jueves, 31 de enero de 2013

Soy otra mujer capitulo 35





En un determinado momento fue al servicio y, mientras estaba allí pensando en lo que le tenía que decir a Joe cuando volvieran a casa, pudo escuchar la conversación que mantuvieron dos mujeres, que aunque era en italiano, lo entendió todo.
—Oí que bailaba en toples en un club cuando su hermano la conoció. Por lo visto, tuvieron una aventura amorosa durante un tiempo, pero André decidió volver a los brazos de su novia para recuperar la decencia.
—Oí que tuvo un bebé —dijo la otra mujer.
—Sí. Se rumorea que por eso Joe se casó con ella. Quiere a la niña de su hermano y casarse con la madre de la niña era la única manera de tenerla.
—Espero que no se arrepienta. Las mujeres como Nadia Lovato son problemáticas.
—Parece ser que ahora se hace llamar Demi —dijo la otra mujer con una risita—. No hay duda de que se quiere distanciar de su pasado. Pero la verdad es que tiene un cuerpo estupendo teniendo en cuenta que no hace mucho tuvo un bebé. Me pregunto si Joe habrá estado tentado de acostarse con ella.
—Están casados, ¿no es así?
— Joe es conocido por ser muy exigente con las mujeres con las que se acuesta —dijo la mujer—. Sólo se ha casado con ella para poder estar con la niña. Pero ya sabes lo que dicen sobre los hombres: que no piensan con la cabeza, sino con lo que tienen entre las piernas.
—A mí no me importaría ver lo que él tiene entre las piernas —dijo la otra mujer mientras salían del servicio.
Demi se tapó la cara con las manos y gimió, pensando en la posibilidad de que las cosas empeoraran.
Joe se levantó cuando Demi volvió a la mesa. —¿Quieres bailar?
En un primer momento, deseó poder poner alguna excusa, pero decidió que sería mejor bailar que quedarse allí sentada con el resto de los invitados. A saber qué más habrían oído decir de su hermana.
—Está bien —dijo Demi. Pero debo advertirte, bailo muy mal.
Joe la llevó a una esquina del salón dónde había menos gente y bailaron.
—André me dijo que eras una bailarina estupenda —dijo Joe.
—No sé nada sobre eso —contestó Demi, apartando su mirada de él.
—Has estado como ausente toda la noche. ¿Qué es lo que pasa? ¿Te preocupa tener que quedarte en Sorrento más tiempo del que habíamos planeado? Lo siento, pero no he podido hacer otra cosa. Tengo asuntos que arreglar aquí antes de que podamos volver.
—No, no es eso — Demi miró a Joe y finalmente tomó una decisión—. ¿Nos podemos ir a casa? Tengo que hablar contigo... a solas.
— ¿Es eso lo que quieres? —preguntó Joe acercándola más a él.
—Sí.
Mientras se dirigían de regreso a la casa, Joe apenas habló.
—Estás muy guapa esta noche —le dijo finalmente nada más llegar a la villa.
— Joe... — Demi se humedeció los labios y, antes de que se diera cuenta, Joe estaba besándola, allí mismo, nada más salir del coche.
Sintió cómo se derretía por aquel beso cuando empezó a besarla con más pasión. Empezaron a tocarse mutuamente, él acarició sus pechos mientras que ella acariciaba su cuerpo. Joe le apartó el vestido, tocó su sexo, acariciando cada centímetro de aquella íntima parte de su cuerpo, penetrándola después hasta que Demi ya no pudo aguantar más y volvió a sentir de nuevo aquella explosión de placer, como si en vez de sangre fueran burbujas de champán las que recorrían sus venas. Se sintió desconectada de todo, como si nadara en un océano de placer.
Cuando abrió los ojos, se encontró con los oscuros ojos de Joe mirándola; él también iba a alcanzar su pináculo de placer, su éxtasis.
—No te escondas de mí, Demi. Me gusta ver el brillo del placer en tus ojos le dijo Joe tomándola por la barbilla cuando ésta trató de apartar su mirada.
—No me estoy escondiendo de ti —le aclaró Demi soltándose de él—. Vamos adentro, tengo frío.
Joe la siguió hacia la casa frunciendo levemente el ceño.
— ¿Qué pasa? —le preguntó Demi a Lucía, que estaba dando vueltas en el vestíbulo—. ¿Está bien Georgia?
—Georgia está bien —contestó Lucía, dirigiendo su mirada hacia el salón.
— ¿Qué es lo que está pasando? —preguntó Joe mientras cerraba la puerta tras de sí.
—La signora Jonas tiene una visita —contestó Lucía tras mirar a Demi con angustia.
A Demi le invadió el pánico, se quedó blanca y le temblaron las piernas.
— ¿Quién es? —Preguntó Joe—. ¿Alguien que yo conozca?
La puerta del salón se abrió. Joe alzó la mirada y vio a una persona exactamente igual a su esposa.
—Hola, Joe —susurró Nadia.

Soy Otra Mujer Capitulo 34





—No, claro que no. Pero no puedo evitar pensar que escondes algo. En cuanto baje la guardia, vas a apartarme de Georgia. Me has amenazado con ello muchas veces.
—Entiendo tus miedos y me disculpo por haberte amenazado de tal manera, pero créeme, tenía que asegurarme de que Georgia estuviera bien. Había oído tantas cosas sobre ti que no confiaba en que la cuidaras del modo que ella necesita.
—¿Y ahora qué? —preguntó Demi, mirándolo—. ¿Confías ahora en mí?
—Ya no tengo las dudas que tenía antes. De todas maneras, estaría más contento si fuera oficialmente el padre de Georgia.
—Pensaré en ello —dijo Demi, para ganar tiempo.
—Supongo que me tendré que dar por satisfecho por el momento, pero te advierto, Demi, que no voy a descansar hasta que no consiga lo que quiero.
Demi, sabía que lo decía en serio y el problema era que ella estaba en el camino de que lo consiguiera. Nunca podría llegar a ser el padre de Georgia, a no ser que se enterara de su engaño.
—Hay algo más que deseo decirte —dijo Joe después de un corto, pero tenso silencio—. Tengo una cena de negocios esta noche en Positano. No me puedo escapar... hay gente que desea verme antes de que vuelva a Sidney. Sé que te aviso con poco tiempo, pero me gustaría que vinieses conmigo. Lucía cuidará a Georgia; ya lo he hablado con ella.
Demi se quedó pensando.
— ¿Tienes otros planes? —preguntó Joe con un tono un poco duro.
—No. No, claro que no.
—Salimos a las siete. Vístete con algo que sea largo; es una cena formal.
Cuando, aquella noche Demi bajó las escaleras vestida con un vestido de raso negro, Lucía le dirigió una sonrisa de aprobación.
— ¿Voy bien? —preguntó Demi al ama de llaves.
— Joe no va a ser capaz de resistirse esta noche, Demi, —dijo Lucía.
—Tú sabes la verdadera razón por la que se casó conmigo, Lucía.
—Sí, pero las cosas han cambiado, ¿o no es así? Compartes su cama como una esposa normal. Eso está bien.
—Él no me ama. Él me odia por... por lo que le hice a su hermano —dijo Demi.
—Pero tú no le hiciste nada a su hermano, ¿verdad, Demi?
— ¿Qué quieres decir?
—Tal vez hayas engañado al signore Jonas, pero a mí no se me engaña tan fácilmente. Me llevó unos pocos días darme cuenta, pero tú no eres la madre de Georgia, ¿verdad? —Lucía sonrió con complicidad.
— ¿P... por qué dices eso? — Demi se agarró con fuerza al pasamanos de la escalera.
—No es posible que seas la mujer que sedujo a André.
— ¿P... por qué no?
—Porque yo conocí a la mujer por la que tú te estás haciendo pasar.
— ¿Has conocido a Nadia? — Demi se la quedó mirando perpleja.
—Sí. Fue a la casa para ver a André. Yo me había quedado despierta más tarde de lo normal aquella noche y me acerqué a ella. Era como esperaba; superficial y vanidosa. Para ella, yo sólo era una sirvienta sin nombre. Los primeros días después de que tú llegaras a la casa estaba confundida. Te comportabas como ella, tenías su apariencia e incluso hablabas como ella. Tuve mis sospechas cuando recibiste aquella llamada telefónica; aquella voz era muy parecida a la tuya. Entonces comprendí lo que pasaba. Yo tengo hijos gemelos y cuando eran pequeños solían hacerse pasar el uno por el otro.
— ¿Se lo has dicho a Joe? — Demi tragó saliva.
—No. Pensé que eso te lo dejaría a ti.
Demi se mordió el labio.
—Se lo tienes que decir, lo sabes —dijo Lucía.
—Lo sé —dijo mirando con angustia al ama de llaves—. Pero no sé cómo hacerlo. Ha pasado por tanto últimamente... que no quería hacerle más daño. Me siento tan culpable.
—La que se tendría que sentir culpable es Nadia, no tú. Me imagino que te dejó a Georgia, ¿no es así?
—Sí. Créeme, es lo que ha hecho siempre — Demi suspiró—. Nuestra madre era exactamente igual: inquieta, malhumorada, impulsiva e irresponsable.
—El lo entenderá —le aseguró Lucía—. Es un buen hombre, Demi. Será bueno contigo una vez que sepa quién eres realmente.
Demi deseó ser tan optimista como ella. No veía a Marc tomándose la noticia tan bien.
—Deséame suerte, Lucía —dijo Demi sonriéndole tímidamente cuando oyó que Marc se aproximaba.
—Simplemente sé cómo tú eres —le recomendó Lucía—. Eso es todo lo que tienes que hacer.
La cena se celebró en un pequeño, pero elegante restaurante. A Demi nunca antes le había apetecido menos tratar con gente. Permaneció al lado de Joe, tomándolo por el brazo y sonriendo a todos los que le presentaron. Pero estaba pensando en otra cosa y estaba deseando que la cena terminara.

Soy Otra Mujer Capitulo 34




—No... No era nada importante Demi se esforzó en sonreír—. Siento haber interrumpido la cena.
—No pasa nada —dijo Vito—. De todas maneras, yo me voy a retirar temprano. Estoy muy cansado. Buonanotte.
—¿Sabes lo que creo que debemos hacer, cara? —dijo Joe, una vez que su padre hubo abandonado el comedor, tomando a Demi de la mano.   
—N... no... ¿qué debemos hacer?
—Creo que debemos hacer lo mismo que mi padre y retirarnos temprano. Mientras estabas hablando por teléfono, Lucía me aseguro que Georgia está plácidamente dormida, así que tenemos el resto de la noche para estar juntos. Es hora de que comience nuestro matrimonio; en el estricto sentido de la palabra —dijo Joe sonriéndole.
— Joe... yo... —Nina no terminó la frase. Después de pasar una noche en sus brazos se lo diría. Se arrepentiría el resto de su vida si no hacía que él le hiciera el amor como era debido aquella noche.
—Esta vez no te haré daño —dijo Joe.
—Lo sé —Nina se acercó a él. Adoraba que la abrazara.
Subieron juntos a la suite de Joe, que cerró la puerta una vez que estuvieron dentro. Nina sintió como si se le fuese a salir el corazón del pecho por lo deprisa que le latía. 1313
Empezaron a besarse y a desnudarse mutuamente, se sentaron en la cama y Joe besando a Demi, hizo que se tumbara. Empezó a besarle los pechos y cuando bajó su mano hacía el sexo de Demi, ésta, aunque sentía miedo, estaba emocionada.
— Demi, relájate —dijo Joe suavemente—. Déjate llevar.
Joe la acarició con suavidad y cuidado, haciendo que Demi gimiese de placer, haciendo que sintiera que todo su cuerpo se derretía.
Una vez que Demi se hubo relajado totalmente, Joe se puso encima y se introdujo dentro de ella con tal delicadeza que casi le hace llorar de la emoción.
—¿Estás bien? —preguntó Joe parándose un momento.
—Estoy bien... estar contigo me hace sentir tan... tan... bien —dijo Demi, estrechando aún más el cuerpo de Joe.
Para Joe, aquello era más que bueno, era perfecto.
Se introdujo en ella con más fuerza, ante lo que Demi, suspiró de placer. La besó de nuevo, entusiasmado por la sensación de la suave boca de Demi,invadida por su lengua.
A pesar de su inexperiencia, Demi, podía sentir cómo Joe estaba haciendo esfuerzos para no dejarse llevar. Pero ella quería que se dejara llevar. Quería que cuando la llenara por dentro gimiera su nombre. Quería volar con él.
Lo besó con fervor, abriendo todavía más sus piernas para que él pudiese penetrarla más profundamente y, en ese momento, fue Demi,la que perdió el control. Sintió un primer cosquilleo y después un segundo antes de que una explosión de placer la invadiera por todo el cuerpo.
Sintió cómo Joe se ponía tenso; era la quietud de su cuerpo que presagiaba que iba a sumergirse en el paraíso. Dejó que la llenara por dentro y una vez que hubo terminado, lo abrazó tan estrechamente como pudo.
Sintió que su amor por él impregnaba toda la habitación. Pero con dolor recordó que a él no le importaba ella. Su prioridad era Georgia y siempre sería así. Se dio la vuelta para mirarlo, pensando en lo que le iba a confesar, cuando se dio cuenta de que se había dormido. 1313
— ¿Joe? —lo agitó un poco. No contestó.
Suspiró levemente y se acurrucó sobre él; se lo diría al día siguiente por la mañana, pero aquella noche se quedaría en sus brazos, que era donde ella deseaba poder quedarse para siempre.
Tan pronto como, a la siguiente mañana, Demi, abrió los ojos, supo que algo muy grave estaba ocurriendo. Joe no estaba en la cama y oía voces de gente disgustada.
Se levantó de la cama y fue corriendo a la habitación de Georgia, que justo se estaba despertando y tomó a la niña en brazos. Se dio la vuelta y vio cómo Paloma entraba en la habitación con una expresión desolada.
—Paloma, ¿qué es lo que pasa?
—El signore Jonas falleció anoche mientras dormía. Joe está ahora con él.
—¡Oh, no! —gritó Demi,.
—Sabíamos que iba a pasar, pero es tan triste —dijo Paloma, que estaba lívida—. Aunque tenía muchos defectos, todos los miembros del personal le tenían mucho cariño.
—¿Puedo hacer algo?
—Ya ha hecho mucho durante el tiempo que ha estado aquí, signora. Ha muerto mucho más feliz y en paz por el hecho de haber conocido a su única nieta.
Durante los días que siguieron al fallecimiento de Vito Jonas, a Demi, le resultó terriblemente doloroso ver cómo Joe trataba de sobrellevar el dolor por la muerte de su padre mientras mantenía el negocio familiar y los asuntos de la casa. Lo que había planeado contarle era inconcebible en aquel momento. Apenas podía soportar el estrés de arreglar todo para el funeral de su padre y la afluencia de llamadas de todo el mundo para darle condolencias. Demi, hizo lo que pudo, tratando de quitarle algunas cargas, abrazándolo por las noches mientras que él se acurrucaba en su cuerpo, como si el estar con ella fuese la única válvula de escape que podía encontrar para hacer más llevadero el dolor por la muerte de su padre.
El día después del funeral, Paloma informó a Demi, de que Joe quería hablar con ella en su estudio. Cuando llegó, le impresionó ver lo cansado que estaba.
— ¿Querías verme, Joe?
—He estado pensando. Quiero hablar contigo del futuro de Georgia.
A Demi, le dio un vuelco el corazón al pensar que, tal vez, la muerte de su padre le había hecho darse cuenta de que no podía estar casado con alguien a quien no amaba.
—¿Q... qué pasa con su futuro? —preguntó Demi, con cautela.
—Quiero adoptar formalmente a Georgia. Quiero ser su padre, no su tío — Joe prosiguió—. No puedo hacer nada para devolverle a su verdadero padre y, cuando llegue el momento, le hablaré de él. Pero, por ahora, quiero ser su padre de todas las maneras posibles.
Demi,no sabía qué decir. Nadia podía cuestionar la capacidad de Joe para ser un buen padre, pues trataba a su sobrina con un infinito amor, pero ella no le podía decir que siguiera con los trámites de la adopción cuando ni siquiera era la madre de la niña.   
—No parece que te entusiasme mucho —observó Joe tras un largo silencio.
—Yo... yo no creo que sea tan buena idea.
¿Por qué no?
—Nadie puede ocupar el lugar de André. Es su padre aunque ya no... esté aquí.
—Cristo, Demi, estoy haciendo todo lo que haría un padre. La estoy manteniendo y cuidando. No entiendo por qué me tiene que llamar tío por el resto de su vida.
—Tú no eres su padre.
—¿Crees que no lo sé?
—No confío en ti lo suficiente como para dejarte dar ese paso —dijo Demi.
—Me casé contigo, ¿no es así? Eso es más de lo que hizo mi hermano — Joe suspiró exasperado.
—Sólo lo hiciste porque te sentías obligado.
—¿Y qué hay de malo en ello? ¿A qué no te esperabas que me enamorara de ti?

lunes, 28 de enero de 2013

Soy Otra Mujer Capitulo 32




Al principio, todo fue un poco forzado, pero Demi se dio cuenta de que Vito Joe se esforzaba en intentar arreglar lo mal educado que fue la primera noche que llegaron. También parecía hacer un esfuerzo para no beber demasiado.
—Georgia es una niña preciosa —dijo Vito en un determinado momento—. He disfrutado del tiempo que he pasado con ella cada mañana. Gracias por permitirme el privilegio de conocerla.
—Me alegra que haya disfrutado con ella, signore Jonas —dijo Demi suavemente—. Ella es muy especial.
—Lucía me ha dicho que es usted una buena madre. Y, como mi hijo me ha dicho que habla nuestro idioma, le ruego me disculpe por la forma tan insultante en la que me referí a usted la otra noche —dijo Vito, dirigiendo una prolongada mirada a Demi.
—No pasa nada. Ya me he olvidado de todo aquello.
—También debo disculparme por la carta que le mandé. Algunas de las cosas que dije eran... imperdonables. Todavía me sorprende que accediera a casarse con Joe cuando tenía un arma como ésa contra nosotros —dijo Vito.
Demi sabía que existía aquella carta, pero Nadia no se la había enseñado. Se preguntó si su hermana le habría escondido el modo de haber podido evitar casarse con Joe.
—Todos decimos y hacemos cosas sin pensar —le contestó Demi a Vito.
—Es muy amable —dijo Vito—. No creía que fuera capaz de ser así. Me temo que André no describió muy bien su personalidad.
A Demi le fue difícil mirar a Vito. Mentir a un anciano, que además se estaba muriendo, le parecía demasiado y no sabía cómo iba a ser capaz de aguantar el resto de la cena. Justo en ese momento, alguien del personal llamó a la puerta para informar de que Demi tenía una llamada.
Cuando se levantó de la mesa, sintió el peso de la mirada de Joe sobre ella. Tomó el teléfono más cercano que encontró, en la biblioteca.
—¿Hola?
— Demi soy yo, tu alter ego —dijo Nadia riéndose tontamente.
—¿Cómo has conseguido este número? ¡Te dije que no me llamaras! Es peligroso.
—Digo yo que puedo llamar a mi propia hermana —dijo Nadia malhumorada—. Mi, casada con un multimillonario, hermana —añadió entrecortadamente.
—Tú planeaste todo esto, ¿verdad? No me enseñaste aquella carta a propósito —dijo Demi —. Me dejaste pensar que no tenía otra opción más que hacer lo que Joe y su padre me pedían, sin decirme que había un modo de escapar de todo esto.
—Te lo creíste tan fácilmente. ¿Ahora quién es la gemela más inteligente? Te crees muy lista por tener una licenciatura universitaria y por lo bien que se te dan los idiomas, pero no fuiste capaz de encontrar la manera de escapar del plan de los Joe—Nadia se rió.
—¿Qué es lo que quieres? —Espetó Demi —. Ya te he transferido el dinero a tu cuenta bancaria. No me digas que ya te lo has gastado.
—En realidad, sí que me lo he gastado —contestó Nadia—. Por eso te llamo. Quiero más.
—¿Más? —preguntó Demi con énfasis.
—Ya me has oído, Demi. Quiero que me pagues regularmente, empezando desde mañana.
—Pero yo no tengo...
—Pídele a tu marido que te pague la asignación —la cortó Nadia—. Quiero que me des casi todo el dinero. Es justo, ¿no crees? Tú tienes a mi hija y yo me quedo con tu asignación.
—No me puedo creer lo que estás diciendo. ¿Qué ha asado con Bryce Falkirk y tu gran carrera como actriz?
—Como casi todos los hombres con los que he estado, ha demostrado lo que realmente es y me ha dejado compuesta y sin novio —dijo Nadia—. Por eso es que confío en ti para que le des un giro a mi vida.
—¿No depende eso de ti?
—Una llamada telefónica, Demi —le recordó Nadia con frialdad—. Eso es todo lo que tengo que hacer. O tal vez le haga una visita a tu marido. Eso sería incluso más efectivo, ¿no estás de acuerdo?
—No te atreverías —dijo Demi con rabia.
—Oh, ¿estás segura? —provocó Nadia.
—Me quitaría a Georgia sin pensarlo —dijo Demi —. La destruiría; ella piensa que soy su madre.
— ¿Crees que me importa lo que le pase a esa niña? Demi, esto es una cuestión de dinero. Sólo haz lo que se te dice y tu pequeño secreto estará a salvo. Ciao por ahora.
Demi volvió hundida al comedor. Sabía que no tenía otra opción más que decirle a Joe la verdad primero, antes de que su hermana lo hiciera, pero no sabía cómo.
— ¿Está todo bien, Demi? Parece que te han dado malas noticias —preguntó Joe.

Soy Otra Mujer Capitulo 31



—Ésta es la primera vez que visitas Sorrento, ¿no? Podemos dejar a Georgia con Lucía mientras yo te enseño los alrededores. Podemos ir a ver la iglesia de San Francisco y a comer en uno de los restaurantes del centro de Sorrento, en la plaza Tasso. Mañana podríamos visitar las ruinas de Pompeya y después ir a Positano para comer.
—Estás seguro de que Georgia estará...
—Estará bien —le aseguró Joe—. Mi padre querrá pasar tiempo con ella, desde luego bajo la supervisión de Lucía. Por lo que ocurrió anoche, mejor que no estemos nosotros.
—Si hay algo que yo pueda hacer... —dijo Demi, bajando la mirada una vez más.
—Sé tú misma, Demi. No puedes hacer más que eso.
Aquellas palabras fueron como un puñal en el corazón para Demi. ¡Si realmente pudiera ser ella misma!
La mañana era soleada y las calles estaban llenas de turistas que querían ver aquella zona de la costa Amalfi. Las vistas desde los jardines que había encima de la típica plaza italiana Tasso eran espectaculares y Demi no pudo evitar pensar que todas sus preocupaciones y miedos desaparecían.
Estar en compañía de Joe era como una potente droga; cuanto más tenía, más quería. Los ojos de Joe ya no denotaban odio y su boca había reemplazado el gesto de desprecio por una sonrisa.
—Según la leyenda, fue aquí, en Sorrento, donde Ulises escuchó las tentadoras canciones de las sirenas; las ninfas que pretendían atraer a los marineros.
Demi trató de concentrarse en lo que le estaba contando Joe, en vez de en la manera en que sus labios se movían al hablar o en cómo sentía cosquillas en el estómago cada vez que la miraba.
—Es tan bonito —dijo Demi —. Debes echar muchísimo de menos todo esto ahora que vives en Sidney.
—Sí, pero después de que mi madre muriera, sentí que tenía que huir de aquí —dijo Joe, dando un pequeño suspiro—. Mi padre decidió que André estableciera la sucursal de Sidney, pero después de un tiempo quedó claro que no estaba haciendo un buen trabajo.
 Demi pensó que le iba a echar las culpas a su hermana, y por lo tanto a ella, de que André no hubiese atendido adecuadamente la sucursal de Sidney, pero ante su sorpresa no lo hizo.
—André era un hombre de fiestas, no un banquero, pero mi padre no quería reconocerlo. Le molestaba el hecho de que yo manejara mejor los negocios_ que su hijo favorito — Joe prosiguió—. Pero yo creo, que si le hubieran dado tiempo, mi mimado hermano hubiese terminado como mi padre está ahora... amargado y roto, con no muchas esperanzas de seguir adelante debido al alcohol que aún sigue bebiendo.
— Joe, sé que no vas a creerlo, pero yo también sé lo que se siente al no ser el hijo favorito. Hace tanto daño darse cuenta que por mucho que lo intentes nunca vas a satisfacer por completo a quién más quieres —dijo Demi, acariciando la mano de Joe.
—Pensé que eras hija única —dijo Joe, frunciendo levemente el ceño.
Demi se quedó helada.
—¿Cómo vas a saber cómo se siente uno al no ser el hijo favorito si tú eres hija única?
El silencio se hizo interminable mientras Demi trataba de encontrar algo que decir.
—Yo... yo quise decir que me puedo imaginar cómo se siente...
Joe tardó uno o dos segundos en responder, pero a Demi le pareció un siglo.
—Deberíamos volver —dijo tomando a Demi por el brazo—. El sol te está empezando a quemar la cara. Debería haberte dicho que te trajeras un gorro.
A Demi le temblaban las piernas mientras caminaban hacia el coche, pensando en lo cerca que había estado, de nuevo, de echarlo todo a perder.
Los siguientes días transcurrieron de la misma manera. Cada mañana, Demi se despertaba con Joe abrazándola. Después del desayuno, la llevaba a dar una vuelta mientras que Lucía cuidaba de Georgia para que Vito pudiese pasar tiempo con la niña.
Demi se quedó fascinada con Pompeya; con su trágica historia.
—Es tan triste —dijo Demi al terminar de visitar la ciudad—. Pensar que no tuvieron tiempo de escapar, ningún sitio hacia donde correr o escapar, ninguna esperanza de proteger a los que querían...
Joe la miró, pensando que en momentos como ése era difícil pensar de ella otra cosa que no fuese que era una joven amable y bondadosa, que se preocupaba por los que sufrían, y se preguntó dónde estaría en aquel momento la mujerzuela egoísta.
Durante las primeras noches, Vito Jonas cenó a solas en su suite. Pero la cuarta noche que estuvieron allí, cuando Demi bajó poco después que Joe, se encontró a ambos sentados esperándola.

Soy Otra Mujer Capitulo 30




—¿Te pagó alguna vez a cambio de sexo? —preguntó Joe, forzando con su mano que Demi se diera la vuelta.
—¿Tú qué crees? —contestó Demi con tono desafiante—. Tú crees que me conoces mejor que André. ¿Crees que yo haría algo así?
Joe se dio la vuelta en la cama sin contestar a Demi. Quería pensar lo contrario, pero todo lo que le había contado su hermano sobre ella le hacía creer que sí sería capaz de hacer algo así.
— ¿Joe? —susurró Demi en la oscuridad unos minutos después. Pero no hubo respuesta, salvo la profunda respiración que indicaba que se había quedado dormido.
Al día siguiente por la mañana temprano, Demi sintió unos fuertes brazos abrazándola, haciéndola sentir tan segura como nunca antes lo había estado.
Trató de volver a dormirse, pero le fue imposible, ya que sentía la calidez del cuerpo de Joe, su firmeza y cómo crecía su excitación sexual. El cuerpo de Demi se excitó también. Sintió el deseo en sus pechos y entre sus piernas.
Cuando Joe comenzó a acariciarle el cuello y a besarla, no pudo resistirse.
—Mmm —murmuró Joe Jonas mientras le hacía cosquillas con la boca—. Tienes un sabor maravilloso.
—¿De... de verdad? — Demi se estremeció levemente cuando Joe introdujo la lengua en su oreja.
—Mmm —la boca de Joe se acercó a los labios de Demi y los acarició—. Delicioso.
Demi suspiró de placer cuando Joe posó la boca en la suya y la besó de forma diferente a como lo había hecho antes; despacio, sin prisa, pero no menos seductoramente.
Empezó a besarla más profundamente y pudo sentir cómo su cuerpo pedía más. Joe la acercaba más a él, la acercaba a su erección, que latía con pasión.
—Te deseo tanto —dijo Joe—. Creo que nunca he deseado a nadie tanto.
Cuando Joe empezó a subir la mano por su muslo, Demi recordó por qué se encontraba en aquella cama.
—No puedo —dijo apartándole la mano—. El periodo, ¿te acuerdas?   
—No consideraba que fueras tan tímida para estas cosas —dijo Joe, después de mirar a Demi durante un largo rato—. Es demasiado antiguo ser tan remilgado ante una cosa perfectamente normal como ésa.
—Lo sé. Lo siento.
—Últimamente te estás disculpando mucho — Joe le dirigió una sonrisa irónica—. Ya que estás en ello, ¿hay algo más de lo que te quieras disculpar?
—¡No! No, claro que no — Demi apartó su mirada de Joe.
—Sólo estaba preguntando —dijo Joe, apartándole a Demi un mechón de pelo de la boca—. A veces, Demi, pienso que me estás ocultando algo. Algo importante.
—¿Qué te podría estar ocultando? —preguntó Demi, desasosegada.
—No lo sé. He tratado, sin éxito, saber cómo es la verdadera Demi.
—Me es difícil ser como realmente soy a tu lado —dijo Demi.
— ¿Por qué? —Preguntó Joe —. ¿Por mi hermano?
No, por mi hermana, quiso decir Demi, aunque no pudo hacerlo.
—Has estado tan enfadado conmigo todo el tiempo —dijo en vez de eso—. No estoy acostumbrada a tratar con tanto sentimiento negativo.
—Tienes razón. La muerte de André sumada a la de mi madre me ha golpeado por ambos lados. Hace mucho que no soy yo mismo. Á veces me pregunto si volveré a serlo.
—Sabes que lo entiendo —dijo Demi mirando a Joe con empatía.
—Sí, supongo que lo entiendes. Tú también lo perdiste y, aunque dices que no lo amabas, al fin y al cabo era el padre de Georgia y seguro que eso cuenta.
—Cuenta para muchas cosas —dijo Demi en voz baja.
—Mejor que durmamos un poco, Demi —dijo Joe, acomodándose entre las sábanas.
Demi lo miró durante bastante tiempo. Quería acariciar su nariz, besarlo, hacer el amor con él.
—¿ Joe? — Demi susurró su nombre.
—¿Mmm?
—Quiero que sepas que creo que eres un sustituto de padre maravilloso para Georgia.
—Gracias —dijo Joe, tomando la mano de Demi —. La quiero como si fuese mi hija.
—Así como... — Demi no terminó de hablar. Su corazón le dio un vuelco al darse cuenta de lo que iba a decir: así como yo.
Supuso que Joe se había dado cuenta y le entró el pánico. Sentía la sangre agolpándose en sus orejas y se le iba a desbocar el corazón. Pero al escuchar su respiración, se dio cuenta de que se había quedado dormido.
Su secreto estaba a salvo, pero había estado cerca, demasiado cerca de ser descubierto.
Cuando Demi se despertó a la mañana siguiente, se encontró a Joe recostado en la cama mirándola. Sintió cómo se le enrojecían las mejillas.
Trató de levantarse de la cama, pero Joe se lo impidió con la mano.
—No, no te vayas corriendo. Lucía está cuidando a Georgia. Tienes derecho a descansar. ¿Cómo te encuentras?
—Estoy bien. Ya no me duele el Estómago.
—Bien —dijo Joe. Demi le oyó levantarse de la cama, pero no miró hacia él por miedo a no ser capaz de verlo sin ropa—. Tengo planes para ti.
—¿Planes? —Demi lo miró un segundo.

Soy Otra Mujer Capitulo 29




Joe acarició los labios de Demi con su dedo pulgar hasta que ésta perdió el sentido de la realidad. Deseaba ser besada y acariciada por él y, cuando éste la tomó por la cintura y ambos se fundieron en un apasionado beso, Demi se estremeció de placer. Pero, de repente, Joe se apartó de ella.
—Me prometí a mí mismo que no te iba a volver a tocar. Después de anoche...
Demi no dijo nada, ya que entró personal del servicio en el salón.
Al terminar la cena, durante la que Demi apenas habló, Joe se acercó a ella y la acompañó hasta su habitación.
—Me gustaría que pensaras en la posibilidad de convertir nuestro matrimonio en un matrimonio de verdad —dijo Joe en la puerta de la suite.
Demi se le quedó mirando. Su corazón se iba a desbocar.
—Quiero lo mejor para Georgia y, a pesar de lo que me dijo mi hermano, ahora creo que tú también quieres lo mejor para ella. Por eso pienso que sería mejor si nos comportamos de una manera normal y ella creciera en el mejor ambiente posible. No sería bueno para ella estar con unos padres que se pelean todo el tiempo —dijo Joe con una suave sonrisa—. Todavía estás con el desfase horario del viaje. Te voy a dejar que duermas tranquila. Por ahora.
Demi no quería dormir tranquila, ¡quería dormir con él!
—Vamos, cara —dijo Joe al ver que Demi no se movía—. Estoy tratando de ser un caballero, pero no me lo estás poniendo fácil.
— ¿No... No te lo estoy poniendo fácil? — Demi se humedeció los labios.
—No. No me lo pones fácil. Sólo tengo que mirarte para quemarme. Vete ahora que todavía tengo fuerza para resistirme.
Demi se metió en su habitación. Se recordó a sí misma, con dolor, que la realidad era que él la odiaba. La odiaba aunque la deseara y había decidido dejar a un lado ese odio por el bien de Georgia.

DURANTE la noche, Demi se despertó con uno de sus habituales dolores de tripa debidos a la menstruación. Fue al baño para tomarse dos analgésicos y esperó sentada en el borde de la bañera a que hicieran efecto.
— ¿Demi? —La voz de Joe se oyó por detrás de la puerta—. ¿Estás bien?
—Estoy bien —contestó Demi.
—Me pareció oírte quejándote. ¿Estás enferma?
—No. No estoy enferma, de verdad.
— ¿Te traigo algo?
—Estoy bien. Esto no es nada nuevo para mí — Demi se levantó y abrió la puerta.
— ¿Tienes el periodo? — Joe frunció el ceño.
—Te has salvado, Joe —dijo Demi —. No vas a ser padre. ¿No estás contento?
—Estás pálida, ¿seguro que estás bien? —preguntó Joe tomándola por la muñeca.
— Joe, Georgia está dormida. Ahora mismo no tienes que simular estar interesado en mi bienestar.
—Estás viviendo en la casa de mi familia y por lo tanto bajo mi protección dijo Joe —. Si estás enferma, me lo tienes que decir.
— ¡No estoy enferma! Sólo necesito que me dejes sola. ¿Es mucho pedir? dijo Demi, soltándose de la mano de Joe, que la agarró de nuevo y la miró a los ojos.
—Estás llorando —dijo Joe sorprendido.
—No me lo digas —contesto Demi frotándose los ojos.
— ¿Por qué estás llorando?
— ¿Tienes una ley que lo impide, Joe? ¿Te tengo que pedir permiso?
—No... Yo sólo te estaba preguntando.
—Estoy llorando porque siempre lloro cuando tengo el periodo —dijo entre sollozos Demi —. No lo puedo evitar. Me emociono demasiado —se sonó la nariz con el pañuelo que Joe le había acercado—. No tenía intención de despertarte. Lo siento... pero yo...
—Eh — Joe tomó con su mano la cabeza de Demi y la acercó a su pecho.
Demi acurrucó su cabeza entre la calidez del pecho de Joe y lo abrazó por la cintura.
—Sss —le dijo suavemente Joe—. No llores.
La amabilidad y dulzura de Joe hicieron que el sentimiento de culpa que tenía Demi a por todas las mentiras que había dicho se incrementara.
Durante un rato Joe estuvo de pie con Demi en su pecho, apoyando su barbilla en su cabeza. Deseaba poder parar el tiempo y quedarse allí con ella para siempre.
—Lo siento — Demi se apartó de él—. Te he mojado la camisa.
—No pasa nada. De todas maneras estaba a punto de quitármela —dijo Joe sonriendo.
—Mejor... mejor que vuelva a la cama. Es tarde —dijo Demi, mirándolo con vergüenza.   
— Demi — Joe... yo... — Demi tragó saliva.
—No hables, Demi.
—No creo que nosotros... —dejó de hablar cuando Joe le puso un dedo en la boca.
—No hables —insistió Joe—. He cambiado de opinión. Te voy a llevar a la cama, en mi habitación. No para tener relaciones sexuales, eso puede esperar. Sólo quiero abrazarte.
— ¿Por... por qué? —preguntó Demi en cuanto Joe le retiró el dedo de la boca.
—Porque cuando te abrazo me olvido de mi hermano. Me olvido de mi dolor. Sólo pienso en lo agradable que es tenerte entre mis brazos.
—Vale — Demi bajó la mirada—. Voy a dormir contigo.
Mientras se dirigían a la habitación Demi no podía dejar de pensar en todas las mentiras que le había contado y que habían llevado a aquella situación.
Cuando ella ya estaba metida en la cama, escuchó cómo Joe, que se había ido al baño, se lavaba los dientes y se daba una ducha. Deseaba poder dormirse antes de que él regresara, pero los nervios se lo impedían.
Cuando finalmente Joe se metió en la cama, el silencio que imperaba en la habitación le impedía a Demi relajarse.
—¿Eres siempre tan inquieta en la cama? —preguntó Joe.
—No estoy acostumbrada a dormir con... — Demi no terminó la frase, consciente de lo que acababa de decir. Le ardían las mejillas.   
—¿Quieres decir que en el pasado te acostabas con ellos y te marchabas?
—Yo no lo diría exactamente así.
Joe deseaba poder controlar los celos que lo invadían cuando pensaba en que ella había estado con su hermano y Dios sabía cuántos hombres más.
—¿Cómo lo dirías tú exactamente? —preguntó Joe, sin poder evitar un tono de desprecio.
—No quiero discutir contigo. Estoy cansada y discutir sólo empeoraría las cosas.
—¿Pasaste alguna noche entera con mi hermano o simplemente cumpliste con él y te marchaste tan pronto como pudiste?
—Lo que has dicho es despreciable —dijo Demi que sabía que su hermana era promiscua, pero no una prostituta.
—¿Pasaste alguna vez una noche entera con él? —preguntó Joe de nuevo.
—A ti no te incumbe —dijo Demi, cerrando los ojos y dándose la vuelta.

lunes, 21 de enero de 2013

Soy Otra Mujer Capitulo 28


Demi no podía dejar de observar el dolor que Joe tenía reflejado en los ojos. Volver a su casa le había afectado profundamente, los recuerdos le habían despertado el sentimiento de culpa por la muerte de su madre. A Demi le ocurría algo similar. Aunque su madre había sido responsable de su propia muerte, ella sentía que de alguna manera le había fallado. Podía haber ido a visitarla mucho más de lo que lo hizo y, sobre todo, podía haber presionado más para que ingresara en una clínica, lo que tal vez habría ayudado a que las cosas hubieran sido distintas.
—Ven —dijo Joe con su profunda voz—. Lucía estará esperando para arreglar a Georgia. A mi padre no le gusta que le hagan esperar.

UNA VEZ que hubo dado de comer y bañado a Georgia, Demi la dejó al cuidado de Lucía y se dirigió a la habitación que Paloma había preparado para ella.
Una cama enorme dominaba la habitación, lujosamente amueblada. Había una puerta que daba a un cuarto de baño individual y otra que, según le había dicho Paloma, daba a la suite de Joe.
Llamaron a la puerta Demi invitó a entrar. Se le secó la garganta cuando vio a Joe entrar en la habitación. Estaba elegantemente vestido con un traje para la cena.
—A mi padre le gusta arreglarse para cenar —explicó Joe —. ¿Tienes todo lo que necesitas?
—Sí —contestó Demi, señalando al vestido que Paloma le había dejado preparado—. Lo siento, no tardaré mucho. Quería asegurarme de que Georgia se quedaba tranquila.
—Te esperaré en mi suite. Llama a la puerta cuando estés preparada para bajar. Te llevará un poco de tiempo saber dónde están las cosas en la villa por lo grande que es.
—Gracias — Demi esperó a que Joe se marchara para desvestirse y ponerse el traje que había escogido, que era de Nadia.
Cuando estuvo lista, llamó a la puerta de Joe y aguantó la respiración al oír que éste se acercaba. — ¿Estás lista? —le preguntó Joe, mirándola de arriba a abajo con abierta aprobación.
—Sí —contestó Demi, dirigiéndole una leve sonrisa.
El comedor estaba amueblado tan lujosamente como el resto de la villa. Las paredes estaban adornadas con obras de arte de valor incalculable. Había varios espejos, con los bordes dorados, que hacían parecer al comedor incluso más espacioso de lo que ya de por sí era.
Cuando llegaron, Vito Jonas ya estaba sentado, presidiendo la mesa.
—Llegas tarde, Joe—le reprobó Vito en italiano—. ¿Todavía no le has enseñado a tu mujer a ser puntual?
—No ha sido culpa de Demi el que lleguemos tarde —contestó Marc, también en italiano—. He tenido que hacer varias llamadas de teléfono. He sido yo el que ha tenido a Demi esperando.
Demi se sentó y esperó a que Joe se sentara enfrente de ella para dirigirle una mirada de agradecimiento.
—Tiene una casa muy bonita, signore Jonas —dijo Demi, tratando de romper el incómodo silencio que se había creado.
—Algún día será de Georgia —contestó Vito en inglés—. A no ser que Joe tenga un hijo. ¿Qué te parece Joe? —Prosiguió hablando en italiano y añadió en un tono insultante—Estoy seguro de que a tu mujer no le importará si le pagas suficiente dinero. Se ha abierto de piernas para muchos hombres, ¿por qué no lo va a hacer para ti?
—Lo que hay entre Demi y yo se queda entre nosotros —dijo Joe con calma—. Preferiría, papá, que no la insultaras en mi presencia. Después de todo, es la madre de tu única nieta y se merece un poco de respeto.
— ¡Ella es la razón por la que tu hermano está muerto! Debe pagar por ello —dijo Vito. Sus ojos echaban chispas.
— ¿Cómo? —Preguntó Joe sin alterarse—. ¿Burlándote de ella cada vez que se te presente la ocasión? ¿Ahondando todo el tiempo en su sentimiento de culpa como haces conmigo?
Vito miró a su hijo con la cólera reflejada en los ojos.
—Es verdad, ¿o no? —Continuó diciendo Joe con la misma calma—. Siempre me has echado la culpa de la muerte de mi madre porque no quieres afrontar el papel que tú jugaste en ella.
—Tú llegaste tarde —dijo Vito entrecortadamente—. Tú la mataste al llegar tarde.
—No, papá —insistió Joe —. Fuiste tú el que llegó tarde. Habías estado bebiendo. Tuve que esperar a que estuvieras sobrio para que firmaras unos documentos.
Demi observó con angustia cómo el anciano difícilmente podía controlar sus emociones.
—Es muy fácil echarle las culpas a otro antes de afrontar el dolor que encierra la verdad —continuó diciendo Joe con delicadeza—. Tal vez tengamos culpa los dos. Yo no debía de haber encubierto tus borracheras durante tanto tiempo como lo hice. Viendo el precio que hemos tenido que pagar por mi silencio, ahora no lo volvería a hacer.
Vito se apartó de la mesa e hizo un gesto al hombre que había llenado los vasos para que lo sacara del salón, ante lo cual Joe se levantó por respeto a su padre.
—Ciento que hayas tenido que presenciar esto —le dijo Joe a Demi mientras sus miradas se encontraban.
—No pasa nada —contestó Demi bajando la mirada—. Lo entiendo... no sabes hasta qué punto.
Hubo un largo silencio, durante el cual Demi era consciente de que Joe la miraba, como queriendo poner algunas cosas en claro.
— ¿Desde cuándo hablas mi idioma? —preguntó Joe.
—Lo... lo estudié en el colegio y en la universidad.
— ¿Y no creíste que fuera necesario decírmelo?
—Tenía mis razones.
—Sí —dijo Joe con resentimiento—. Sin ninguna duda, has podido escuchar lo que se ha dicho de ti y podrás utilizarlo en mi contra más tarde. ¿Hay algo más que no me hayas dicho sobre ti que yo deba saber?
—No —contestó Demi bajando la mirada.
— ¿Por qué tengo la impresión de que me estás mintiendo, Demi?
—No... No lo sé —contestó Demi de manera poco convincente.
—Eres una mujer intrigante, cara —dijo suavemente Joe—. Me pregunto qué otros secretos me esconden tus ojos grises.
—N... no hay secretos —dijo Demi —. No tengo ningún secreto.