Entonces, las palabras de Nick sobre lo que funcionaba o no funcionaba con una mujer, volvieron a su mente. Cada segundo que pasaba tenía más claro que con esta mujer, no funcionaría. Había sido un error no devolverle la llamada. Joseph asintió. Sí, había sido un error que no volvería a cometer.
En la cocina, Mark y su padre se miraron divertidos. Demi había sacado las uñas. Los siguientes capítulos de la historia " Joseph & Demi " prometían ser apasionantes.
Cuando Joseph entró, las miradas hablaban por sí mismas, pero por si cabía alguna duda, John se lo aclaró.
—Mandy 1, Jordan 0 —le palmeó el hombro con cariño—.Ven, come algo y recupérate para el siguiente asalto.
Joseph se sentó a la mesa sonriendo violento, y se dispuso a recobrar fuerzas con un trozo de la mejor torta de queso y moras del país.
Para vérselas con Demi, desde luego, le haría falta.
♦ ♦ ♦ ♦ ♦
Demi no habló de negocios aquel día. Ni el siguiente. No fue hasta el domingo después de comer, cuando Jordan volvió a intentarlo por quinta vez en tres días, y el muro cedió.
Mientras el resto de la familia miraba televisión en el salón, Demi escuchaba la exposición de Joseph en la cocina, con la vista fija en su taza de café.
Continuaba enfadada. Y celosa.
Celosa de que hubiera corrido a darle explicaciones a su barbi, y a ella la hubiera tenido una semana esperando una decisión. Y lo peor de todo era que admitir que estaba celosa la enojaba mucho más que todo lo demás. Porque los celos no podía controlarlos. Los sentía. No los había sentido en la vida antes, y no sabía cómo manejarlos.
—Las seis fechas que tienes en diciembre son impepinables. Si no cumples, te va a costar un montón de pasta, así que yo te aconsejo que actúes. Año nuevo, vida nueva. Y con la discográfica… las actuaciones comprometidas ya están cumplidas, aunque en algún momento del año tendrás que volver a entrar en el estudio de grabación con un álbum nuevo y habrá que negociar las actuaciones promocionales, pero eso se verá en su momento… 

He estado echando un vistazo a los festivales. Varios coinciden mes, así que va a haber que montarlo muy bien, si no vas a acabar de cama…. Las actuaciones en ciudades más pequeñas se pueden coordinar en relación a los festivales. Con tus actuaciones especiales para fans, lo mismo — Joseph estiró las piernas, bebió un sorbo de café—. Va a ser una pila de trabajo y hará falta engranar las cosas muy bien, pero puede funcionar.
Miró a Demi. Ella seguía con su vista fija en la cucharilla con la que removía el café, algo ausente.
—Vas a tener que modificar un poco tu imagen —continuó Jordan al ver que ella no decía nada—. Tejanos, Demi. Ropa más normal. No quiero tener que estar sacándote vaqueros salvajes de encima.
—Me los vas a tener que quitar de encima igualmente. Lo que les gusta no es mi ropa.
Cierto. Como para que no les gustara…
—Tejanos, Demi —repitió masculino. Hizo una pausa y añadió—. Y un cinco por ciento más.
La mirada femenina se desplazó de la taza de café a sus ojos, desafiante.
—Vaya —se recostó contra el respaldo de su silla—. Eso es un montón de dinero, ¿sabías?
En aquel momento Mark se disponía a entrar en la cocina, pero se detuvo. ¿Cinco por ciento más? Sonrió divertido y se apoyó junto al marco de la puerta a ver qué contestaba Demi.
—Tu proyecto es un montón de trabajo.
Demi continuó mirándolo, desafiante. Así que no había vuelto con la cabeza gacha…  
Está bien, sabes lo que vales.
—Por un cinco por ciento más, te voy a querer pegado a mi sombra las veinticuatro horas del día. Todos los días.
—Dieciséis —puntualizó él—. No voy a dormir contigo.
Demi sonrió. Joseph también; era la primera sonrisa auténtica que veía en aquel rostro hermoso, en tres días.
—Encárgate de que tus chicas lo sepan, ¿vale?
Había dicho “chicas”, pero quería decir “barbi de apellido ilustre”. Joseph leyó entre líneas.
—Ya lo saben —respondió, masculino.
Mark se frotó las manos y regresó al salón a compartir las noticias.
Demi asintió y se puso de pie. Joseph la miró mientras se alejaba hacia el salón, con las manos en los bolsillos de los tejanos.
Sus ojos, como siempre desde hacía años, la recorrieron. Desde aquella melena rizada que le cubría los hombros y la espalda, a través de unas curvas de vértigo que no conseguía disimular ni aunque se pusiera un jersey dos tallas más grande como el azul que llevaba hoy, hasta las deportivas, que en sus pies, resultaban sexy.
Es que era sexy. Toda ella. La mujer más sexy del planeta.
Dieciséis horas por día con Mandy. Siete días a la semana.

Dios.

Mi Dulce Bombón Capitulo 29




Sí que podía. Y recién llegado a Nashville, ella le había parecido un buen as en la manga. Pero si tenía que elegir…
—Y las mujeres muy malpensadas —replicó él. Puso voz seductora para hacerlo. Quería acabar con aquella conversación y volver dentro—. Nos conocemos desde que éramos críos y hemos hecho un montón de cosas juntos. Pero cuando Demi quiere esa clase de compañía, no me viene a buscar y yo a ella tampoco, ¿de acuerdo? Te recojo el lunes y hablamos.
Hubo una pausa. Joseph supo que ella no había tragado, pero era lo que había. Volvería con Demi. Y no quería dar carpetazo al asunto Tyler, pero si tenía que hacerlo, lo haría.
—De acuerdo —escuchó que Tyler respondía, y a continuación el sonido de llamada cortada.
Demi volvió a cerrar la ventana y se sirvió un café por hacer algo, lo que fuera. Algo que le hiciera olvidar la sensación de desilusión mezclada con angustia que la invadía.
Estaba con aquella mujer. Y por alguna razón, ella era lo bastante importante para Joseph como para que él intentara contentarla, para que le diera explicaciones. Lo bastante importante para que le dijera que no tenía que preocuparse por Demi Brady, que no eran más que amigos de la infancia.
Y además tenía que estudiarse lo de volver con ella. No sabía si era viable.
Demi respiró hondo, intentando que el aire volviera a entrar en sus pulmones. Pero continuó igual, con la misma opresión en el pecho...
Y la misma desilusión.
Tal vez, después de todo, Joseph sí fuera aquella clase de hombre.

Demi llevaba varios días sin saber de Joseph y se sentía rara. Se habían despedido el lunes por la mañana con un “hablamos ¿sí?”. Él había regresado a Nashville.
Y no habían hablado.
Él no la había llamado.
En otras circunstancias no le habría importado tanto, pero ahora…
Demi se subió a la tranquera y se sentó sobre el listón de madera, con las piernas colgando hacia adentro. El predio de adiestramiento estaba vacío. A lo lejos, se veían luces en el pabellón de los peones. El sol se había ocultado hacía un rato y las faenas del día habían acabado.
Después de darle mil vueltas, el miércoles ella se había decidido y lo había llamado. Nadie había contestado. Tampoco había saltado el buzón de voz. Desde entonces habían pasado tres días, y continuaba sin saber nada de Joseph.
Demi se subió el cuello del abrigo. Se estaba quedando helada. ¿Qué hacía allí con semejante frío? Bajó de un salto y retomó el camino que llevaba a la casa.
Estaba insoportable. No se sentía ella misma. Pasaba el día ociosa, incapaz de concentrarse en nada más de cinco minutos, y con sus pensamientos volviendo una y otra vez sobre el mismo tema; Joseph Wyatt. Él le había dicho que “se moría por volver con ella”, pero ni había aceptado su nuevo proyecto aún, ni estaba con ella.
Estaba en Nashville.
Seguramente disfrutando de la compañía de su barbi de apellido ilustre.
Y no la había llamado.
Ni siquiera le había devuelto la llamada.
Demi meneó la cabeza, disgustada. ¿En qué situación estaban? Necesitaba saberlo de una vez. Ya no soportaba continuar así. Respiró hondo cuando comprendió que estaba a punto de saberlo; el hombre que aparcaba frente al jardín, era él.
Demi se irguió, y avanzó hacia el coche como si no tuviera un nudo en el estómago. Avanzó con una sonrisa despreocupada en los labios, ignorando las sensaciones que últimamente se adueñaban de su cuerpo cada vez que lo veía. Eran intensas y raras. No podía clasificarlas. En realidad, no se animaba a hacerlo. Así que jugaba a ignorarlas. Pero seguían allí, y eran las mismas: boca inesperadamente seca, latidos que retumbaban en sus oídos, y un montón de nervios que no sentía ni cuando estaba en el escenario frente a diez mil personas.
—Si vienes a cenar, es pronto… —dijo ella, apoyándose contra el Corvette, junto a la puerta.
Él sonrió y se dedicó a sacar abrigo y maletín bajo la persistente mirada femenina que le pasaba revista.
Jersey negro de cuello alto. Botas negras cortas. Tejanos de muerte. Imponente como siempre, pero demasiado sport para Joseph.
—¿Es el estilo Nashville? —preguntó Demi, con ironía.
Joseph cerró el maletero.
—Es el estilo mudanza. Lo mejor para ponerse de mierda hasta arriba embalando una casa, son unos tejanos y un jersey negro. También valen para hacer seiscientos kilómetros por carretera…
Así que has vuelto a Camden”, pensó ella, y se obligó a no mover ni un músculo de su cara.
—¿Entramos? —invitó Joseph.
—¿”Entramos”? — Demi y se incorporó, puso las manos en los bolsillos de su abrigo y lo miró con ironía—. ¿Es que vienes a verme a mí?
Joseph sonrió.
—Tenemos un tema pendiente, sí.
—Bueno… Supongo que si ha esperado una semana, es que no es urgente, ¿no?
Demi pasó junto a él y se dirigió a la casa. Entró y dejó la puerta abierta. Joseph la siguió intentando mantenerse serio. No quería enfadarla más de lo que estaba. Entró y cerró la puerta tras de sí.
—Tenía que analizar bien tu propuesta, Demi… No es tan fácil como a ti te parece que es.
Ella estaba al pie de la escalera cuando él habló, y se revolvió.
Menudo imbécil.
—¿Tengo cara de idiota? —Regresó sobre sus pasos y se detuvo frente a Joseph —. Mira, niño... Si me dices que hablamos, me llamas. Y si ves mi llamada perdida, me la devuelves. Quiero que seas tú, Joseph, pero no pienses ni por un segundo que te voy a dejar jugar a este juego conmigo. Vuelve a pasar de mí, y me abro. ¿Está claro?
—No pasé de ti.

Mandy no solo lo interrumpió, dio un paso más y lo enfrentó. 

sábado, 1 de junio de 2013

Mi Dulce Bombón Capitulo 28



—No voy a bajar mi caché. Ofréceles en cláusula privada que donaré el veinte por ciento a causas sociales que estén promoviendo en la región. Yo diré cuáles. Tú me dirás quiénes son y qué harán con mi dinero. Que baje el precio de las entradas a mis conciertos. Promocióname.
 Que se llene. Consígueme patrocinadores que sufraguen el resto. Si apoyar causas que mejoren la vida de las personas me cierra puertas, bien cerradas estarán. Son puertas que no me interesa tener en mi vida, ni abiertas ni cerradas —hizo una pausa y pensó en cómo decir lo que iba a decir—. 
La que actúa soy yo, sí. Y va a ser duro, por eso solamente puedes ser tú, ¿entiendes? Me conoces, Joseph. Sabes los qué, cuándo y cómo de mí, mejor que yo misma. Si tú me prometes que vas a estar conmigo en cada parada del bus, en cada concierto, en cada feria… Yo te prometo que me voy a mantener de una pieza. Esta vez, no voy a fallarte.
Joseph tragó saliva con disimulo, y apartó la mirada. Eran demasiadas emociones para un mismo día. Realmente, no había esperado algo así de ella. Estaba tan impresionado como bloqueado. Ahora todo era distinto. Ella empezaba a ser otra Demi. 
Y él ya no era solo su mánager; quería ser su hombre. Así que necesitaba tiempo para analizar la situación, y jugar bien sus cartas.
Cuando volvió a mirarla apurando los últimos segundos que le dieran la forma de salir del paso y no responder inmediatamente, su móvil sonó.
Habría podido decir que acababa de salvarlo la campana, pero no le dio tiempo ni a completar el pensamiento. En la pequeña pantalla parpadeaba un nombre; “Tyler”.
O como Demi la llamaba, “su muñequita de quirófano”.
Atendió con la vista fija en la mesa e intentó ser breve.
—Ahora no puedo. Te llamo luego.
Demi se concentró en su café. No le hacía falta preguntar para saber quién era. ¿Quién otro podía ser para que Joseph se hubiera vuelto telegráfico y tenso en un segundo?
Cuando lo vio ponerse de pie, con el móvil pegado a la oreja, decir a todos un “disculpad” y dirigirse al porche, ella tuvo claro que no se había equivocado. Era su barbi rellena de silicona.
¿Qué le veía? ¿Cómo podía sentirse atraído por una cosa así? Desde los CMA se devanaba el seso intentando entender qué narices le veía a aquella mujer. Como no fuera el apellido ilustre… Pero Joseph no era de esa clase de hombres, de los que iban por interés.
¿O sí?
♦ ♦ ♦ ♦ ♦
La llamada de Tyler le había dado a Joseph el tiempo que necesitaba para salvar el momento y pensar su siguiente paso, pero ella empezaba a resultar cargante.
—Podías haberme dicho que no estarías en la ciudad este finde. Contaba contigo…
Ya. Para alguna de sus fiestas privadas llenas de tipos estirados y señoras tan glamurosas como mortalmente aburridas.
Sonríe, Joseph.
—¿Me perdonas? Fue un imprevisto.
En la cocina, Demi acababa de abrir sigilosamente la ventana. Necesitaba saber y no podía preguntárselo a él, ya que no podía explicarle por qué quería saber algo tan personal. 
Ni siquiera ella misma entendía lo que le pasaba, como para explicarlo... Además, lo último que haría en la vida sería dejarle ver a Joseph que él le importaba. Eso, ni loca.
—¿Un imprevisto en Camden? —la voz de Tyler sonó exactamente a lo que estaba pensando—. ¿Qué ha sucedido? ¿La princesa Demi se quebró una uña y su nueva mánager no sabe qué hacer?  
Joseph meneó la cabeza divertido. Se odiaban mutuamente. De Tyler podía entenderlo. Después de todo, era hija de uno de los hombres más influyentes del país; no estaba acostumbrada a que la gente le hiciera el vacío. Y Demi, tan pronto la había visto de su brazo en los CMA, se había dado media vuelta sin mostrar el menor interés por entablar conversación con ella. De Demi, también podía entenderlo.
Si admitía el factor celos.
Y tratándose de Demi, era todo un factor. Especialmente, si el hombre en cuestión era él. Se derretía. Cada vez que pensaba que Demi tenía celos de Tyler, el corazón empezaba a darle brincos en el pecho porque aunque con Demi eso no significara necesariamente amor, era mucho más de lo que jamás había tenido de ella. Y muchísimo más de lo que había esperado tener algún día.
Joseph rió para evitar responder.
—Oye… Me están esperando, tengo que dejarte. Te llamo más tarde, ¿ok?
—¿Vas a volver con ella?
Su intento no había funcionado. Joseph respiró hondo y se apoyó contra la barandilla.
—Es posible, no lo sé —admitió, al fin—. Me ha propuesto un proyecto nuevo y tengo que estudiarlo. No sé si es viable. Mira, he de cortar... El lunes voy a buscarte, cenamos por ahí y hablamos, ¿te parece bien?

—Los hombres sois muy tontos… —la escuchó decir con su tono de niña de alta sociedad—. Eres bueno en lo tuyo y yo soy Tyler Bradford. No hay ninguna puerta que yo no pueda abrir. ¿Te imaginas todo lo que podrías conseguir?  

Mi Dulce Bombón Capitulo 27



Y ahora sentados en el salón señorial, decorado predominantemente en color habano, con un café delante y la mejor tarta casera de queso y moras del país, John se dedicaba a ponerlo al día de las últimas novedades: Mark Brady y su nuevo estatus de padre de acogida.
—Está ilusionado. Y ansioso. Intenta disimularlo, ya sabes, pero la procesión va por dentro.
—Lo que tendría que hacer es buscarse una mujer y formar una familia, la suya propia.
Ella había hablado, sí, pero lo dicho no sonaba nada a Demi y eso era lo que expresaba la mirada de todos.
—¿Qué miráis? No estoy hablando de mí, hablo de Mark. El más formal, tradicional y conservador de los Brady. Es lo que le va —dijo sonriendo incrédula—, y ya es mucho pedirle a cualquier mujer que lo aguante tal cual es, si además quien sea tiene que asumir niños de acogida…
John siguió a lo que estaba igual que Joseph. Eileen, no.
—No es lo que “le va”, cariño, es lo que es —la voz de Eileen sonó tan tierna como la forma en que tomó la mano de Demi y la sostuvo entre las suyas—. Es su camino en esta vida y él lo acepta sin más. Y ahora que Joseph está aquí, es hora de pensar en reanudar el tuyo. Detenerse a descansar, estuvo bien. Tenerte en casa como antes, mejor que bien… —acarició la barbilla de su hija con cariño—, pero tu camino no está aquí, y tú lo sabes…
Demi asintió con la cabeza varias veces. Había pensando mucho en eso, en su camino, en cómo quería las cosas y cómo ya no las quería, pero no se sentía capaz de plantearse volver a empezar sin Joseph. Desde hacía una hora, él estaba otra vez en su vida, así que su madre tenía razón.
—Me parece que vamos a tener que volver a negociar nuestro acuerdo comercial… —dijo Demi. Volvió la cara para mirar a Joseph que sentado a su lado la miraba atentamente, y sonrió con picardía—. Vas a trabajar más, pero vas a ganar menos.
—Te quiero, pero no para tanto —contestó él, sonriendo divertido. Y sonreía para evitar que se notara que mentía. La quería para tanto y para más; había vuelto para quedarse, al precio que fuera.
—Igual consigo seducirte con mi proyecto nuevo…
Demi lo picaba. Joseph sonreía y la miraba con su mirada dulce de siempre. John volvió la vista a su café. Sabía desde hacía años, que a su hija no le hacía falta seducirlo en absoluto.
—¿Qué propones? —preguntó Joseph, al tiempo que se ponía cómodo contra el respaldo de su silla y se cruzaba de brazos.
—Festivales regionales. Ciudades más pequeñas. Actuaciones especiales para mis fans en sus estados, que no tengan que viajar cientos de kilómetros para verme… Y —respiró hondo y lo miró con decisión— apoyar causas sociales. Proyectos de mujeres y sus hijos, proyectos de educación…
John sonrió de oreja a oreja, igual que Eileen. Joseph se incorporó en su silla e intentó sopesar esas propuestas que no le sonaban nada a la mujer de los últimos años. Solamente la idea de que Demi Brady, la estrella, pudiera haberse evaporado en algún punto de los últimos meses y su Demi, su amor de siempre, hubiera vuelto, lo ponía como un flan.
—A ver, Demi —empezó Joseph. Su tono de voz era serio a pesar de que la expresión de su rostro y su mirada continuaban siendo tiernos—, festivales regionales: unos cuantos no pueden pagar tu caché. Y si has pensado en bajarlo, olvídalo. Ni hablar. 
Ciudades más pequeñas: ¿podrás vender suficientes entradas como para que sea rentable? Habrá que verlo, pero a cien pavos la localidad más barata me parece que no… Y hay otras dos cuestiones: uno, a la discográfica no le interesan las ciudades más pequeñas, así que suponiendo que todo fuera sobre ruedas, serían las ciudades más pequeñas y las grandes. 
Dos, a las ciudades más pequeñas se va por carretera. ¿Quieres volver a montarte a un bus? Actuaciones especiales para fans en sus estados: hay cincuenta estados en la Unión ¿sabes? Suma y sigue. La que actúas eres tú, pero me parece una locura de agenda — Joseph suspiró—.
 Y lo de las causas sociales… Te puede abrir muchas puertas y te puede cerrar otras. No sé… Si quieres saber mi parecer, eres artista. Ese es tu trabajo. Yo dejaría las causas sociales para los activistas y los políticos.

Demi se inclinó hacia delante, descansó los codos en la mesa. Cuando volvió a mirarlo, Joseph supo que estaba a punto de escuchar lo que ella había decidido que sucedería en los próximos meses. Sonrió, no pudo evitarlo, y se preparó para aguantar el chaparrón.

Mi Dulce Bombón Capitulo 26



Estaba preciosa. Y mucho más que enojada.
Demi no solamente había vuelto a quitarse de en medio rápidamente en cuanto vio a Joseph aparcar el coche al otro lado del jardín, además ahora ensillaba su caballo dispuesta a irse, otra vez, como si la cosa no fuera con ella.
—Hablemos Demi … —la voz de Joseph sonó suave. A ella le supo a una caricia y eso la hizo rabiar más aún.
—Me parece que no estoy al nivel de los temas que a ti te interesan últimamente —le soltó una mirada cáustica de reojo y montó el caballo—. La alta sociedad me da urticaria y la cirugía plástica no me hace falta… Así que, si te has tomado la molestia de venir para hablar conmigo, espero que no —puntualizó con ironía—, no pierdas más el tiempo.
Joseph cogió las riendas del caballo y la miró con su ternura habitual.
—Desmonta, Demi. Hablemos, nena, por favor. Hablemos de nosotros.
—No hay ningún “nosotros”, Joseph. Entre otras cosas porque te fuiste. Tú, te fuiste. Y porque ahora pareces más ocupado en otros asuntos. Que, por lo visto, te interesan más. Podíamos haber hablado en los CMA —lo miró con los ojos brillantes— peeero preferiste… —meneó la cabeza molesta—. No sé qué me cabrea más, Joseph, si que me esquivaras, o que prefirieras aparecer en las fotos con una jodida muñequita de quirófano como esa…
—Vivo deseando volver contigo desde que me fui, Demi. No me hallo en Nashville. No me hallo… — Joseph suspiró con resignación— haciendo otras cosas que las tuyas. Pero lo he pasado fatal estos dos últimos años, estoy dolido y no quería ponértelo tan fácil —extendió la mano para ayudarla a desmontar y le habló con tanta firmeza como dulzura—. Desmonta. Por favor.
Demi lo miró de reojo brevemente, y apartó la vista considerando su siguiente paso.
Desde que habían vuelto a verse en el club de Nashville, le costaba hasta sostenerle la mirada.
Aquellos ojos la traspasaban de tal manera que tenía la sensación de que podían mirar dentro de ella, y saber exactamente lo que le pasaba y cuánto la afectaba.
Y además, él estaba allí, a dos metros, con su ternura de siempre. Estaba allí, así que ella le importaba. De alguna manera, aunque fuera por los años que llevaban juntos, le importaba.
Demi ignoró la mano extendida, y desmontó. Volvió a encerrar al caballo y empezó a andar hacia el camino. Joseph la siguió.
Anduvieron en silencio un buen rato, uno junto al otro.
—¿Quieres volver a encargarte de mis asuntos? —preguntó ella, al fin.
Joseph la miró. Con su expresión de diva enfurruñada y su tono fingidamente indiferente, era como una niña. Su niña.
—Tanto como tú, sí.
Demi continuó andando en silencio.
—¿Y tu barbi de apellido ilustre? —dijo al rato.
Joseph sonrió para sus adentros.
—Nuestro acuerdo comercial no incluye que mis amigas tengan que gustarte.
No me digas... Demi paró en seco y le plantó cara.
—Tampoco que pudieras echar a los míos a patadas de mi suite, y ya ves.
Asunto J.T., otra vez.
—Suerte tuvo de que solamente lo echara, guapa. La próxima vez que lo encuentre en tu suite —la miró completamente serio y rectificó—, a ese gilipollas o a cualquier otro, lo van a juntar con cuchara ¿está claro?
—No te metas en mi vida privada —espetó ella.
Era lo que le decía su voz y también su actitud, pero a Joseph le dio igual. Si volvían juntos, él iba a ir a por todas. Y eso incluía su vida privada, especialmente.
—Me voy a meter en todas tus cosas, Demi. En todas. O lo tomas o lo dejas —pero al notar que la mirada femenina se encendía de rabia, Joseph suavizó sus palabras—. No hace falta que te los lleves a los hoteles donde todo el mundo, empezando por la prensa, sabe que te alojas. Aprende a ser discreta.
—No me llames Demetria—dijo ella, a modo de respuesta—. Y no quiero toparme con esa muestra de silicona andante. Fóllatela en Marte. Donde yo esté, no.
Demi permaneció donde estaba, mirándolo a los ojos con actitud desafiante hasta que él, finalmente, asintió. Ella hizo lo mismo y a continuación, reanudó la marcha.
En un segundo empezó a sentirse liviana como una pluma y tomó conciencia de que casi podía oír cómo cada músculo de su cuerpo se relajaba. Y también podía oír su propio corazón: latía al mismo ritmo, pero mucho más fuerte. Retumbaba en su interior.
Y todo eso, solamente por saber que él volvía a estar en su vida… Se preguntó si Joseph sentiría lo mismo, si para él aquellos meses habían sido tan raros como para ella. No tenía la menor idea y tampoco podía preguntárselo, de modo que continuó andando en silencio.
Aunque Joseph sentía muchas más cosas, solo pensaba en una. Un pensamiento —más bien una decisión—, que acabó de tomar forma cuando ella le confirmó, sin decirlo, que sentía celos.
Vas a ser mía.
♦ ♦ ♦ ♦ ♦
Volver a estar entre los Brady era algo que Joseph echaba muchísimo de menos. Lo comprendió al instante de poner un pie en la casa, devuelta del paseo con Demi. Siempre se había sentido cómodo entre aquella gente, como si fuera parte de ellos. Y era mutuo: Mark y Miley habían tardado cinco minutos en aparecer al enterarse que Joseph había vuelto a casa y aunque rápidamente volvieron a sus faenas, dejaron en el aire el plan para después de cenar: partida de billar en el Beer&Wine.

Eileen no dejaba de hacerle carantoñas cada vez que pasaba por su lado y volvía tomar consciencia de Joseph estaba de nuevo sentado a su mesa. John lo miraba con su sonrisa suave, y sus ojos de mirada tierna le recordaban una conversación de “hombre a hombre” que habían mantenido hacía años, cuando Joseph no era más que un chaval. 

Mi Dulce Bombón Capitulo 25


—Estoy loco por ella. Eso es lo que me pasa. La dejé porque estaba a punto de perder los papeles. Me vine aquí para olvidarme de todo, para empezar de nuevo, y cada jodido día es peor. No puedo estar con ella, pero sin ella es peor. No puedo hacer lo que haría cualquier tío... Con ella no soy cualquier tío. Soy uno desesperado por tenerla. No puedo ser cualquier tío... Ojalá pudiera...
—Eres un capullo —aclaró el dueño de casa.
Joseph bebió un trago de su cerveza. Permaneció en silencio un rato.
—Vale —dijo al fin—. ¿Qué hago ahora?
Nick sonrió de mala gana, meneó la cabeza.
—Hablo en serio. ¿Qué hago? —insistió Joseph.
—¿Por qué estas tan acojonado? — Nick lo miró a los ojos intentando entender. Para él, que Joseph quisiera a Demi debía ser doble razón para intentar tener algo con ella.
—Porque si no se enamora de mí me va a hacer polvo, tío. Y no voy a levantar cabeza nunca más.
—Está enamorada de ti. ¿Qué necesitas para darte cuenta? ¿Que lo escriba en el cielo con marcador fluorescente?
Joseph contuvo el aliento. ¿Lo sabía, o hablaba por hablar? Nick continuó, vehemente.
—Tío, hace dos semanas vino a Nashville esperando verte. Se disculpó contigo. ¡Se disculpó! ¿Cuándo has oído a mi hermana disculparse con alguien, no hablemos de un hombre? —Con cada palabra de su amigo, el corazón de Joseph latía más fuerte—. Y aquel traje negro que se puso en la gala... Llevaba tu nombre, chaval. Era para ti.
Joseph bajó la cabeza. De pronto, veía a través de un montón de puntos brillantes aquí y allí.
—Se dio media vuelta y se largó para no montar una escena —continuó Nick —. Te habría metido un guantazo allí mismo y a Tyler le habría arrancado la piel a tiras. ¿Sabes cómo se llama eso?
Joseph tragó saliva, miró a Nick de reojo.
“Celos”, lo escuchó decir.
Ahora además de la carrera loca que había emprendido su corazón, Joseph sudaba. A chorros.
— ¿Te lo ha dicho ella? —se animó a preguntar, pero no tuvo suficiente coraje para mirarlo mientras lo hacía.
Nick no respondió inmediatamente. Conocía a Demi muy bien; a Joseph, mucho mejor. Si decía la verdad, él seguiría en Nashville y su hermana en Camden.
—Sí —respondió, buscando la mirada de su amigo.
Joseph respiró hondo y cuando exhaló fue como un suspiro. Como si la emoción, o la impresión, fueran tan intensas que no pudiera respirar.
Eran tantos los pensamientos que le cruzaban la mente... Su cerebro empezaba a atar cabos y con cada uno que ataba, su corazón daba una fiesta cada vez más febril, cada vez más ruidosa.
—De acuerdo —dijo finalmente, y cuando volvió a mirar al quarterback había una expresión completamente nueva en su cara.
Nick le palmeó el hombro encantado.
Joseph mantuvo la mirada, con los ojos brillantes.
Y una sonrisa incómoda en su rostro.
♦ ♦ ♦ ♦ ♦
En Camden, Miley intentaba algo parecido con menos éxito. Aunque había pasado una semana, Demi seguía igual de rabiosa que el día de la ceremonia de entrega de premios. Acababan de ver Pretty Woman en el DVD por tercera vez, bromeaban sobre las atractivas canas de Richard Gere y estaban solas en el salón. Demi parecía relajada y Miley pensó que era una buena ocasión para volver sobre el tema. Joseph había llamado tres veces en lo que iba de día.
—Habla con él, Demi. Sabe que la fastidió e intenta disculparse. ¿Hasta cuándo vas a seguir pasando de él?
La respuesta fue como un pelotazo en plena cara. La vio ponerse de pie, decidida, y hablarle mientras la apuntaba con un dedo.
—No digas ni una palabra más —sentenció—. Ese cabrón es historia. ¿Está claro?
Demi no le dejó tiempo para añadir nada. Se dio media vuelta, igual que había hecho en los CMA y abandonó el salón.
Un portazo le anunció que su amiga se había largado. Miley sacó el móvil de su bolsillo trasero y seleccionó una memoria.
—¿Qué tal, pitufa?
Oír a Nick la animó, como siempre. Casi sin darse cuenta, una sonrisa inmensa le iluminó la cara.
—Feliz de oírte. Y preocupada por Demi. Sigue muy enfadada…
Lo escuchó reír.
—Normal. Será mi amigo, pero menudo capullo está hecho…
—Si, se ha lucido, desde luego… Pero Demi, no sé… Hoy la llamó tres veces al fijo. Debería ponerse al teléfono. No está bien lo que hace. No es alguien que conoció en una gira, es Joseph.
Nick se estiró en el sofá y cruzó las piernas sobre la mesita pequeña.
—Bueno… Me parece que Mahoma irá a la montaña…
Miley sonrió interrogante.
—¿De qué hablas?
— Joseph estuvo aquí. Acaba de irse. Me parece que con un poquito de suerte igual pronto lo ves con tus propios ojos…
—¿Va a venir? —preguntó ella, ilusionada.
—Sip.
—¿Y eso?
—No te hagas ilusiones, no fue por evolución natural. Pero vi la ocasión y me puse el traje de Cupido…
—¿En serio? —dijo ella riendo.
—Sí, mentí como un bellaco, pero si lo de que te crece la nariz es una fábula, puede que nadie se entere… No creo que el colega tenga el valor de preguntarle a Demi, en su propia cara, si está celosa.
Miley soltó la risa.
—¿Le has dicho que está celosa?
—Le dije que ella me había dicho que se había ido así porque si se quedaba, a él le soltaba un guantazo y a su acompañante le arrancaba la piel a tiras…
Miley se tapó la boca alucinando.
—Te has pasado…
—Jugué fuerte, sí. Pero no creo que él se anime a repetirlo. Solo con oírlo casi le da un infarto —dijo riendo—. Dios, está loquito por Demi… Después de lo que pasó en los CMA, ella no va a aflojarle el lazo. Así que tiene que ser él. Si no le mentía, iba a seguir igual, lamiéndose las heridas, dándome la tabarra y a mil kilómetros de mi hermana…
—Has hecho bien. Tienen que hablar. Así no pueden seguir… Bien hecho, campeón.
—¿Y aparte de Demi, qué tal?

Miley se puso más cómoda en el sillón, con un cojín debajo de la cabeza, y se dispuso a disfrutar de su amigo del alma los siguientes minutos.

domingo, 26 de mayo de 2013

Mi Dulce Bombón Capitulo 24



Las felicitaciones se sucedían sin fin. Demi sonreía, estrechaba manos, devolvía besos y tomaba parte en las conversaciones como si tal cosa. Miley, que la conocía muy bien, sabía que algo sucedía aunque no sabía exactamente qué.
Durante la recepción que siguió a la entrega de premios, cuando entre un gentío vio aparecer la atractiva figura de un Joseph Wyatt vestido de Armani azul petróleo, que se acercaba donde estaban los Brady con una señorita del brazo, Miley tuvo el primer pálpito de que lo que le sucedía a Demi tenía que ver con él.
—¿Qué puñetas hace con esa mujer? —preguntó Miley a Nick en voz baja.
Él miró en la dirección de la mirada de Miley, y tuvo ganas de asesinar a un vikingo.
—Me lo voy a cargar... Está loco. ¿Cómo se le ocurre hacer algo así?
No era una señorita cualquiera. Miley frunció el ceño e intentó recordar dónde había visto aquella cara.
Cuando lo recordó, también quiso “cargarse” al vikingo.
—¿No es Tyler Bradford? ¿La hija de ese multimillonario?
Nick no necesitó mirar a la mujer. Miró a Demi de reojo y cuando vio la expresión de su cara, tuvo la respuesta.
Era Tyler Bradford.
Joseph ya estaba allí, a un metro escaso del círculo que formaban los Brady, con su sonrisa gentil y unos ojos brillantes que delataban sus nervios. Se disponía a hablar cuando la reacción de Demi los dejó a todos sorprendidos. A Tyler Bradford, de una pieza, incómoda y ofendida por un tratamiento que, evidentemente, no estaba acostumbrada a recibir de la gente.
—Hola, Joseph. Disculpad —se limitó a decir la cantante antes de dar media vuelta, y abandonar el grupo.
Dicho y hecho.
Demi giró ciento ochenta grados sobre sus tacones, y se encaminó hacia donde charlaban unos colegas de profesión.
Joseph no solo se había presentado en su entrega de premios con otra mujer. Lo había hecho con la mismísima Tyler Bradford, una mosquita muerta que había conseguido convertirse en una barbi a golpe de bisturí e implantes de silicona.
¿Cómo tenía la cara de pavonearse con aquel engendro en sus narices? ¿De posar con aquella “cosa” en las fotos de su entrega de premios?
Que te jodan, Joseph.
♦ ♦ ♦ ♦ ♦

“Hola Joseph. Disculpad”. Aquellas fueron las únicas tres palabras que él le escuchó decir aquel día.
Y fueron las últimas.
Supo en aquel instante que había cometido un gran error, pero secretamente esperó que a Demi la rabieta se le pasara en un par de días.
Una semana después se dio cuenta de que no iba a pasársele. La había llamado varias veces al rancho; ella no se había puesto al teléfono. También la había llamado al móvil; ni contestó ni devolvió ninguna llamada.
Y allí estaba él, esperando que Nick abriera la puerta de su apartamento para averiguar qué estaba sucediendo, a sabiendas de que le iban a leer la cartilla. Nick le había dicho de todo por presentarse en los CMA acompañado y enfadar a Mandy.
—Vaya... —dijo Nick sardónico mientras le abría la puerta—. ¿No has traído a Tyler contigo?
Joseph entró sin hacer comentarios. El dueño de casa cerró la puerta.
—No me lo digas —continuó Nick en el mismo tono—. No consigues hablar con Demi ¿a que no?
Lo vio respirar hondo, apoyarse contra la pared, junto a la puerta de la cocina y negar con la cabeza.
Nick le pasó una cerveza y siguió camino hacia el salón con expresión incrédula.
—Normal.
—¿Y qué querías que hiciera? ¿No ir? ¿Te parece que se habría cabreado menos si pasaba de ir?
—¿De qué planeta eres, Joseph? Cualquier tío habría ido. Solo. Y habría intentado llevársela al huerto. Es lo que hacemos los tíos, chaval. Y lo que ella esperaba que hicieras.
Joseph sintió que su corazón alteraba el ritmo.
— ¿Te lo dijo Demi?

—No —respondió el quarterback, burlón—. No necesita que su hermano le diga qué esperar de los hombres. Lo sabe muy bien porque ella hace igual. Joder Joseph…Las palabras le salieron del alma, como si no fuera su cerebro el que daba las órdenes.