En un determinado momento fue al servicio y,
mientras estaba allí pensando en lo que le tenía que decir a Joe cuando
volvieran a casa, pudo escuchar la conversación que mantuvieron dos mujeres,
que aunque era en italiano, lo entendió todo.
—Oí que bailaba en toples en un club cuando su hermano
la conoció. Por lo visto, tuvieron una aventura amorosa durante un tiempo, pero
André decidió volver a los brazos de su novia para recuperar la decencia.
—Oí que tuvo un bebé —dijo la otra mujer.
—Sí. Se rumorea que por eso Joe se casó con
ella. Quiere a la niña de su hermano y casarse con la madre de la niña era la
única manera de tenerla.
—Espero que no se arrepienta. Las mujeres como Nadia
Lovato son problemáticas.
—Parece ser que ahora se hace llamar Demi —dijo
la otra mujer con una risita—. No hay duda de que se quiere distanciar de su
pasado. Pero la verdad es que tiene un cuerpo estupendo teniendo en cuenta que
no hace mucho tuvo un bebé. Me pregunto si Joe habrá estado tentado de
acostarse con ella.
—Están casados, ¿no es así?
— Joe es conocido por ser muy exigente con las
mujeres con las que se acuesta —dijo la mujer—. Sólo se ha casado con ella para
poder estar con la niña. Pero ya sabes lo que dicen sobre los hombres: que no
piensan con la cabeza, sino con lo que tienen entre las piernas.
—A mí no me importaría ver lo que él tiene
entre las piernas —dijo la otra mujer mientras salían del servicio.
Demi se tapó la cara con las manos y gimió,
pensando en la posibilidad de que las cosas empeoraran.
Joe se levantó cuando Demi volvió a la mesa. —¿Quieres
bailar?
En un primer momento, deseó poder poner alguna excusa,
pero decidió que sería mejor bailar que quedarse allí sentada con el resto de
los invitados. A saber qué más habrían oído decir de su hermana.
—Está bien —dijo Demi. Pero debo advertirte,
bailo muy mal.
Joe la llevó a una esquina del salón dónde
había menos gente y bailaron.
—André me dijo que eras una bailarina estupenda
—dijo Joe.
—No sé nada sobre eso —contestó Demi, apartando
su mirada de él.
—Has estado como ausente toda la noche. ¿Qué es
lo que pasa? ¿Te preocupa tener que quedarte en Sorrento más tiempo del que
habíamos planeado? Lo siento, pero no he podido hacer otra cosa. Tengo asuntos
que arreglar aquí antes de que podamos volver.
—No, no es eso — Demi miró a Joe y finalmente
tomó una decisión—. ¿Nos podemos ir a casa? Tengo que hablar contigo... a
solas.
— ¿Es eso lo que quieres? —preguntó Joe acercándola
más a él.
—Sí.
Mientras se dirigían de regreso a la casa, Joe apenas
habló.
—Estás muy guapa esta noche —le dijo finalmente
nada más llegar a la villa.
— Joe... — Demi se humedeció los labios y,
antes de que se diera cuenta, Joe estaba besándola, allí mismo, nada más salir
del coche.
Sintió cómo se derretía por aquel beso cuando
empezó a besarla con más pasión. Empezaron a tocarse mutuamente, él acarició
sus pechos mientras que ella acariciaba su cuerpo. Joe le apartó el vestido,
tocó su sexo, acariciando cada centímetro de aquella íntima parte de su cuerpo,
penetrándola después hasta que Demi ya no pudo aguantar más y volvió a sentir
de nuevo aquella explosión de placer, como si en vez de sangre fueran burbujas
de champán las que recorrían sus venas. Se sintió desconectada de todo, como si
nadara en un océano de placer.
Cuando abrió los ojos, se encontró con los
oscuros ojos de Joe mirándola; él también iba a alcanzar su pináculo de placer,
su éxtasis.
—No te escondas de mí, Demi. Me gusta ver el
brillo del placer en tus ojos le dijo Joe tomándola por la barbilla cuando ésta
trató de apartar su mirada.
—No me estoy escondiendo de ti —le aclaró Demi soltándose
de él—. Vamos adentro, tengo frío.
Joe la siguió hacia la casa frunciendo
levemente el ceño.
— ¿Qué pasa? —le preguntó Demi a Lucía, que
estaba dando vueltas en el vestíbulo—. ¿Está bien Georgia?
—Georgia está bien —contestó Lucía, dirigiendo
su mirada hacia el salón.
— ¿Qué es lo que está pasando? —preguntó Joe mientras
cerraba la puerta tras de sí.
—La signora Jonas tiene una visita —contestó
Lucía tras mirar a Demi con angustia.
A Demi le invadió el pánico, se quedó blanca y
le temblaron las piernas.
— ¿Quién es? —Preguntó Joe—. ¿Alguien que yo
conozca?
La puerta del salón se abrió. Joe alzó la
mirada y vio a una persona exactamente igual a su esposa.
—Hola, Joe —susurró Nadia.


